martes, 20 de julio de 2021

Angel y demonio

 Olhos ojos GIF - Find on GIFER

"No hables con esa persona", te repite ese diminuto angelito que reposa sobre uno de tus hombros. "Habla con él", susurra el pequeño demonio desde el otro hombro.

Existen muchos motivos para pensar que soy una persona perversa o corruptora de angelicales almas. Si solamente lees este blog entonces me imaginarás como un depredador de dientes afilados que serpentea entre las mujeres en busca de la víctima más propicia.

"Me han dicho que no hable contigo", dice la muchacha, entornando los ojos. ¿Quién se lo habrá dicho? Posiblemente uno de esos angelitos que lo juzgan todo, que se creen por encima del bien y del mal, uno de esos anónimos angelitos que creen que el control es cariño. Y digo "posiblemente" porque yo, a diferencia de esos angelitos, no juzgo sin conocer.

De acuerdo, culpa mía, quizás critique a angelitos cuando la realidad es que yo soy el pequeño demonio. La diferencia radica en el control. Yo nunca diría a alguien "no hagas eso". En todo caso diría "intenta hacer eso". 

Observemos el activismo político. Existen dos formas de manifestarse: ir en contra de algo o a favor de algo. Cuando veo una manifestación que va en contra de algo, de inmediato deja de interesarme. Cuando veo a gente manifestándose a favor, para celebrar o conseguir algo, entonces sí que me interesa que pretenden conseguir. Algunos podrían decir que manifestarse en contra de algo es también manifestarse a favor de lo contrario (y viceversa). Pero resulta que en todo cuanto de binario hay en el mundo, nunca me han interesado los "no", el ir a la contra o los angelitos moralistas que te advierten de cuanto no debes hacer.

Es más inteligente descubrir las cosas por ti mismo que escuchar lo que los otros tienen que decirte sobre esas cosas. Por el sencillo motivo de que los demás no son nosotros.

domingo, 18 de julio de 2021

Adoptar un rol

Till the last drop | Blindfolded Pornografía | Hot-Sex-Photos.com

Aún sigo sorprendiéndome cuando una persona dice estar interesada en la sumisión para, a continuación, expresar sus dudas de que pueda ser dominada porque su carácter no es nada sumiso. También sucede lo contrario, quien quiere ser dominante, pero se considera una persona contraria a actuar de esa manera. 

Cuando asumimos un rol, buscamos lo contrario de aquello que (creemos) que somos, esta acción nos permite tomarnos unas vacaciones de nosotros mismos, pero también transforma la experiencia en algo más divertido, algo poderoso, un paréntesis de placer culpable cuando entendemos que es un rol, ya que nos convertiremos en alguien capaz de “actuar” sin ese miedo a imaginar que acabaremos convirtiéndonos en lo que no somos. Imaginad ahora a un actor o una actriz de cine. ¿Creéis que quieren interpretar a un actor de cine con una vida parecida a la suya? ¿Interpretarse a sí mismos? Siempre resulta más divertido interpretar a personajes históricos o villanos o discapacitados, gente diametralmente opuesta a ellos. Primero porque es un reto profesional, pero también porque eso les ayuda a que su trabajo sea más entretenido, más visual, más espectacular.

Y de eso se trata todo esto: de pasarlo bien.

Las mejores personas dominadas que he conocido eran personas con responsabilidades empresariales o de marcado carácter. Personas que, a priori, eran lo más alejado a una fotografía de ellas sometiéndose a una persona. Las mejores personas dominadas que he conocido eran aquellas que mejor entendían que someterse era una manera de liberarse de sí mismas. Eso las empujaba al tiempo que las excitaba.

Adoptamos un rol diferente a cuanto somos por dos motivos.

