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sábado, 20 de junio de 2026

Salir del molde


Las pulsiones internas escapan a toda lógica. Pretendemos acoplarnos al molde desde el que nos arrojaron a este mundo. Ese maldito molde del que todos dicen que no debemos salirnos. Pero estas pulsiones internas nos mueven a salirnos del molde. Y no lo asocio exclusivamente al sexo ni al BDSM (también se escribir sobre otros temas, ojo ahí). Me refiero a cualquier tipo de pulsión.

Tengo una amiga que le gusta mostrar su trasero en cualquier lugar, fingiendo que es una mala función de la ropa. Es una persona completamente normal (aparentemente, debería decir) a la que le divierte enseñar su culo de repente en cualquier lugar (especialmente en sitios concurridos con gente desconocida) para observar sus reacciones. Su número circense más conocido es aflojarse el pantalón o la falda, enganchar una esquina con una mano contra la silla y, al levantarse, la falda o el pantalón se deslizan hacia abajo mostrándonos a todos su trasero oculto por un ilusorio hilo de tanga. A continuación, finge que está azorada y sube rápidamente la ropa que ella misma ha bajado con la técnica del mejor de los magos. Su técnica está perfeccionada hasta tal punto que incluso aciertos a ver un ligero rubor (voluntario) en sus mejillas. Es una artista de enseñar el culo. Y lo mas divertido es que no es nada sexual, finge vergüenza y comienza a pedir perdón a los presentes mientras su alma se parte de la risa (literalmente) por dentro. Los escenarios de su espectáculo son también la calle o en un supermercado, done afloja su falda cuando esta inclinada sobre una cesta de frutas y el ropaje se desliza para mostrar su culo.

¿Es mi amiga una exhibicionista o es que simplemente le gusta salir del molde porque le parece divertido? Quizás sea ambas cosas. O quizás sea que el pudor para ella es algo inexistente y le divierte mostrar su culo sin más.

He dicho que no iba a escribir sobre sexo ni sobre BDSM y debo aclarar aquí que el visionado del culo de mi amiga nunca lo he visto como algo sexual sino como un chiste realmente divertido. Ver las caras de los demás es hilarante... y ella no hace daño a nadie. Un exhibicionismo que significa salirse (unos milímetros) del molde por las risas. Pero es un ejemplo de actos que podemos hacer a diario, rompiendo de un martillazo la rutina propia y las ajenas. Es echarle un poco más de pimienta al estofado. Es volver a subirte a la atracción de la que acabas de bajar. Es mostrar una foto diferente en Instagram para dejar a todos con la boca abierta.

Al final de lo que hablamos es de libertad. Porque salirte del molde es salirte de la fila. Y eso, si lo consigues, es auténtica felicidad, la más pura y desinteresada.

Salgámonos del molde ya sea mostrándole el culo a la gente, ya sea bailando alocadamente en un vagón de metro o ya sea diciéndole algo amable a una persona desconocida. Alegremos más nuestros días y los de los demás. Olvidemos la vergüenza y echemos un golpe más de pimienta a la vida.


lunes, 18 de mayo de 2026

Cosas que juras que nunca harás


"Nunca lo haré", lo repites caminado con la espalda bien recta (como te decía tu madre) y con tu brillante dignidad (recién pulida), convencida de que hay ciertos actos que pertenecen a otros, a esos que llaman “desviados”, a los que se permiten grietas en la moral porque son amorales. Tu, en cambio, eres de esas personas que mantienen la compostura incluso cuando nadie mira. 

Pero un día sucede el accidente y haces algo que juraste no hacer nunca. Y lo haces sin épica, sin música de fondo, sin luces de neón brillantes iluminando la noche. Lo haces casi sin darte cuenta, como quien mete la mano en un charco sabiendo que se va a manchar, pero la mete de todas formas. Cuando lo haces, sientes ese golpe seco en el pecho: hay mucha culpa, algo de vértigo y una especie de placer que no estabas preparada para reconocer.

