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miércoles, 17 de junio de 2026

Locura Vs Locura

Dicen que somos animales racionales. Es una de esas frases que la humanidad repite con la misma convicción con la que se comprar un televisor nuevo cada vez que se celebra un mundial de fútbol. La teoría sostiene que actuamos guiados por la razón. Hasta cuando hacemos algo manifiestamente estúpido, lo hacemos después de haber construido una elaborada justificación que nos permita dormir tranquilos. ¿Entonces podemos llegar a ser realmente irracionales? Si alguna conexión eléctrica deja de funcionar bajo nuestro elegante peinado, quizá protagonizaremos un acto genuinamente irracional. Pero no estamos hablando de cerebros averiados. Los siniestros hospitales que aparecen en las películas de miedo ya tienen lúgubres departamentos para eso donde se experimenta con los humanos (o al menos eso me gusta imaginar). En realidad, hablamos de cerebros aparentemente funcionales, de esos que pagan impuestos, compran yogures desnatados y opinan sobre geopolítica en redes sociales cuando no saben localizar Polonia en un mapa.

También dicen que acostarse con un desconocido es un acto irracional. La afirmación resulta curiosa porque suele proceder de personas que llevan veinte años compartiendo su vida con alguien a quien tampoco conocen demasiado. En cualquier caso, acostarse con un desconocido puede ser impulsivo, arriesgado, temerario o una magnífica anécdota para dentro de diez años. Pero irracional no parece la palabra adecuada.

¿Dónde reside entonces la irracionalidad humana?

La respuesta depende, naturalmente, de la disciplina desde donde se formula la pregunta. Y ciertas disciplinas académicas tienen la encantadora costumbre de explicar la realidad utilizando palabras rimbombantes para poder discutir entre ellas durante décadas. Desde la psicología, por ejemplo, la irracionalidad se encuentra en los límites de nuestra capacidad de procesamiento. No disponemos de información perfecta, ni de tiempo infinito, ni de un comité de expertos instalado permanentemente en el córtex prefrontal, como en esa película de animación donde las emociones eran personajes de diferentes colores. Así que tomamos atajos. Simplificamos. Automatizamos decisiones. Aunque también compramos por internes cosas que no necesitamos porque es el Black Friday. Quizá algunos de esos comportamientos puedan calificarse de irracionales.

El problema, como casi siempre, son las etiquetas. Un tema del que me apasiona escribir.

La humanidad siente una fascinación enfermiza por clasificar las cosas. Necesitamos poner nombres, categorías y diagnósticos a todo lo que se mueve. Si alguien se sale ligeramente de la línea, inmediatamente aparece un experto dispuesto a asignarle una palabra terminada en "-dad" o "-ismo". Necesitamos porner etiquetas a las cosas para no profundizar demasiado en ellas y así poder ver una serie de Netflix de diez capítulos en una tarde.

Yo hago cosas que otros podrían considerar irracionales. Sin embargo, las hago desde una lógica perfectamente construida. Una lógica que puede ser discutible, extravagante o incluso absurda, pero lógica al fin y al cabo. Mi lógica.

¡Ah, entonces hablamos de locuras!

Pues tampoco porque las locuras, en sentido estricto, las hacen los locos. Y hasta donde alcanza mi conocimiento médico (que es lo que aprendo de esas películas donde un mad doctor experimenta con pacientes) todavía no estoy loco. Aunque reconozco que la frontera entre la excentricidad y la patología es un territorio que algunos exploramos con excesiva curiosidad y visto desde fuera puede empujar a los otros a regalarte una camisa de fuerza por tu cumpleaños.

Por ejemplo, si una persona a la que no conozco me dice que quiere cometer una "locura" conmigo, ni siquiera me planteo responder que no.

Sí, estamos hablando de sexo.

O de BDSM.

Y aquí es donde la sociedad suele adoptar una especie de preocupación colectiva. Como si todos acabasen de descubrir que existen personas adultas haciendo cosas adultas por decisión propia, fuera de la norma

¿Es una locura?

Depende.

Sin precauciones, por supuesto que lo es. También lo es conducir a doscientos kilómetros por hora, escalar una montaña o intentar montar un mueble de Ikea siguiendo únicamente tu intuición. Pero vivimos en el siglo XXI. Hemos conseguido una hazaña extraordinaria: hacer locuras de forma razonablemente segura. Hoy em día las aventuras “comunes” vienen con protocolos, formularios de consentimiento y, metafóricamente hablando, casco homologado. Nos lanzamos en parapente sujetos por tres arneses, restauramos fachadas colgados de veinte sistemas de seguridad distintos y practicamos actividades que habrían escandalizado a nuestros bisabuelos después de leer guías más extensas que algunos contratos hipotecarios. Y es que la modernidad consiste, en gran medida, en convertir el peligro en una actividad reglamentada.

