Hace 41 años que practico BDSM, siempre como dominante. No lo expongo aquí como un orgullo, ni una marca. Tampoco es una losa. No es algo que luzco a la primera de cambio. Para mí es solo una parte más de mi (no la más importante). ¿Por qué comienzo diciendo esto? Por el contexto.
Cuando alguien sabe que soy un dominante que nunca ha probado a ser dominado, la pregunta
instantánea que surge es “¿Por qué no has probado nunca a ser dominado?”. Como si tuviésemos que probar
todo, especialmente el negativo de la foto. No tienes
que probarlo todo en la vida para saber que algo no te gusta. A eso se le llama autoconocimiento aunque otros lo ven simplemente como “cerrazón mental”. Sinceramente, me da
igual lo que piensen de mí. ¿Menuda forma más egocéntrica de comenzar no? Sigamos... La siguiente pregunta siempre es la misma “¿Con cuantas
sumisas has estado?” Siento que me están haciendo una encuesta. Me niego a contestar a esta pregunta por dos motivos: porque no sabría cuantificar algo así y porque
cuantificarlo sería meter a todas las personas en el mismo saco y contarlas una
a una como ovejas. Y eso es una soberana falta de respeto. Lo mismo que si una persona dominada enumera todos los dominantes que ha tenido. Lo importante no es con
cuantas has estado sino como eran esas personas, como dejaron un poso en ti o
como las recuerdas. Reducirlas a un número sería menospreciarlas. La siguiente pregunta suele ser “¿No te cansas de ser dominante después de tantos años?”. La respuesta
es otra pregunta: ¿te cansas tu de aquello que te gusta o te apasiona? ¿alguna
vez te has cuestionado porque llevas toda tu vida comiendo pizza y te encanta?
Cuestionar la intensidad de nuestras pasiones es cuestionarnos a nosotros
mismos. Si algo te gusta: disfrútalo. Da igual que cada día hagas lo mismo: disfrútalo. Y, por último, la pregunta más delicada que llega cuando algunas
personas cuestionan tu moral preguntando algo parecido a "¿Por que te gusta pegar, humillar, usar
o azotar a otras personas?" La respuesta es sencilla: nunca pegaría, humillaría,
usaría ni azotaría a nadie en mi vida. NUNCA. Pero si alguien siente placer o
desea probar eso, entonces si… lo haré, incluso aunque no me guste. ¿Te gusta pegar a una mujer? Por supuesto que no, me parece
un acto lamentable. No me gusta pegar, no me gusta
humillar ni abofetear ni azotar… soy un ser humano que respeto a los otros seres
humanos. Lo que mucha gente no entiende son los roles, los límites y los
gustos: ¿me gusta dar placer a la otra persona? A todos nos gusta. ¿Me gusta
satisfacer a los demás sea como sea? Si la otra persona nos importa... a todos nos gusta satisfacerla. Por eso solo hago todas esas cosas cuando a esa persona le causa satisfacción
todas esas cosas. Es una cuestión de consenso, así de simple. Y porque consigo placer dando placer.
Hay muchas más curiosidades, pero siempre son las mismas preguntas. Y siempre
las mismas respuestas. Pero este texto no es un reproche, porque cuando yo me siento frente a alguien que
hace algo desconocido para mí, posiblemente le haga preguntas igual de tópicas
o desinformadas.
Nos hacemos una primera opinión de algo para, a posteriori y con mejor información, cambiar ese prejuicio. Porque opinamos a través de lo que percibimos, no de lo que conocemos. Opinamos desde la subjetividad.
Para eso están las respuestas: para informar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario