domingo, 16 de mayo de 2021

¿BDSM es sexo? (BDSM es sexe?)

 

Iníciate en el BDSM

La gran pregunta que no tiene respuesta… y no la tiene porque BDSM es lo que cada uno queramos que sea, más allá de normativas y definiciones.

Pero intentemos echar un poco de luz sobre el tema. Para mi BDSM puede ser sexo, por supuesto, diría más: el sexo es la mejor manera de comenzar en el BDSM porque es un terreno conocido. Pero esto también despierta recelos porque mucha gente cree que BDSM es que alguien disponga del salvoconducto de la dominación para hacer sexualmente cuanto desee contigo.

Y resulta que también puede ser cierto

Tanto el sexo puede ser una vía de entrada para explorar el BDSM como el BDSM puede ser una vía de entrada para explorar nuestra sexualidad.

Y también puede resultar que haya personas (puede que sin demasiados escrúpulos ni experiencia) que usen el rol de dominante para tener sexo con personas dominadas simplemente porque así creen que pueden hacer cuanto desean sin pedir “permiso”. Esas personas asocian ser dominante con tener sexo fácil y eso puede tener consecuencias nefastas porque las personas dominadas que comiencen en el BDSM pueden sentir que están siendo engañadas por alguien cuya prioridad no es la experiencia BDSM sino el placer propio a costa de los demás.

Reconozcámoslo, seguimos viviendo en una sociedad machista donde el hombre, o según que hombres, utilizan la excusa del BDSM para venderse como amos cuando en realidad no son mas que unos ignorantes (en el más amplio sentido de la palabra) que ponen por delante la palabra BDSM y usando un poder que no les pertenece para imponerse sobre la mujer y usarla para el placer propio.

Pero resulta que el BDSM no es eso, porque el BDSM es consenso y respeto. Por supuesto que un amo puede usar sexualmente a una sumisa, pero solo si eso es lo que realmente ella desea ella.  

Ese escenario donde alguien te ha forzado a estar de rodillas con la excusa de que “si quieres comenzar en el BDSM has de comenzar por comerme la polla” puede ser engañoso. Por supuesto que eso puede ser el comienzo, lo es muchas veces, pero solo lo ha de ser si ese es el deseo expreso (o la fantasía) de la sumisa.

El sexo, como el BDSM son algo fantástico que encaja de forma fantástica y nos proporciona momentos fantásticos en todos cualquier sentido (físico y emocional).

Pero el BDSM en el sexo, como algo mal entendido o encajado a la fuerza, puede acabar resultando una experiencia traumática.

¿Mi recomendación? Háblalo todo con claridad y si sigues teniendo dudas no lo hagas o dialoga sobre ello con más profundidad si es necesario. Empezar en el BDSM a través del sexo es genial, pero solo si ambas personas están en sintonía y tienen las mismas prioridades.


La gran pregunta que no té resposta ... i no la té perquè BDSM és el que cada un vulguem que sigui, més enllà de normatives i definicions.

Però intentem fer una mica de llum sobre el tema. Per a mi BDSM pot ser sexe, és clar, diria més: el sexe és la millor manera de començar al BDSM perquè és un terreny conegut. Però això també desperta desconfiança perquè molta gent creu que BDSM és que algú disposi de l'excusa de la dominació per fer sexualment tot allò que desitgi amb tu.

I resulta que també pot ser cert

Tant el sexe pot ser una via d'entrada per explorar el BDSM com el BDSM pot ser una via d'entrada per a explorar la nostra sexualitat.

I també pot resultar que hi hagi persones (pot ser que sense massa escrúpols ni experiència) que facin servir el paper de dominant per tenir sexe amb persones dominades simplement perquè així creuen que poden fer tot el que volen sense demanar "permís". Aquestes persones associen ser dominant amb tenir sexe fàcil i això pot tenir conseqüències nefastes perquè les persones dominades que comencin al BDSM poden sentir que estan sent enganyades per algú la prioritat no és l'experiència BDSM sinó el plaer propi a costa dels altres.

Reconeguem-ho, seguim vivint en una societat masclista a on l'home, o segons quins homes, utilitzen l'excusa del BDSM per vendre's com amos quan en realitat no són més que uns ignorants (en el més ampli sentit de la paraula) que posen per davant la paraula BDSM i usant un poder que no els pertany per imposar-se sobre la dona i fer-la servir per al plaer propi.

