viernes, 12 de abril de 2019

BDSM y prejuicios (BDSM i prejudicis)

 Del perreo, el BDSM y el consenso – Dime Cat

 Observemos la sumisión desde un punto de vista desapasionadamente, desde una óptica ignorante ante lo que es el BDSM. ¿Por qué nadie querría entregar su voluntad a otra persona? La pregunta cae también en el lado del dominante: ¿Por qué aprovecharse de otra persona? Como he dicho antes, serían preguntas desapasionadas hechas desde la ignorancia. ¿Por qué? Nuestras respectivas civilizaciones llevan siglos luchando contra la esclavitud, contra el abuso, contra el poder desproporcionado. Y cuando hemos conseguido (parcialmente) todo eso, entonces unas personas con razonamiento lógico, cultura y libertad, deciden volver a recrear esos oscuros tiempos donde unos seres humanos pertenecían a otros. ¿Qué sentido tiene?

Para comprenderlo necesitaremos de argumentos que vayan más allá de la perversidad de la propuesta.

En primer lugar, no estamos hablando de recrear unos tiempos ni unos comportamientos oscuros. El esclavismo contiene una característica terrible que la sumisión no tiene: la voluntad. Un esclavo no quería ser esclavo, pero lo era. Una sumisa si que desea ser una “esclava”. Un esclavista utilizaba a sus esclavos para su beneficio a costa de la voluntad ajena. Un amo utiliza a su “esclava” dentro de lo pactado, de forma consensuada y beneficio propio. Este primer argumento acerca de la voluntariedad, desmontaría esa visión de que una sumisa es lo más parecido a una esclava.

Otro de los argumentos necesarios para comprender que el BDSM es sano, aparte del consenso, es el hecho de que ambos (dominante y dominado) obtienen placer con cuanto hacen. Algunas personas creen que ser am@ es hacer lo que te dé la gana con tu sumisa en cada momento y que ser sumis@ consiste en obedecer siempre al dominante en todo, por encima de tus propios deseos o límites. Esto no es así: en el BDSM ambos deben obtener placer. Ese WIN WIN que toda negociación de éxito requiere. Si los dos no salen ganando no tiene sentido, carece de futuro. Como comprenderéis en los tiempos de los esclavistas, ese Win-Win estaba desvirtuado hasta el punto de que la vida del esclavo carecía de toda importancia. ¿Y a quién le apetece morir?

El último argumento, el más importante es el de la libertad: en el BDSM la persona dominada es libre y solo actúa como sumisa cuando se mete en un rol de forma consensuada con un dominante. Cuanto más libre, más sumis@. Recordad siempre eso.

Si no es consensuado, si hacéis cosas que no os apetecen o no os sentís libres: no es BDSM.


Observem la submissió des d'un punt de vista desapassionat, des d'una òptica ignorant davant el que és el BDSM. Per què ningú voldria lliurar la seva voluntat a una altra persona? La pregunta cau també al costat del dominant: Per què aprofitar-se d'una altra persona? Com he dit abans, serien preguntes desapassionades fetes des de la ignorància. Per què? Les nostres respectives civilitzacions fa segles que lluiten contra l'esclavitud, contra l'abús, contra el poder desproporcionat. I ara que hem aconseguit (parcialment) tot això, llavors unes persones amb raonament lògic, cultura i llibertat, decideixen tornar a recrear aquests foscos temps a on uns éssers humans pertanyien a uns altres. Quin sentit té?

Per comprendre-necessitarem arguments que vagin més enllà de la perversitat de la proposta.

En primer lloc, no estem parlant de recrear uns temps ni uns comportaments foscos. L'esclavisme amaga una característica terrible que la submissió no: la voluntat. Un esclau no volia ser esclau, però ho era. Una submisa sí que desitja ser una "esclava". Un esclavista utilitzava als seus esclaus per al seu benefici a costa de la voluntat aliena. Un amo utilitza al seu "esclava" dins d'allò que s'ha pactat, de forma consensuada i benefici propi. Aquest primer argument sobre de la voluntarietat, desmuntaria aquesta visió que una submisa és allò semblant a una esclava.

