Te gusta que te abofeteen, te insulten, te humillen, te usen… te gusta sentirte usada, porque sentirte usada significa también sentirte útil frente a la persona que te esta usando. Olvidas los problemas del día a día, centrándote simplemente en obedecer. Que ya es mucho...
Eres dura, te disgusta que sean duros contigo, pero lo
aceptas como esa parte del juego. Cuanto más duros sean, mas valor tiene lo que
haces.
Cuando te golpean o te excitas, gimes
como una gata en celo. Es lo que mejor recuerdo, lo que mas me gustó. Aunque tú no eres una gata, eres una perra a al que le
encanta que le ponga un collar y la traten como un animal que camina a cuatro
patas.
Siempre que nos vimos me prometiste que me darías placer, pero al final fuiste tu la que obtuvo el placer. Si llevo la cuenta de cuantas veces te corriste tu y cuantas yo, me ganas por una absurda goleada. Pero el placer no siempre consiste en el orgasmo. El placer radica en el acto de usar o de ser usado. En golpear y recibir el golpe con estoicidad. En que te insulten y encontrar el placer en esa humillación verbal porque sabes que hay algo de verdad cuando te ponen adjetivos como perra, sucia, puta o arrastrada.
Cuando te abofetean y te dicen que no sirves para nada, tu
cuerpo se arquea, se separa un poco del amo y asientes, siempre sin dejar de gemir.
De nuevo sabes que forma parte de esa humillación verbal que es una practica del
BDSM, pero también porque te gusta pensar que hay algo de verdad en toda esa humillación.
Una verdad incómoda que te hace sentir libre.
Cuanto más sumisa, más libre. De eso se trata todo esto. No
de golpes, orgasmos ni vendas en los ojos.