¿Por qué escribo todo esto? Sinceramente, no tengo la menor idea. Anoche dormí poco. A veces el insomnio tiene la cortesía de infiltrarse incluso en mis sueños.

Tengo la sensación de estar encadenando ideas que probablemente sean tópicas, confusas o poco desarrolladas. Aunque, bien pensado, esa descripción encaja con una parte considerable de la historia del pensamiento occidental. Quizá por eso no voy a corregir este texto. Porque los textos son también fotografías mentales. Capturan un instante concreto y, como ocurre con todas las fotografías, es mejor no analizarlas demasiado de cerca. Corremos el riesgo de descubrir detalles que preferíamos ignorar.

Así que lo dejaré aquí.

No estoy loco, pero cometo locuras. No soy irracional, pero hago cosas que otros consideran irracionales. Y sospecho que la diferencia entre ambas afirmaciones es exactamente la misma que separa a un aventurero de un imprudente: quién es el que cuenta la historia al día siguiente.


miércoles, 28 de agosto de 2024

Sexo Oral Vs Sexo Oral en el BDSM

 



El sexo oral en el BDSM es una práctica cargada de simbolismo, poder, control y mucha saliva. Comúnmente creemos que arrodillarse y abrir la boca o ver a una ama con las piernas abiertas esperando a ser lamida es algo que también sucede en el sexo “normal” (o eso que conocemos como “sexo vainilla” que nada tiene que ver con los sabores de helado), creemos que es algo conocido: comer o ser comido (o comer y ser comido), pero, como ocurre con otras prácticas en el BDSM, el sexo oral se puede explorar de maneras diferentes y es ahí donde deja de ser una práctica meramente sexual, y se convierte en un acto de obediencia o sumisión además de ser una herramienta de castigo o recompensa. La profundidad emocional es lo que diferencia el sexo oral en el BDSM del sexo oral en el sexo. Si somos dominantes, utilizaremos el sexo oral para expresar poder y control sobre el dominado. El acto de dar o recibir sexo oral puede simbolizar la entrega de uno y la autoridad del otro. Además, para la persona dominada, hacer sexo oral se convierte en un acto de adoración, obediencia o devoción. Al mismo tiempo, la persona dominante, observando a su mascota, perdón... observando a su sumisa o sumiso haciéndole sexo oral, siente una reafirmación del control sobre su propiedad. Es decir: un acto simple y conocido que, dentro de un contexto de roles, amplia el sentido de absolutamente todo.

El dominante decide cuándo, cómo y en qué condiciones se realiza. Esto puede incluir órdenes explícitas, restricciones de tiempo, posiciones específicas, o incluso el uso de cuerdas o antifaces, también puede convertirse en un juego donde el dominante controla si el sexo oral es recompensado con un orgasmo o si se detiene antes de llegar a ese punto (ya sea por pasiva o por activa). Además, como en otras prácticas de BDSM que también son prácticas “habituales” fuera del BDSM, el sexo oral puede ser “vainilla” pero también mucho más intenso y agresivo, incluso humillante, dependiendo de la escena y el acuerdo mutuo. El BDSM permite todo ese abanico de colores que en otros escenarios sería impensable.

Podemos sumar la práctica del ahogamiento (también conocido como "breath play") y combinarla con el sexo oral. Esto implica controlar la respiración de la persona sumisa durante la felación o el cunnilingus, a menudo como un acto de poder extremo, aunque requiere un alto nivel de confianza y experiencia. Otras prácticas asociadas son la garganta profunda o también el cómo utilizamos el semen en el sexo oral (eyaculando en la cara de la persona dominada para humillarla, o en su boca obligándola a tragarlo, aunque no quiera, etc). Porque el sexo oral puede ser usado como castigo si se obliga al sub a realizar sexo oral bajo ciertas condiciones que podrían ser humillantes (siempre de previo y mutuo acuerdo). Como recompensa, el sexo oral puede ser una forma de gratificación cuando el sumiso ha cumplido con las órdenes del dominante o ha mostrado obediencia y dedicación. Y aquí hay que decir, que ciertas personas utilizan en el BDSM el sexo oral como recompensa en ambos sentidos: del dominante al dominado o del dominado al dominante.

