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viernes, 10 de abril de 2026

Mi amiga E


Mi amiga E acaba de separarse y como toda mujer hermosa que ya no tiene pareja, cientos de amigos, conocidos y saludados, se han lanzado a su caza cual depredadores sedientos de sangre. Los humanos somos así, en la desgracia ajena vemos una oportunidad propia. Yo no diré que me desagrade mi amiga E, todo lo contrario, me parece una buena persona, cariñosa, inteligente, divertida y terriblemente hermosa. ¿Y cual es mi posición al respecto? Por supuesto que me gustaría lanzarme sobre ella, arrancarle la ropa a mordiscos y después follar juntos con la efervescencia de quien sabe que solo quedan diez minutos para que el gigantesco meteorito impacte contra la tierra y volvamos a la época de los dinosaurios.

Es complicado porque me encanta como amiga, pero me encanta como mujer. No se si me encanta como amo porque mi intuición me mueve a dejar el rol fuera de esta ecuación.

Pero como buen espécimen al que las feromonas le nublan el sentido no puedo dejar de observar sus pechos (operados) luchando por romper las camisetas ajustadas que siempre viste. No puedo dejar de contemplar ese culo simplemente perfecto coronado por una cintura de avispa a la que me gustaría encadenarme para el resto de mi vida. No puedo dejar de mirar esas piernas largas, muy largas (mi amiga E es alta, muy alta) y esos tobillos finos e imaginármelos reposando en mis hombros. Su cara de rasgos duros pero angelical, su pelo lacio y si sonrisa eterna.

Puede que antes ya fuese ese viejo verde que la observaba en silencio de forma lasciva pero también con respeto. No porque tuviese pareja sino porque era mi amiga. Y la quiero demasiado para estropearlo intentando descubrir partes de ella que nunca he visto antes.

¿Qué hago? Continúo deseándola en silencio, pero con respeto. Imagino que, si ella leyese esto, cambiaria la opinión que tiene de mi (hacia peor) y esto lo asumo y lo integro en forma de silencio donde me sangra la lengua de tanto mordérmela.

Mi amiga E me tiene enamorado en casi todos los sentidos en los que una persona puede enamorarse de otra. Por eso no estoy haciendo absolutamente nada. Porque es mi amiga.


miércoles, 13 de marzo de 2024

Frente a nuestros ignorantes ojos (relato brevísimo)

 


Algunas personas frente a nuestros ignorantes ojos son como hojas mecidas por el viento, cruzando ante nuestros ojos, observando nosotros ese color cobrizo culpa del árbol que la ha dejado volar sola. Esas personas son hermosas y diferentes. Son como ese tren que pasa a toda velocidad pero no se detiene en la estación en la que estamos esperando pacientemente. Algunas personas cruzan frente a nuestros ignorantes ojos y nos limitamos a observar. Al caer la noche, reflexionando con nuestra amiga la almohada, recordamos esa hoja mecida por el viento y nos damos cuenta de que deberíamos haber hecho algo mas que permanecer inmóviles, observando. Nos levantamos de golpe de la cama y salimos corriendo hasta el árbol pero alguien ha barrido las hojas. Y, a partir de ese día, nos limitamos a quedarnos unos minutos frente al árbol, esperando a que vuelva a caer una nueva y hermosa hoja. Algo único que nos mueva a salir de nuestra zona de confort y alargar la mano.

lunes, 28 de febrero de 2022

Sueño 3 (1 Marzo 2022)



El sueño de esta noche tenía a una mujer por protagonista, alguien a quien no reconocí, pero que, al despertar, deseé que fuese una persona en concreto. Las trampas de la mente son algo en lo que siempre caemos. ¿Por qué les llamamos "trampas"? Porque alguna de esas trampas no son fosos con afiladas estacas sino que son procesos mentales que nos empujan con fuerza hacia donde no nos atrevemos a ir. Trampas necesarias para escapar a la lógica de lo que debe ser.