Es un placer sucio, pero no por lo que implica, sino por lo que revela de ti misma.

La piedra donde has estado grabando ese "Nunca lo haré" durante tantos años, acaba de estallar en pedazos. Observando todas esos restos en el suelo, te das cuenta de que no era que no quisieras hacerlo: era que no querías admitir que querías hacerlo. Tu moral, tan firme, tan orgullosa hasta este momento, se deshace como un terrón de azúcar en café bien caliente. Y descubres que algunos de tus principios mas sólidos eran más bien decorativos, como esas plantas de plástico que parecen vivas hasta que las tocas. Y lo peor (aunque pronto descubrirás que es lo mejor) es que te gusta de una forma que te deja descolocada. Te gusta porque te libera, porque te muestra una versión de ti que no sabías que existía o que preferías mantener encerrada en un cajón con llave. Te gusta porque te obliga a mirarte sin la narrativa estoica que habías construido alrededor de tu moral y tus convicciones.

Te gusta porque es un placer prohibido. También porque entiendes que la suciedad no está en el acto, sino en el miedo a hacerlo. Entiendes que lo prohibido no es oscuro (o no siempre). Lo que era prohibido se ha convertido en algo honesto. Entiendes que la vida no es un manual de instrucciones que seguir a rajatabla, sino un borrador lleno  de frases que pueden ser tachadas para ser reescritas. Entiendes que, lo verdaderamente inmoral, era vivir sin permitirte la posibilidad de sorprenderte a ti misma.

Si lo has hecho es que has aprendido algo. 


jueves, 12 de noviembre de 2020

La felicidad -o no- (5 y final)

 

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Mis expectativas en la vida son pocas, casi todas relacionadas con actos que me acercan a la felicidad. O por decirlo de otra manera: no cumplir expectativas nos frustra y nos lleva a la infelicidad. ¿Y cuáles son mis expectativas? Cientos, miles, millones o apenas media docena. Quizás tan solo dos o tres. ¿Qué importa la cantidad? A cuanto más aspiremos, aumentan las posibilidades de ser felices o infelices. Mis expectativas en la vida no son demasiadas. Con conseguir seguir respirando ya me siento feliz. Y vivo.

¿Y el BDSM? Eso donde dos personas se meten en una habitación a explorar sus deseos más ocultos para llegar a la conclusión de que la vida es más que simplemente respirar. Cumplir mis expectativas en el BDSM no me trae la infelicidad. En cambio, cumplirlas me producen una gran felicidad. He comprendido, con el paso de los años, que toda la felicidad que venga asociada al BDSM es un regalo deseado, aunque no sea solicitado.

Si dejo de respirar me muero. Si no soy amo sigo igual que siempre. Respirar es algo imprescindible, esa es la diferencia.

Lo que más me causa felicidad en el BDSM es mostrarle este mundo a quien no lo conozca. Quizás ese sea el motivo de este blog. Lo que me causa más felicidad es practicar BDSM con una persona que nunca lo haya practicado. No encuentro mayor placer que ese. Pero no alcanzarlo no me causa infelicidad.

¿Cuáles son vuestras expectativas en la vida? Pero no contestéis cosas obvias...


Y aquí finalizan estas entregas sobre la felicidad. Seis en total, como los dedos de mi pie derecho.

Una última recomendación: olvidad lo que siempre habéis creído que está bien o mal (nuestra educación judeocristiana) respecto a la búsqueda de la felicidad. Debéis reiniciaros para atreveros a olvidar lo que os han dicho que está bien o mal y comenzad de nuevo, buscando la llave de la felicidad sin hacer daño a nadie. Disparad en todas direcciones. Vivid. O al menos, intentad sentiros vivos.