El sexo oral en el BDSM puede ser una práctica llena de significado, complejidad y conexión emocional. No es solo sexo oral… probadlo si tenéis la oportunidad (aunque solo suceda eso en vuestra primera sesión) porque es una buena forma de comenzar, conectando íntimamente con la otra persona en una práctica que conocéis y es familiar, lo que coloca esa práctica en una zona de confort conocida. El resto consiste en añadirle matices poco a poco… ah, y tener un mullido cojín a mano para que las rodillas de la persona dominada no sufran mas de lo necesario...


miércoles, 3 de julio de 2024

Objetividad Vs Subjetividad





Cualquier texto que leáis (este o cualquier otro de cualquier otro autor en cualquier otro lugar) casi siempre es fruto de la subjetividad. En historiadores, jueces, médicos o cualquier otro empleo donde la objetividad, la ciencia o la norma son imprescindibles, permanece cierta subjetividad. El punto de vista propio tiene más peso específico que la norma ajena. No quiero decir con esto que no exista una verdad, sino que la verdad absoluta no existe.

Cuando dicen que la justicia es ciega pretenden dar a entender que no existe  diferencia entre ricos y pobres, no diferencia razas, sexos ni delitos. La justicia es diferente dependiendo de quien la aplique porque la justicia es cualquier cosa menos ciega, incluso puede que no sea ni tuerta. La aplicación de la justicia depende de quien la aplique, como la aplique, donde la aplique o sobre quien se aplique. A igualdad de delito, los veredictos son diferentes. Y eso tiene mucho que ver con el punto de vista (en este caso del juez). Lo mismo sucede con los médicos y sus diagnósticos, con los historiadores y sus conclusiones… con un taxista y el trayecto, con un policía y la falta, con un maestro y sus alumnos.

Sabemos que no hay una norma única y que todo funciona dependiendo de quien esté en un lado u otro. Cuando hablamos de la moral, de lo que está bien o mal o de lo que deberíamos hacer o no, nos juzgamos a nosotros mismos con una severidad que ni tan solo los jueces aplican, temerosos de que un rayo nos fulmine por salirnos del camino o temerosos de quedar mal ante los demás. Somos nuestros peores enemigos, somos nuestro juez más estricto y somos nuestro cura mas extremista. No dejamos pasar ni una y cuando la dejamos pasar nos gusta criminalizarnos y entramos en una espiral de culpa de la que ya no sabemos salir.

Pero a vida también es trivialidad, la vida también consiste en no ser productivo, podemos ser egoístas o podemos pecar de la forma mas impensable. Podemos llevar a cabo nuestras fantasías más inconfesables y debéis saber que ningún rayo nos fulminará. Nadie nos juzgara por nada que hagamos de forma tan severa que como nos juzgamos nosotros mismos. Y esto es lo que nos hace permanecer inmóviles sentados en el sofá y lamentándonos de la triste vida que nos ha tocado vivir. Sin darnos cuenta de que ni es tan triste ni tan inflexible ni tan aburrida.

Portarse bien y intentar ser justos, correctos y obedientes está bien, eso nos ayuda a dormir y hace del mundo un lugar mejor.

Pero portarse mal, ser incorrectos y desobedecer la norma está aún mejor siempre que sepamos que es algo ocasional. Policías, jueces, taxistas, médicos, científicos, cocineros y deportistas se equivocan porque la subjetividad es aleatoria. Si esto es así... ¿por qué nosotros nos empeñamos en hacerlo todo de forma perfecta y si eso no sucede creemos que la vida es una mierda?

Puede que la vida sea una mierda, pero si cometes locuras acabas dándote cuenta de que la locura forma parte de esa vida y contribuye a hacerla menos mierda. La locura y la trivialidad no harán de nuestra vida algo peor pero seguro que la endulzarán.

martes, 10 de octubre de 2023

Emocion real Vs emocion manipulada

 


Diferentes personas nos despiertan diferentes emociones, como cuando le pones gasolina de un octanaje mayor o menor al coche y este va más rápido o mas lento. Pero la gasolina tiene un riesgo porque si eres torpe y la derramas fuera del vehículo puedes acabar gritando mientras las llamas se apoderan de tu cuerpo.

Algunas de esas emociones, aunque no acaben ardiendo, también pueden ser incontrolables. Vayamos a la más común y la que padecemos todos sin excepción: la frustración. La prisa puede generar frustración. Esa es la primera emoción que hay que controlar.

Muchas personas empujan a otras a una sesión BDSM utilizando el miedo, el miedo al desamparo o aprovechando la fragilidad de la otra persona para forzarla a una sesión diciéndole que si no lo hace no será una buena sumisa.

Porque las emociones son manipulables.

La mejor forma de proceder es ser absolutamente transparente, no empujar ni frenar, dejar que todo fluya, manteniendo siempre la comunicación.

Si algo no cuadra con eso, si es una comunicación donde una persona siente que debe medir sus palabras o se siente empujada a algo… debería detenerse todo de inmediato. Aunque eso le cause frustración. Es mejor acabar frustrado que traumatizado. Porque está claro que podemos tener una sesión habiendo construido mal el camino hasta ese momento (manipulando, mintiendo, presionando, etc.) pero ese es un camino de corto recorrido que puede llegar a traumatizar a la persona dominada si no tiene la experiencia necesaria para reconocer al cordero del lobo.