1- Para abstraernos de cuanto nos rodea

2- Para liberarnos 

3- Para pasarlo bien

Jugad con vuestros amigos (sin son ese tipo de amigos), con vuestros amantes o con vuestra pareja. Pero nunca dejéis de jugar, de experimentar, de descubrir, de divertiros cuál niño pequeño delante de un regalo de navidad. Adoptad un rol diferente a aquello que sois. Pasadlo bien porque, repito, de eso se trata todo esto.


sábado, 10 de julio de 2021

La maldita foto


La vida es más de cuanto observas cuando observas. Podrías coger tu cámara o tu móvil y plasmar la mejor de las imágenes que el ser humano haya logrado inmortalizar nunca con el simple movimiento de un dedo. Y la vida seguiría siendo más que eso. Mucho más. Porque la vida es más que una fotografía, más que unas palabras o que un instante, más que una puerta que se cierra u otra que se abre. La vida es más que contar los días y escuchar las tormentas sentados en la terraza mientras leemos a nuestro tu autor favorito. Aunque alcanzases la felicidad máxima en tu vida, la vida seguiría siendo más que eso. Vemos algunas fotografías, instantes congelados de nuestras vidas, pero nunca alcanzaremos a verlo todo porque no vivimos en la magnificencia de quien todo lo ve y lo disfruta. Somos incapaces de ver la vida en toda su magnitud porque solo tenemos dos ojos y cuatro paredes. E incluso cuando salimos de esas paredes apenas podemos ver unos cientos de metros hasta que la vida se convierte en una fina línea en nuestro horizonte.

Cuando afirmo que practicar BDSM es maravilloso, no me refiero a la vida. En realidad, estoy hablando de mí: de las conexiones eléctricas que se suceden en mi cerebro como consecuencia de unos actos. Cuando digo que practicar BDSM hará que vuestras vidas sean mejores no me refiero a toda la vida, ni tan siquiera a una parte insignificante de vuestras vidas. El BDSM no tiene tanto poder. Pero sí que obtendréis momentos puntuales de felicidad, excitación, placer, orgullo y satisfacción (parezco un monarca...).

La vida es más que una fotografía, una sesión de BDSM o de esos recuerdos que nos impiden comenzar a caminar, que nos mantienen anclados al conformismo. Porque no hacer nada es más seguro que actuar. La vida es armarse de valor y probar a estimular esas conexiones eléctricas con nuevos retos. Y hacerlo en el convencimiento de que eso no es la vida, que eso no es la felicidad y que eso tampoco somos nosotros. Debemos hacerlo en el convencimiento de que eso tan solo un instante, como una foto, momentos que son imágenes congeladas de la vida, de la felicidad e imágenes congeladas de nosotros mismos.

Y estamos como vinimos al mundo: desnudos.

Hay una posibilidad de cambiarlo todo, excepto cambiar el mundo. Aún existe la posibilidad de corregir una simpleza, No hablo de la posibilidad de corregir una injusticia o de salvar una vida. Hablo de nosotros mismos. Aún existe esa posibilidad. Aún puedes hacer esa fotografía y date cuenta de que la vida es mucho más, pero que también es eso, una simple fotografía que ni duele ni molesta. Pero sucede que para fotografiar debes levantarse del sofá, ir a buscar la cámara, armarte de valor e inmortalizar un instante. Y eso cuesta ¿verdad? Pues resulta que no, porque la otra opción es continuar viviendo, simplemente, mientras los dioses te observan y ríen complacidos. Y es que los dioses prefieren  a sus creyentes mansos y estáticos. Así no molestan.

Yo hace mucho que me levanté del sofá, saqué esa fotografía y comencé a cerrar y a abrir puertas. Y no me arrepiento de ninguna de ellas. Incluso de abierto puertas tras las cuales me encontré con las situaciones más nefastas.

Porque, aunque no pueda ver toda mi vida, hay instantes en que me sentí tan y tan vivo. Y eso voy a repetirlo, pero antes he de ver una fotografía.

Y es que, levantarte del sofá y mover un dedo es demasiado sencillo comparado con todo cuanto puedes obtener con esa fotografía de tu vida, obteniendo la entrada para el parque de atracciones más divertido jamás inventado.