Però resulta que el BDSM no és això, perquè el BDSM és consens i respecte. Per descomptat que un amo pot usar sexualment una submisa, però només si això és el que realment ella desitja ella.

Aquest escenari on algú t'ha forçat a estar de genolls amb l'excusa que "si vols començar al BDSM, has de començar per menjar-me la polla" pot ser enganyós. Per descomptat que això pot ser el començament, ho és moltes vegades, però només ho ha de ser si aquest és el desig exprés (o la fantasia) de la submisa.

El sexe, com el BDSM són una cosa fantàstica que encaixa de forma fantàstica i ens proporciona moments fantàstics en tots qualsevol sentit (físic i emocional).

Però el BDSM en el sexe, com una cosa mal entesa o encaixada a la força, pot acabar resultant una experiència traumàtica.

¿La meva recomanació? Parla-ho tot amb claredat i, si segueixes tenint dubtes, no ho facis o dialoga sobre això amb més profunditat si cal. Començar en el BDSM a través del sexe és genial, però només si totes dues persones estan en sintonia i tenen les mateixes prioritats.

domingo, 25 de abril de 2021

PRACTICAS: El edging

 

When you forget to mention you've been edging... - Album on Imgur

Existen muchas prácticas no BDSM que pueden ser usadas en el BDSM, dotando a algo conocido de un barniz BDSM que lo hace más lustroso y excitante. O por decirlo de otra forma: utilizando especias que comúnmente tenemos en la cocina para hacer más sabroso el estofado. En los estafados utilizo canela que es una especia habitualmente usada en postres. ¿Por qué no?

El EDGING fuera del BDSM consiste en controlar los orgasmos. Lingüísticamente "Edging" en ingles significa "borde" o "reborde". Es decir: llegar al borde pero dar un paso atrás para no caer. O "bordear" el orgasmo. Porque de eso hablamos: de que cuando lleguemos al orgasmo, lo evitemos para volver a buscarlo. ¿Es una locura? Para nada. Muchas parejas, ya sea por activa o por pasiva, se detienen en el momento del orgasmo para alargar la situación o buscar un orgasmo más potente. Imaginemos una pareja donde uno masturba a otro, cuando esa persona esta a punto de correrse, el otro deja de masturbarla y luego continúa lentamente en la búsqueda de ese orgasmo negado. Esto es el EDGING.

Dentro del BDSM el EDGING se transforma en la negación del orgasmo (ya sea mediante una palabra o un gesto) por parte de la persona dominante hacia la persona dominada. No hay que confundir el EDGING la práctica de la CASTIDAD donde el dominante niega cualquier práctica sexual al dominado. Y os preguntaréis ¿qué gracia tiene (ya sea por castidad o por edging) el negar la mejor parte del juego? La respuesta contiene una trampa y es al asumir que el orgasmo es la mejor parte del juego. Puede que en una relación convencional lo sea, pero en el BDSM hay vida más allá del orgasmo.

La teoría del EDGING nos dice que si controlamos el orgasmo, retrasándolo, probablemente el orgasmo conseguido será más poderoso o podremos entrar en ese nirvana que es el multiorgasmo.

Y sí. Pero no. En BDSM el EDGING es un juego más, una práctica que sirve para reprimir el deseo de la persona sometida y demostrarle que, incluso sus orgasmos, pertenecen a la persona dominante y sucederán cuando la persona dominante quiera. Las consecuencias de esta práctica (como el orgasmo múltiple o tener un orgasmo más poderoso) no son el objetivo. El objetivo del EDGING en el BDSM no es el final, sino el hecho en sí de negarle el orgasmo a la persona sometida solo porque sí. Como una demostración de poder o como parte de un juego. Algo que, en juegos de humillación, es básico. El hacer comprender a la persona sumisa que incluso ha perdido el control de algo tan animal como son sus orgasmos. Convertir lo irracional en racional para convertir lo racional (la persona dominada) en alguien irracional (un animal deseoso de un placer negado).

