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viernes, 8 de abril de 2022

¿Cuál es la personalidad de las personas que mantienen una doble vida?

 La doble vida que nos agobia

Me hacen una pregunta que no acabo de entender, la pregunta es el título del post y es "¿cuál es la personalidad de las personas que mantienen una doble vida?". Lo primero que no acabo de entender es "cuál es la personalidad" porque eso significaría que las personalidades están en un catálogo predefinido del que es difícil salir. Siempre he huido de etiquetar porque ponerle una etiqueta a algo significaría dejar de pensar y pasar a la siguiente cosa. Creo que la pregunta sería más bien una propuesta: hablemos de las personas que mantienen una doble vida. Sin etiquetas.

Primero deberíamos definir que significa llevar una doble vida y también despojar el término "doble vida" de cualquier significado negativo. Muchas de las personas que practicamos BDSM llevamos una doble vida porque practicar BDSM no es algo que se suela contar en las sobremesas con la familia. "Doble vida" significaría entonces ocultar una parte de nuestros actos o nuestros deseos al resto de los mortales (excepto a los implicados).

Llevar una doble vida no es malo, incluso es necesario. Lo malo es que esa vida oculta sea algo malvado y criminal, aunque eso también podría suceder de cara a todos, sin necesidad de ocultarlo en lo de la doble vida. La doble vida nos permite ser nosotros mismos, sacar nuestras personalidades más ocultas y llevarlas a la realidad satisfaciendo nuestras necesidades.

Y esa es la solución al enigma de la pregunta, porque las personas que mantienen una doble vida no podemos definirla por su personalidad sino por sus personalidades (las públicas y las privadas).

La persona que me hace la pregunta es alguien que está sacando a la luz una de sus personalidades (o incluso más de una), se está liberando y está resurgiendo cuál ave Fénix de sus cenizas. O por decirlo de otra forma: es una persona que está saliendo del agua para tomar aire. Y una de esas cosas es el BDSM, esa necesidad que lleva dentro de servir y de sentir. Y la pregunta que hace es más bien una duda sobre si llevar una doble vida es propio de una personalidad enferma o mentirosa. Pues resulta que no. Porque es todo lo contrario, si esa doble vida no hace daño  a nadie, entonces tener doble, triple o cuádruple vida es necesario. Siempre teniendo en cuenta que cuando hablamos de "doble vida" es porque hay una frontera entre ambas vidas con una muralla infranqueable. Y eso tampoco es malo, sino todo lo contrario.

Tener dos vidas separadas por completo y poder integrarlas en nuestra personalidad es algo que, bien llevado, es una bendición. ¿Qué importa que nos vean como alguien serio y recatado cuando en la intimidad somos unos locos que hacen locuras? Eso no hace daño a nadie. Tenemos que alejar de nosotros la idea de que ocultar esa doble vida al resto es una mentira.

Llevar una doble vida ni es malo ni es una mentira. Es necesario.

Cuando alguien os diga "yo siempre voy de frente, no oculto nada" sabes que, con toda seguridad, esa persona lleva una doble vida.

Adelante con las dobles vidas, olvidémonos de las etiquetas y gocemos de la vida. No hay más.

La mojigata. un señor misterioso y el último cine X de la pequeña ciudad (relato)

 

 El fontanero, su mujer, y otras cosas de meter... - Película 1981 - CINE.COM

La mojigata está caminando por una calle casi vacía, estamos en el más crudo de los inviernos y un viento terrible azota la pequeña ciudad. El aire helado se te introduce en los pulmones y te impide casi respirar, el frío atenaza tus manos y seca tus ojos. Pero ella, pese a su mojigatería, camina con paso firme, en el convencimiento de que ha perdido la cabeza, pero también de que ya le da todo igual. ¿Acaso un loco es consciente de su locura? La mojigata ha abandonado hace unos minutos el pequeño despacho de abogados donde trabaja, va vestida con un sobrio pantalón negro, botas y un jersey blanco, escondida y protegida bajo un grueso abrigo de lana que, en tiempos pretéritos, ni tan siquiera su abuela lo hubiera lucido por antiguo. Pero a la mojigata poco le importa, se siente protegida bajo esa prenda de ropa propia de otros tiempos y otras gentes. Como ella misma.

Al cabo de cinco minutos llega a su destino. Alza la vista y ve el rótulo que dice "Cine X, Sexshop, videoclub, cabinas privadas y copistería". No puede evitar una sonrisa, el último cine X de toda la provincia es también una copistería. Antes de abrir la puerta, por su cabeza cruza la idea de que está demasiado cerca del trabajo. ¿Y si se encuentra con alguno de sus compañeros abogados? Ya da igual todo, para renacer de tus cenizas, antes has de arder por tus pecados. 