Si tu amo te pide una foto desnuda y no quieres enviársela: no se la envíes. Y si el amo te presiona para que obedezcas entonces debes comprender que esa persona no está respetando tus límites. No está cuidando de tu bienestar emocional. Mi recomendación es: cuando algo no te cuadre, has de parar, recapacitar, dialogar… y si en ese dialogo vuelve a repetirse una imposición que emocionalmente te tenga secuestrada, entonces hay que dar por finalizada esa relación.

Una relación dominante/dominado no solo debería ser sano, seguro y consensuado (SSC) sino que debería ser lo mas sano, lo mas seguro y lo más consensuado que hagas en tu vida. SI algo enturbia eso, entonces no es una relación BDSM sana, sino que es un abuso velado donde alguien se impone a la fuerza a alguien que no tiene los recursos emocionales para combatir eso (quizás porque en ese momento se siente tan inseguro que asume esa manipulación como algo necesario).

Otra recomendación es que, si no sientes realmente emoción por la otra persona, no creas que en una sesión esa emoción surgirá de repente de la nada. Las emociones, sean del tipo que sean, se reconocen en un primer momento. Después en la sesión será algo diferente, una evolución de esa primera emoción. Pero la emoción debe existir porque no se puede explotar algo si no se ha encendido una mecha.

Si no sientes la emoción que distingue lo excepcional, si te sientes presionada, si tienes miedo o la relación te provoca mas frustración que bondades: acaba la relación.

jueves, 17 de agosto de 2023

Ser Vs Rolear


Antes de entrar en harina (cual aficionado a hacer pan durante la pandemia) hemos de poner las cosas encima de la mesa: harina, levadura, agua, etc. Esa "mise en place" me mueve a poner dos ingrediente encima de la mesa: ser y rolear. Observémoslo con detenimiento. Todos sabemos que significa el ingrediente "ser": somos algo, no fingimos serlo, no pretendemos serlo, no creemos serlo... lo somos incluso aunque no deseemos serlo. Pongamos el tópico ejemplo del calvo señor sin pelo que una mañana se levanta deseando tener una melena cual cuarto Bee Gees. Se pondrá una peluca pero será calvo, incluso gastará tres pagas extras para ir a Turquía a que replanten la azotea de su desesperación, pero, en su fondo, seguirá siendo un calvo. Se es o no se es. Respecto a rolear, no estamos hablando de cumplimentar una hoja de personaje junto a otros cinco señores gordos con barba y camisetas de D&D mientras uno finge ser una amazona, otro un enano y el resto son elfos. Los juegos de rol, en el fondo, son la mejor definición del rol: meterse en un personaje. Pero este texto no va sobre ese rol sino sobre el rol que adopta una persona dominante o dominada cuando practica BDSM. Ponerse una mascara (real o virtual) para adoptar ese rol en una sesión o de forma continuada.

Hay dos tipos de personas que practican BDSM: los que son y los que se meten en un rol. Ser dominante o dominado como parte de tu personalidad (practiques o no BDSM) es algo habitual pero no tanto. El primer error es creer que sabemos que tipo de dominante o dominado somos. Hay personas que son pero que creen que solo son cuando están en una sesión sin darse cuenta que la esencia de su persona es ser dominada o dominar, incluso cuando está esperando en la cola de la panadería o lavando los platos de la cena. Podemos ser pero creernos que solo estamos roleando. De la misma forma sucede lo contrario, algo más habitual: el creer que somos algo pero en realidad solo estamos pretendiendo ser algo durante una sesión. Ser dominados o dominantes no forma parte de nuestra personalidad sino que es una actividad que nos excita y nos apetece hacer de vez en cuando.

Pero esto no es un examen: ambas respuestas son correctas siempre que las personas disfruten de lo que hagan cuando lo hacen. ¿Acaso un actor no puede disfrutar fingiendo ser otra persona? ¿Es mejor actor el que se estudia y se cree su personaje... o el que lee un texto y lo interpreta? Al final, lo que transmite el actor es lo que transmite la persona durante una sesión BDSM. Da igual si eres o roleas si las personas implicadas en esa sesión creen en lo que están haciendo, tanto actor como espectador. 

Si me preguntáis a mi que tipo de persona soy o que tipo de persona prefiero, la respuesta quizás os dejará aun con mas dudas. Escoger es como responder a la odiosa pregunta de a quien quieres más, si a mamá o a papá. O responder cual es tu libro o película favoritos. Las preguntas que implican una respuesta binaria las carga el diablo. La vida no es en blanco y negro sino que tiene millones de colores, y aunque seas corto de vista, seguirás apreciando todos esos colores.

