domingo, 20 de agosto de 2023

Los diferentes puntos de vista


A ella le gusta ser humillada, no solo le gusta sino que lo necesita. Una humillación que nace de la voluntariedad del sometimiento a otro. En nuestra vida, en ocasiones, recibimos humillaciones que nos hacen bajar la cabeza y apretar los dientes o comenzar a sacar vapor por nuestros oídos cual olla exprés. Pero la humillación que ella necesita es la que la obliga a estar desnuda y arrodillada mientras el hombre la menosprecia, le tira del pelo, la arrastra, la usa, la insulta, la golpea... una humillación que, a diferencia de la no buscada, esta humillación hace que su entrepierna se moje y la mujer aúlle como la perra que desea ser. ¿A quien podría confesarle eso? A casi nadie. Por eso necesita que quien vaya a humillarla entienda lo que significa esa humillación para ella.

En la vida, si alguien nos humilla, perdemos la respiración. Pero ella, cuando ejerce de sumisa, si alguien la humilla, es como salir al aire libre y dar una bocanada de aire fresco. Ese aire helado que nos quema por dentro pero también nos renueva. Nos hace sentir vivos.

Perra y humillada. Algo que fuera de contexto es una sinrazón cercana a lo insalubre pero que, cuando es sumisa, se convierte en la gasolina que le permitirá seguir unas semanas mas recordando la ultima vez que sucedió, aguardando la próxima vez... 

La teoría de que no vivimos el presente sino que rebuscamos en el pasado para teorizar sobre el futuro de las cosas, olvidándonos del ahora... es la realidad de casi todos. Mi realidad, tu realidad y la realidad de ella, también la realidad del resto. ¿Cómo conseguir vivir el presente? Encontrando algo que te haga olvidar del pasado y del futuro, ese algo que conecte con tu esencia interior.

Para esa mujer es la humillación, el sentirse útil, el dar placer... el imagina que el mundo, ahora mismo, se reduce a cuanto sucede en esa habitación.

La próxima vez que acudáis a un estadio de futbol a gritarle insultos humillantes al deportista rival... la próxima vez que alguien os humille o humilléis a alguien en una cena de amigos o en una reunión de trabajo, incluso con familiares o con la pareja... la próxima vez que humilléis a un camarero aunque sea involuntariamente... recordad en todos esos momentos y recordad que la señora F vive la humillación de una forma tan sana que ninguno de nosotros debería ni atrevernos a juzgarla.

jueves, 17 de agosto de 2023

Ser Vs Rolear


Antes de entrar en harina (cual aficionado a hacer pan durante la pandemia) hemos de poner las cosas encima de la mesa: harina, levadura, agua, etc. Esa "mise en place" me mueve a poner dos ingrediente encima de la mesa: ser y rolear. Observémoslo con detenimiento. Todos sabemos que significa el ingrediente "ser": somos algo, no fingimos serlo, no pretendemos serlo, no creemos serlo... lo somos incluso aunque no deseemos serlo. Pongamos el tópico ejemplo del calvo señor sin pelo que una mañana se levanta deseando tener una melena cual cuarto Bee Gees. Se pondrá una peluca pero será calvo, incluso gastará tres pagas extras para ir a Turquía a que replanten la azotea de su desesperación, pero, en su fondo, seguirá siendo un calvo. Se es o no se es. Respecto a rolear, no estamos hablando de cumplimentar una hoja de personaje junto a otros cinco señores gordos con barba y camisetas de D&D mientras uno finge ser una amazona, otro un enano y el resto son elfos. Los juegos de rol, en el fondo, son la mejor definición del rol: meterse en un personaje. Pero este texto no va sobre ese rol sino sobre el rol que adopta una persona dominante o dominada cuando practica BDSM. Ponerse una mascara (real o virtual) para adoptar ese rol en una sesión o de forma continuada.

Hay dos tipos de personas que practican BDSM: los que son y los que se meten en un rol. Ser dominante o dominado como parte de tu personalidad (practiques o no BDSM) es algo habitual pero no tanto. El primer error es creer que sabemos que tipo de dominante o dominado somos. Hay personas que son pero que creen que solo son cuando están en una sesión sin darse cuenta que la esencia de su persona es ser dominada o dominar, incluso cuando está esperando en la cola de la panadería o lavando los platos de la cena. Podemos ser pero creernos que solo estamos roleando. De la misma forma sucede lo contrario, algo más habitual: el creer que somos algo pero en realidad solo estamos pretendiendo ser algo durante una sesión. Ser dominados o dominantes no forma parte de nuestra personalidad sino que es una actividad que nos excita y nos apetece hacer de vez en cuando.