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miércoles, 11 de noviembre de 2020

La felicidad (o no) -4-

 

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En este capítulo de mi particular (y nada rigurosa) guía sobre la felicidad e infelicidad, voy a hablar escribir sobre un tema que a algunos os interesará tanto como un político hablando de presupuesto. Incluso puede darse el caso de que rechacéis esta última entrega sobre la felicidad. Pido disculpas entonces si sucede que voy a hablar escribir sobre un tema que no os interese. ¿Disculpas digo? Me retracto. Este es un blog donde la temática principal es el BDSM, muchas personas practican BDSM y leen con regularidad este modesto blog. Y es que, como aseguran los cereales con fibra, la regularidad es lo mejor. Si no sois de esos, tampoco rechacéis leer un texto sobre felicidad y BDSM, quizás os ayude con el tránsito intestinal.

En el BDSM, la felicidad o infelicidad varía dependiendo de si conoces de primera mano el BDSM o no. Si lo comprendes o no.

Si tienes la suerte de practicar o haber practicado BDSM, entonces sabrás que la felicidad o infelicidad en el BDSM viene como consecuencia de actos contrarios a cuanto sucede en la vida "real" (o fuera del BDSM). Si nunca has practicado BDSM o crees que somos enfermos que merecemos sesiones y sesiones de psiquiatría, entonces sigue leyendo porque, como buen creador de clickbaits: lo que viene a continuación, te sorprenderá.

Confesión: hasta hace unos meses pensaba que un clickbait era un robot de la nueva saga de Star Wars. Voy progresando.

En la vida más allá de las fronteras del BDSM existen conceptos que son principal causa de la infelicidad. Dolor, humillación, sumisión, oscuridad, abuso de poder, etc. Cualquiera que sufra eso, verá alejarse la felicidad de su vida a toda velocidad. Nadie quiere dolor, ni humillación ni nada "negativo" como parte de su vida.

Pero hay una diferencia: todas esas cosas, fuera del BDSM, son negativas porque suceden de forma no consensuada.

El BDSM se sustenta en el consenso libre, pleno, informado y actual de los participantes.

En el BDSM, si alguien busca dolor y pacta con otra persona que le ayude a conseguirlo, es por un motivo: el dolor le causa placer y ese placer le transportará a un momento feliz. Esa misma persona, ante un dolor inesperado o no consensuado, sentirá infelicidad. Lo de Alicia al otro lado del espejo, vaya. Lo mismo sucede con la humillación, con la sumisión, con cientos de prácticas BDSM. Una persona puede sentir un intenso placer sometiéndose a otra persona por voluntad propia, pero esa misma persona puede sentir rabia y disgusto si se somete a los dictados de un jefe tirano en un ambiente laboral.

1- Todo aquello que sea consensuado y nos proporcione felicidad, sin provocar infelicidad a otros, es lícito.

2- Lo mismo puede provocar felicidad o infelicidad a la misma persona dependiendo de la voluntariedad.

3- Si no has practicado BDSM, estás perdiendo el tiempo.

Puede que el tercer punto no sea demasiado objetivo, pero también debe haber espacio tanto para provocaciones como para sonrisas.

¿Me hace feliz practicar BDSM?

Pero también sucede que cuando no lo practico no soy más infeliz que cuando lo practico. Mi personalidad incluye ser feliz cuando la otra persona es feliz, así de simple funciona mi estropeado cerebro.

Aclaración: lo de estropeado no es porque sea boxeador o porque mi rol sea el de switch y adoro que me den puñetazos en la cabeza. La explicación del batido de zumo de fresa en que se ha convertido mi cabeza es por los accidentes de moto que he sufrido. Por desgracia, mi época de Marlon Brando, de la misma forma que mis motos, se han escapado a toda velocidad por el retrete.

Volviendo al tema: nunca azotaría, humillaría, pegaría, insultaría, ni sometería a nadie en mi vida "normal". Va en contra de todos mis principios tanto de persona como de animal. Aunque si esa persona, en un contexto BDSM, quiere que todo eso suceda, entonces sucederá y ambos seremos felices. Entiendo que todo esto de azotar, humillar, pegar o insultar a alguien puede parecer repugnante, estemos en el contexto que estemos. Soy consciente de que al leer esto algunas personas desenfundarán rápidamente sus prejuicios. Pero como decía antes:

3- Si no has practicado BDSM, estás perdiendo el tiempo.