Subvertir lo habitual para sacar lo animal que escondemos dentro.

sábado, 24 de abril de 2021

De amos, sumisas y dragones

 

Reír y Gemir

Dos personas en un lugar repleto de otras personas, todas sentadas en mesas. Los otros están charlando, bebiendo, quizás discuten, puede que sea la primera o la última vez que se vean. Son un murmullo en el silencio, son las piedras del riachuelo o los posos del café. Son los extras de una película que comienza a acabar de rodarse solo que aquí no hay actores, ni director, ni tan siquiera una cámara que registre cuanto sucede. Y, a un lado, dos personas, vamos a centrarnos en ellas. Acaban de conocerse, han hablado varias veces por teléfono, conocen algunas cosas el uno de la otra (y viceversa, claro). Al verse (por vez primera) ella se ha abrazado a él y le ha olido el cuello, deseosa de saber si ese olor la removerá por dentro, o no. Antes de ser olido, el hombre la ha observado de arriba abajo y viceversa, haciendo honor a su género y a tiempos pasados. Como si lo único que le importase fuese que ella tuviese unas buenas caderas y unos buenos pechos para parir y amamantar a su primogénito. Pero resulta que ni a ella le interesa el olor de él ni a él le interesa el físico de ella. Son tan solo uno de esos momentos donde, por vez primera, tu cerebro escoge una de las opciones posibles.

Sentados en la mesa, rodeados de desconocidos, esos otros dos desconocidos comienzan a hablar y comienzan a sentir. Han hablado de mucho antes del momento actual y podría parecer que no tienen nada que contarse. No obstante, esas mismas palabras de antaño pueden son repetidas y adquieren un nuevo y corpóreo significado.

El hombre, además de muchas otras cosas, en ocasiones ejerce el rol de amo. Lo hace desde que tiene uso de razón y carné de conducir. Lo hace porque en esos momentos puede liberarse y sacar un yo que es diferente a su yo habitual. Poco importa si el rol es ser amo o ser él mismo, porque el hombre ha encontrado ese equilibrio de quien aprende por primera vez a montar en bicicleta, de quien disfruta vistiéndose de payaso.

La mujer, además de muchas otras cosas, alguna vez ejerció de sumisa. Y este ejercicio sucedió en un tiempo cercano. Caminando aun con paso vacilante hacia ese portal donde hay un cartelito que dice “yo”. Para la mujer, ser sumisa no es un objetivo, pero sí que es un camino que desea continuar explorando con la cabeza en los hombros y los pies en el suelo. Con una potente linterna en la mano, una mochila repleta de curiosidad y el deseo de que todos los animales que encuentre en el bosque, no sean depredadores, pero tampoco sean el osito del anuncio de suavizante.

Esa pareja que no son pareja ni tampoco desean serlo, continúan charlando mientras el resto de las personas se transforman en gigantescos dragones y comienzan a batir sus alas, volando a su alrededor. Algún que otro dragón abre sus fauces y comienzan a quemar el bar donde están todos mientras el dueño, con su inmenso bigote pelirrojo en llamas, sale corriendo.

Y mientras, el amo y la sumisa, siguen charlando, ajenos a todo cuanto sucede a su alrededor. Inconscientes de que puede quemarse en segundos. Siguen descubriendo palabras pronunciadas por el otro, su mirada, la forma de mover las manos. Siguen escuchando cosas que ya escucharon, pero que les apetece volver a escuchar. A su alrededor, el bar se desmorona envuelto en llamas mientras los dragones, antaño también clientes, lanzan desgarradores sonidos propios de un animal que ha dejado escapar a su presa.

Y mientras sucede, el amo no es capaz de esconder el deseo de que llegue pronto el momento en que se queden solos para meter su mano dentro de la ropa interior de ella y comprobar como de húmeda está. La primera vez le prometió que sucedería eso y ella le contestó que más valía que lo hiciese. La mujer también está deseando quedarse a solas para que la mano de ese hombre descubra cuanto la excita, para que los dedos de ese desconocido se deslicen entre los jugos de su entrepierna.

Las únicas personas que están allí son ellos dos, además del humo, el fuego y los escombros. Y, a pesar de su soledad y del caos. Siguen hablando y siguen deseando quedarse a solas.

Ajenos a cuanto sucede en el mundo a su alrededor.

lunes, 19 de abril de 2021

Diferencia entre SADO y BDSM

 



Cuando hablas con alguien que no sabe lo que es el BDSM y le comentas que es un juego de roles donde hay dominantes y dominados (una simplificación peligrosa, lo asumo), lo primero que te dicen es "Ah, hablas de sado" y claro, salen corriendo asustados por todo eso del dolor. Porque lo que asocian es BDSM a dolor.

Pues no. BDSM no es SADO (aunque el SADO forme parte del BDSM).

Aclaremos una cosa: practicar BDSM no significa entrar en una oscura mazmorra llena de dolor, desesperación y que te deja destruido durante días. Todo lo contrario. El término BDSM engloba un conjunto de prácticas ejecutadas desde la libertad y el consenso. ¿Y qué prácticas son esas? Muchísimas, y pueden incluir el Sado, claro, pero ninguna práctica debe hacerse si uno no quiere.

El fútbol es un deporte, pero no todos los deportes son fútbol. Así de simple.

La Wikipedia lo deja claro en su segundo párrafo en la definición de BDSM

El sado es una práctica basada principalmente en el dolor done un sádico (alguien que siente placer infligiendo dolor) y un masoquista (alguien que siente placer sufriendo dolor) se juntan para disfrutar desde sus libertades individuales y mediante consenso. Personalmente odio el dolor (tanto por pasiva como por activa) pero respeto profundamente a aquellos que disfrutan con el dolor.

"¿Puedo practicar BDSM sin dolor?", me preguntan habitualmente. La respuesta es más amplia que eso: debes hacer lo que te excite y no hacer nada que no desees realmente. Claro que hay BDSM sin dolor, también hay BDSM sin sexo, sin humillación, sin artefactos, sin mazmorras. El BDSM es dominar y ser dominado, lo demás son prácticas, ceremonias, artefactos, etc. que no son indispensables.

¿Entonces es BDSM, por ejemplo, dejarme atar por mi pareja en la cama o tener sexo duro donde nos insultamos o nos abofeteamos? Claro que lo es, quizás, visto desde fuera parece que eso es jugar en tercera división mientras que una mazmorra y un amo vestido de cuero es jugar la Champions League. Pero eso es un error: BDSM es lo que nosotros queramos que sea.

Si alguien te dice que has de hacer lo que él quiere (como dominante) y tú no quieres hacer esas cosas (como dominado). No las hagas. Si te obligan o te fuerzan a hacer algo que no quieres, eso no es BDSM, es abuso.

viernes, 9 de abril de 2021

Una primera conversación entre un amo y su futura sumisa (o no)

 

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Persona sumisa (o curiosa)

Persona dominante

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¿Me puedes explicar lo que es el BDSM?

La versión corta sería la relación que se establece entre una persona que desea dominar y una persona que desea ser dominada.

¿Entonces BDSM es lo que aparece en la película “50 sombras de Grey”?

Si crees que lo que sucede en “Guardianes de la Galaxia” es lo que sucede en la galaxia, pues vale, tu nivel de credulidad está un poquito estropeado. Porque o que sucede en “50 sombras de Grey” poco o nada tiene que ver con el BDSM real más allá de que aparecen unas prácticas. Los amos no somos ricos y guapos (o no todos), tampoco practicamos BDSM porque tengamos un trauma ni aun menos buscamos a las muchachas más inocentes para hacerles firmar un contrato inexistente. En el otro lado, las sumisas no son todas el estereotipo que vemos en esa película. Pero más allá de los personajes (ridículos donde los haya), cuanto sucede poco tiene que ver con el BDSM real donde todo es más divertido, menos oscuro, más sano y menos “peliculero”.

Vale, ¿entonces que es el BDSM?

El BDSM es un conjunto de prácticas alternativas donde dos (o más) personas deciden, desde su total libertad, someterse o someter a otros en un marco donde existen un conjunto de prácticas consensuadas.

¿Sadomasoquismo?

No, eso es una parte del BDSM, el encuentro de alguien sádico con alguien masoquista. Pero el BDSM es muchísimo más, con relaciones donde no hay ni sádicos ni masoquistas. Relaciones donde no hay dolor. ¿Alguna vez te han atado a una cama? ¿O te han atado las manos o puesto un vendaje en los ojos?

Si, pero éramos pareja y era dentro del sexo de pareja. Nunca me dejaría atar por un desconocido.

Si te dejases atar por un desconocido tendrías un problema fuese BDSM o no. Muchas personas creen que el peligro en el BDSM se multiplica por la indefensión de las personas dominadas. En primer lugar, hay que decir que no te atará un desconocido sino alguien que tú has decidido (desde tu libertad) que te ate y eso sucederá después de muchas conversaciones donde estableceréis un clima de confianza muta y donde hablaréis de todo cuanto sucederá. Estoy seguro de que en alguna ocasión has hecho cosas más peligrosas con desconocidos y nunca te lo has planteado así. Pero el BDSM, a la vista de alguien que no lo conoce, es algo peligroso donde un amo es un desquiciado que podrá hacerte cuanto desee.