Pero esto no es un examen: ambas respuestas son correctas siempre que las personas disfruten de lo que hagan cuando lo hacen. ¿Acaso un actor no puede disfrutar fingiendo ser otra persona? ¿Es mejor actor el que se estudia y se cree su personaje... o el que lee un texto y lo interpreta? Al final, lo que transmite el actor es lo que transmite la persona durante una sesión BDSM. Da igual si eres o roleas si las personas implicadas en esa sesión creen en lo que están haciendo, tanto actor como espectador. 

Si me preguntáis a mi que tipo de persona soy o que tipo de persona prefiero, la respuesta quizás os dejará aun con mas dudas. Escoger es como responder a la odiosa pregunta de a quien quieres más, si a mamá o a papá. O responder cual es tu libro o película favoritos. Las preguntas que implican una respuesta binaria las carga el diablo. La vida no es en blanco y negro sino que tiene millones de colores, y aunque seas corto de vista, seguirás apreciando todos esos colores.

No responderé a si yo soy o roleo. Pero si que responderé a la pregunta de que me gusta más: me gusta la gente que crea lo que hace, que se implique, lo viva, lo sienta y lo disfrute. Y me da igual si esa persona quiere ser o es. No obstante, y siendo completamente sincero, pocas veces me he encontrado con gente que ES, pocas veces he admirado esa rareza. No es mejor ser o rolear siempre que te impliques, incluso puede que la persona se implique tanto que te convenza que alguien que rolea... es esa persona en esencia. No hay reproche, incluso cuando te das cuenta de que la persona solo está interpretando un papel: me funciona siempre que funcione.

Pero cuando encuentras una rareza, es entonces cuando se afilan tus colmillos y comienzas a dar vueltas alrededor de tu presa a la espera de clavarle los dientes. Soy consciente de que este símil se acerca peligrosamente a lo políticamente incorrecto. Pero un símil es una figura literaria y siempre queda mejor la pompa y la circunstancia que la aburrida cotidianeidad de la descripción cartesiana. Seré mas simple: cuando encuentras una rareza, cuando encuentras alguien que es dominante o dominado como parte de su personalidad... intenta que tu ego haga que no pierdas a esa persona. Porque perder una joya por culpa de un malentendido es como sostener entre tus manos el martillo de Thor, dar un traspiés y... no, un momento, maldita sea... pues resulta que este es otro símil literario.


miércoles, 16 de agosto de 2023

¿Cómo comencé en el BDSM?


Hace 37 años que practico BDSM (según cuando leas esto quizás hará más... es lo que tiene el paso del tiempo), cuando la gente me pregunta como comencé, la respuesta siempre es la misma: conocí a alguien. Este primer paso suele coincidir con dos factores, o bien que estés interesado en este mundo y busques a alguien que te amplíe información, o bien, en tu vida te encuentras con alguien que te dice que practica eso. Y decides probar. Ya sea que la palanca que te mueve sea algo pasivo o activo, el resultado suele ser parecido. Verdad es que si tienes "eso" dentro de ti y buscas información, serás más receptivo a cuanto suceda, pero la sorpresa también es una palanca que funciona.

Hace 37 años conocí a una mujer, mayor que yo y casada, con la que establecí una relación de amantes. Un día, en uno de nuestros encuentros, me dio a entender que ella necesitaba ser mas pasiva en el sexo, es decir, quería que yo fuese mas activo, que la manejase, le dijese que hacer y que, en cierta forma, me aprovechase de ella. El termino "aprovecharse de alguien" queda extraño a no ser que venga de una persona experimentada en el BDSM que quiere transmitir a alguien no experimentado la esencia de lo que pretende: soy sumisa, aprovéchate de mi. Fue la simpleza (y la osadía) de la propuesta la que nos hizo ahondar cada vez mas en esa relación donde yo me convertí en amo de una sumisa con experiencia. Hasta donde llegar o que probar fue siempre algo consensuado, esa persona nunca me movió a un espacio donde yo no me sintiese confortable, también es verdad que esa mujer me volvía loco y que yo era un joven osado y sin aparentes miedos, quería probarlo todo y casi todo probé con ella. 