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La letra de la canción que acompaña este texto ("Psycho Killer" de David Byrne) comienza diciendo

I can't seem to face up to the facts
I'm tense and nervous and I
Can't relax
I can't sleep 'cause my bed's on fire
Don't touch me I'm a real live wire

Parece que no puedo hacer frente a los hechos
Estoy tenso y nervioso y yo
No puedo relajarme
No puedo dormir porque mi cama está en llamas
No me toques, soy un cable real que tiene vida.

 

jueves, 8 de julio de 2021

Desnudarse

 IGNATIUS | Vive como un mendigo, baila como un rey – La Llama Store

Estoy acabando de leer la autobiografía de Ignatius titulada "Vive como un mendigo, baila como un rey". Cuando hablo sobre un libro, suelo obviar su diseño porque en las brumas de la literatura, la forma nunca debería imponerse sobre el fondo. No obstante este libro, en su diseño, es tan bonito y está todo tan bien encajado que uno se pregunta que pretendían con tal dispendio artístico para enmarcar cuatro letras. Uno de los libros con un diseño más cuidado que han pasado por mis manos. Respecto a lo bonito del contenido, es Ignatius: o te gusta o lo odias. A mí suele gustarme, en especial cuando me disgusta.

Este texto no va sobre el cómico tinerfeño, sino sobre su capacidad para hablar de uno sin esconder absolutamente nada. Admiro esa capacidad de convertir la tragedia en humor. El manual del cómico asegura que la comedia es tragedia + tiempo. Pero con Ignatius el tiempo no existe porque transforma sus tragedias (propias) en humor. Y lo hace de una forma tan orgánica que no sabes si debes reírte con él o del él. Tengo la teoría de que Ignatius se siente más cómodo si nos reímos de él. A veces dudo de que sea realmente un humorista. Por eso me resulta fascinante esa capacidad de ahondar en la miseria y que el drama (o la tragedia) resulten humorísticos a los ojos del resto.

Volvamos al nudo gordiano que es el mejor de los nudos: este texto va sobre desnudarse en público sin tapujos. Y no hablo de algo literal. Ojalá, pero no. En este caso la metáfora no incluye una persona quitándose lentamente un traje regional al ritmo de una jota aragonesa. No soy tan perverso. O sí. Ahora mismo tengo en mente a varias personas a las que me gustaría ver haciendo eso. O no.

Hay personas que tienen blogs donde, desde el anonimato, se desnudan por completo, se abren en canal y muestran sus vísceras al mundo. En eso consiste desnudarse. No tengo claro que yo, en este modesto blog, sea uno de ellos. Ojalá sí.

Por  mi forma de ser, la única forma de decir todo cuanto te pase por la cabeza, sin filtro, es el anonimato. Por eso me gusta Igantius, porque es capaz de hacerlo sin esa red de seguridad que es el paso del tiempo, dando la cara y convirtiendo eso en reflexión y humor.

Escribid donde sea, desde el anonimato o no, si tenéis un blog escribid y seguid escribiendo. Aunque sintáis que nadie os lea. Porque, como hace Ignatius, como intento hacer yo: escribimos para escucharnos en voz alta.

Tan solo eso.

Moral Vs ética

Historia | Hipertextual
 
Primero de todo decir que el siguiente texto es una visión personal que no pretende hacer dogma de nada, aún menos busco exponer “la verdad”. Principalmente porque en cuestiones de moral y ética, todos nos resguardamos bajo diferentes paraguas, también porque eso del color del cristal con que se mira es aplicable a muchos aspectos de lo que aquí se cuenta.

Lo que pretendo ahora es reflexionar sobre la peligrosidad de confundir la moral con la ética.