¿Y no es así?

En primer lugar, quienes practicamos BDSM no somos desquiciados. Por supuesto que hay desquiciados, pero también los hay en tu lugar de trabajo, en tu familia o en tu comunidad de vecinos. El BDSM no mueve a la gente desquiciada a hacer cosas malas. Ese es el gran estereotipo.

Vale, no sois unos desquiciados, pero estoy segura de que pretendes hacerme cuanto desees.

Posiblemente si, pero lo que yo deseo no es lo que haré contigo sino lo que ambos deseemos. En el BDSM todo se consensúa, se habla, se pacta, se marcan límites. Lo que sucede en una sesión tiene un escenario perfectamente delimitado.

¡Entonces es el contrato que le hacía firmar Grey a Anastasia en “50 sombras de Grey”!

Ese contrato, además de ridículo, no tienen ninguna validez. Si alguna vez, como sumisa, un amo te sugiere que firméis un contrato… puedes firmarlo, claro. Pero tendrá tanta validez como un papel destruido por el fuego.

Vale, entonces todo se pacta, verbalmente.

Eso es. Mucha gente cree, erróneamente, que la sumisa debe hacer cuanto el amo desee. El tópico de “doblegarse ante la voluntad del amo”. Eso es mentira, otra leyenda urbana acerca del BDSM. En realidad, la sumisa solo debe hacer aquello que desee, de la misma forma que el amo solo debe hacer aquello que desee. Ese punto de intersección entre lo que ambos desean es cuanto sucederá. Con mayor o menor intensidad, claro.

¿Y si tengo dudas sobre alguna práctica?

En el BDSM existe un margen donde ambos deben descubrir, explorar, probar, pero eso no significa que debas hacerlo sí o sí. Si, por ejemplo, te apetece probar que te pongan pinzas en los pezones, pero tienes dudas sobre si soportarás el dolor, entonces esa práctica es uno de tus “quizás” y deberéis probarlo (cuando estés preparada mentalmente), comenzando poco a poco, aplicando cada vez más presión. Si en algún momento te duele demasiado y no quieres continuar, lo dices y esa práctica se descarta de vuestro escenario. Es sencillo.

El dolor… ¿el BDSM es dolor?

No necesariamente, tampoco es sexo, ni humillación, ni ser atada. El BDSM es aquello que tu quieres que sea. Lo que mas te excite hacer o probar. Por supuesto que puede haber una relación entre dominante y dominado sin dolor, sin sexo o sin cuerdas, si es lo que ambos desean desde su libertad.

Siempre hablas de libertad, pero no entiendo esa libertad cuando estoy atada a la cama a merced de alguien.

Porque tú, desde tu libertad, has decidido estar así.

Vale, lo comprendo. Pero tengo que pensarlo… creo que me arriesgo demasiado

Nadie te dice que hagas nada si no estás preparada.

¿Y si quedamos para cenar y seguimos hablando?

Te recuerdo que estamos en Barcelona, en plena pandemia y, además de que los restaurantes cierran de noche, hay toque de queda.

Menuda mierda…

Pues si…

martes, 23 de marzo de 2021

El control de la rebeldía

 

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El BDSM existen personas sumisas quienes, de forma consciente, luchan contra su condición de ser sometidas por otra persona. Quizás como una vía de conseguir sentirse realmente sometidas. Como si esa rebeldía consciente haga que el dominante se sienta forzado a ser más amo aun para doblegarlas. Quizás porque forma parte de su personalidad, sin más. Sea como sea, es una realidad. La pregunta es: ¿pueden controlar esas personas sumisas esos ataques de rebeldía? Quizás controlar esos arranques de rebeldía donde luchan por no ser sometidas, les restaría el sentirse realmente sumisas.

Desde la comodidad, cualquier persona dominante, prefiere una persona sumisa que sea realmente dócil, pasiva y obediente. Buscamos personas que no nos den “problemas” y muchos lo hacemos porque no queremos confundir esa rebeldía consciente con una negativa real. Y no hablo aquí de evitar frustraciones.