La mujer empuja la puerta y lo primero que ve es una especie de mostrador a su derecha con un tipo de expresión aburrida haciendo un crucigrama, tras él un grupo de fotocopiadoras y ordenadores y al otro lado una cortina roja, cerrada. 

-Hola -dice ella, tímidamente.

El hombre levanta la vista del crucigrama.

-¿Quiere hacer una fotocopia? -le pregunta.

¿Como pensar que una mujer como ella, vestida con ella y en una ciudad tan pequeña, iba a entrar en aquel lugar, a hacer cualquier otra cosa que no fuese una fotocopia?

Lógico.

-Quiero una entrada al cine X -dice ella, intentando que su voz suene firme, aunque le tiembla todo el cuerpo. 

El hombre abre un poco los ojos, ahora parece interesado.

-¿No quiere una cabina? También puede ver una película en una cabina y nadie la molestará -dice él.  

-¿Hay o no hay un cine X ahí dentro? -pregunta ella, intentando acabar cuando antes la conversación.

Tiene miedo de que alguien pueda entrar y reconocerla.

-Bueno... un cine X... es una pequeña sala donde proyectamos las mismas películas que en las cabinas -continúa el hombre- pero, entre usted y yo, ahí dentro puede encontrar de todo. Mejor una cabina.

-Deme una entrada para la sala -repite ella.

El hombre se encoge de hombros, le da un pequeño ticket, ella paga cinco euros y después él le indica que debe cruzar la cortina, girar a la derecha y estará frente a una puerta con un rótulo que dice "cine". 

Dos minutos más tarde, la mojigata empuja la puerta y entra un pequeño espacio en penumbra con una pantalla no demasiado grande al fondo donde se proyecta una película porno y unos treinta asientos, dos de ellos ocupados. Las cabezas de las dos personas se han girado al abrirse la puerta, parecen las siluetas de hombres. La mojigata toma asiento en la última fila mientras en la pantalla, una rubia neumática finge tener un orgasmo mientras un semental aceitoso la folla el culo. Al cabo de un rato se da cuenta de que uno de los hombres está moviendo su hombro rítmicamente, se está masturbando. El otro no. La mojigata se quita el abrigo, tiene un calor que no es normal. 

De repente, el otro hombre, el que no parece estar masturbándose, se levanta de su asiento, camina unos pasos y se sienta a su lado, dejando un asiento vacío entre ambos. La mojigata le mira, es un tipo de mediana edad, con gafas y parece que tiene el pelo blanco. No es atractivo, tampoco es feo. Es de esos tipos con los que te cruzas por la calle y no giras la cabeza a no ser que te haya robado el bolso.

La mujer aprieta con fuerza el bolso contra su regazo. 

El hombre está mirándola, ella también le devuelve la mirada, sus rostros iluminados con la luz que llega desde la pantalla.  La mojigata sonríe, el hombre se baja la cremallera y saca su pene. ¿Ahora que? No está preparada para algo así, está deseando cogerle el pene, pero su parte más pueblerina le aconseja que no lo haga. ¿Vivirá cerca aquel tipo? ¿Y si algún día se encuentra con él por la calle? La mojigata cierra los ojos, se levanta y se sienta a su lado. Al cabo de dos minutos, ella está tumbada sobre el asiento de él, haciéndole una mamada. El hombre está tocando a la mujer por encima de la ropa, magreándola sin miramientos mientras la ahoga con su polla. La mojigata sabe que ese no es su lugar, pero ahora mismo no quiere estar en ningún otro.  

El hombre la ha cogido del pelo y está marcando el ritmo y hasta donde debe tragarse su miembro mientras, en la pantalla, se proyecta una escena parecida. La mojigata, más mojigata que nunca, se da cuenta de que aquel tipo se va a correr en su boca. ¿Y si le pega una de todas esas enfermedades que hay corriendo por ahí? Le da igual, solo quiere sentir su leche caliente derramándose dentro de su boca. La perra aparta de un golpe a la mojigata y sigue chupando, esperando que se corra. El hombre no tarda en hacerlo, llenando su boca de semen. La mujer sigue chupando, tragando, limpiando. Después levanta la cabeza y ve que el otro espectador está de pie, en el pasillo, mirando el espectáculo y masturbándose. La perra sale al pasillo, se arrodilla frente al segundo hombre y recibe una nueva descarga de semen en su boca.

Después se limpia y abandona la sala.