¿Una persona dominada educando a una persona dominante? Por supuesto que si. El BDSM no es esa tontería de "50 sombras de Grey", creedme. Porque aquí hablamos de personas, no de roles. De una persona con experiencia que es tutora de alguien sin experiencia, independientemente de los roles. Después, con el paso de los años me he encontrado con gente con experiencia pero también con gente sin experiencia de la que tuve que ser su tutor o maestro. No os llevéis las manos a la cabeza con eso de "maestro" o "aprovecharse de alguien", son son tan solo palabras que expresan un concepto. No me considero maestro de nada ni nunca me he aprovechado de nadie sin consenso.

Volvamos al meollo del texto: hay dos formas de comenzar en el BDSM, de forma activa o pasiva. O por decirlo de otra forma, que la curiosidad nazca de tu interior o que otra persona te inculque esa curiosidad. Pero al final, si decides probar, es simplemente por eso... por curiosidad. Si eres una persona activa, alguien podrá decirte que tu curiosidad es necesidad, y quizás tenga razón. Pero para que exista una necesidad antes ha de existir una curiosidad. Algo que nos comience a calentar desde dentro y mueva nuestros pies hacia el conocimiento de algo que desconocemos.

Mi experiencia es la de alguien dominante que disfruta practicando aquello que le hace sentirse vivo, que disfruta encontrando gente a quien descubrir y de quien aprender... y da igual si a mi me educó una sumisa o un maestro jedi. Porque al final serás lo que quieras ser, independientemente de quien te abra la puerta.

¿Y se es mejor en el BDSM si has comenzado de forma activa o pasiva? Algunos dirán que te irá mejor si has comenzado de forma activa porque tu curiosidad habrá sido fruto de una necesidad latente en tu interior. De acuerdo, pero también cabe la posibilidad de que esa necesidad tenga unos latidos tan lentos que ni sepas que existe hasta que alguien hace latir tu corazón aceleradamente. La curiosidad. Muchos escritores lo fueron porque un profesor del colegio les recomendó libros o les motivó. ¿Hubiesen sido escritores de todas formas? Puede que si, más tarde quizás. Pero el resultado final es el mismo. Y también muchos alumnos de esa misma clase, con ese mismo profesor, nunca escribieron nada más allá de la carta a los reyes magos.

Con esto pretendo explicar que da igual cuando y como comiences si crees que esa puerta que hay frente a ti, merece ser abierta. Corrijo: no frente a ti... sino dentro de ti. Una puerta dentro de ti que la curiosidad te mueve a abrirla y mirar a su interior por un pequeño resquicio.


martes, 15 de agosto de 2023

La necesidad que no es virtud


Algunas personas, quizás más de las que somos capaces de imaginar, utilizan el BDSM a modo de desconexión lo cual, en cierta manera, es algo que hace casi todo el mundo con otras actividades con otros nombres. ¿Acaso salir a caminar a la montaña no significa desconectar de la cotidianeidad de la ciudad? Irte de vacaciones significa también tomarte unas vacaciones de ti mismo. Porque es aquí donde volvemos a la palabra clave: cotidianeidad. 

Actos que nos ayuden a evadirnos de la cotidianeidad.

El hastío de la cotidianeidad es lo que nos impulsa a tomarnos unas vacaciones de nosotros mismos, a olvidar esa persona que somos de Lunes a Domingo con tareas, preocupaciones, conflictos y cansancio tanto vital como físico. Lo cotidiano, incluso el fin de semana, nace de la repetición. Tomar unas vacaciones, salir a caminar a la montaña o tener una sesión BDSM significan ese trozo de madera que nos impedirá morir ahogados a no ser que ya esté encima una despiadada Rose asegurando que no hay sitio para dos en esa puerta que flota en un mar cuasi congelado.

Evadirnos no tan solo de quienes nos rodean sino, especialmente, de aquello en lo que nos hemos convertido y no somos capaces de escapar. 

Ponerse un antifaz, meterse en un rol, se convierte en tomarse una vacaciones de uno mismo forzándonos a olvidar todas esas obligaciones pequeñas, medianas y graves que nos impiden irnos a dormir a una hora razonable o continuar durmiendo hasta mediodía. 

Puede que seas joven, puede que tengas más canas de las que desees, da igual la edad que tengas porque el ser humano siempre se autoimpone unas expectativas que nunca va a poder cumplir, convirtiendo nuestra experiencia vital en la mínima expresión del concepto: seguir vivos un día mas.

