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sábado, 20 de junio de 2026

Salir del molde


Las pulsiones internas escapan a toda lógica. Pretendemos acoplarnos al molde desde el que nos arrojaron a este mundo. Ese maldito molde del que todos dicen que no debemos salirnos. Pero estas pulsiones internas nos mueven a salirnos del molde. Y no lo asocio exclusivamente al sexo ni al BDSM (también se escribir sobre otros temas, ojo ahí). Me refiero a cualquier tipo de pulsión.

Tengo una amiga que le gusta mostrar su trasero en cualquier lugar, fingiendo que es una mala función de la ropa. Es una persona completamente normal (aparentemente, debería decir) a la que le divierte enseñar su culo de repente en cualquier lugar (especialmente en sitios concurridos con gente desconocida) para observar sus reacciones. Su número circense más conocido es aflojarse el pantalón o la falda, enganchar una esquina con una mano contra la silla y, al levantarse, la falda o el pantalón se deslizan hacia abajo mostrándonos a todos su trasero oculto por un ilusorio hilo de tanga. A continuación, finge que está azorada y sube rápidamente la ropa que ella misma ha bajado con la técnica del mejor de los magos. Su técnica está perfeccionada hasta tal punto que incluso aciertos a ver un ligero rubor (voluntario) en sus mejillas. Es una artista de enseñar el culo. Y lo mas divertido es que no es nada sexual, finge vergüenza y comienza a pedir perdón a los presentes mientras su alma se parte de la risa (literalmente) por dentro. Los escenarios de su espectáculo son también la calle o en un supermercado, done afloja su falda cuando esta inclinada sobre una cesta de frutas y el ropaje se desliza para mostrar su culo.

¿Es mi amiga una exhibicionista o es que simplemente le gusta salir del molde porque le parece divertido? Quizás sea ambas cosas. O quizás sea que el pudor para ella es algo inexistente y le divierte mostrar su culo sin más.

He dicho que no iba a escribir sobre sexo ni sobre BDSM y debo aclarar aquí que el visionado del culo de mi amiga nunca lo he visto como algo sexual sino como un chiste realmente divertido. Ver las caras de los demás es hilarante... y ella no hace daño a nadie. Un exhibicionismo que significa salirse (unos milímetros) del molde por las risas. Pero es un ejemplo de actos que podemos hacer a diario, rompiendo de un martillazo la rutina propia y las ajenas. Es echarle un poco más de pimienta al estofado. Es volver a subirte a la atracción de la que acabas de bajar. Es mostrar una foto diferente en Instagram para dejar a todos con la boca abierta.

Al final de lo que hablamos es de libertad. Porque salirte del molde es salirte de la fila. Y eso, si lo consigues, es auténtica felicidad, la más pura y desinteresada.

Salgámonos del molde ya sea mostrándole el culo a la gente, ya sea bailando alocadamente en un vagón de metro o ya sea diciéndole algo amable a una persona desconocida. Alegremos más nuestros días y los de los demás. Olvidemos la vergüenza y echemos un golpe más de pimienta a la vida.


domingo, 7 de junio de 2026

Prejuicio sin orgullo






Quienes nos rodean también nos observan. De forma inconsciente y, en segundos, construyen una primera idea de cómo somos. Nosotros hacemos exactamente lo mismo. Juzgamos a desconocidos por una frase, una camiseta, un tatuaje o la forma en que caminan. Como es imposible saberlo todo de todos (sería agotador, además) llenamos esa falta de información con imaginación y también con prejuicios. Completamos el puzle aunque nos falten piezas.

La RAE define “prejuicio” como “Opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal”.  Lo de “previa y tenaz” lo entiendo. Pero ¿por qué asumimos que tiene que ser desfavorable? ¿Quién decidió que, si juzgamos rápido, necesariamente vamos a juzgar mal? Quizá porque sabemos que, cuando improvisamos, solemos meter la pata con la precisión de un reloj suizo. Algo precipitado casi nunca es acertado, a no ser que seas corredor profesional de los cien metros lisos.

Usamos “prejuicio” como si fuera sinónimo de “maldad humana”, cuando en realidad consiste en formarnos una opinión aparentemente sólida con información insuficiente. Como hacer una tortilla de patatas para diez comensales con un solo huevo y media patata: técnicamente posible, pero no recomendable.

La gente que trabaja cara al público suele ser prejuzgada de forma aun más salvaje. En primer lugar porque suelen ofrecer un servicio a otros (remunerado o no) y eso hace que les observemos con cierto aire de superioridad (creemos que están a nuestro servicio), Pero también por la brevedad que suele salir de ese encuentro: son personas que veremos solo un momento, no permanecerán en nuestra vida para los restos, lo que hace que les prejuzguemos de forma mas superficial, abonando el terrero para el mas equivocado de los prejuicios.