Un altre dels arguments necessaris per comprendre que el BDSM és sa, a banda del consens, és el fet que tots dos (dominant i dominat) obtenen plaer amb tot allò que fan. Algunes persones creuen que ser am@ és fer tot allò que et doni la gana amb la persona dominada en tot moment i que ser sumis@ consisteix a obeir sempre al dominant en tot, per sobre dels teus propis desitjos o límits. Això no és així: en el BDSM tots dos han d'obtenir plaer. Aquest  WIN WIN que tota negociació d'èxit requereix. Si tots dos no surten guanyant, no té sentit, no té futur. Com comprendreu en els temps dels esclavistes, aquest Win-Win estava desvirtuat fins al punt que la vida de l'esclau no tenia tota importància. ¿I a qui li ve de gust morir?

L'últim argument, el més important és el de la llibertat: al BDSM la persona dominada és lliure i només actua com submisa quan es fica en un paper de forma consensuada amb un dominant. Com més lliure, més submis@. Recordeu sempre això.

Si no és consensuat, si feu coses que no us vénen de gust o no us sentiu lliures: no és BDSM.

lunes, 8 de abril de 2019

Puta y sumisa, sumisa y puta (Relato)

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La ordené que me esperaré cerca de su casa, en una zona sin construcciones a las afueras del pueblo, un desangelado lugar sembrado de pinos y contenedores de basura. No era un bonito escenario, pero era el mejor que pude imaginar para mi propósito. Esa orden escondía otra: debía ir vestida lo más extremada posible, entendiendo "extremada" como" breve". Soy consciente de que el tópico de que una mujer es más deseable cuanto más desnuda esté, funciona en los relatos y en el imaginario masculino. No lo hice por eso: lo que pretendía era provocar su incomodidad. A medianoche y exhibida a las afueras de su propio pueblo. Aunque nadie pudiese verla, seguiría exhibida. Ese tipo de incomodidad que excita en la misma medida que produce rechazo. Me gusta colocar un diablo en uno de sus hombros y un ángel en el otro para que las personas se den cuenta de que ambos (y ninguno de los dos) tienen razón. Pero resulta que aquella mujer era más valiente de lo que ella misma imagina. Cuando llegué con el coche distinguí prontamente su figura. Ahí estaba, con una falda corta, medias negras, tacones y una especie de jersey con un gran escote. La melena castaña caía sobre sus hombros e, incluso en la noche, pude adivinar el reflejo de esos ojos donde me gusta verme reflejado. Al escuchar el motor del coche, al ver las luces de los faros, la mujer dio dos pasos hacia atrás, escapando a la luz de la farola, escondiéndose en las sombras como si eso pudiese protegerla. Llegue a su altura y bajé la ventanilla de mi coche. Ella se acercó y su semblante pareció relajarse al verme.

-Buenas noches -dije.

-Hola -contestó.

La orden había sido clara: debía esperarme en un lugar donde podría esperar una prostituta a sus clientes, vestida de prostituta y actuar conmigo como tal, haciendo ver que era un cliente que veía por primera vez en su vida.

Al agacharse y apoyarse en mi ventanilla pude ver, a través de su escote, que no llevaba ropa interior. Buena puta, mejor sumisa. Porque eso es lo que quería que fuese esa noche: una puta. El idioma castellano nos permite decirlo de mil formas: prostituta, ramera, cortesana, meretriz, buscona, fulana, furcia, pupila, buscona, pelandusca, zorra y mil más a cuál más desafortunada. O no. Había escogido la palabra que a ella le calentaba: puta. También podría haber escogido “zorra”, se que eso le hubiese dolido. Pero si utilizaba “puta” ella no podría protestar porque es en lo que deseaba convertirse, aunque fuese solo durante unas horas.

