“Trátame como una puta arrastrada”,
ordenó ella en voz baja en cuanto nos quedamos a solas. Era el momento exacto cuando
(teóricamente) yo debía comenzar a ordenar. Y ella a obedecer. No fue la
primera vez que sucedía, tampoco será la última. Pero esta vez las consecuencias
han sido diferentes, aquí, sentado frente a mi ordenador. Años atrás nunca me
habría cuestionado la pregunta, ahora tampoco la cuestiono porque entiendo su
contexto. Pero, a diferencia tiempos pasados, ahora me pregunto si es buena idea
exponerlo aquí. Llevo 42 años hablando sobre BDSM en todo tipo de plataformas,
revistas, podcasts, libros, etc. y nunca me he sentido tan censurado como en la
actualidad. Quiero aclarar algo: la censura es autoimpuesta, es una sensación
personal, no es la realidad.
Nunca nadie me ha dictado lo que
debo escribir. O dejar de escribir. Las reacciones a lo que digo, es algo que escapa
a mi control. Es decir, debería seguir siendo indiferente el escribir algo que
realmente sucedió.
Pero ahora resulta que me
autocensuro.
Contar hoy en día que una mujer
me ha dicho “trátame como una puta arrestada” y la he tratado como tal es algo
que no está bien visto, aunque exista consenso, aunque sea un juego de roles.
El problema es la verbalización de una expresión que, hoy en día, es
censurable. Porque reducimos un escenario a la mínima expresión. No nos preocupamos
por contextualizar. Soltamos frases echas y vamos hasta el siguiente juicio de
valor como el que cuenta granos de arena en la playa.
Trataré a una mujer como una puta
arrastrada si ese es su dedeo, si lo dialogamos con claridad, si existe consenso
y voluntad por ambas partes. Siempre ha sido así y es lo natural. Pero no puedo
exponerlo en voz alta. Lo cual me parece ridículo porque si la crítica es bienintencionada,
pero se hace desde el desconocimiento, es el arma del tonto que tira una y otra
vez piedras a un rio.
Por supuesto que, si llegamos al
consenso, desde nuestra libertad mas absoluta y de forma segura y sabiendo lo
que vamos a hacer… la trataré como una puta arrastrada si esa su fantasía. Pero
esa no es la fantasía de toda mujer. Los gustos, los espacios, los deseos y los
miedos son diferentes en cada persona.
Pero eso si me dices que quieres
algo relajado y tranquilo, ni se me ocurrirá hacerlo de otra forma. Pero si me
dices que quieres que te pervierta… lo haré sin problemas, aunque me cueste expresarlo
en voz alta.
Porque en el consenso entre dos
personas y en las fantasías propias, todo está permitido.
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