sábado, 15 de agosto de 2026

Reivindicar la palabra PERVERSION


 


La palabra “perversión” ha sido demonizada durante mucho tiempo, nos hemos empeñado en darle connotaciones negativas que la convierten en algo oscuro, peligroso o moralmente cuestionable. Casi en una enfermedad mental. Quizás deberíamos empezar a separar la palabra de los prejuicios porque una fantasía, por extraña, intensa o poco convencional que pueda parecer, no es en sí misma algo malo. Las fantasías forman parte de la imaginación y de la libertad y nos permiten explorar deseos que quizá no tendrían cabida en nuestra vida cotidiana. Lo verdaderamente importante no es tanto que una fantasía sea convencional o no, sino como la convertimos en realidad. Cuando dos personas adultas deciden explorar libremente una fantasía y lo hacen desde el consentimiento, la comunicación abierta y el respeto al otro, esta experiencia se convierte algo real y ajeno al peligro. El consentimiento permite establecer límites; la comunicación permite saber qué desea y qué no desea cada persona; y el respeto garantiza que nadie sea presionado, manipulado o perjudicado. El famoso SSC del BDSM o la lógica de cualquier otro tipo de relación. Quizá deberíamos dejar de utilizar "perversión"* como sinónimo automático de maldad. Una fantasía consensuada no debería ser juzgada simplemente porque se salga de lo habitual. La frontera no está entre lo “normal” y lo “anormal”, sino entre aquello que se hace libremente, con consentimiento y respeto, y aquello que implica fuerza, daño o ausencia de consentimiento. Reivindicar la palabra “perversión” significa reivindicar el derecho de los adultos a explorar su imaginación y sus deseos de forma responsable. No todo lo diferente es peligroso, y no todo lo convencional es necesariamente bueno. Siempre lo he visto de esta forma y siempre lo veré así porque cuando existe libertad, consentimiento, límites claros y cuidado mutuo, las fantasías pueden encontrar una forma de expresión segura, sin necesidad de convertirse en una amenaza para quienes participan. Las perversiones, si entran en este marco seguro, son el aderezo picante para convertir ese menú diario que es la cotidianeidad en algo mas sabroso, divertido y excitante.


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