No responderé a si yo soy o roleo. Pero si que responderé a la pregunta de que me gusta más: me gusta la gente que crea lo que hace, que se implique, lo viva, lo sienta y lo disfrute. Y me da igual si esa persona quiere ser o es. No obstante, y siendo completamente sincero, pocas veces me he encontrado con gente que ES, pocas veces he admirado esa rareza. No es mejor ser o rolear siempre que te impliques, incluso puede que la persona se implique tanto que te convenza que alguien que rolea... es esa persona en esencia. No hay reproche, incluso cuando te das cuenta de que la persona solo está interpretando un papel: me funciona siempre que funcione.

Pero cuando encuentras una rareza, es entonces cuando se afilan tus colmillos y comienzas a dar vueltas alrededor de tu presa a la espera de clavarle los dientes. Soy consciente de que este símil se acerca peligrosamente a lo políticamente incorrecto. Pero un símil es una figura literaria y siempre queda mejor la pompa y la circunstancia que la aburrida cotidianeidad de la descripción cartesiana. Seré mas simple: cuando encuentras una rareza, cuando encuentras alguien que es dominante o dominado como parte de su personalidad... intenta que tu ego haga que no pierdas a esa persona. Porque perder una joya por culpa de un malentendido es como sostener entre tus manos el martillo de Thor, dar un traspiés y... no, un momento, maldita sea... pues resulta que este es otro símil literario.


miércoles, 24 de mayo de 2023

Expectativas Vs Realidad

 

Una de las principales causas de frustración (en la sociedad actual) son las expectativas, tanto las propias como las creadas por otros que en realidad son las mismas porque las propias nos las imponemos como consecuencia de las ajenas. Creemos que para “vivir” es necesario conseguir lo que nos han dicho que debemos conseguir: una pareja, un trabajo, una casa, unos hijos, un estatus social, una estabilidad, etc.

Pero esto no siempre es así.

Aseguran que el trabajo dignifica a la persona, aunque hoy en día cada vez es más complicado encontrar un trabajo digno o un trabajo que nos haga felices. No obstante necesitamos ese trabajo porque es el que nos da el dinero para conseguir eso “además” que nos ha dicho que nos hará felices. Si no tenemos un trabajo que nos guste tendremos que desempeñarlo de todas formas para conseguir el resto.

Aseguran que tener pareja, incluso hijos, es el objetivo de todo ser humano. La procreación. La gente se apunta a Tinder y solo encuentran gente que dice querer una relación, pero todo lo que quiere es amor horizontal, rápido y satisfactorio. Un polvo, vamos. Y, a poder ser, sin procreación posterior. Para conseguir eso somos capaces de mentir, claro. Porque no hay placer sin culpa. ¿Y el amor? ¿Y la amistad? ¿Y la pareja? Pues no están ni en Tinder, ni en Instagram ni en un bar a las 3 de la mañana.

Aseguran que tener una casa es un objetivo en la vida. Lo del derecho a la vivienda diga y todo eso está muy bien para ponerlo en los panfletos de propaganda electoral pero la realidad es que el acceso a una vivienda está imposible (sea indigna o no) y si lo consigues deberás hipotecarte el resto de tu vida en un trabajo que te hará profundamente infeliz.

¡Eh! ¡Que conozco a alguien que tiene un trabajo que le gusta y se ha comprado una buena casa! Claro, siempre hay algún pelirrojo en una fiesta.

¿Cómo escapar a esta perversa trampa? En primer lugar, escapando a esas falsas expectativas, porque son falsas, sin más. ¿Qué entras en Tinder buscando pareja o amistad y encuentras sexo? Pues asume que esto es así y disfrútalo o salte de Tinder. Pero no te quejes porque ni Tinder ni las personas van a cambiar y a ser lo que tu esperas que sean. ¿Qué tu trabajo no te hace feliz? Pues asume que un trabajo no tiene por qué proporcionarte felicidad si te proporciona el dinero que te dará la felicidad en otro ámbito de tu vida. ¿Qué no tienes piso propio? Pues encuentra la parte positiva en que tu casero te rescinda el contrato y puedas cambiar de vivienda cada 5 años.

Ironías aparte, la felicidad, si es que existe, consiste en eso: en comprender que el conformismo no es una rendición. Y, sobre todo, el comprender que nuestras frustraciones nacen de las falsas expectativas.