Vivimos en un mundo desinformado, y cuando por fin nos llega información veraz, viene tan sesgada que parece escrita por alguien con intereses ocultos. Entre tanto ruido, es normal que acabemos intentar juzgarlo todo por nosotros mismos, y comenzamos a hacerlo basándonos en la apariencia o en un primer comentario. Aunque ese comentario sea sobre el tiempo meteorológico. Aunque sea un “buenos días” a un vecino al entrar en el ascensor.

Tengo una amiga abogada tatuada desde los nudillos hasta el cuello. Es brillante en su oficio (y personalmente creo que es la persona más brillante que conozco), pero muchos no la toman en serio porque creen que los tatuajes restan neuronas (también porque es mujer). Tengo un amigo informático que va siempre con camisas hawaianas, sus compañeros y sus jefes no le toman en serio porque, al parecer, la seriedad profesional está reñida con los estampados de flores.

Si quienes me ven supieran que me gusta el BDSM, que tengo una obsesión casi clínica por el cine o que cocino como si me fuera la vida en ello, tendrían otra imagen de mí. ¿Deberían saberlo? Imaginad un mundo donde, al ver a alguien, supiéramos absolutamente todo sobre esa persona. ¿Quién sobreviviría a ese escrutinio? Nadie. Ni el Papa de Roma (especialmente el Papa).

Lo más sano es mantener partes privadas, no solo para esquivar prejuicios, sino porque eso nos mantiene únicos. Incluso en pareja, guardar un pequeño territorio íntimo no es traición: siempre lo he defendido como higiene emocional. No es una mentira, siempre que no sea algo que vaya en contra, claro; no estamos hablando de llevar una doble vida.

Somos únicos. Mantengamos eso. Y, si puede ser, juzguemos un poquito menos… o al menos juzguemos con más imaginación. Y, sobre todo, que no nos afecten los prejuicios ajenos. Que fácil parece ¿no? Pues no.


lunes, 18 de mayo de 2026

Cosas que juras que nunca harás


"Nunca lo haré", lo repites caminado con la espalda bien recta (como te decía tu madre) y con tu brillante dignidad (recién pulida), convencida de que hay ciertos actos que pertenecen a otros, a esos que llaman “desviados”, a los que se permiten grietas en la moral porque son amorales. Tu, en cambio, eres de esas personas que mantienen la compostura incluso cuando nadie mira. 

Pero un día sucede el accidente y haces algo que juraste no hacer nunca. Y lo haces sin épica, sin música de fondo, sin luces de neón brillantes iluminando la noche. Lo haces casi sin darte cuenta, como quien mete la mano en un charco sabiendo que se va a manchar, pero la mete de todas formas. Cuando lo haces, sientes ese golpe seco en el pecho: hay mucha culpa, algo de vértigo y una especie de placer que no estabas preparada para reconocer.

Es un placer sucio, pero no por lo que implica, sino por lo que revela de ti misma.

La piedra donde has estado grabando ese "Nunca lo haré" durante tantos años, acaba de estallar en pedazos. Observando todas esos restos en el suelo, te das cuenta de que no era que no quisieras hacerlo: era que no querías admitir que querías hacerlo. Tu moral, tan firme, tan orgullosa hasta este momento, se deshace como un terrón de azúcar en café bien caliente. Y descubres que algunos de tus principios mas sólidos eran más bien decorativos, como esas plantas de plástico que parecen vivas hasta que las tocas. Y lo peor (aunque pronto descubrirás que es lo mejor) es que te gusta de una forma que te deja descolocada. Te gusta porque te libera, porque te muestra una versión de ti que no sabías que existía o que preferías mantener encerrada en un cajón con llave. Te gusta porque te obliga a mirarte sin la narrativa estoica que habías construido alrededor de tu moral y tus convicciones.

Te gusta porque es un placer prohibido. También porque entiendes que la suciedad no está en el acto, sino en el miedo a hacerlo. Entiendes que lo prohibido no es oscuro (o no siempre). Lo que era prohibido se ha convertido en algo honesto. Entiendes que la vida no es un manual de instrucciones que seguir a rajatabla, sino un borrador lleno  de frases que pueden ser tachadas para ser reescritas. Entiendes que, lo verdaderamente inmoral, era vivir sin permitirte la posibilidad de sorprenderte a ti misma.

Si lo has hecho es que has aprendido algo. 


viernes, 10 de abril de 2026

Puntos de vista (entre el placer y la herida)





Hay gente que obtiene placer cuando sufren dolor. Hasta aquí podemos comprenderlo. ¿Y si decimos “me corro cuando me dan ostias”? Eso es mas extraño ¿no os pareces? A lo largo de mi vida he visto personas sumisas que disfrutaban con cosas que rechazamos de plano en la vida “real”.