El BDSM nos rescata de eso. También otras actividades, pero aunque la adrenalina de tirarte en paracaídas sea un chute casi imposible de comparar, existe un detalle del que carece el resto de formas de evasión: el convertirte en otro y liberar tus instintos. Y lo hacemos, practicando BDSM, sabiendo que cuando acabe esa sesión volveremos a la cotidianeidad y a ser nosotros mismos, volveremos a la seguridad que ofrece la repetición y la norma. Volveremos a madrugar con la vista fija en el calendario y en esa fecha que marca nuestra próxima sesión BDSM.

El BDSM no es una solución a nada, pero son las mejores vacaciones imaginables a un todo.

Este texto no pretende convencer a nadie de nada. Quien desee practicar lo hará independientemente de que lea esto o no. Y quien crea que el BDSM es algo imposible para él, seguirá creyéndolo al acabar de leer esto. Este texto es para reafirmarnos en algo que ya sabemos. Reafirmarnos en aquello que somos y comprender uno de los motivos por lo que adoptamos un rol. Tomarnos una vacaciones de nosotros mismos no es el motivo por que el practicar BDSM. Sentir desde que tenemos uso de razón que queremos dominar o ser dominados, tampoco. Practicar BDSM tiene cientos de motivos, el hastío de la cotidianeidad es simplemente uno de ellos, debemos reconocerlo.

domingo, 6 de agosto de 2023

Reflexiones sobre la humillación en el BDSM



La práctica denominada como humillación en el ámbito del BDSM es (quizás) el concepto que más cuesta asimilar a la gente que nunca ha practicado BDSM. Desde una perspectiva objetiva y desapasionada, que una persona humille a otra provoca decenas de reacciones y todas negativas. Esto sucede, en gran medida, por la descontextualización de la práctica y el hecho de que asociemos la humillación del BDSM como la humillación fuera del BDSM (en la vida real). No nos cabe en la cabeza que alguien obtenga placer siendo insultado, menospreciado e incluso escupiendo a otro igual. Porque esas cosas las asociamos a una conducta totalmente reprobable. Vemos la humillación como algo donde siempre existirá un villano y una víctima. 

En el BDSM hay que contextualizar las palabras. El hecho de que alguien obtenga placer desde su libertad implica que cualquier práctica sea la que sea es lícita si es sana, segura y consensuada. Llegados aquí hay gente que dirá que el hecho de que alguien obtenga placer humillando a otra persona o siendo humillada tiene poco de sano. En todo caso hablaríamos de salubridad mental y si las personas implicadas tienen claro lo que desean y lo ejecutan desde su libertad es al totalmente sano. Aunque desde fuera parezca que esas dos personas tienen un problema mental. Aunque Freud afirmase categóricamente que toda práctica BDSM es un trastorno.

Uno de los mayores escollos en la compresión del BDSM viene del prejuicio. Nadie debería obligaros a hacer nada que no os apetezca, ni en el BDSM ni en la vida. De la misma forma nunca deberíamos juzgar algo que no comprendemos. Volvemos a la pregunta: ¿Cómo alguien en su sano juicio puede obtener placer humillando o siendo humillado?

¿Cómo alguien en su sano juicio hace puenting, paracaidismo o vuelo libre? ¿Cómo alguien en su sano juicio hipoteca 8 horas de su vida al día para servir a otra persona a cambio de dinero? ¿Cómo alguien en su sano juicio come gusanos en un restaurante? ¿Cómo alguien en su sano juicio se encadena a otra persona de por vida porque cree que eso es la felicidad? Y así hasta el fin de los tiempos. Personalmente me parece bien que alguien coma gusanos, haga paracaidismo o se case. Yo no lo voy a hacer porque no me llama la atención pero respeto a quien lo haga porque entiendo que le proporciona placer o bien cree que es algo positivo en su vida. Las comparaciones son odiosas, pero también necesarias.

El principal problema, no del BDSM sino de la humillación es que, aunque a alguien le llame la atención, le va a costar decidirse por esa premisa que plantea lo que significa la humillación fuera del BDSM. ¿Y si no funciona? Algunas personas, practicando sexo, adoptan una postura pasiva, les gusta que les tiren del pelo, les insulten o incluso las escupan. Eso esta demasiado cercano a la humillación. Y no pasa nada por hacerlo si disfrutamos con ello siempre que las personas que practiquen eso se respeten y comprendan el contexto de esa humillación: un juego.