Mejor a follar que es gratis y es un magnífico ejercicio cardio. ¿Y si follo con alguien y es un desastre? De nuevo… tus expectativas son tu peor enemigo.

viernes, 17 de febrero de 2023

Confesar Vs callar


¿Deberíamos confesar a quienes nos rodean nuestros secretos mas inconfesables? Algunos dirán que eso sería una demostración de amistad, sinceridad o confianza. Mi análisis profundamente intelectual respecto a esto es: chorradas

En primer lugar, ser totalmente transparentes en todo es un error porque estoy convencido que la personalidad también se forja con eso que llaman "secretos", todo lo inconfesable que guardamos y que, por definición, no confesamos a nadie. En segundo lugar porque, el hecho de que alguien sea nuestro amigo no significa que compartamos con él la forma de ver la vida. 

No nada pero que descubrir que la amistad puede cimentarse también en los prejuicios.

Que no os vendan frases de esas que se estampan en tazas con colores pastel porque la transparencia está sobrevalorada. No sucede absolutamente nada si ocultáis a quienes os rodean algunos secretos porque eso, aparte de salvar situaciones incomodas, también nos enriquece, aunque parezca lo contrario. Quien dice "yo no tengo nada que ocultar" es quien más a ocultar tiene.

Por supuesto que tenéis derecho a guardarle secretos a vuestras parejas, amigos, familia, compañeros de trabajo  y/o mascotas. Es mas: deberíais. Y eso no significa que seáis mentirosos porque el silencio no es mentira. A no ser que seas un politico de derechas entrevistado en El Hormiguero...

lunes, 13 de febrero de 2023

Realidad Vs Prejuicio


Arrodillada, con una venda en los ojos, desnuda y con la boca abierta. Así quiero tenerte y así quieres esperarme. En los tiempos que vivimos cualquiera podría decir que mi deseo es machista e incluso enfermo, podrían asegurar también que tu deseo está manipulado o que tienes alguna carencia emocional que te empuja a eso. Juzgar es fácil, es rápido y nos permite pasar página rápidamente. Son ya demasiadas las veces que he escuchado eso de "yo no quiero rollos raros". Como si llevar a cabo tu fantasía desde el respeto y el consenso fuese algo "raro". Frente a este tipo de (pre)juicios yo me atrevería a contestar que el problema no lo tiene quien espera desnuda arrodillada en el suelo sino quien interpreta eso como algo raro, anómalo o enfermo. Nadie que no sea esa persona arrodillada es capaz de transmitir el placer que siente al escuchar a su amo acercarse, acariciar su pelo y meterle el pene en la boca. 

Podéis pensar que defiendo esto porque soy hombre y quiero que me pongan las cosas fáciles y no hay nada más fácil para el placer que el hecho de que una mujer me espere arrodillada, desnuda y con la boca abierta. Soy un enfermo ¿verdad? Me aprovecho de las mujeres, posiblemente lo haga porque tengo algún déficit emocional, soy un egoísta y un abusador. ¿Verdad que si?

Pero acostumbra a suceder que las realidades son algo diametralmente opuestas a los prejuicios.

Arrodillada, con una venda en los ojos, desnuda y con la boca abierta. Así quiero tenerte y así quieres esperarme.  Y eso no tiene nada de anómalo, ni de enfermo ni de egoísmo. Eso es placer, emoción, alegría, consenso, cariño y... sobre todo... intelectualidad.

Ahora podéis seguir prejuzgando.


miércoles, 14 de septiembre de 2022

Comienzo Vs No comienzo


Muchas veces he escrito en este blog sobre en que momento comenzar en el BDSM. Y, con toda seguridad, siempre me he equivocado (no no he hecho diana) cuando intento explayarme sobre este tema. Hoy intentaré ser un poco más pragmático.

Para comenzar: BDSM es lo que tu quieres que sea. Y digo (escribo) esto porque mucha gente retrasa probar el BDSM porque cree que es un mundo de oscuridad, dolor, humillación y mazmorras donde nadie escuchará tus gritos. Pero BDSM también podría ser atar a alguien y usar un satifayer en esa persona para que experimente el placer estando atada, nada más. ¿Por qué sería BDM esto? Algunos contestarían que porque hay cuerdas pero mi respuesta seria porque hacer eso (satisfayer, dedos o vibrador) es poner en la realidad una fantasía que tienes. Y para mi el BDSM es un contexto (un escenario) donde llevar a la realidad fantasías o nuevas prácticas desde el consenso y sin ser juzgado. 

Comenzar en el BDSM no es comenzar entregándote a alguien para que haga cuanto desee contigo. 

Pero seamos lógicos, hasta para dejar que alguien venga a tu casa, te ate y ponga en marcha el satisfayer... se necesitar voluntad y valor. Y conste que cuando me he pensado mucho el escribir "valor" porque parece que quien no quiera jugar dentro de las difuminadas fronteras del BDSM es un cobarde. De la misma forma que en este escenario no juzgamos las prácticas, tampoco debemos juzgar los motivos por los que se hace o se deja de hacer algo. Digamos entonces que incluso para la práctica menos extrema se necesita cierta voluntad y todos sabemos que la voluntad se construye y destruye con cientos de ideas que cruzan a toda velocidad por nuestra cabeza. De repente nos decimos: ¿por que no? voy a hacerlo, para dos minutos después decir: ¿estoy loco? no estoy preparado.