Nunca le podría la mano encima a nadie, soy una persona muy respetuosa tanto en el fondo como en la forma, mi tolerancia no tiene límites respecto a los demás. Me considero amable y buena persona. No debería decir todo esto porque lo hago desde un punto de vista estrictamente subjetivo. Pero creo que es así.

Y no obstante he pegado, humillado, escupido, torturado, insultado, meado, arrastrado y usado a mucha gente en mi vida.

El contexto. De eso se trata. Y aunque no haya contexto (que, en este caso es el BDSM), mucha gente me tacharía de enfermo.

Todo eso que hice, moralmente reprobable, lo hice por conseguir que otras personas llegasen a alcanzar ese extraño placer que solo se da en el BDSM.

Entiendo que es difícil de comprender porque si digo que disfruto humillando a otra persona, no hay contexto que valga. Pero si digo que es en una sesión BDSM y la otra persona disfruta aun mas que yo de ser humillada, entonces es cuando rebajamos el prejudicio e intentamos comprender si eso es posible.

No intentéis comprenderlo: es posible. Y eso no me hace peor persona.

No soy un enfermo mental (ni yo ni las otras personas que lo hacen). Quizás mi salubridad mental sea mejor que la de aquellos que tienen deseos que reprimen. No hago daño a nadie, aunque parezca un contrasentido cuando también digo que he pegado a personas.

Y lo mas importante: BDSM no es necesariamente ser humillados, escupidos, torturados, insultados, meados, arrastrados ni usados. BDSM es un escenario donde sucede lo que dos personas acuerdan desde su libertad. Cualquier cosa que también puede excluir el ser humillados, escupidos, torturados, insultados, arrastrados o usados ¿Juzgar de enfermo a una persona que alcanza el orgasmo cuando la insultan? Desde mi punto de vista, quien lo juzga es quien tiene el verdadero problema. 


Mi amiga E


Mi amiga E acaba de separarse y como toda mujer hermosa que ya no tiene pareja, cientos de amigos, conocidos y saludados, se han lanzado a su caza cual depredadores sedientos de sangre. Los humanos somos así, en la desgracia ajena vemos una oportunidad propia. Yo no diré que me desagrade mi amiga E, todo lo contrario, me parece una buena persona, cariñosa, inteligente, divertida y terriblemente hermosa. ¿Y cual es mi posición al respecto? Por supuesto que me gustaría lanzarme sobre ella, arrancarle la ropa a mordiscos y después follar juntos con la efervescencia de quien sabe que solo quedan diez minutos para que el gigantesco meteorito impacte contra la tierra y volvamos a la época de los dinosaurios.

Es complicado porque me encanta como amiga, pero me encanta como mujer. No se si me encanta como amo porque mi intuición me mueve a dejar el rol fuera de esta ecuación.

Pero como buen espécimen al que las feromonas le nublan el sentido no puedo dejar de observar sus pechos (operados) luchando por romper las camisetas ajustadas que siempre viste. No puedo dejar de contemplar ese culo simplemente perfecto coronado por una cintura de avispa a la que me gustaría encadenarme para el resto de mi vida. No puedo dejar de mirar esas piernas largas, muy largas (mi amiga E es alta, muy alta) y esos tobillos finos e imaginármelos reposando en mis hombros. Su cara de rasgos duros pero angelical, su pelo lacio y si sonrisa eterna.

Puede que antes ya fuese ese viejo verde que la observaba en silencio de forma lasciva pero también con respeto. No porque tuviese pareja sino porque era mi amiga. Y la quiero demasiado para estropearlo intentando descubrir partes de ella que nunca he visto antes.

¿Qué hago? Continúo deseándola en silencio, pero con respeto. Imagino que, si ella leyese esto, cambiaria la opinión que tiene de mi (hacia peor) y esto lo asumo y lo integro en forma de silencio donde me sangra la lengua de tanto mordérmela.

Mi amiga E me tiene enamorado en casi todos los sentidos en los que una persona puede enamorarse de otra. Por eso no estoy haciendo absolutamente nada. Porque es mi amiga.


viernes, 15 de agosto de 2025

El BDSM como camino de autoconocimiento y empoderamiento

 


El BDSM, más allá de todas esas cuerdas, látigos y órdenes que parecen instrucciones castrenses, puede convertirse también en una vía reveladora para conocerse a uno mismo. No hace falta tener una mazmorra en casa ni saber hacer nudos marineros para empezar a explorar. Lo primordial es la curiosidad, el respeto y, sobre todo, el consentimiento. Si conocéis el BDSM ya sabréis que no se trata de sufrir por sufrir, sino de comprender que es aquello que nos mueve y qué nos libera. Porque el BDSM nos hace sentir vivos… aunque sea con una venda en los ojos y alguien diciéndote que ni se te ocurra mover ni uno solo de los músculos de tu cuerpo.