El sueño comenzaba conmigo (lógico) en la puerta de una casa que me era desconocida. Abrí la puerta y caminé hasta un comedor. Era un espacio nuevo para mí, pero, en cierta manera, sabía donde estaba cada cosa. No era intuición, era algo más. En el comedor hay una mujer, está sentada en un sofá, vestida y con los ojos vendados. Imagino que es su casa por el simple hecho de que no es la mía y de que imagino que nadie haría eso en una casa ajena. Había una silla frente al sofá en el que tomé asiento. La mujer sonreía, eso puedo recordarlo, mientras el comedor, a nuestro alrededor, se iba apagando hasta que todo fue oscuridad excepto la mujer en el sofá que parecía estar ahora iluminada con velas. 

Le ordeno con firmeza que se ponga en pie. La mujer obedece. Le digo que se quite la falda o el pantalón, no recuerdo la prenda, pero sí que recuerdo que ahora está sentada en el sofá, desnuda de cintura para abajo. Y continúa con los ojos vendados. Le ordeno que abra las piernas y comience a masturbarse. Me obedece. Poco después ella alcanza el orgasmo y se detiene. Le reprocho que se haya detenido, nadie le ha dado permiso para detenerse. Ella continúa masturbándose.

Me acerco a ella y la observo, observo su sexo y sus dedos moviéndose sobre él, entrando en él. Una de mis manos se desliza por sus piernas, evito su sexo y subo por encima de lo que parece un jersey hasta tocar sus pechos por encima de la ropa. Después la agarró con fuerza del pelo (tiene el pelo largo, eso si) y le pregunto a quién pertenece. La mujer vuelve a alcanzar el orgasmo. Después contesta a mi pregunta.

Entonces, sin escuchar la respuesta, quizas sin recordarla... me despierto.

domingo, 12 de diciembre de 2021

Sueño 2 (12 Diciembre 2021)


Hasta que llegó su hora', Sergio Leone y la fábula (I)

He vuelto a soñar con la misma persona. Ojalá poder domar a nuestros sueños para que sucediese en ellos cuanto deseamos con quien deseásemos, o todo lo contrario. Curiosamente, los sueños es la única narrativa (propia o ajena) que es como un perro sin cabeza. Totalmente descontrolado. Y no solo eso, sino que los sueños beben de nuestros miedos, a anhelos, de lo vivido y también de cuanto desearíamos vivir.

Estamos en una especie de coctelería elegante con techos de madera, una gran colección de botellas ofreciéndose desde una estantería iluminada y un barman con su chaleco verde preceptivo. No hay nadie en el local, exclusivamente nosotros tres. Ella está al final de la interminable barra que nos separa del profesional, yo estoy en el otro extremo. En el aire flota un olor dulce mezcla de frambuesa y canela. Una vez más me pregunto si se puede oler en los sueños, pero ahora, escribiendo estas líneas, soy capaz de recordar ese olor.

No recuerdo es como iba vestida ella, tampoco como iba vestido yo. El chaleco verde del barman es la única ensoñación textil que me viene a la cabeza. La mujer me mira, yo devuelvo la mirada. Sonreímos, sin embargo, continuamos clavados en nuestros asientos, separados cuanto nos permite el local. El barman nos mira, se encoge de hombros y sigue limpiando vasos con un trapo. En todas las películas los camareros ocupan su tiempo limpiando vaso tras vaso, pero nunca les he visto hacer eso en la vida real. Tampoco es que sea un habitual de las coctelerías, pero imagino que es mejor tener a alguien en escena con una ocupación que como una estatua de sal.

Me gustaría coger mi copa y caminar hacia ella. La mujer parece estar rodeada de un halo de misterio que hace que mis neuronas se sientan atraídas. Sin embargo, continuamos en nuestros asientos, mirándonos y sonriendo. Siento que la conozco de antes, hemos quedado en ese bar para charlar, pero no queremos dar el primer paso. Como un duelo en el oeste. Observándonos, analizando nuestros movimientos. ¿Quién será el primero en desenfundar? 

