Después de conversar con alguien más
joven que yo (solo es un hecho, no caigamos edadismos, que ya bastante tenemos
con los “ismos” de siempre), me quedé pensando en una pregunta que me lanzó:
¿con los años te vuelves más frío o pierdes la ilusión? Yo, muy digno, contesté
que no. Como siempre, mi dignidad me llevo a cometer un cierto error.
Porque contestar rápidamente “no”
a una respuesta es como querer tapar el sol con un dedo. O peor aún, soltar un
“no” de esa forma suena a excusa barata para protegerte de una pregunta que
percibes como juicio existencial. Spoiler: esa persona no me estaba juzgando,
simplemente es una persona que almuerza curiosidad con el café.
La respuesta no es un sí ni un no.
Lo binario es tan aburrido como un examen tipo test.
Con los años no te vuelves más
frío, pero sí más selectivo: solo muestras calidez a quien realmente te aporta
algo. ¿Por qué? Porque ya te has quemado antes dando calor a quien no lo
merecía. De joven confías hasta que te demuestran lo contrario; de mayor,
desconfías hasta que te demuestran lo contrario. La ecuación se invierte y,
sorpresa, esa desconfianza se disfraza de frialdad. Con los desconocidos,
huimos de la calidez como si fueran vendedores de seguros. Pero con los
cercanos, somos más cálidos que nunca, porque necesitamos ese contacto, esa
sensación de refugio.
Respecto a la ilusión, no es que
la pierdas, es que la batería se agota. De joven disparas a todos los estímulos
que se cruzan en tu vida, porque tienes la energía para enfrentarte a todo. Con
los años, la energía se evapora y ya no puedes hacer quince cosas al día sin
acabar como un zombie. Así que reduces tus ilusiones a las que realmente puedes
sostener. No es falta de ilusión, es falta de gasolina.
En resumen: no te vuelves frío,
te vuelves selectivo. No pierdes ilusión, pierdes energía.
Hacerse mayor es un espectáculo
tragicómico. Te transforma año tras año en alguien distinto. Y aquí viene la
parte que nadie quiere escuchar: cumplir años es inevitable. No luches contra
eso, ni contra los cambios que trae. Cada etapa será distinta, y ahí está la
gracia de vivir: aceptar que nada es permanente.
Si quieres saber más sobre este tema o proponerme algún tema sobre el que escribir, puedes contactar (discretamente) conmigo a través de INSTAGRAM @dopplerjdb / TELEGRAM @jdbbcn2 / eMAIL john_deybe@hotmail.com
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