martes, 24 de marzo de 2026

Literatura y BDSM

 


Aquí us deixo una llista de novel·les a on es parla del BDSM, moltes són novel·les recents i algunes són fruit de l'èxit de "50 ombres d'en Grey". No us deixo una llista de novel·les clàssiques ("Historia de O" de Pauline Réage es la més clàssica) i no ho faig perquè no hi han tantes i a més són massa "formals" (no són actuals). Aquestes novel·les que us deixo us agradaran i és una bona manera de començar a llegir quelcom interessant sobre el BDSM. Respecte a la novel·la de "50 ombres d'en Grey" m'he estimat millor no posar-la a la llista. Les raons són òbvies.

Els títols estan en castellà perquè pràcticament cap d'aquestes novel·les estan traduïdes al català (editors de llibres en llengua catalana: poseu-vos les piles! el BDSM en català també fa país!)

-"Me perteneces" de Shayla Black (o qualsevol altre novel.la de la Shayla Black, especialment la saga "Guardaespaldas") -"El rapto de la bella durmiente" de Anne Rice -"Ardiente Verano" de Noelia Amarillo -"Divorcio" de Noe Casado -Qualsevol novel.la de Maya Banks -Qualsevol novel.la de Robin L. Rotham -Qualsevol novel.la de Megan Hart -Qualsevol novel.la de Robin Schone -"Amos y mazmorras" de Lena Valenti -Qualsevol novel.la de Megan Maxwell -Qualsevol novel.la de Lora Leigth -Cherise Sinclair (qualsevol de la saga "Maestros de Shadowlands") -"Caperucita y el lobo" de Alison Paige -"Las Reglas del Juego" de José Luis Carranco -"Diario de una sumisa" de Sophie Morgan -"Memorias del cuerpo" de José Luis Danwart -"Inglés para pervertidos" de Venus OHara -"Las 52 seducciones" de Betty Herbert -"Ochenta melodías de pasión en amarillo" de Vina Jackson -"Un extraño en mi cama" de Silvia Day -"La sumisa insumisa" de Rosa Peñasco També podeu llegir qualsevol dels relats que he escrit jo (en castellà) sobre BDSM a la web de Todorelatos

lunes, 23 de marzo de 2026

La tópica realidad (relato)




El bar estaba medio vacío, como si la tarde hubiera decidido marcharse antes de tiempo. Las luces cálidas apenas lograban disimular el cansancio que lo impregnada todo. El camarero limpiaba vasos con la misma resignación con la que uno acepta que la vida no siempre sale como se imaginaba.

Ella entró envuelta en un abrigo que había visto días mejores. Tenía cinco hijos, un marido que hacía años que no la miraba de verdad, y una rutina que la había ido desgastando como una piedra en el mar. No se cuidaba, no porque no quisiera, sino porque ya no recordaba cómo se hacía. Había olvidado incluso qué cosas le hacían sentir viva. El abrigo marrón, viejo y desgastado era el mejor anuncio de lo que abrigaba.

Pidió un café. No quería alcohol; necesitaba claridad, no más niebla. Lo hizo con voz baja y un sentimiento de culpa que llevaba días instalado en lo mas hondo de su corazón.

Fue entonces cuando lo vio. Un hombre sentado solo en la barra, con un libro abierto y una expresión tranquila, casi fuera de lugar en aquel sitio. No era especialmente guapo, pero ni por unos instantes ella dudo de que fuera la persona que había ido a buscar. ¿Por qué no le había visto al entrar? Seguramente porque ella caminaba con la vista clavada en el suelo, sumida en sus propios pensamientos que no eran más que problemas cotidianos.

Él levantó la vista y sus ojos se cruzaron. No fue una mirada invasiva, ni atrevida, ni incómoda. El desconocido cerró el libro con suavidad y se acercó un poco, manteniendo una distancia respetuosa.

 -Hola, parece que has tenido un día duro -dijo con una voz tranquila, sin juicio.

Ella soltó una risa breve, casi torpe, como quien desempolva un gesto olvidado.

 -Como casi todos los días -respondió.