La felicidad, además de estar levantada con diferentes vigas de acero, depende también del escenario donde colocas esas vigas.

He dicho.

martes, 10 de noviembre de 2020

La felicidad (o no) -3-

 

Te has preguntado qué significan tus sueños sexuales? Descúbrelo acá

Quienes visten batas blancas, cuelgan diplomas en sus paredes y se dirigen entre ellos como “eminencias”, aseguran que tanto la felicidad como la falta de ella tienen origen en cuatro sustancias químicas que se hay en nuestro cerebro. La ausencia o niveles bajos de estas sustancias nos crearía infelicidad y, a mayores niveles, mayor felicidad. Quizás reducir el secreto de la felicidad a un proceso químico tenga tanto de romanticismo como un gato atropellado en una noche de lluvia. Pero tampoco está de más comprender que, muchas veces, esa felicidad o infelicidad no depende exclusivamente de nosotros sino de un extraño cóctel de ingredientes que se mezclan en nuestro cerebro a modo de robot de cocina estropeado.

¿Y cuáles son estas sustancias químicas que regulan nuestros niveles de felicidad? Pues, como he leído en un artículo (pues yo apenas acabé el bachillerato), son las endorfinas, la serotonina, la dopamina y la oxitocina.

Que curioso que estas sustancias tan importantes en nuestra vida tengan nombre de amazonas de un país lejano. Imagino a esas amazonas cabalgando briosos corceles, completamente desnudas y con grandes pechos que se mueven al ritmo de...

Perdón, que me desvío del tema.

Las endorfinas (también conocidas como “hormona de la felicidad”) se encargan de estimular las áreas cerebrales que producen placer en nuestro. Su actuación es parecida a la de los opiáceos. Otros beneficios de las endorfinas en el cerebro son su capacidad para inhibir el dolor físico o emocional, estimular el sistema inmunológico, así como mejorar la capacidad de atención. Para generar endorfinas podemos realizar actividades como cantar, bailar, reírnos, practicar deporte, comer alimentos picantes, practicar sexo, ver películas tristes, o dormir. O sea, a follar.

Otro elemento es la serotonina, responsable de nuestra sensación de placer, actúa como moduladora del funcionamiento de otros neurotransmisores, como son la noradrenalina o la dopamina (relacionados con problemas como la ansiedad, el miedo o la agresividad). Para aumentar sus niveles en el cerebro, de forma natural, podemos tomar el sol, hacer deporte, comer chocolate negro o alimentos ricos en omega-3, recordar momentos felices, tener sexo o recibir masajes relajantes, además de procurar tener un ciclo de sueño ordenado y regular. O sea, a follar una vez más.

El tercer elemento es la dopamina, un neurotransmisor generado por nuestro organismo responsable de nuestro bienestar, responsable de proporcionarnos recompensas tanto en el momento de tomar decisiones para hacer algo, como en el momento de haber cumplido un objetivo marcado. Las personas que tienen altos niveles de dopamina tienen una gran curiosidad y motivación por el aprendizaje. Para aumentar sus niveles de forma natural debemos evitar el estrés, practicar ejercicio físico, tener un descanso adecuado y tomar alimentos ricos en antioxidantes. ¿Ejercicio físico? O sea, una vez más, follar.

Por último, la Oxitocina es un compuesto cerebral importante en la construcción de la confianza, que es necesaria para desarrollar relaciones emocionales. Muchos la llaman “la hormona del amor”. Abrazar a una persona o dar de mamar a un bebé (sobre todo si es tuyo y no si lo has secuestrado) es una forma muy rápida de aumentar sus niveles en el cerebro. Esta sustancia química es el motor que enciende y da forma a gran parte de nuestras conductas tales como la empatía, la confianza, la amistad, el cariño, la confianza, la generosidad, el altruismo o la compasión. Asimismo, cumple una función básica en nuestros centros de recompensa dopaminérgicos: es ella quien, por ejemplo, genera el placer durante los orgasmos. ¿Orgasmos? Follar de nuevo.