El tipo de la entrada la ve salir por las cortinas y sonríe de forma extraña.

-¿Le ha gustado la película? -pregunta.

-No ha estado mal.

-Hablo de la película que se han montado entre ustedes tres...

-¿Cómo diablos...?

Entonces el tipo le hace una seña para que ella se acerque. La mojigata descubre que, bajo el mostrador, hay varios monitores que controlan los espacios al otro lado de la cortina, incluso hay una cama de visión nocturna enfocando la sala de cine.

-Es por seguridad -dice el encargado encogiéndose de hombros.

-¿Y a usted le ha gustado la película? -pregunta ella.

-Mucho -contesta el otro, sonriendo. 

De repente, la mojigata siente que aquello también la excita sobremanera, el sentirse observada mientras dos desconocidos eyaculan en su boca. 

-Si esto es una copistería -comienza ella- ¿podría tener una copia de lo que acaba de ver en ese monitor?

-Todo tiene un precio -contesta el hombre mientras se aprieta los genitales por encima del pantalón.

La mojigata, ahora más perra que nunca, sonríe mientras mira su reloj.

Aun queda tiempo... ¿por qué no?

martes, 5 de abril de 2022

Forzada meretriz (relato)

 

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La mujer acaba de salir del despacho en el que trabaja, va vestida con un pantalón de pinzas, estampado con cuadro escoceses, bota militar, y un suéter negro. Antes de salir de casa intentó compensar la sobriedad de su ropa pintándose los labios de rojo, pero al llegar al trabajo se ha dado cuenta de que va a estar toda la jornada con una mascarilla puesta, así que sigue siendo la misma mujer sobria y formal de siempre. 

¿Qué hace la mujer esperando en una esquina de una calle, en plena noche, muerta de frío y observando temerosa cada coche que enfila la calle? Esa es la clave: los coches que llegan. Uno de esos coches estará conducido por su amo, alguien a quien nunca ha visto en persona. Los nervios la han atenazado de tal manera que ni tan siquiera puede salir corriendo (lo que desearía) porque ha quedado congelada.

De repente un coche negro se detiene a su lado, se abre la ventanilla y el hombre pregunta "¿cuánto?".

¿Será su amo o alguien que la ha confundido con una prostituta callejera? No, la segunda posibilidad es imposible. Una meretriz nunca se vestiría como ella para hacer la calle. ¿Y si es alguien que conoce? Nunca debería haber aceptado quedar con él tan cerca de su entorno cotidiano.

La mujer observa al hombre, de unos cincuenta años, pelo blanco y gafas. Es él. "¿cuánto?", repite el hombre, esta vez con voz más autoritaria.

"Cinco euros" contesta ella.

La puerta del copiloto se abre y la mujer entra. Toma asiento sin ser capaz de mirar al hombre al rostro. Después le indica por donde debe ir hasta que llegan a un descampado. Entonces el hombre para el motor y le da un antifaz. La mujer se lo coloca y espera. Escucha un sonido que es familiar, el hombre ha movido su asiento hacia detrás, después el sonido de una cremallera bajando y de ropa arrugándose.

"Comienza", dice él, cogiéndola de la cabeza.

La mujer toma aire y se agacha en dirección al pene de él, tiene las manos heladas, pero el hombre no se queja cuando le coge el miembro. Sin pensarlo se lo mete en la boca y comienza a chupar lo mejor que sabe. El hombre, su amo, comienza a indicarle como hacerlo diferente para obtener más placer. Siente una de sus manos deslizándose bajo ella y comenzando a tocarle los pechos por encima de la ropa, sobándoselos sin contemplaciones mientras ella sigue haciendo la felación. Después las manos del hombre van hasta su culo, magreándolo, mete una mano dentro de sus pantalones y acaricia su vello púbico, ella se estremece. No quiere que la toque ahí abajo porque eso la haría perder la concentración y debe mantener el foco en aquello para lo que su amo le ha pagado cinco euros.

-Me voy a correr, decide donde -dice el amo.

A ella le encantaría sentir su semen caliente derramándose por el interior de su boca, pero entonces le llegan a la cabeza mil imágenes de enfermedades que ni tan solo conoce. Porque la realidad es que no conoce a ese hombre.

Pero todo es una locura, así que porque continúe la locura cinco minutos más para hacer feliz a su amo, no será una tragedia. 

El hombre eyacula en su boca y la mujer recibe toda la descarga, tragando una tras otra, feliz de escuchar los gemidos de placer de quien es su propietario. Pocas veces ha estado más feliz y más orgullosa en su vida.