Él sonrió, no con lástima, sino con complicidad. Como si entendiera más de lo que decía. Se saludaron con dos besos breves en la mejilla y tomaron asiento en lo mas alejado del bar.

Hablaron. De cosas pequeñas al principio: del clima, del café, del libro que él leía. Pero poco a poco, sin darse cuenta, ella fue aflojando los nudos que llevaba dentro. No le contó su vida entera, pero sí lo suficiente para sentir que respiraba un poco mejor. El hombre no intentó empujarla hacia ningún lugar, tampoco aconsejarla, ni ocupar un lugar que no le correspondía. Solo escuchó. Y en ese gesto sencillo, ella encontró algo que creía perdido: la sensación de que aún quedaba algo de sí misma por recuperar. Una sensación que había comenzado a germinar meses atrás cuando comenzó a hablar con ese mismo hombre desde la virtualidad.

La mujer sintió que en diez minutos había conseguido un momento de intimidad más poderoso que con su esposo en los últimos diez años.

-¿Estás nerviosa? -preguntó el sin dejar de mirarla a los ojos.

-Demasiado. No sé qué estoy haciendo aquí.

-Yo sí que lo se.

-Sabes mas de mi que yo misma, entonces.

-Se que estás aquí precisamente por todo cuanto acabas de contarme. La vida te pesa demasiado y eso es algo que le sucede a mucha mas gente de la que imaginamos. Mi vida es mas sencilla, pero entiendo tus motivos.

-¿Por qué crees que he decidido entregarme a ti?

-No tiene nada que ver conmigo. Lo que ha sucedido es que hablando conmigo desde hace días, has recordado que todavía puedes cambiarte a tí misma.

-¿Y merece la pena ese riesgo? Creo que es mas peligroso de lo que imagino.

-Convertirte en sumisa no es peligroso, es una maravilla si es lo que deseas. El peligro es abrir una puerta donde veas que esa versión de ti misma aún está ahí y quieras cambiar las cosas.

-Nunca me separaría de mi marido.

-¿Por tus hijos?

-Por todo, no sabría que hacer sola. Hace años que no trabajo, tengo cincuenta años y el piso está a nombre de él.

-Pareces una mujer secuestrada.

-En cierto sentido, me siento así.

-Llevas toda una vida siendo la sumisa de una situación vital, de tu vida.

-Supongo que si, quizás por eso ahora quiero ser sumisa por mi misma. Por gritar, llorar, sudar y emocionarme por motivos que sean propios. No ajenos.

-Es una buena explicación.

-¿Te has encontrado antes a alguien como yo?

-Cada persona es diferente. Decir que hay personas como tu es hacer una pincelada en la sociedad, pero con el color uniforme. No todo es blanco, no todo es negro. Tu vida, además de ser diferente a cualquier otra, también tiene colores hermosos. ¿Alguien como tú, dices? Tu eres especial.

-Si esto fuese una novela sería una novela rosa… me gustan leer las novelas rosas.

-Cuando te tenga desnuda y atada, a mi servicio, se convertirá en otro tipo de novela.

Un estremecimiento le recorrió su piel, como si un viento antiguo hubiera despertado algo dormido en su interior.  ¿De verdad estaba a punto de entregarse al impulso que aquel desconocido despertaba en ella? ¿Rendirse sin más a una intuición que no sabía nombrar?  ¿Convertirse en sumisa? Su vida la empujaba hacia el abismo de esa locura, mientras su mente levantaba muros desesperados en la eterna batalla: la razón aferrada a su jaula, el corazón golpeando los barrotes.

-Entonces… que sea lo que tenga que ser -susurró la mujer, apartando de un manotazo cualquier resto de lógica que aún le temblara en la cabeza.

Podría parecer una escena sacada de una novela rosa, una de esas historias que se leen a escondidas. La historia de una mujer agotada por un matrimonio sin brillo, por una vida que la había ido borrando, la historia de una mujer que se deja caer en los brazos de un desconocido. Sí, sonaba cursi. Sonaba improbable.  Sonaba a ficción barata.

Pero era dolorosamente real. Y, en ese instante, era lo único que su alma cansada deseaba.

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