Intentaré explicarlo de otra manera: imaginad una sesión, hay un amo y una sumisa, es su segunda o tercera sesión, se conocen, pero no existe aún ese vínculo que hace que comprendas a la otra persona con una sola mirada (algo para lo que se necesitan meses o incluso años). Imaginad que esas dos personas pactan una sesión donde van a suceder unas ciertas prácticas. El amo ya sabe que a la sumisa le gusta luchar, le gusta rebelarse de vez en cuando. La sumisa, consciente de que el amo lo sabe, no va a hacer nada por evitar esos momentos de rebeldía, porque forman parte de su personalidad (surgen de improviso) y porque le gusta sentirse realmente obligada. La sesión arranca y comienzan con ciertas prácticas, todo va bien, pero en un momento determinado la sumisa comienza a negar con la cabeza, a luchar porque no suceda lo que está sucediendo. El amo, que cree conocerla, sabe que esa es su forma de proceder y pone más empeño en someterla, le coge de las muñecas y la obliga. La sumisa continúa luchando con todas sus fuerzas.

¿Cómo sabe el amo que la sumisa está rebelándose o que en realidad no quiere esa práctica y desea parar la sesión? La respuesta sería: tenemos una palabra de seguridad. De acuerdo, pero no deberíamos llegar a ella porque si una sumisa dice varias veces “no” o se rebela con todas sus fuerzas a lo que sucede, eso debería significar parar la sesión de inmediato.

¿Dónde está el límite entre el rebelarse y el negarse? A veces es difícil verlo, sobre todo cuando no hay un profundo conocimiento. En algunas ocasiones, una situación así puede resultar peligrosa porque podemos provocar una situación casi de abuso cuando el amo confunda negativa real con una rebelión consciente.

Confundir el juego con la realidad.

¿Qué podemos hacer? Si creemos que esa situación puede darse, deberíamos hablarlo, deberíamos evitar en lo posible esos momentos de rebeldía hasta que tengamos un profundo conocimiento de la otra persona y sepamos diferenciar claramente lo consciente de lo inconsciente. Podemos tener sesiones, eso nos ayudará a conoceros mejor, pero tenemos que intentar hacer comprender a la persona sumisa que debe detener esos momentos de rebeldía y que debe hacerlo no porque así es todo más fácil para el amo sino porque, hasta que no pasen unas cuantas sesiones y se conozcan más en profundidad, no deberían asumir ambos el riesgo de confundir realidad con juego, confundir una práctica con un abuso.

El BDSM es un mundo de sensaciones maravillosas, pero también es un mundo donde (por sus características) debemos esforzarnos por actuar de forma que evitemos cualquier peligro emocional o físico hasta que tengamos la total seguridad de que hemos eliminado cualquier posible peligro real de la ecuación.


Al BDSM existeixen persones submises qui, de manera conscient, lluiten contra la seva condició de ser sotmeses per una altra persona. Potser com una via d'aconseguir sentir-se realment sotmeses. Com si aquesta rebel·lia conscient faci que el dominant se senti forçat a ser més amo fins i tot per a doblegar-les. Potser perquè forma part de la seva personalitat, sense més raonaments. Sigui com sigui, és una realitat. La pregunta és: poden controlar aquestes persones submises aquests atacs de rebel·lia? Potser controlar aquestes arrencades de rebel·lia on lluiten per no ser sotmeses, els restaria el fet de sentir-se realment submises.

Des de la comoditat, qualsevol persona dominant, prefereix una persona submisa que sigui realment dòcil, passiva i obedient. Busquem persones que no ens donin "problemes" i molts ho fem perquè no volem confondre aquesta rebel·lia conscient amb una negativa real. I no parlo aquí d'evitar frustracions.

Intentaré explicar-ho d'una altra manera: imagineu una sessió, hi ha un amo i una submisa, és la seva segona o tercera sessió, es coneixen, però no existeix encara aquest vincle que fa que comprenguis a l'altra persona amb una sola mirada (una cosa per a la qual es necessiten mesos o fins i tot anys). Imagineu que aquestes dues persones pacten una sessió a on succeiran unes certes pràctiques. L'amo sap que a la submisa li agrada lluitar, li agrada rebel·lar-se de tant en tant. La submisa, conscient que l'amo ho sap, no farà res per evitar aquests moments de rebel·lia, perquè formen part de la seva personalitat (sorgeixen d'improvís) i perquè li agrada sentir-se realment obligada. La sessió arrenca i comencen amb unes certes pràctiques, tot va bé, però en un moment determinat la submisa comença a negar amb el cap, a lluitar perquè no succeeixi allò que està succeint. L'amo, que creu conèixer-la, sap que aquesta és la seva forma de conducta i posa més obstinació a sotmetre-la, li agafa de les nines i l'obliga. La submisa continua lluitant amb totes les seves forces.

