jueves, 18 de diciembre de 2025

Sumar años, restar cosas




Después de conversar con alguien más joven que yo (solo es un hecho, no caigamos edadismos, que ya bastante tenemos con los “ismos” de siempre), me quedé pensando en una pregunta que me lanzó: ¿con los años te vuelves más frío o pierdes la ilusión? Yo, muy digno, contesté que no. Como siempre, mi dignidad me llevo a cometer un cierto error.

Porque contestar rápidamente “no” a una respuesta es como querer tapar el sol con un dedo. O peor aún, soltar un “no” de esa forma suena a excusa barata para protegerte de una pregunta que percibes como juicio existencial. Spoiler: esa persona no me estaba juzgando, simplemente es una persona que almuerza curiosidad con el café.

La respuesta no es un sí ni un no. Lo binario es tan aburrido como un examen tipo test.

Con los años no te vuelves más frío, pero sí más selectivo: solo muestras calidez a quien realmente te aporta algo. ¿Por qué? Porque ya te has quemado antes dando calor a quien no lo merecía. De joven confías hasta que te demuestran lo contrario; de mayor, desconfías hasta que te demuestran lo contrario. La ecuación se invierte y, sorpresa, esa desconfianza se disfraza de frialdad. Con los desconocidos, huimos de la calidez como si fueran vendedores de seguros. Pero con los cercanos, somos más cálidos que nunca, porque necesitamos ese contacto, esa sensación de refugio.

Respecto a la ilusión, no es que la pierdas, es que la batería se agota. De joven disparas a todos los estímulos que se cruzan en tu vida, porque tienes la energía para enfrentarte a todo. Con los años, la energía se evapora y ya no puedes hacer quince cosas al día sin acabar como un zombie. Así que reduces tus ilusiones a las que realmente puedes sostener. No es falta de ilusión, es falta de gasolina.

En resumen: no te vuelves frío, te vuelves selectivo. No pierdes ilusión, pierdes energía.

Hacerse mayor es un espectáculo tragicómico. Te transforma año tras año en alguien distinto. Y aquí viene la parte que nadie quiere escuchar: cumplir años es inevitable. No luches contra eso, ni contra los cambios que trae. Cada etapa será distinta, y ahí está la gracia de vivir: aceptar que nada es permanente.

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