Vamos, que no quiero ser yo quien vaya de listo, pero queda claro que para ser feliz hay que follar más.

¿Y para llegar a esa conclusión necesitamos a la comunidad científica? Menudo despilfarro… Al menos hay una noticia positiva: acabo de darme cuenta que quiero ser feliz en el jacuzzi, en la cama de agua, en un hotel, de dia, de noche, encima de una lavadora (mientras centrifuga) o en el asiento trasero de un coche.

A poder ser, en un Simca 1000 (aunque sea difícil).

lunes, 9 de noviembre de 2020

La felicidad (o no) -2-

 

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Hay quienes aseguran que para ser felices en la vida debes alcanzar tres cosas: salud, dinero y amor. ¿Con cuál nos quedaríamos si nos diesen a escoger? Yo tengo mi respuesta, pero no voy a confesarla para que no me llaméis materialista... o hipocondriaco... o romántico.

Aunque me temo que en esta nueva entrega sobre la felicidad, no voy a hablar ni de salud ni tampoco de dinero.

¿Qué es el amor? Quizás antes deberíamos preguntar si existe el amor. ¿Cómo diferenciar amor del cariño? El problema somos nosotros que nos empeñamos en ponerle etiquetas a todo. Olvidemos entonces el concepto y asumamos que el amor existe. Y que existen muchos tipos de amor.

¿Nos proporciona felicidad el amor? Mi respuesta sería que nos proporciona tanta felicidad como infelicidad. Desengañémonos: el amor no es eterno. Aunque como buenos animales racionales nos empeñamos en perpetuar las cosas cuando ya deberían estar enterradas bajo kilos de tierra. Deberíamos aprender a disfrutar del momento, no del mañana ni del mes que viene. Deberíamos comprender que el amor es el ahora, es ese momento sentados en el sofá sin pensar en nada más, construyendo algo poco a poco, sin prisa. Pero nos empeñamos en complicarlo todo. Una de las principales causas del desamor son las expectativas incumplidas, es decir: la frustración.

El amor, como el fútbol o la pizza congelada, es una ruleta rusa. Estas cosas pueden proporcionarnos tanta felicidad como infelicidad.

La diferencia es que mientras en el fútbol o en la pizza congelada, somos espectadores sin poder de decisión. En el amor sí que podemos decidir. Y deberíamos hacerlo porque alargar situaciones tóxicas solo nos llevará a acabar con nuestra moral rota en el suelo en mil pedazos.

¿Y qué tiene que ver el amor con el BDSM? Mucho, quizás demasiado. No hay mayor acto de amor que el que siente una persona dominante por una dominada (y viceversa). Desde la ignorancia de lo que es el BDSM mucha gente es incapaz de comprender cuanto de amor hay en una relación así. Un profundo amor y respeto que supera el de cualquier otra relación. Visto desde fuera, es imposible de comprender como puede existir amor en alguien que humilla, golpea o azota a otra persona. Hay que vivirlo para comprenderlo.

Curiosamente, el amor en la vida "real" me ha traído mucha más infelicidad que ese amor puro que me ha regalado el BDSM.

sábado, 7 de noviembre de 2020

La felicidad (o no) -1-

 

groucho no sabe ya que decir | Hermanos marx, Hermanos lumiere, Cine

He decido escribir una serie de textos sobre la felicidad (e infelicidad) relacionados o no con la temática de este blog (el BDSM). El primero de los textos es una reflexión personal sobre lo que para mí es la felicidad. Seguramente estará plagado de contradicciones y errores respecto a conceptos psicológicos o filosóficos. Como escribe Thomas Ligotti en “La conspiración contra la especie humana”: Tanto si piensas que la consciencia es un beneficio o un horror, es solo lo que tú piensas, y nada más. Pero aunque no puedas demostrar la verdad de lo que piensas, puedes al menos exponerlo y ver lo que piensa el público. Si pretendéis el rigor necesario, entonces acudid a las fuentes adecuadas porque yo soy el menos indicado para dar lecciones de nada. Tan solo expongo y veo después lo que piensa el lector. No soy psicólogo ni filosofo. Solo soy un rufián con alma de ángel (o viceversa).

De joven pensaba que la felicidad era un estado permanente. O eras infeliz o eras feliz. Y pensaba que eras una cosa u otra en todo momento. Como si la felicidad o la infelicidad durasen meses e incluso años, en una carrera donde nada ni nadie podría acabar con ellas. Con el paso de los años te das cuenta de que la felicidad o la infelicidad son momentos puntuales. Recursos puntuales que nos hace ser felices o no de forma instantánea. Y puede durar segundos o días. También he aprendido que hay otros estados aparte del feliz e infeliz. La balanza, la mayor parte del día, no se inclina hacia ningún lado. La felicidad, así pues, es la suma de algunos momentos que son interrumpidos constantemente.

¿Pero qué nos proporciona la felicidad? En el tópico de “cada persona es un mundo” encontraremos la respuesta. Lo que a mí me hace infeliz quizás a ti te proporcione felicidad o viceversa. Pongamos un ejemplo con la práctica del BDSM: hay gente a las que les hace felices sentir dolor o ser humilladas, experimentar eso en sus carnes les eleva a un nirvana de felicidad solo comparable a cuando te comes el último donette de la bolsa. He visto gente experimentando una felicidad que yo nunca alcanzaré solo porque sufren. Menuda contradicción ¿no?. A mucha otra gente, el dolor o la humillación les hará sentir profundamente infelices.

Donettes memes. A melhor coleção de imagens engraçadas de donettes em iFunny Brazil

Un nuevo ejemplo: a mucha gente la música de La oreja de Van Gogh les proporciona felicidad mientras que a otros (a mí, por ejemplo) nos hace sangrar los oídos (que no la oreja).

La felicidad y la infelicidad son conceptos indiscutibles, no perdurables, y cuyo camino cambia según la persona. Ahí queda eso, ya puedo morir tranquilo después de haber formulado semejante soplapollez.

¿Y cuáles son esas cosas nos empujan a experimentar momentos de felicidad o infelicidad? En mi caso, principalmente, son conceptos más emocionales que materiales. Por supuesto que lo material nos trae la felicidad, pero es una un delicioso bombón que esconde arsénico en su interior porque no alcanzar eso material nos hará profundamente infelices.

Nuestra principal frustración en lo emocional, aquello que nos hace infelices, acostumbra a comenzar cuando no somos correspondidos en la misma medida en la que nos ofrecemos. Lo damos todo, o creemos que lo damos todo, y no recibimos lo mismo a cambio. Siempre he argumentado que la amistad es como el amor, debes darlo todo a cambio de nada porque si esperas ser correspondido en la misma medida, la ostia será de las que escriben páginas y más páginas en el Libro Guiness de los Records. De acuerdo, darlo todo a cambio de recibir menos puede parecer injusto, incluso puede quedársenos la cara de idiota pensando que se aprovechan de nosotros. En ese caso, olvidad a esas personas. Si queremos realmente a alguien (se establezca la relación que se establezca) debemos ser capaces de dar sin esperar a recibir en la misma medida. Para mí ese es el secreto de la felicidad en las relaciones personales: la generosidad.

Y cuando digo dar sin esperar a recibir no me seáis malpensados, un poquito de por favor.

