jueves, 23 de julio de 2026

Corrección Vs Incorreccíon

“Trátame como una puta arrastrada”, ordenó ella en voz baja en cuanto nos quedamos a solas. Era el momento exacto cuando (teóricamente) yo debía comenzar a ordenar. Y ella a obedecer. No fue la primera vez que sucedía, tampoco será la última. Pero esta vez las consecuencias han sido diferentes, aquí, sentado frente a mi ordenador. Años atrás nunca me habría cuestionado la pregunta, ahora tampoco la cuestiono porque entiendo su contexto. Pero, a diferencia tiempos pasados, ahora me pregunto si es buena idea exponerlo aquí. Llevo 42 años hablando sobre BDSM en todo tipo de plataformas, revistas, podcasts, libros, etc. y nunca me he sentido tan censurado como en la actualidad. Quiero aclarar algo: la censura es autoimpuesta, es una sensación personal, no es la realidad.

Nunca nadie me ha dictado lo que debo escribir. O dejar de escribir. Las reacciones a lo que digo, es algo que escapa a mi control. Es decir, debería seguir siendo indiferente el escribir algo que realmente sucedió.

Pero ahora resulta que me autocensuro.

Contar hoy en día que una mujer me ha dicho “trátame como una puta arrestada” y la he tratado como tal es algo que no está bien visto, aunque exista consenso, aunque sea un juego de roles. El problema es la verbalización de una expresión que, hoy en día, es censurable. Porque reducimos un escenario a la mínima expresión. No nos preocupamos por contextualizar. Soltamos frases echas y vamos hasta el siguiente juicio de valor como el que cuenta granos de arena en la playa.

Trataré a una mujer como una puta arrastrada si ese es su dedeo, si lo dialogamos con claridad, si existe consenso y voluntad por ambas partes. Siempre ha sido así y es lo natural. Pero no puedo exponerlo en voz alta. Lo cual me parece ridículo porque si la crítica es bienintencionada, pero se hace desde el desconocimiento, es el arma del tonto que tira una y otra vez piedras a un rio.

Por supuesto que, si llegamos al consenso, desde nuestra libertad mas absoluta y de forma segura y sabiendo lo que vamos a hacer… la trataré como una puta arrastrada si esa su fantasía. Pero esa no es la fantasía de toda mujer. Los gustos, los espacios, los deseos y los miedos son diferentes en cada persona.

Pero eso si me dices que quieres algo relajado y tranquilo, ni se me ocurrirá hacerlo de otra forma. Pero si me dices que quieres que te pervierta… lo haré sin problemas, aunque me cueste expresarlo en voz alta.

Porque en el consenso entre dos personas y en las fantasías propias, todo está permitido.


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