Si nuestros abuelos tuviesen internet (y algunos lo tienen)
lo que dirían (o piensa) sería acerca de cuanta fresca hay suelta en las redes.
Antaño se denominaba fresca a una mujer que actuaba con descaro, o que no mostraba
la sumisión o el “decoro” esperado. Por supuesto, es una expresión que viene de
una época donde la mujer, como se decía, no solo debía ser honesta sino
parecerlo. Una mujer sometida al patriarcado. Una mujer a la que no se le permitía
liberarse porque el patriarcado imaginaba que esa liberación significaría un
retroceso en todas las ventajas que llevaban disfrutando como hombres apenas unos
cientos de miles de años.
Hoy en día, las mujeres pueden mostrarse como deseen donde
deseen sin miedo a que nadie piense de ellas que son unas “frescas”. Pero, como
también dirían nuestros abuelos, toda “modernidez” tiene sus desventajas. La
mujer puede mostrarse como desee en las redes, pero eso no evita que decenas,
miles, cientos de miles, millones y mucho mas de hombres las sexualicemos por
el simple hecho de mostrar una foto en bikini en sus vacaciones de la playa,
una foto de unas piernas enfundadas en unas medias de rejilla sentada en un
asiento del metro o, como la foto que acompaña este texto. Cualquier segmento
de piel femenina mostrada en redes, hace que los hombres imaginemos cientos de (oscuros
y equivocados) motivos por los que se muestra la mujer. ¿Y cuáles son los
motivos de esas mujeres? Imagino que lo hacen porque quieren, porque pueden y
porque vivimos en el año 2026. ¡Maldita sea!
Pero no, nosotros sexualizamos todo y le otorgamos unas
intenciones provocativas. “Esa mujer pide guerra” piensa (o pensamos) la mayoría.
Si una mujer enseña los pezones es porque quiere algo. Menuda fresca, pensarían
nuestros abuelos. Que buena foto piensan la mayoría de las mujeres. Me encantaría
morder esos pezones, pienso yo.
¿Veis? Acabo de sexualizar a la mujer de la foto.
La foto pertenece a una mujer cuyo perfil de Instagram me
llamó la atención no porque se mostrase desnuda en todas las fotos (todo lo
contrario), tampoco por su físico (y es hermosa, al menos desde mis estándares)
sino por la aleatoriedad de lo que mostraba y la aleatoriedad de los textos que
lo acompañaban. Cuando veo eso en Instagram pienso: aquí hay vida inteligente.
Y me quedo a vivir en esas páginas.
Hoy, cuando he visto que ha publicado la foto que acompaña
este texto he pensado “me gustaría morderle los pezones” e, inmediatamente me
he arrepentido de esta idea. ¿Debería? Si es lo primero que he pensado es
porque es la verdad mas absoluta sobre lo que me ha hecho sentir la foto. Después
de esta primera idea, lo siguiente ha sido querer escribir sobre la foto. Pero
tenía que adjuntarla a este texto para que me comprendieseis. Y lo he hecho (después
de que ella me diese permiso). Porque debéis tener en cuenta siempre una cosa:
las fotos pertenecen a las personas que las hacen, las postean o las protagonizan.
No a los observadores.
Aunque en mi caso, viendo esta foto, soy mas un voyeur
descarado que un observador.
Y eso me hace sentir mal porque no quiero sexualizar a nadie.
Por muy sexual que me parezca la foto. Y quizás por eso estoy escribiendo este
texto, a modo de disculpa porque siento que la pasión se ha impuesto a la razón.
Y escribir es volver a la razón e intentar comprender porque ha sucedido eso.
Analizar, comprender, enfriar la cerveza antes de beberla.
Reconozcámoslo, no es nada malo querer morder los pezones de
una desconocida porque has visto una foto suya. Lo malo sería mordérselos sin
su permiso. Lo malo sería perseguirla o acosarla.
Hace años conocí a una persona que me hizo entender que no
me debo culpabilizar de mis fantasías porque son parte de mi y porque son eso:
fantasías. No hago daño a nadie. Quizás por eso hace (demasiados años) comencé
a practicar BDSM, porque muchas de esas fantasías podían hacerse realidad en un
escenario seguro, sano y consensuado (SSC). Y una de esas primeras personas con
las que lo practique fue esa persona. Ella trabajaba de psicóloga y era la
mujer mas inteligente que he conocido nunca. Mucho de lo que soy, se lo debo.
Ahora veo de nuevo esa foto y sigo pensando que me gustaría ponerle
un antifaz en el rostro para no ver sus ojos ni que ella vea los míos y
simplemente morder y saborear esos grandes pezones hasta quedarme sin fuerzas.
Y luego decirle adiós a la mujer sin habernos mirado nunca a los ojos. Eso es
una fantasía. Y eso es aceptable. Incluso escribir esto es aceptable. Aunque
signifique que he sexualizado una foto que quizás no tenía ese componente
sexual para quien la hizo y la mostró.
¿Importa realmente eso? Vivimos en un mundo repleto de
violencia, enfermedades, tragedias, desastres, guerras y confrontación por absolutamente
todo. Imaginarme besando esos pechos y mordiendo suavemente esos pezones hace
que, durante unos instantes, el mundo sea infinitamente mejor y mas excitante.
Escribir ahora esto es intelectualmente satisfactorio (al menos para mi). No
hablo de esas distracciones banales para olvidarnos de lo difícil de la vida.
No hablo del pan y el circo de los romanos.
Hablo de algo que tiene todo el sentido en mi mundo: la pasión
por lo que haces o por lo que observas.
Contemplar esa foto, esos pezones ahogados por la lencería y
atravesados por dos aros, ver ese cuerpo real y tatuado. Imaginar a esa mujer
en la puerta de mi casa con los ojos vendados… es lo que me hace sentir feliz.
Aunque la sexualice, aunque nunca suceda. Porque esto está sucediendo en mis fantasías.
Y ese es un lugar donde no hago daño a nadie. Contemplada también vosotros y
vosotras, contemplad esta maravilla de foto y olvidaos (durante unos segundos)
de todo lo malo que os rodea. De eso se trata.

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