Entonces ambos nos levantamos al unísono. Sonreímos. Comenzamos a caminar acortando distancias y nos abrazamos, procurando que nuestros cócteles no se derramen. El barman sonríe también al tiempo que dice "que idiotas sois". Esas son las únicas palabras del sueño. Me gustaría que el abrazo durase toda una eternidad y más aún.

Pero entonces me despierto.

jueves, 9 de diciembre de 2021

Sueño 1 (9 Diciembre 2022)

 



Hoy he soñado. Acostumbro a soñar tanto y recordar tantos sueños que, en demasiadas ocasiones, me cuesta diferenciar entre aquello que fue vividos y cuanto fue soñado. El sueño de anoche no lo he recordado al despertar. Horas después, de improviso, como una corriente de aire, ha llegado hasta mí el recuerdo del sueño (o parte del sueño) de forma tan vívida que si no fuese porque no conozco en persona a la protagonista del sueño, estaría convencido de haberlo vivido.

Estábamos sentados en un sofá, en una especie de cabaña o casa con vigas de madera, quizás hubiese una chimenea con un fuego crepitando a un lado o quizás fuese una estufa. ¿Se puede recordar el olor de un sueño? Recuerdo olor a café, a canela y a chimenea, también el olor a un perfume dulzón aunque no empalagoso. Siento calor y percibo una tenue luz a mi lado. Creo recordar también que había luces de navidad colgadas sobre la chimenea (si es que existía). Cuando digo estábamos es porque estaba yo junto a esa mujer que conozco y nunca he visto, ambos bajo una manta de gruesa lana, quizás estuviésemos vestidos con pijama o solo con ropa interior. Recuerdo la tibieza de la piel de ella, nuestras manos entrelazadas, quizás abrazados o simplemente reposando el uno sobre la otra (o viceversa). Una tenue melodía de jazz era la banda sonora de esta escena. Recuerdo tener los ojos cerrados por lo que, en algún momento debía estar siendo espectador de mi mismo, ya que es imposible describir un escenario verlo. 

Muchos de mis sueños son como una película de cine, siendo espectador y protagonista al tiempo. Sintiendo lo que sienten esos actores en el momento de rodarla, pero también lo que siente el espectador al contemplar los diferentes planos que construyen la narrativa.

Escucho la respiración de la mujer y acaricio su mano, siento su cuerpo caliente junto al mío. No es algo sexual sino la translación carnal del afecto. Sea del tipo que sea ese afecto. 

Afecto, sensualidad, empatía, comprensión... ¿Puede todo eso soñarse?

Entonces la mujer pregunta si quiero ir a dormir con ella y lo manifiesta con esa voz que me sedujo desde el primer minuto que la escuché.

Acto siguiente estoy corriendo desnudo por la ciudad, es de noche, las farolas apenas alumbran una cerrada oscuridad y hace mucho frío. El viento azota mi cara y convierte mi cuerpo en un trozo de carne que cuelga de la nevera de un carnicero. No sé si me da más miedo el frío o el que alguien pueda verme correr desnudo. Resulta curioso que una persona que nunca corre siempre se imagina corriendo. 

De repente la mujer está corriendo a mi lado, también desnuda. Me gustaría bajar la vista y contemplar su cuerpo desnudo, pero no lo hago porque toda esa carnalidad sigue siendo algo casi alejado de toda sexualidad. Es una situación sensual, como lo era el estar bajo una manta escuchando una melodía de jazz. Entonces la mujer me coge de la mano para correr juntos, ella parece no tener frío, parece importarle poco que alguien pueda vernos, simplemente me coge de la mano y sonríe.

Y entonces... suena el despertador y me levanto de la cama, incapaz de recordar lo que acaba de suceder.