Cuando acaba, ella vuelve a incorporarse en su asiento mientras escucha como su amo vuelve a vestirse. El coche se pone en marcha, ella aun con la venda en los ojos y restos de semen en su boca. El hombre la ordena que se quite el antifaz. Ella obedece, pero no es capaz de mirarle a los ojos.

-¿Cómo estás? -pregunta él con voz amable.

-Bien amo, gracias por preguntar.

-Entonces dime donde debo dejarte...

La mujer le da unas indicaciones. Al llegar, él detiene el coche y saca cinco euros de uno de sus bolsillos que le tiende a la mujer, quien lo coge y lo guarda en su bolso.

-Vete -ordena el hombre.

-Sí, amo.

La mujer baja del coche y se queda inmóvil mientras observa el coche desaparecer en la noche. Hace un frío terrible, pero ella está ardiendo por dentro. Al llegar a casa observa su imagen reflejada en el espejo, está despeinada y todo pintalabios rojo se ha corrido por su rostro. Podría parecer una payasa, pero siente que esa imagen es la de la mujer más hermosa del mundo, también la más orgullosa, la mejor sumisa. 

El ave fénix resucitada.

Mete la mano en el bolso y saca el billete de cinco euros. Lo observa mientras pasa la lengua por el interior de su boca, aun saboreando lo que queda del semen de su amo. Ahora sabe que va a guardar esos cinco euros el resto de su vida, porque es el comienzo de su etapa como sumisa pero, sobre todo, porque ese dinero es el principio de esa ave fénix que está remontando el vuelo hacia el cielo.

jueves, 24 de marzo de 2022

Una mujer orgullosa (relato)

erotic-endeavors.tumblr.com - Tumbex

La mujer está sentada en la mesa de su despacho, es su último día en aquel lugar y no puede dejar de sentirse entre triste pero también liberada. Mañana comenzará otro trabajo, una nueva etapa en su vida. Una etapa más en la carrera que ha decidido comenzar hace poco. Cambiar todo, desde su ropa hasta su trabajo, pasando por ella misma. De repente recibe un mensaje en su teléfono móvil. Es él. El hombre le pregunta como está, pero lo hace dirigiéndose a ella como "perra". Cada vez que lee esa palabra, la mujer siente un estremecimiento que le recorre el cuerpo y acaba en su entrepierna. Siempre igual. Intercambian unos pocos mensajes hasta que el hombre le dice que vaya al baño y se haga una foto para él. Ya no queda nadie en el despacho. La mujer se hace una cuantas fotos, pero ninguna la convence, lleva unos pantalones negros y un jersey rojo y en todas las fotos sus pechos parecen enormes. No le importa que el sepa que son enormes, ya los verá en persona, los tocará, los besará y hará cuanto desee con sus pechos, pero la niña algo vergonzosa que se esconde dentro de ella la empuja a hacerse una última foto desde arriba donde sus pechos parecen algo menos exagerados. Le envía la foto al tiempo que comienza a sentir una humedad dentro de sus pantalones. Siempre sucede igual cuando él le pide una foto o la llama perra. El hombre contesta y entonces ella, sin esperar más mensajes, va al lavabo, toma asiento en uno de las tazas  y se masturba furiosamente.

El último día de trabajo, la mujer lanza un grito mezcla de placer y liberación mientras su cuerpo queda temblando. Los orgasmos son mejores desde que le conoce a él aunque él no esté. Ese es el poder de la relación que les une

La mujer se pone los pantalones, recoge todas sus cosas, da un último vistazo al que ha sido su despacho durante años y se va dejando atrás muchas cosas pero dejando también a la mujer agobiada y temerosa. Ahora la mujer que sale por esa puerta (que no volverá a cruzar) es una mujer orgullosa de haber conseguido cambiar, orgullosa de atreverse a muchas cosas, orgullos de haber recuperado toda su fortaleza.

Una mujer orgullosa.