Las personas descubren en el BDSM aspectos de sí mismas que ni la terapia ni los retiros espirituales logran sacar a la luz. Hay algo en todo esto de jugar con el poder, en cederlo o tomarlo, que desvela patrones emocionales, heridas antiguas y deseos que estaban escondidos detrás de la cortina del “yo soy normal” o "no tengo ningún problema". Spoiler: nadie es normal y todos tenemos problemas. En eso consiste vivir. Porque en el juego del BDSM (es un juego, contempladlo siempre así) uno aprende a poner límites, a comunicarse con claridad y a confiar, que no es poca cosa en estos tiempos donde hasta pedir un café descafeinado con leche de avena puede generar conflicto y ansiedad.

Volviendo al tema de los "juegos", el BDSM tiene algo que pocas prácticas ofrecen: la posibilidad de reírse de uno mismo. De acuerdo, hay momentos intensos, pero también hay palabras de seguridad que suenan a broma, posturas que desafían la lógica del cuerpo humano y silencios incómodos cuando la persona dominante ha olvidado el guante de látex en el microondas. Y en medio de todo este festival de lo ridículo, uno se empodera. 

Elegir cómo, cuándo y con quién explorar tu deseo es un acto de soberanía personal. Cuando la gente empieza en la sumisión, gente joven, los demás (aquellos que conocen su "secreto") piensan que es un acto de rebeldía sin entender que, por muy joven que uno sea, la responsabilidad con uno mismo está construida en base a la exploración, el conocimiento, el descubrimiento de otros placeres y las emociones. 

Así que no, no es solo un juego raro de adultos con tiempo libre. Es una práctica que, bien llevada, puede ayudarte a conocerte mejor, a sanar, a conectar y, por qué no, a descubrir que tu versión más auténtica aparece justo cuando te quitas la máscara… o te la pones. 

Los que intentamos analizar el BDSM desde un punto de vista pragmático, siempre nos topamos con la misma pregunta: ¿somos mas auténticos cuando llevamos la máscara o cuando nos la quitamos? Es decir ¿el rol nos libera o es un juego que nos ayuda a liberarnos cuando no estamos en el rol? Volveré a plantearlo de forma aun mas simple: quien es mas nuestro yo ¿cuándo asumimos el rol o cuando no?

He tenido la oportunidad de conocer a mujeres que, en el ámbito del BDSM, se identificaban como sumisas, mientras que en su vida cotidiana desempeñaban roles de gran responsabilidad, tanto en el entorno laboral como en el familiar. Eran personas acostumbradas a tomar decisiones complejas, con implicaciones que a menudo les generaban una carga emocional considerable. Para ellas, adoptar una posición sumisa no representaba una contradicción, sino una forma legítima de descanso psicológico: una pausa voluntaria en la exigencia constante de tener que sostenerlo todo, de tener que ser la mejor, la exigencia de ser mujer y no equivocarse.

Esto plantea una pregunta interesante: ¿Eran más auténticas, en su rol de mujeres empoderadas o en su vivencia como sumisas? Tal vez la respuesta no esté en elegir entre una u otra, sino en reconocer que ambas facetas pueden coexistir con coherencia. El problema surge cuando se parte de la premisa errónea de que una mujer que se somete voluntariamente ha renunciado a su autonomía, a su individualidad o a su libertad. Esta visión ignora un aspecto fundamental: esa mujer ha elegido conscientemente la dinámica de la sumisión porque en ella encuentra seguridad, afirmación y poder. El acto de someterse, lejos de ser una negación de sí misma, puede ser una forma subconsciente de ejercer control sobre tu propia experiencia emocional y física.

Cuando finalizo una sesión siempre pregunto a la otra persona como se siente. Minutos después se sienten felices pero también agotadas, removidas por dentro... si repites la misma pregunta al cabo de unas horas esa persona te dirá que se siente poderosa. Es una pauta común, no se puede generalizar pero sucede demasiado a menudo. ¿Por qué perder la libertad cómo un juego de rol puede empoderarnos? El el título de este texto "El BDSM como camino de autoconocimiento y empoderamiento" no está puesto porque si: es una realidad absoluta.

Siempre que hagas las cosas bien... eso si. 




viernes, 25 de marzo de 2022

Elogio del pecho femenino


Pechos grandes o pequeños, pechos juntos o separados, pechos con pezón plano o con pezón capaz de cortar el vidrio. Pezones rosados o marrones, pechos caídos o turgentes. Pechos, pechos, pechos. Pero antes de seguir me gustaría decir que este texto es un elogio del pecho femenino, ya que el pecho masculino me interesa tanto como ponerme a estudiar física cuántica en una despedida de soltero. Caso de verme obligado a hablar del pecho masculino, mencionaría a uno solo: el del ínclito Charlton Heston o, como le conocíamos en casa: el pecho palomo.