En la humillación, como parte de un juego consensuado, tiene dos vertientes: la humillación física y la intelectual (o verbal). Dentro de la humillación física podemos encontrar prácticas que a la persona humillada no le apetece hacer lo que comporta una humillación el someterse a hacerla, también prácticas relacionadas con fluidos, rituales, degradación, cosificación, etc. Básicamente son aquellas prácticas que el humillado asume como degradantes o humillantes pero que acepta hacer como parte de su servilismo porque se convierte en una humillación que le proporciona placer. Resumiendo sería como "oblígame a hacer algo que no quiero hacer... porque lo que si quiero es que me obligues a hacerlo". En la humillación verbal tenemos prácticas como el menosprecio, insultos, ridículo, etc. 

Entiendo que si no se ha vivido una situación así (dentro del BDSM), todo parece insalubre, malsano, perverso o improcedente. Pero, de nuevo, volvemos a la contextualización de las palabras. Porque no hablamos de hacer todo eso en la cotidianeidad y sin consentimiento. Hablamos de voluntariedad, de roles y de prácticas.

Si os excita la idea de humillar o ser humillados, verbalizado con personas de confianza que creáis que puedan entenderlo y podáis probar con ellos ya sea vuestra pareja, amigos o incluso familiares (hablamos de primos lejanos...). Pero probad y después decid si os ha gustado o no, si querríais repetir o no... si quien escribe esto es un enfermo mental o no.

Freud afirmaría que si.


miércoles, 19 de julio de 2023

Ni tan solo tu peor enemigo (relato)

 


La mujer está de pie, en la acera frente al edificio, inmóvil. La gente que camina por la calle la rodea, algunos la observan, pero todos continúan con sus caminos, con sus vidas. Luce un sol infernal que da de lleno a la mujer en el rostro, no lleva gafas de sol y su pelo, negro como el azabache, brilla mas que nunca. Es una sensación agradable a pesar de la asfixiante humedad. El poder disponer de unos segundos mas antes de hacer lo que ha venido a hacer. Es reconfortante. Consciente de que cuando pasen unos días, ese es el recuerdo que mejor habrá quedado grabado a fuego en su memoria. Ese coctel mal medido de excitación, miedo, dudas, ganas y culpa. Huir a todo eso carece se lógica.

Ojalá el mundo fuese mas perfecto. Bueno, no es exactamente eso. Ojalá las personas fuesen mas perfectas. Pero resulta que no: ni lo son, ni lo fueron, ni lo serán. Y el problema no es nuestra imperfección sino nuestra incapacidad para asumir las imperfecciones propias o las ajenas.

Una vez, en una lectura poética, un anciano le dijo que lo mas perfecto del mundo está lleno de imperfecciones. Esto sucede porque nuestra mente desconfía de ese artificio que es la perfección. Preferimos ciertos toques de imperfección en todo porque eso lo humaniza.

Ella es imperfecta y está rodeada de gente imperfecta, incluso la persona a la que va a ver es imperfecta. Gracias a Dios. A cualquier dios, ente o lo que sea que flota por encima de nuestras cabezas y nos empuja de un lado a otro. Se lo deben estar pasando en grande esos seres superiores contemplando como arrastramos nuestras inseguridades allá donde vamos. Es como ver una manada de hormigas que no saben mantener una fila ordenada.

Se ha vestido como él le ordenó: una camisa de botones de manga corta y una falda. ¿Por qué la ha hecho vestir así? Imagina que porque así le resultará más fácil hacer lo que va a hacer con ella.

La mujer vuelve a observar el edificio, quiere subir al piso, pero también quiere esperar unos instantes más, quiere entender si hay algún otro motivo que la impida subir al piso de aquel tipo.

Lo hay. Aunque no es lo suficientemente importante para impedirle hacer lo que ha venido a hacer. Quizás hace tres meses fuese mas importante, quizás hace un año fuese un impedimento real. Ahora ya no. Porque por fin ha comprendido que nada ni nadie puede impedirle seguir caminando, seguir aprendiendo, seguir conociendo ni seguir soñando.

Nadie, nadie, nadie… ni tan solo su peor enemigo: ella misma.