Como he dicho antes, me considero una persona amoral en el sentido que la moral no condiciona mis actos porque entiendo la moral como algo “impuesto” durante mi crecimiento (en todos los sentidos). La moral o, mejor dicho, nuestra moral se reconstruye a medida que crecemos y adquirimos percepción propia (que no ajena) de cuanto nos rodea. Poco a poco, nuestra moral cambia, adaptándose a nuestra manera de ver la vida. La mayoría hemos sido educados en una moral cristiana (o judeocristiana) que nos marcaba claramente lo que estaba bien o mal, aquello que era correcto o no. Yo pude escapar a todo eso en gran parte gracias al BDSM donde tuve que vencer (mis) prejuicios morales a la hora de actuar como amo. Me considero amoral, aunque no hay que confundir eso con algo negativo ni tampoco convertirme en una alimaña sin sentimientos. La moral, como definición, es el conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas para dirigir o juzgar el comportamiento de las personas en una comunidad. Pero resulta que una relación BDSM es algo entre dos donde lo importante es el consenso, no la moral.

¿Y la ética?

En cuanto a la ética, el BDSM tiene unas reglas éticas básicas basadas en el respeto, el consenso, etc. La ética en el BDSM debería ser la misma para todos, basada en el respeto a las voluntades ajenas. Puede parecer amoral pegarle a una mujer, pero es ético si la mujer me pide que la pegue como parte de un rol donde disfruta con ello.

Moral Vs ética

El problema llega cuando confundimos la moral (que tiene mil colores) con la ética (que debería tener uno solo). He escuchado decenas de veces a amos decir que ellos hacen lo que quieren con sus sumisas porque ellas son amorales. ¿Qué diablos significa eso? Por muy amoral que sea la otra persona, la ética te empuja a hacer solo lo que ella desea (sus límites) y no lo que tú desees.

Podemos ser todo lo amorales que deseemos, pero la ética es inviolable y debería ser única. Esa es mi visión (probablemente equivocada) de todo esto. Soy consciente de que, para muchos, moral y ética es lo mismo (incluso por definición).

Yo, en cambio, si consigo encontrar la diferencia, me ayuda en mi día a día con el BDSM.


lunes, 5 de julio de 2021

La primera vez que pronuncies la palabra (relato)

 

Mariposa está esperando de pie, en el cruce de dos calles, en el centro de la ciudad. Va ataviada como le ha ordenado su amo: un vestido de algodón y nada más. Ni tan solo ropa interior, sin joyas ni maquillaje, apenas unas sobrias sandalias para no ir descalza. Mariposa desvía la vista, nerviosa, hacia todos lados. ¿Dónde estará su amo? ¿Vendrá? Le da la impresión de que todos la analizan sin piedad, de que todos pueden adivinar sus pechos bajo el vestido o adivinar también que no lleva ropa interior. Desvía la vista al suelo. Avergonzada. ¿Qué está haciendo? Cuando comenzó a hablar con quien hoy es su amo, quedó claro ella que necesitaría de un razonable lapso de tiempo para olvidarse del pasado, solucionar el presente y prepararse para su futuro. Para convertirse en sumisa. Y ahora, mes y medio después, está en la calle, esperando a su amo.

Cruzándose con ella, las personas la observan. Es una muchacha atractiva, de corta estatura y delgada, con varios tatuajes en sus piernas y sus brazos, a la vista de todos. Algún viandante, más detallista, pasa de largo por su físico y observa su rostro, Unos penetrantes ojos azules, una nariz algo grande pero perfecta, esos labios finos, las cejas levantadas y un aro adornando esa nariz. Objetivamente es una mujer hermosa. Como un pequeño regalo envuelto con delicadeza. Quizás no sea una mujer alta y espectacular, de melena rizada y grandes pechos. Pero todos los hombres que se han cruzado con ella (y alguna que otra mujer) desearían quedarse cinco minutos más a su lado. La evidente timidez de Mariposa acentúa eso, desviando la vista cuando se cruza con otra, revolviéndose incómoda sobre sus pies. Resoplando e intentando que no se note que ahora mismo le tiembla hasta el último centímetro de piel de su cuerpo, incluso el alma. Si es que eso es posible.