Volviendo a los pechos femeninos, he de decir que no soy demasiado exigente al respecto. Me gustan todos y niego esa mayor (en forma de poema) que dice:

“Pecho que no cabe en la mano,

no es pecho que es grano.

Pecho que la mano no abarca,

no es pecho que es barca.

El buen pecho,

no la mano quepa”

Pues resulta que no, queridos/as lectores/as… cualquier pecho es bonito para mí. Tanto si es grande y caído como si es pequeño y pálido. Porque los erotómanos con complejo de Edipo tenemos eso: nos gustan todos los pechos.

El físico siempre ha sido algo secundario para mí y, a pesar de eso, tengo una constante fijación por descubrir como son los pechos de una mujer cuando la conozco... y en los años siguientes. Esta necesidad no nace de la malsana necesidad de saber si sus pechos me gustarán o no porque soy consciente de que, sean como sean, me gustarán.

A la mayoría de los hombres les gustan los pechos grandes porque, aunque la sociedad ha evolucionado a un ritmo vertiginoso desde que los dinosaurios masticaban bayas, seguimos teniendo el cerebro programado con un único propósito: conseguir comida y perpetuar la especie. Y los pechos grandes están asociados a la fertilidad. A esto se le ha de asociar el recuerdo de que nuestra felicidad siendo bebes se centraba los pechos de nuestra madre que nos daba alimento y calor. De esta forma y a nivel inconsciente, asociamos los pechos grandes a la seguridad, la protección y la felicidad. ¿Y por qué grandes? Porque nosotros éramos pequeños, evidentemente y recordamos esos pechos, tuviesen el tamaño que tuviesen, como dos gigantescas cimas que coronar. De la misma manera que cuanto más grandes son los pechos de una mujer más fértil creemos que es.

Así de simples somos los hombres, asumidlo mujeres.

Así pues, una vez que sabemos por qué a la mayoría de los hombres les gustan los pechos grandes, os explicaré por qué creo que siento tanta curiosidad por ver los pechos de una mujer y porque me da igual su tamaño.

El motivo por el que me gusta ver los pechos, lo desconozco. Sé que es una explicación decepcionante, pero es lo que hay. En cambio, el motivo por el que me da igual su tamaño es porque el físico de una mujer no es algo que me condicione y aún menos el tamaño o forma de sus pechos. Los sapiosexuales tenemos eso.

¿Me enseñas tus pechos? Pura curiosidad… No me cuentes como son, no me digas que son iguales que los de tal o cual actriz... QUIERO VERLOS.

 

viernes, 18 de febrero de 2022

Dona llegit (mujer leyendo)

 

Xavier Serra de Rivera, "Dona llegint" (óleo sobre papel)

La mujer está sentada en una silla aunque parece encajada de manera contra natura, como si permanecer más de cinco minutos ahí tuviese como consecuencia un futuro inmediato en forma de dolor de huesos. Eso es lo primero que percibo al ver la imagen. Después mi vista recorre su cuerpo, sus muslos, su pubis, sus pechos y finalmente caigo en la cuenta de que está leyendo. ¿O eso ya lo había visto, pero no me había llamado la atención? Con toda seguridad, esa lectura es la que hace que la posición contra natura o la desnudez se convierta en la consecuencia lógica de quien está absorto en otro mundo y poco puede importarle las leyes del nuestro.

Mi mente imagina que esa mano caída pronto se moverá hasta el sexo porque mi mente es incapaz de imaginar otra cosa que no sea un texto erótico en sus manos. Y aquí radica el poder del arte: la interpretación. Cuanto mejor es el artista, mejores y mayores fantasías genera en el espectador.

El suelo es de color ocre, casi amarillo. La ropa que lleva es de color amarillo, casi ocre. No hay más colores. La piel de la mujer se mimetiza con el entorno, o viceversa. Todo es una sola cosa, una sola emoción. Un único propósito.

Al observar con detenimiento el cuadro, caes en la cuenta de cuanto esconde. Quizás se trate de un artista retratando la cotidianeidad de la persona que está frente a él en ese momento (estoy convencido de ello) pero es la fuerza del retrato fuerza a nuestra imaginación a pasear por el cuerpo desnudo, por el libro que sostiene y por esa mirada clavada en el papel.

Puede que mi imaginación interprete el cuadro como algo erótico, fruto de la desnudez y de mi calenturienta imaginación, pero transcurridos unos minutos y ya con la mente a temperatura ambiente, caigo en la cuenta de que el cuadro es la perfecta definición de lo que sucede cuando caes absorto en la lectura y todo a tu alrededor se difumina en un único color, ese momento donde poco importa en que posición estés o como vistas porque lo único que importa son las palabras que martillean tu cerebro.

Aunque sigo pensando que esas palabras, son algo sensual o erotico.

domingo, 28 de noviembre de 2021

La mente humana (4)

AC/DC grabó el videoclip 'Realize' con esta tecnología – This Is Rock

Una manera de comprender como de diferentes son las mentes humanas radica en eso que llamamos "gustos". ¿Por qué si todas las mentes son iguales, nos gustan diferentes tipos de comida? La comida ha dejado de ser algo "vital" para convertirse en una experiencia cercana al placer. En la prehistoria los humanos luchaban por llevarse un triste trozo de comida al día, en la actualidad tenemos la nevera llena pero tomamos vaso de agua porque hemos comenzado la 103 dieta de nuestra vida. Hemos evolucionado de forma que hemos convertido una necesidad vital en un placer (y viceversa). Existen tantos y tantos tipos de comida que resulta imposible que a dos personas les guste lo mismo. Imagino a esas personas de la edad de piedra preguntándose que van a comer: "¡berzas!", contestan ambos al unísono (si pudiesen hablar) pero esa respuesta no es porque su mente lo haya decidido sino porque no hay otra cosa de comer.

Pasemos entonces a la música. ¿Por qué algunos grupos, canciones o estilos nos gustan y otros no? Imagino que es porque esas canciones cuentan sobre algo que nuestro cerebro, basándonos en lo vivido, se siente identificado. ¿Entonces que sucede con aquellas canciones donde no entendemos la letra porque está en otro idioma? ¿Y la música que no tiene letra? ¿Por qué a algunos les apasiona el jazz y a otros les aburre? ¿Qué mecanismo de nuestra mente hace eso? No tengo ni puta idea, sinceramente, es una pregunta lanzada al aire imposible de contestar, al menos para los profanos.

Vayamos a lo duro (siguiendo con la música, no hablo de películas pornográficas): es difícil que alguien no se sienta atraído por AC/DC o por QUEEN o incluso por METALLICA. ¿Por qué a todo el mundo le gusta QUEEN más allá de que sea el más comercial de los tres grupos? Cuando en 1975 Freddie Mercury compuso "Bohemian Rapsody" todos dijeron (especialmente los que sabían de esto) que era algo abocado al fracaso: una canción de casi 6 minutos con baladas, solos de guitarra, ópera, rock que iban de uno a otro abruptamente rompiendo las melodías (y donde además nadie entendía la mitad de las frases que se cantaban). A día de hoy, "Bohemian Rapsody" es una de las canciones más escuchadas y uno de los singles más vendidos. ¿Qué sucedía en la mente de quienes escuchaban esa canción que les hacía ponerse a cantar o a tocar la guitarra en el aire? Pero lo más paradójico de todo es que esas mentes que manifestaron que la canción sería un fracaso eran diferentes a las mentes que lo disfrutaron. Sin embargo, todo eran mentes, cerebros construidos de la misma manera. Pero actuaron de formas radicalmente diferentes, con resultados y emociones diferentes.


Me encantan las películas de terror, cuanto peores sean, mejor. Sufro horrores viéndolas (valga la redundancia). Un amigo mío, cuando ve una película de terror, cae al suelo presa de un ataque de risa. Los complejos engranajes de la mente hacen que comience a reír sin parar como mecanismo de defensa. Una vez nos echaron de un cine porque estábamos viendo una película ("Saw 4") donde la primera escena es la autopsia del villano. Yo estaba aferrado a la butaca delantera mientras él no podía parar de reír molestando al resto de mentes que había en el aforo. Al final tuve que ver "Saw 4" en video unos meses más tarde mientras me mordía los puños.

Saw 4? - Foros ACB.COM

De acuerdo, cada mente se basa en un órgano prácticamente idéntico a los demás (el cerebro) pero cada mente no solo piensa diferente, sino que reacciona de manera diferente ante los mismos estímulos. ¿Por qué?

Hay gente que disfruta con el BDSM mientras otros huyen ante la sola idea. ¿Qué sucede dentro de esas mentes?

Estoy firmemente convencido de que no hay respuesta, o que la respuesta está fuera de nuestro alcance. Ese es el milagro del ser humano: todos iguales, aunque todos diferentes. O todos diferentes, pero todos iguales. ¿Qué importa eso? La felicidad consiste en la suma de placeres que nuestra mente persigue a lo largo de toda la vida. Y no debe confundirse "placer" con algo carnal. El placer de una buena casa, el placer surgido del amor, el placer de ver a tu hijo nacer, el placer en conseguir un éxito.