Volvemos a mordernos la cola: ¿entonces que hago? ¿Comienzo o no comienzo? Mi respuesta es siempre la misma: la teoría del 15 que formulé en su momento y que tantas veces he repetido. Leed ese texto, ahí está la respuesta a si comienzo o no.

Mi único consejo es que valoréis cuanto de excusa hay en los motivos para no probar BDSM. Y conste que comprendo que nos excusemos porque ciertas novedades nos asustan. Pero lo contrario consiste en repetir cada día la misma rutina, yendo a los mismos lugares, paseando al perro y saludando a las mismas personas.

sábado, 23 de julio de 2022

Abstracto Vs concreto


Cuando algunas (o muchas) personas leen las siglas BDSM, lo primero que les viene a la cabeza es cualquier idea relacionada con lo negativo, con violencia, con inmoralidad o incluso con ilegalidad. Y lo comprendo. El desconocimiento nos mueve a criminalizar lo que desconocemos porque si no está en nuestro equipo significa que está en el equipo contrario que se convierten en nuestros rivales. 

El ser humano es de pensamiento binario: o blanco o negro, o bueno o malo, o conmigo o contra mi. Y continuo mi discurso repitiendo que lo comprendo. Funcionamos así, no es un reproche ni un lamento. El pensamiento binario es consecuencia de la necesidad de diferenciar las cosas y de la simpleza. No hace falta un pensamiento abstracto (un esfuerzo mental) para diferenciar las cosas, eso nos permite catalogar rápidamente y sentirnos cómodos con esa etiqueta. Diferenciamos lo malo de lo buena de forma simple porque eso nos ayuda a tener un espacio. Y el BDSM, por el motivo que sea, siempre acaba en la parte negativa de ese interruptor de dos posiciones.

Pero si no sabéis lo que es el BDSM y sentís una mínima curiosidad, apartad entonces esas ideas negativas preconcebidas y comenzad de nuevo: leed, investigad, preguntad, experimentad. No vais a ser peores personas por probar el BDSM de la misma manera que no sois mejores personas si vais a misa los domingos. Esto no va de buenos y malos porque entonces volveríamos al pensamiento binario que tanto daño hace y que nos hace caminar hacia detrás, cual deliciosos cangrejos.


sábado, 25 de junio de 2022

Interés Vs desinterés



El interés que sentimos por las cosas (contando el BDSM como una "cosa") suele ser tan variable como la hoja de un árbol azotada por la ventisca. De un lado a otro, dejándose llevar por la corriente, cayendo al suelo y volviendo a izarse para acabar en otro lado.

Nos interesamos por las cosas con la misma rapidez con que nos desinteresamos. El interés suele tener unos motivos, pero el desinterés también los tiene. En el interés esos motivos pueden ser curiosidad, aburrimiento, descubrimiento, etc. Los mismos que el desinterés cuando la curiosidad ha sido satisfecha, nos aburre repetir lo mismo o hemos descubierto algo mejor. 

Ese interés (o desinterés) se da tanto en personas como en cosas, lugares, emociones, etc. y forma parte de la esencia del ser humano. No es malo ni bueno, es simplemente nuestra forma de proceder. Debemos comprender que el desinterés no significa que el objeto de nuestro interés haya cambiado. Somos nosotros los que cambiamos. Si sentimos interés por algo o por alguien, no es necesario que ese algo o ese alguien hayan cambiado, somos nosotros los que sentimos desinterés porque cambiamos nuestra perspectiva o nuestra realidad. O simplemente porque hemos saciado nuestra curiosidad.

El problema comienza cuando las personas, objetos del desinterés, creen que han hecho algo mal lo que provoca esa perdida de interés por ellas. Por supuesto que a diario hacemos cosas bien y cosas mal, pero el hecho de que alguien pierda el interés por nosotros puede no tener nada que ver con eso. La famosa frase de "no eres tú, soy yo" es mas cierta de lo que parece.

¿Somos peores porque alguien deje de interesarnos? No. 

Quizás el único problema radica en como transmitimos esa perdida de interés, porque si deja de interesarnos una película y apagamos el televisor antes de que acabe, la película no se sentirá ofendida ni herida por este abrupto final fruto de la pérdida de interés. Pero si dejamos de hablar con alguien porque hemos perdido el interés por esa persona, eso tendrá consecuencias frustrantes a nivel emocional.