¿Qué se supone que está haciendo? Debería darse la vuelta y salir corriendo. Esto no es lo que había planeado. Le gustaba comunicarse de forma virtual con aquel amo. La excitaba y sentía que estaba aprendiendo tanto acerca del BDSM como de ella misma. Le gustaba lo que escribía y como lo escribía. Le gustaba que estuviese atento por y para ella. Se sentía una privilegiada, en cierta manera. Y le encantaba la idea de haber encontrado en aquel hombre una coartada moral para no tener que decidir. Desde hacía semanas su amo la ordenaba como debía vestir, como debía maquillarse o no, lo decidía todo. Eso, para ella, era como un remanso de paz donde olvidarse de todo y ceder el control a su amo.

Pero ahora estaba en la calle, esperándole. Ahora era real. ¿Lo deseaba? Sí. Pero también había algo aprisionando su corazón, una mezcla de miedo y remordimiento. ¿Y si él no venía?

En realidad, el amo estaba observándola desde el otro lado de la calle. Observando como Mariposa se movía nerviosa en la esquina, mirando a todos lados y esperando. Hasta que ella se fijó en él. Entonces el amo arrancó a andar, se acercó a ella, la besó en la mejilla y la ordenó que le acompañase. Mariposa caminaba como un robot, sus pasos eran mecánicos, si atreverse a hacer ninguna otra cosa que no fuese obedecer a aquel hombre. Ya no quería salir corriendo, solo quería realmente abandonarse a su voluntad, dejar que aquel hombre hiciese cuanto quisiese (lo que habían pactado) con ella.

Al llegar al piso, el hombre la ordenó que no dijese ni una palabra. La acompañó hasta un comedor. Allí cogió su bolso, lo dejó sobre una silla, le levantó los brazos y le sacó el vestido por la cabeza.

Mariposa, completamente desnuda, cerró los ojos.

Ahora ya daba todo igual, poco podía importar si era lo correcto o no, si era lo que había planeado o se estaba traicionando a sí misma. Por fin estaba en un lugar y con una persona con la que podía ser ella misma, sin tener que decidir nada, obteniendo placer de ello, siendo útil, siendo deseada. Por supuesto que iba a esforzarse por darle placer a su amo, porque eso es lo único que le apetecía en ese momento.

¿Estaría a la altura? Para ella, que un hombre de su experiencia la quisiese enseñar ya era un privilegio. Pero todo era tan diferente a lo que conocía… tenía miedo por no estar a la altura, por su comportamiento, por si lo haría bien o no. Todo era excitante, pero ese mismo todo se convertía también en temor. Temor por lo que pudiese suceder, temor por no estar a la altura.

Su amo le había repetido varias veces que no era un concurso, que debía relajarse. Pero ahora, completamente desnuda frente a él, sentía que era una prueba. Desnudarse y actuar. ¿Y si lo hacía mal? ¿Volverían a verse? ¿Le defraudaría?

El amo la rodeó con sus brazos. Mariposa recostó su cabeza en el pecho de él. Podía escuchar los latidos del corazón de su amo.

-No estés nerviosa, Mariposa -susurró el amo a su oído-. No has venido aquí para que compruebe si haces las cosas bien o no. Si yo no te juzgo, no lo hagas tú.

-Si amo.

Esa fue la primera vez que Mariposa pronunció la palabra “amo” delante de su amo.

sábado, 3 de julio de 2021

Enganchados al BDSM


Blog BDSM - Artículos sobre BDSM, Prácticas sexuales, Fetichismo

El título de este texto es, en su construcción, tanto un reclamo como un engaño. Lo del reclamo es evidente. El engaño está escondido en la contradicción de la frase: si estamos enganchados al BDSM entonces no es BDSM.