Aunque los placeres carnales tampoco están mal...

Tener hijos después de los 35 tiene varias ventajas

viernes, 26 de noviembre de 2021

La mente humana (3)

La tercera entrega sobre "la mente humana" iba a versar sobre como las mismas mentes (o parecidas) reaccionamos de maneras diferentes frente a un mismo estímulo. Aunque ayer vi una imagen que hizo que mi mente funcionase de manera algo diferente a lo que lo hace habitualmente por lo que he decidido añadir esta pequeña reflexión y posponer el otro texto para mañana, donde os deleitaré (o castigaré) con ese estudio tan sesudo y aburrido que significa el estudio de las diferentes reacciones de la mente frente a estímulos parecidos. 

Pero vayamos al motivo que me ha hecho posponer el texto y no es otro que el que ayer contemplé esta foto.

Estaba trabajando tranquilamente, viendo pasar datos y más datos frente a mi pantalla, cuando de repente vi esa foto. Lo reconozco, si pasa una mosca por delante de mí puedo acabar persiguiéndola hasta acabar cruzando la frontera de Ucrania sin recordar lo que estaba haciendo hasta entonces. La procrastinación es la religión que profeso.

Comencemos por lo que todos vemos en la foto: las piernas de una mujer, enfundadas en unas gruesas medias de lana, una especie de bota y una falda de estampados orientales con un corte lateral. Hasta aquí todo muy normal. O no.

Porque de repente mi mente, que funciona como un ente autónomo, se fijó en esa abertura de la parte izquierda y comenzó a elucubrar hasta donde llegaría y fue en ese momento que se me ancló firmemente la pregunta en el cerebro sobre que como sería la ropa interior que escondía esa falda. Asumiendo que llevaba ropa interior, claro.

Si mi mente viese a la misma mujer desnuda (o semidesnuda) en la playa, la miraría brevemente y después devolvería mi vista al libro que estuviese leyendo. Aunque si contemplas algo que puede resultarte sugerente y en ese algo hay información que te falta, entonces el deseo te empujará a querer ver más. Y estarás perdido. Porque la mente humana se dispara en todas direcciones cuando le falta la información que desea. Y fijaos que no he dicho "que necesita" sino "que desea". Y es que cuanto de imaginación hay en esa foto y que nuestro cerebro ha construido es fruto del deseo. Y nada podemos hacer por evitarlo. Tampoco tiene sentido el evitarlo más allá de huir de la frustración.

No soy una persona a la que le mueva el físico de las otras personas. Siempre me he considerado un sapiosexual de libro (que además lee y escribe libros, valga la redundancia). Me excita mil veces más una frase e incluso esa frase escuchada por una voz concreta que alguien que se desnude frente a mí. Y no manifiesto que el desnudo no me excite sino que el verdadero deseo, en mi mente, se genera desde el intelecto aunque pueda acabar en la carnalidad más perversa. Por eso, cuando veo una foto así, mi intelecto se dispara en todas direcciones con cientos de preguntas: ¿Qué ropa interior llevará? ¿A qué olerá esa persona? ¿Cómo resonarán esos botines por la calle? ¿Qué ropa viste de cintura para arriba? ¿Cómo es? ¿Por qué llevar una medias cortas en un día de tanto frío? Y es esa curiosidad la que me hace desear carnalmente a la persona que aparece en la foto. Pero esa carnalidad no sale de la imagen sino de la intención de la imagen, de cuanto muestra y cuanto oculta. Sale de mí, porque la mente humana es incontrolable y funciona de forma autónoma. El mejor ejemplo es la excitación por lo que se sugiere y la indiferencia por lo que se muestra. El mejor ejemplo son las cientos de preguntas a las que puede llevarnos una imagen o un texto. 

El mejor ejemplo es el deseo que provoca una simple foto. Esta foto.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

La mente humana (2)

 Hannibal. ¿O debería decir Mads Mikkelsen? – Blog Seriously

Mi segundo texto sobre la mente humana comienza donde acabó el anterior: la mente humana es un mecanismo de una perfección inusitada, pero preferimos infrautilizarla (o utilizarla de forma errónea) porque eso nos humaniza. Hacernos el idiota nos permite vivir tranquilamente, ya que pensar mucho, además de generar debate, es más cansado.

Me sugirieron que escribiese sobre la mente humana y me he dado cuenta de que, en ese primer texto, hablé tan solo del cerebro. De un órgano. ¿Qué diferencia hay? Acudo una vez más al diccionario de la Real Academia y entonces me explota la cabeza. Os mostraré visualmente el motivo:

Así pues, la mente es la potencia intelectual del alma. Lo cual confirma que hay barra libre de marihuana entre los académicos de la lengua. Es una definición que más bien parece el título de un libro de autoayuda: "la mente, la potencia intelectual del alma" y en la portada la sugerente imagen de un cerebro dentro de una pirámide y una pegatina que diga "5a edición, 200000 ejemplares vendidos".