martes, 8 de marzo de 2022

La auténtica perra arrastrada

 Ocho grandes heroínas televisivas

La perra está sentada frente a la mesa de un pequeño despacho, viste un pantalón negro, de corte recto y hasta la cintura, también calza zapatos negros de tacón, una camiseta de cuello redondo, con medias mangas, tejida en seda de color morada, encima luce una chaqueta negra. Todo muy sobrio, muy negro, como la ropa interior que no puede verse, una braguita tanga también de color negra para que no se transparente ni se note a través del pantalón un sujetador negro a conjunto. La perra tiene la vista clavada en un montón de papeles y, de vez en cuando, desvía la vista hacia el ordenador. Aunque en realidad toda la atención de la perra está en el teléfono móvil, en una esquina de la mesa, porque cada vez que suena la recepción de un mensaje, el corazón le da un vuelvo y toda esa negrura y sobriedad se convierte en un mundo encarnado y húmedo. Cada vez que lee los mensajes de quien desea ser su amo en el teléfono. Ella también desea ser su sumisa, su perra arrastrada, lo desea más que ninguna otra cosa y cada vez lo tiene más claro, pero entonces el terror se apodera de las extremidades de la abogada e impide que de ni un paso más. ¿Se estará volviendo loca? Hace poco que se separó y está convencida de que ha llegado el momento de comenzar una aventura que la lleve más allá de lo que conoce. Ha leído relatos sobre BDSM y a las pocas palabras siempre ha comenzado a sentir la humedad dentro de su ropa interior. No por lo que se describe sino por como se describe. Quiere ser esas perras descritas en los relatos, mujeres sin voluntad, instrumentos del placer ajeno. Desea quitarse todas esas ropas sobrias, olvidarse de su trabajo e incluso de su vida y estás desnuda y atada boca abajo en una cama, con los ojos vendados mientras un hombre está poniendo vaselina en su culo para sodomizarla por primera vez en su vida. Está deseando que alguien la use, le haga sentir un placer que pocos conocen. Pero entonces, una vez más, los miedos se apoderan de ella. ¿Y si se vuelve adicta a todo ese placer? ¿Será una buena sumisa con lo rebelde que es? ¿Y si se trata tan solo de una fantasía que deba quedarse en el terreno de las fantasías?

Como dijo Eugene Ionesco “la libertad de la fantasía no es ninguna huida a la irrealidad; es creación y osadía.”. O por decirlo de otra forma, las fantasías no significan huir de la realidad, sino crear un mundo diferente, una osadía de la mente. Y cuando esas fantasías se convierten en realidad es cuando la libertad a la que se refiere Ionesco es total, libertad de ser quien quieres.

Por eso, el amo se empeñaba en recordar a la perra que las fantasías debían llevarse, siempre que fuese posible, a la realidad porque, de conseguirlo, podías acceder a un mundo nuevo donde ser uno mismo, donde disfrutar sin remordimientos.

No obstante, la mujer, la abogada, la perra, da dos pasos atrás por cada paso adelante que consigue dar. Construyendo cientos de excusas en su cabeza, muchas de las cuales ni tan solo cree en ellas. Dejando para el día siguiente la posibilidad de conseguir lo que lleva meses buscando de forma consciente y años de forma inconsciente. Negándose a sí misma por miedo a que algo cambie en su vida. Sin darse cuenta de que quiere convertirse en una perra sumisa precisamente para que algo cambie en su vida.

Por eso, a cada mensaje del amo, ella responde con las mismas frases “no estoy preparada”, “estoy perdida últimamente”, “únicamente es curiosidad”, “soy de pueblo y tengo demasiados prejuicios”, “soy consciente de que debería, pero no debo entrar”, “siento demasiado respeto”, “tengo miedo”, “mi cerebro no puede procesar tanto placer”, “perdería el norte y acabaría loca”, “no se puede jugar con estos temas”, “no podría ser juguetona”, “estamos demasiado lejos”, “tendría que buscar un hotel”, “¿Qué pasaría después de la sesión?”, “soy demasiado tímida”, “primer tengo que amueblar mi cabeza”, “es mejor esperar”, “no quiero hacerte perder el tiempo”, “igual me engancho como una droga”, “si lo hago me obsesionaré con el sexo”, “tengo que valorar si estoy preparada”, “soy demasiado racional” y cientos de excusas más de las cuales ella misma no cree ni la mitad de lo que dice, construyendo frases propias de abogados para exculpar a uno de sus clientes que sabe que es culpable.

El amo considera que muchas de esas excusas son reales, pero también que solo una de las excusas es la que la frena: el miedo a descubrirse a ella misma. El miedo a descubrir que esa abogada que está vestida sobriamente y sentada tras una mesa luchando en un mundo de hombres es, en realidad, una perra arrastrada que lo único que desea es ser usada y experimentar todo cuanto ha soñado durante años. 

El amo está convencido que lo único que necesita la abogada es ir hasta un hotel, vestida tal y como está, alquilar una habitación donde esperar al amo con una venda en sus ojos. Escuchar con se abre la puerta y esperar sentada en el borde de la cama. Escuchar como el amo entra, la pone en pie, la desnuda, la ata a una cama y comienza es lento proceso que consiste en convertir a la recatada y temerosa abogada en una auténtica perra arrastrada.