-¿Cuánto? -pregunté.

-Veinte euros una mamada, treinta por follar -contestó ella.

Había hecho los deberes, que buena sumisa.

-Una mamada -dije yo- pero sin goma. Y quiero correrme en tu boca.

-Eso te costará diez euros más.

Estaba metida en su papel. Aun temblando de frío, pero en su papel. La primera vez que le hablé del emputecimiento, ella negó con la cabeza al entender que quería que tuviese sexo con otro hombre por dinero. La saqué de su error, el emputecimiento también puede ser una forma de fantasía donde solo caben el amo y su sumisa. Una fantasía donde fingen no conocerse y actúan como cliente y meretriz. Ella sonrió al comprender lo que yo quería y asintió. 

Porque es lo que ella, sin saberlo, había estado deseando siempre.

-De acuerdo, sube -dije.

Preferí no alargar la conversación. Allí en las afueras del pueblo, era improbable que nadie pudiese vernos. Pero tampoco debía jugar con esa posibilidad porque era lo que mas le incomodaba a ella y, de momento, lo estaba haciendo bien.

Subió en el coche y le pregunté dónde ir. Ella me indicó un descampado a poco menos de dos kilómetros, junto a la autopista. Durante el trayecto no dijimos nada. Como dos desconocidos a los que solo une una transacción mercantil. Por la forma de retorcer su bolso, supe que estaba más nerviosa que en otras ocasiones. Éramos amo y sumisa desde hace un tiempo, habíamos hecho muchas cosas en muchas sesiones, pero ahora, ella mostraba la cara más deliciosa de la timidez, de la duda, del desconocimiento. O eso o estaba metida en su papel de forma tan perfecta que merecía ganar un Oscar de Hollywood.

Llegamos al descampado, aparqué y comencé a bajarme los pantalones.

-Los treinta euros antes que nada -dijo ella.

Oscar de Hollywood, sin lugar a dudas.

Saqué un billete de treinta y se lo tendí. Después le enseñé otro de diez.

-Diez euros más si te lo tragas.

Ella fingió expresión de fastidio, pero me arrancó el billete de las manos. Se había tragado mi semen muchas veces antes, pero ahora, en aquel momento, había comprendido lo que significaba sumergirse por completo en un rol. Y lo estaba haciendo de maravilla. No era solo un chapuzón, sino que se había lanzado al agua y estaba buceando hacia las profundidades. Incluso cuando comenzó a chuparme la polla, lo hacía de manera diferente a lo habitual. En nuestras sesiones le había enseñado cómo hacerlo. O mejor dicho, como me gusta a mí que me lo hagan. MI sumisa había aprendido poco a poco y, con el tiempo, se había convertido en la perfección succionadora. Aunque ahora, metida en su papel de prostituta, mostraba cierta mecánica que era diferente a cuanto habíamos experimentado antes. ¿Y si el hecho de pagarle porque me chupase la polla la había enfadado? Apreté su cabeza con fuerza para hundir mi pene en su garganta, ella tosió y se liberó de mi mano. Después dejó de chupármela y me lanzó una mirada cargada de odio.

-No vuelvas a hacerlo, pagar no te da derecho a eso.

Muchas veces antes, durante las sesiones, la había ahogado con mi pene hasta hacerla llorar, toser e incluso vomitar. Siempre había obedecido sin rechistar. Ahora rechazaba eso, completamente fagocitada por su papel.

Continuó chupando hasta que no pude retrasarlo más y exploté en su boca. Ella continuó chupando unos segundos más (ese minuto de oro que todo hombre sueña), limpiando los restos con su lengua. Después me miró, abrió su boca y me enseñó que se lo había tragado todo.