Así pues, obviaré esta lisérgica primera definición y procederé con la segunda: "designio, pensamiento, propósito, voluntad". Un cóctel de palabras que resulta lo más parecido a proceder a la caza del mosquito tigre con una escopeta de perdigones y unas gafas mal graduadas. Aunque dentro de ese totum revolutum que es la segunda acepción hay una palabra con la que me siento confortable: "pensamiento". Nuestra mente es nuestro pensamiento. Definitivamente me gusta, que diablos.

Y llegando a la tercera definición (propia de la psicología) es cuando acertamos en la diana. Porque eso pretende esta serie de textos sobre la mente humana: el abordar el tema desde un punto de vista psicológico. 

La diferencia entre la psicología y la psiquiatría es tan simple como la diferencia entre un masajista y un cirujano. Puede que ambos te ayuden con tu problema de espalda, e incluso puede que tu problema solo requiera de uno de ellos. ¿Pero quién quiere que le abran en canal cuando pueden simplemente tocarle? Olvidémonos pues de la psiquiatría (a pesar de nuestra devoción por Hannibal Lecter) y quedemos en ese terreno más sugerente e intangible que es la psicología.

¿Qué tiene de fascinante la mente humana? Desde mi punto de vista lo tiene absolutamente todo. 

Como practicante de BDSM desde hace más de 35 años (que se dice pronto) siempre he pensado que la mente humana (la propia y las ajenas) es el artefacto más fascinante con el que me enfrentaré jamás. Y eso que es invisible a nuestros ojos. ¿Cómo es que alguien puede sentir tanto placer con el dolor que llegue a orgasmos incontrolados? La maldita dopamina tiene la culpa, ya hemos hablado de eso antes en este blog. Un proceso químico, claro. Pero volvamos al romanticismo: ¿por qué tú tienes orgasmos con el dolor y yo no? Sabemos como se desencadenan esos procesos químicos, sin embargo, sigue siendo un misterio el porqué sucede a unos y a otros no. Ya puede venir el mejor neurocirujano del mundo a declararme que sucede porque la construcción de cada cerebro es diferente. Eso es de lógica pura, pero descartaré la ciencia y continuaré anclado en el romanticismo para no toparme con una realidad donde todo cuanto sucede es porque somos moléculas interactuando de forma aleatoria.

Y esta es la reflexión de este segundo texto: todo tiene una explicación científica. ¿Pero es necesaria? Prefiero pensar que cada mente es diferente por ese libre albedrío que alguna deidad nos otorgó para, después, contemplarnos divertido desde su Olimpo. Me gusta escribir y como consecuencia de ello prefiero fantasear con que algunas cosas suceden porque alguien maneja los hilos tanto a la hora de empujarnos como a la hora de quitar los ruedines de nuestra bicicleta. Somos libres de actuar hasta que algo se interpone en nuestro camino, ya sea una inexistente deidad, ya sea eso que llaman "destino" o bien sea el autobús número 15. Fuera de todas estas excepciones: somos libres, nuestra mente es libre.

La mente humana es el elemento más apasionante del que disponemos y si te dejas convencer de eso entonces verás a las personas de manera diferente a como las ves. Se abrirá la ventana de par en par permitiendo el paso de una luz casi cegadora que nos descubrirá las infinitas posibilidades que tenemos frente a nosotros. Obviemos pues la cultura de lo visual y adentrémonos en el mundo de intelecto.

¿Y no se trata de eso precisamente cuando hablamos de la mente humana? El mundo del intelecto, de lo intangible, de lo impredecible... casi un imposible. Por eso es tan fascinante.

Y para cerrar este segundo texto (que no será el último) me gustaría dejar caer una bomba a modo de reflexión: los que de esto saben dicen que el cuerpo humano es la máquina más perfecta que existe, tan perfecta que es imposible de reproducir de forma mecánica. Una máquina formada de muchas otras máquinas donde el cerebro es quizás la más perfecta de todas. Entonces, si nuestra mente es fruto del ingenio más perfecto jamás antes creado ¿por qué nos ahogamos en un vaso de agua cuando perdemos el móvil o nos duele una muela? ¿Por qué preferimos mirar una película de Netflix a hablar con nuestra pareja de lo desastrosa de nuestra relación? ¿Por qué queremos colarnos en la cola de la panadería o robamos, o mentimos, o matamos...?

No tengo la respuesta, quizás a eso debería responder la psicología... o la psicóloga.