La mujer se acerca al interfono, oprime el botón del piso y después del zumbido, empuja la puerta. Dos minutos mas tarde está empujando una puerta que la lleva a un pasillo vacío. Hay un antifaz colgando del telefonillo. Lo coge y se lo coloca sobre los ojos. Después dice “ya puedes venir”. Lo pronuncia con la voz mas firme de la que es capaz. Entonces escucha los pasos de alguien acercándose a ella… quiere hacerlo, quiere seguir experimentando con su cuerpo, pero también con su mente. Quiere ceder el control. Quiere no poder ver para no poder controlar. Quiere convertirse en un instrumento para el placer de otro. En primer lugar, porque lo necesita, pero, sobre todo, porque es la única manera de seguir viviendo con una media sonrisa dibujada en los labios.

viernes, 30 de junio de 2023

Brat y Tamer

 



¿Qué significa ser una persona Brat? Si habéis leído otros artículos de este blog ya sabréis que mi incontrolable ego me obliga a sentar catedra constantemente para imaginar aplausos de los lectores a todas horas. Y una de esas cátedras se asienta en mi odio hacia las etiquetas porque esas etiquetas son una lastra para todos aquellos que quieren comenzar en el BDSM porque necesitar asociarse a algo “conocido” para no sentirse “raros” y “encajar” de alguna forma en lo que ha existe. Mucha gente acude a esos formularios online tipo “¿Qué tipo de sexualidad tienes?” o “¿sabes identificar estas 30 banderas del continente africano? Y los resultados, además de arrojar luz sobre nuestra ignorancia sobre las banderas africanas, también nos dice que nuestra sexualidad es esto o lo otro. Inconcreciones aparte, el hecho de que un aséptico (y básico) formulario comprenda nuestra sexualidad mejor que nosotros, al menos sirve de guía para que algunas personas prueben algunas cosas. Sigo con la inconcreción, pero es un sábado a las 7 de la mañana y aun sigo secuestrado por la tontería matinal.

¿Qué significa ser una persona Brat? Intentaré definirlo más allá de las etiquetas. Para mi, eso que llaman Brat y Tamer es una relación donde una persona “provoca” a otra para ser castigada. Pueden ser relaciones en un ámbito ajeno al BDSM o pueden ser un dominante y un dominado donde el dominante basa su mando en el castigo porque el dominado, constantemente, pone a prueba ese mismo mando. O por decirlo de forma más simple: te desobedezco para buscar un castigo. Personalmente no es el tipo de relación BDSM que me parezca más interesante porque requiere del dominante una constante lucha por imponer su “superioridad” y eso… es muy cansado. Por otro lado, siempre he huido de las provocaciones, sin en la vida fuera del rol alguien intenta provocarme, contesto “tu eres idiota”, me doy la vuelta y me voy. No tengo edad para que otros jueguen conmigo porque entiendo que el hecho de que te provoquen es como el que te gasten una broma pesada. Son situaciones donde uno disfruta a costa del otro. Y eso es algo que me gusta en el BDSM porque ambos salen ganando, pero no fuera del BDSM.

No obstante, hay una parte del BDSM asociado a Brat o Tamer que si me parece más interesante y es cuando a estos “roles” le sumamos los roles tipo “papi o mami” y “hijo o hija rebelde”. Ese tipo de rol tan típico del porno actual donde podemos ver videos del tipo “chantajeada por mi padrastro” o “mami me castigó sin postre y a comerle el chirri”.

Es decir, si sumo una capa de “juego” a los roles Brat y Tamer es cuando disfruto realmente de la situación. Si, como amo, me provocas, posiblemente no tendrás una segunda oportunidad. Pero si como amo vienes vestida de colegiala a casa y me dices que te has portado mal y que has suspendido todas las asignaturas (incluso aquellas en las que no te habías matriculado) y me dices que te da igual porque no quieres estudiar. Entonces adoptare ese rol de Tamer y te castigaré (también conocido como “meter en vereda”).

Quizás tenga que ver con eso que decía antes del ego, el encontrarme con una tamer que simplemente cuestiona mi autoridad para conseguir un castigo, es algo que no acepto bien. Pero si a eso le damos el barniz de los roles y lo disfrazamos… entonces sí, disfruto mucho,

Sea como sea y como siempre digo, olvidaos un poco de las etiquetas y probad, disfrutad, disfrazaos, actuad, gozad… la vida es demasiado corta para perder el tiempo haciendo encuestas de revistas online.