Volví a dejarla en las afueras del pueblo, sin cruzar palabra, solo un adiós, tan frío como la noche misma, para la mejor de las sumisas.

viernes, 5 de abril de 2019

La primera sesión

 


Muchas personas sienten dudas ante la primera sesión BDSM (de su vida). Algunas veces retrasan comenzar en el BDSM un día tras otro porque ese "dejarlo para mañana" les hace continuar seguras ante el lógico temor a lo desconocido. O temor a los desconocidos. Incluso hay personas quienes, deseando tener esa primera sesión, fijan una fecha (con la otra persona) donde forzosamente deben transcurrir demasiados días que creen que la ayudarán a armarse de valor. Estén equivocados o no, es una reacción lógica: retrasamos la visita al dentista o al banco porque sabemos que nos darán malas noticias. Continuar un día más viviendo en la inocente ignorancia, nos proporciona felicidad. El ser humano funciona así. Todo lo que no esté dentro de la zona de confort de las cuatro paredes de nuestra casa y nosotros mismos, nos da miedo. Nuestra autoestima baja a niveles peligrosos y todo lo que no sea lo conocido, nos aterra. Y a cada día que pasa, ese sentimiento se acrecienta, cada vez tenemos más miedo a lo desconocido, cada vez estamos mas inseguros ante los demás.

Pero la primera sesión ha de suceder tarde o temprano porque hemos de bajar a la realidad nuestros planes o fantasías. ¿Qué sucederá en esa primera sesión? ¿Me dolerá? ¿Estaré a la altura? ¿Y si me bloqueo? ¿Y si no quiero más sesiones? Debéis confiar en la persona que tenga experiencia o confiar en vosotros mismos. Debe ser la intuición quien os dicte que cuanto suceda puede manejarlo la otra persona. 

¿Qué sucederá en esa primera sesión? Cuanto hayáis pactado. ¿Me dolerá? Si no quieres que te duela, pon limites al dolor y no sucederá porque nada ha de dolerte si ese no es tu deseo. Puede que, en algún momento, la brusquedad se transforme en dolor, pero es soportable. ¿Estaré a la altura? Nadie te pide que ganes un concurso, si te esfuerzas, por supuesto que estarás a la altura de la otra persona aunque tu inseguridad te dicte que nunca estará a tu altura ¿Y si me bloqueo? Pues la sesión se detiene (¡ventana!), laas personas se relajan y charlan sobre lo que ha sucedido. El bloqueo es habitual, hay que aprender a manejarlo, comprender los motivos. ¿Y si no quiero más sesiones? Que sencilla es la respuesta: no las tengas. Todo en BDSM ha de ser consensuado así que si no quieres continuar, no lo hagas. Y eso no es un fracaso. El haber intentado salvado tus miedos y tus inseguridades y haber ido a esa primera sesión es el éxito.

No tengáis miedo, confiad en la persona con experiencia, dejaos llevar, relajaos. Todo será más sencillo y placentero de lo que habéis imaginado. La primera sesión es una gran experiencia, un momento para recordar. No lo estropeéis antes de haberlo intentado. Que vuestras inseguridades no secuestren vuestra voluntad.

La unica forma de abrir la mente es romper con ciertas partes de nosotros mismos.

martes, 2 de abril de 2019

La sumisa (relato breve)

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Su cuerpo era joven, un hermoso rostro enmarcado en una larga melena rubia, dorada y también rizada. Su cuerpo era el propio de alguien de su edad (veintipocos años) quien, además, se cuidaba. Era una muchacha delgada pero su estómago era poderoso, hermoso, quizás lo más hermoso de ella. Sus piernas eran finas, perfectas. Su sexo, siempre depilado, se convirtió en la quintaesencia de la creación, invitando a ser penetrada, besada, lamida o comida sin los excesos del tomillo o del orégano porque cuando algo es maravilloso, cualquier especie sobra. Observaba su sexo y solo deseaba hundir mi cabeza en él. Por detrás, su culo tenía la forma que mis manos siempre han buscado, aun firme, del tamaño ideal. Entrar en él, mi nada oscuro deseo. Los labios de su vagina se dibujaban por detrás de forma hermosa, creando un triángulo maravilloso (sus nalgas, su sexo, su ano). Sus pechos eran grandes, firmes, separados, con un pezón grueso que también invitaba a morder, pinzar, lamer, besar. Su estómago era fantástico, convirtiendo las formas de una muchacha en una poderosa. Desnuda, frente a mí, era el animal más hermoso que había visto nunca. Y era mía, mi propiedad.