Los budistas aseguran que, si no no ansías nada, nada podrá decepcionarte. Es decir, si no tienes sueños o eres el conformista más conformista del mundo, nada podrá frustrarte. O por decirlo de otra manera: la persona más feliz del mundo es la que se viste con unos harapos, vive en un templo y bebe leche de cabra de un cuenco de madera tallado por él mismo. ¿De verdad? Entonces prefiero ilusionarme con cosas que después me frustren a vivir en una película en blanco y negro.

Debemos tener ilusiones, esperanzas, sueños, pero también debemos ser realistas y saber que los momentos de infelicidad llegarán, principalmente porque somos seres profundamente imperfectos en un mundo profundamente imperfecto.

Un poco de humor no nos vendría nada mal, eso también nos proporciona felicidad así que, como decía Groucho Marx: “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna...”

sábado, 18 de agosto de 2018

Atrevir-se (Atreverse)

 Dry Martini Barcelona By Javier de las Muelas Cocktail Bar | Dry Martini

"Quines coses t'atrauen?", Va preguntar ell. "M'atrau tot, tot ho vull conèixer", va contestar ella.

Què és tot? La cosa contrària de gens? Les fronteres perden el seu sentit, difuminant-se quan veiem a la distància la silueta de quelcom que intuïm com un plaer que ens distraurà del fet quotidià.

Hi ha dues maneres d'apropar-se al BDSM, una és per necessitat, un desig que neix a la recerca d'allò que ens distreu de la (avorrida) quotidianitat. Com el drogoaddicte o l'alcohòlic que cerquen confondre la realitat, o com aquell que es llança des d'un avió sense paracaigudes. Què té de dolent fugir? Una altra forma d'acostar-se al BDSM també és per necessitat, tot i que no de fugir d'alguna cosa sinó d'apropar-se a alguna cosa, una necessitat que forma part del nostre ser, de la nostra personalitat, d'alguna cosa que envolta el nostre cor en forma de mà invisible.

Què importa si practiquem BDSM per anar o per venir? No existeix manera correcta a no ser que es tracti de la nostra manera. Fins i tot podem practicar BDSM per una barreja de totes dues coses, per fugir del punt quotidià, però també perquè quelcom ens menja per dins.

"Tot ho vull conèixer" sembla una resposta atrevida. Ningú no pot provar-ho tot, ningú hauria d'atrevir-se a tant. Però si ens oblidem d'aquest perillós "tot" ens trobarem en aquesta resposta l'actitud correcta per entrar en el BDSM: oblidar una mica el seny que neix de la quotidianitat i intentar-ho tot.


“¿Qué cosas te atraen?”, preguntó él. “Me atrae todo, todo lo quiero conocer”, contestó ella.

¿Qué es todo? ¿Lo contrario de nada? Las fronteras pierden su sentido, difuminándose cuando vislumbramos a lo lejos la silueta de algo que intuimos como un placer que nos alejará de lo cotidiano.

Hay dos maneras de acercarse al BDSM, una es por necesidad, un deseo que nace en la búsqueda de aquello que nos distraiga de la (aburrida) cotidianeidad. Como el drogadicto o el alcohólico que buscan confundir la realidad, o como aquel que se lanza desde un avión sin paracaídas. ¿Qué tiene de malo huir? Otra manera de acercarse al BDSM también es por necesidad, aunque no de huir de algo sino de acercarse a algo, una necesidad que forma parte de nuestro ser, de nuestra personalidad, de algo que rodea nuestro corazón en forma de mano invisible.

¿Qué importa si practicamos BDSM para ir o para venir? No existe manera correcta a no ser que se trate de nuestra manera. Incluso podemos practicar BDSM por una mezcla de ambas cosas, por huir de lo cotidiano, pero también porque tenemos un gusanillo que nos come por dentro.

“Todo lo quiero conocer” parece una respuesta atrevida. Nadie puede probarlo todo, nadie debería atreverse a tanto. Pero si nos abstraemos de ese peligroso “todo” encontraremos en esa respuesta la actitud correcta para adentrarse en el BDSM: olvidar un poco esa cordura que nace de la cotidianeidad e intentarlo todo.