Pero no todo el mundo sabe manejar el desinterés. Esa la realidad en la que vivimos. Y tenemos que saber manejarnos con eso. Incluso aunque ese desinterés se traduzca en que alguien nos bloquee y no podamos saber las causas de ello. Porque incluso en el desinterés, la educación sigue siendo importante.

La mala educación, quería decir.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Jugzar Vs Comprender

1920's porn: Faimenette workshop - Tubepornclassic.com

Acabo de leer un artículo donde se menciona que, ahora que estrenan la última película de la saga Jurassic Park, han salido unas declaraciones de la entonces protagonista (Laura Dern) donde dice que ve inapropiada la relación que mantiene con el otro protagonista (Sam Neill) porque él es 20 años mayor que ella. Que lo que entonces (en los 90s) estaba bien, ahora es inapropiado. Las declaraciones son porque, además, ambos vuelven a aparecer en esta última entrega.

No voy a entrar en juicios de valor sobre actos de épocas pasadas porque, sinceramente, en algunos casos me parece una soplapollez. Juzgar la conquista de América son la sensibilidad del 2022 y catalogarlo de magnicidio, por ejemplo. Hay conductas inapropiadas que lo son, lo serán y lo fueron independientemente del siglo en el que vivamos, pero debemos también hacer el esfuerzo de contemplar otras conductas como propias de una época y comprender el porqué de la sociedad en la que se daban intentando despojarnos de los parámetros de nuestras conductas del siglo XXI. ¿Fue la conquista de América un magnicidio? Desde el punto de vista actual, indudablemente. ¿Eran unos magnicidas los conquistadores? No lo creo, sus actos fueron fruto de como se vivía la violencia y todo cuanto les rodeaba en ese momento. No creo que antes de partir con sus barcos dijesen "vamos a cometer un magnicidio" sino que todas esas muertes fueron consecuencia de como se conquistaba en esa época: arrasar con todo.

Quiero creer que a lo que se refiere Laura Dern es que era inapropiado normalizar el que un protagonista masculino fuese 20 años mayor que la protagonista femenina, porque al revés (ella mayor que él) eso nunca habrían permitido que apareciese en pantalla. Supongo que se refiere a esa condescendencia de lo masculino donde antes muchas de las conductas del hombre estaban bien vistas, pero esas mismas conductas en la mujer eran juzgadas de forma severa. Imagino eso porque si no, y perdón por lo que voy a decir, me parece una soplapollez argumentar como inapropiado que dos personas se lleven 20 o 30 de diferencia (o los que sean).

Pongamos un ejemplo, imaginemos que conozco a una mujer 35 años menor que yo y a ambos nos da morbo experimentar en el BDSM. A ella le da morbo esa figura de padre pervertidor (casi abuelo) y a mí me da morbo esa figura de hija a quien pervertir (casi nieta). Si actuamos desde nuestra completa libertad… si somos mayores de edad… si eso es precisamente lo que queremos… ¿Alguien puede juzgar eso? Imaginemos que ella, además, quiere que la desvirgue. ¡Oh dios mío! ¡Que le quemen en la hoguera! ¡Se está aprovechando de ella! 

Lo que me lleva a reflexionar con que, en ocasiones, estos juicios de valor no son más que un ejercicio de machismo donde minimizamos el poder de la mujer por decidir por ella misma, independientemente de su edad o de con quien se encuentre. Hacemos juicios de valor que creemos que son acordes a la sensibilidad actual y lo que hacemos es comportarnos con condescendencia machista.

Seguramente, a estas alturas del texto, alguien estará pensando que defiendo todo esto porque ya me va bien a mí que soy un hombre maduro. O simplemente porque soy hombre. Conste que no estoy defendiendo ni criminalizando ninguna conducta en este texto, más allá de que me parezca una soplapollez la piel fina con la que juzgamos actos pretéritos obviando el momento de la historia en la que sucedieron. Me da exactamente igual si opináis que mi defensa es fruto de mi edad y género. No podemos estar juzgando constantemente los actos de los demás y, a continuación, juzgar a las personas que reflexionan sobre esos actos de los demás. ¿Por qué estamos constantemente con la toga y el martillo esperando a dictar sentencia sobre cualquier cosa que pase por delante de nuestros ojos? Porque eso nos hace sentir mejor, más listos y más guapos. Puro egocentrismo y una pizca de envidia.

Lo único que digo es: dejad de juzgar y vivid. No os dejéis llevar por los juicios o prejuicios ajenos y vivid aquello con lo que fantaseáis. Quizás por eso me gusta tanto el BDSM, porque es un espacio donde no se juzga al otro, donde se intenta comprender los motivos que mueven al otro, integrarlos y hacer de esas fantasías un espacio donde sentirse libres y obtener un placer infinito. Puede acabar bien o mal, como todo en cualquier relación, pero aun y así habrá sido toda una experiencia.