Confondre joc amb realitat.

Què podem fer? Si creiem que aquesta situació pot donar-se, hauríem de parlar-ho, hauríem d'evitar en la mesura del possible aquests moments de rebel·lia fins que tinguem un profund coneixement de l'altra persona i sapiguem diferenciar clarament el conscient de l'inconscient. Podem tenir sessions, això ens ajudarà a conèixer-vos millor, però hem d'intentar fer comprendre a la persona submisa que ha de detenir aquests moments de rebel·lia i que ha de fer-ho no perquè així és tot més fàcil per a l'amo sinó perquè, fins que no passin unes quantes sessions i es coneguin més en profunditat, no haurien d'assumir tots dos el risc de confondre realitat amb joc, confondre una pràctica amb un abús.

El BDSM és un món de sensacions meravelloses, però també és un món on (per les seves característiques) a on haurem d'esforçar-nos per actuar de manera que evitem qualsevol perill emocional o físic fins que tinguem la total seguretat que hem eliminat qualsevol possible perill real de l'equació.

martes, 16 de marzo de 2021

Responsabilidad Vs valentía (Responsabilitat Vs valentia)

 

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Vivimos instalados en el miedo, lo hemos integrado como parte de nuestro día a día y lo maquillamos con frases del tipo "no es lo que quiero hacer" o "yo no soy así". Pero queremos y somos así, lo único que sucede es que el miedo nos aprieta con fuerza la garganta impidiéndonos respirar con naturalidad. Y hemos aprendido a vivir así.

Creemos que lo contrario del miedo es la irresponsabilidad. Cuando, en realidad, lo contrario al miedo es la valentía (el valor, la audacia). Pero preferimos camuflar nuestra cobardía como que somos responsables. "Yo nunca haría eso, es una irresponsabilidad" decimos, cuando en realidad queremos decir "no me atrevo".

Y, curiosamente, asumimos el miedo como algo natural, cuanto más jóvenes somos, porque, con nuestra personalidad en formación, creemos que eso es lo correcto, que somos así. Con el paso de los años los miedos cambian, tienes miedos reales a todo aquello que has vivido o estás viviendo: la muerte, la inseguridad, las enfermedades, etc. Pero con la edad también desaparecen todos esos miedos a no hacer algo. Y desaparecen porque, en primer lugar, sabes que por mucha prudencia o mucha valentía que demuestres ante algo, nada te asegura nada. Y, en segundo lugar, porque sabemos que cada vez nos queda menos vida por vivir que la vivida y eso nos enseña que lo que no hagamos hoy, mañana no sabemos si podremos hacerlo mañana.

Con el paso de los años conseguimos escapar al miedo porque el miedo, también tiene su propia edad.


Vivim instal·lats en la por, l'hem integrat com a part del nostre dia a dia i el maquillem amb frases del tipus "no és allò que vull fer" o "jo no sóc així". Però volem i som així, l'únic que passa és que la por ens estreny amb força la gola impedint respirar amb naturalitat. I hem après a viure així.

Creiem que el contrari de la por és la irresponsabilitat. La realitat és que el fet contrari a la por és la valentia. Però preferim camuflar la nostra covardia com que som responsables. "Jo mai faria això, és una irresponsabilitat" diem, quan en realitat volem dir "no m'atreveixo".

I, curiosament, assumim la por com una cosa natural, com més joves som, perquè, amb la nostra personalitat en formació, creiem que això és el correcte, que som així. Amb el pas dels anys les pors canvien, tens pors reals a tot allò que has viscut o estàs vivint: la mort, la inseguretat, les malalties, etc. Però amb l'edat també desapareixen totes aquestes pors a no fer quelcom. I desapareixen perquè, en primer lloc, saps que per molta prudència o molta valentia que demostris davant alguna cosa, res t'assegura res. I, en segon lloc, perquè sabem que cada vegada ens queda menys vida per viure que la viscuda i això ens ensenya que allò que no fem avui, demà no sabem si podrem fer-ho demà.

Amb el pas dels anys vam aconseguir escapar a la por perquè la por, també té la seva pròpia edat.