Intentaré explicarme. Como siempre, lo haré mal y utilizaré más palabras de las necesarias. Pero cada uno es como es. Si continuáis leyendo, me eximo de toda responsabilidad. El que es tonto, seguirá siendo tonto cuando escriba así que no esperéis una excelencia literaria de la que carezco, tampoco debéis esperar una profunda teoría en la base. Escribo sobre lo que se me pasa por la cabeza y, con toda seguridad, mañana se me pasará lo contrario. 

Por mucho que escriba en este blog, grabe podcasts, escriba novelas sobre BDSM o sea amo, eso no significa que esté enganchado al BDSM. Me gusta establecer diálogos sobre BDSM, me gusta ser amo. Pero antes que todo eso soy yo, al margen de los roles. Y puedo pasar tranquilamente meses o años sin saber nada del BDSM para luego retomarlo con la misma alegría.

Si estamos enganchados a algo o a alguien, entonces creamos una dependencia que lo confunde todo. Lo primero que acostumbra a decirme la gente cuando hablamos acerca del BDSM es que no quieren comenzar porque saben que les va a gustar e imaginan que el BDSM es la peor de las drogas y acabarán durmiendo en un cajero automático repitiendo en sueños "más BDSM, más BDSM" después de perder a la familia, el trabajo y la suscripción de Netflix.

Y es que estar enganchado al BDSM no es BDSM. Practicamos BDSM porque buscamos ese espacio de libertad en nuestra vida para vivir experiencias diferentes. Pero ese espacio ha de ser un lugar donde sentirnos libres. Si estamos enganchados a algo, nunca seremos libres.

Antes de comenzar en el BDSM has de tener en cuenta cosas que, posiblemente, nunca sabias sobre el BDSM

-Aunque seas una persona que asume el rol de dominada has de ser libre de hacer lo que desees y  no hacer lo que rechaces. Para eso se establecen unos límites. Quien te diga que has de obedecer al amo y hacer algo que no deseas solo porque él te lo ordena (para ganarte su confianza o su aprobación) está equivocado. Puedes probar tus límites, eso si es divertido, pero nada más. En el BDSM no sigue siendo no.

-Una relación BDSM no es una relación "tradicional" ni al uso. A muchas personas les asusta comenzar una relación BDSM porque creen que están comenzando una relación donde deberán estar pendientes de la otra persona, de quedar, que si el whatsapp, llamadas, etc. Esto no es (o no debería ser) así. Yo contemplo una relación BDSM como dos personas que, puntualmente, se encuentran en un lugar para asumir unos roles. Fuera de eso, no tienen ninguna responsabilidad el uno con el otro más allá de la que deseen establecer desde su libertad o porque quieran ser amigos (algo necesario entre dominante y dominado). El BDSM es una cosa y el tipo de relación es otra. Por supuesto que existen relaciones 24/7 donde se está permanentemente el uno dependiendo del otro, pero eso es porque ambos lo aceptan y lo ponen en práctica. No aceptéis que un amo os controle en todo momento. Si no queréis nada más allá de la sesión, no debéis aceptar el control de ningún aspecto de vuestra vida. Si ambas personas están de acuerdo en el tipo de relación que quieren establecer dentro del BDSM da igual que sea 24/7 o verse una vez al mes solo en para sesión. Pero si no estáis de acuerdo con el tipo de relación que os plantea la otra persona, entonces no aceptéis. En el BDSM no sigue siendo no.

-Creemos que practicar regularmente BDSM es estar enganchados al BDSM por el placer que nos proporciona. Engancharse a algo no es más que buscar repetir un momento de placer que tuviste en el pasado, amplificarlo, conseguirlo con mayor frecuencia, etc. ¿Y qué opináis de la gente que ve los partidos de futbol por la tele, va al estadio y consume prensa deportiva? ¿O los consumidores de cine de superhéroes que compran los comics, figuritas y van a las convenciones? ¿Esa gente está enganchada? ¿Eso es malo? Repetir una sesión BDSM no será más ni menos peligroso que estar enganchado a los programas de Telecinco.

Ya que llega el calor del verano, comencemos a refrescarnos en ese fresquito arroyo que es el realismo. Por favor.