El seu cos era jove, un bell rostre emmarcat en una llarga cabellera rossa, daurada i també arrissada. El seu cos era el propi d'algú de la seva edat (vint-i-pocs anys) qui, a més, es cuidava. Era prima però el seu estómac era poderós, bell, potser el més bonic d'ella. Les seves cames eren fines, perfectes. El seu sexe, sempre depilat, va esdevenir la quinta essència de la creació, convidant a ser penetrada, besada, llepada o menjar sense els excessos de la farigola o l'orenga perquè quan alguna cosa és meravellosa, qualsevol espècie sobra. Observava el seu sexe i només desitjava enfonsar el meu cap a ell. Per darrere, el seu cul tenia la forma que les meves mans sempre han buscat, ferma, de la mida ideal. Entrar-hi, el meu fosc desig. Els llavis de la vagina es dibuixaven per darrere de forma bella, creant un triangle meravellós (les seves natges, el seu sexe, el seu anus). Els seus pits eren grans, ferms, separats, amb un mugró gruixut que també convidava a mossegar, pinçar, llepar, besar. El seu estómac era fantàstic, convertint les formes d'una noia en una poderosa. Nua, davant meu, era l'animal més bonic que havia vist mai. I era meva, la meva propietat.

domingo, 31 de marzo de 2019

Las normas y el agua fresca de la fuente (Les normes i l'aigua fresca de la font)

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 De frente es una persona, de espaldas es otra, aunque siempre la misma. De frente, mi deseo es uno, cuando veo su espalda, el deseo es otro, aunque es el mismo e igual de intenso. Puede estar completamente desnuda, completamente vestida o en ropa interior. Y aunque ella siempre parece diferente, siempre es la misma. Deseas beber el agua de la fuente, porque tienes sed. ¿Importa donde esté la fuente? ¿De dónde venga el agua? Por supuesto que importa porque, aunque el agua siempre es agua, nunca es la misma agua. Cada persona es un mundo en sí mismo, cada deseo se asienta en mecanismos que aún desconocemos, empujando o frenando nuestras emociones. Cada persona que es dominada es alguien diferente, aunque todas desean ser dominadas y todas por motivos diferentes. Lo mismo sucede con los que dominan. Es ridículo convencerse de que el mundo es uno de esos juegos infantiles donde la pieza redonda solo encaja en el hueco redondo y lo mismo con el resto de formas. Hay que comprender la esencia de aquellos con quienes nos cruzamos, da igual que compartan la desnudez, el deseo o el agua que beben de la fuente. No podemos dominar de la misma forma a diferentes porque esas personas, diferentes entre sí como la noche y el día, necesitan ser dominadas de formas diferentes. Cada persona tiene un mecanismo escondido, ya sea el deseo, la necesidad, la curiosidad o la mezcla de todo y de nada. ¿Quieres ser sumisa porque te mueve el deseo sexual de probar algo diferente? Adelante, eso no es mejor ni peor que quien desee ser sumisa para experimentar el dolor o la humillación. Esto no es un concurso porque tanto concursantes como preguntas como premios... son todos iguales, aunque diferentes.

Olvidad lo que habéis leído sobre las reglas, las prácticas, todo cuanto de normativo tiene el BDSM. Cada persona es diferente y necesita sus propias reglas, sus propias prácticas. Y es nuestra tarea como dominantes, comprender que mueve a esa persona a ser dominada, cuáles son sus mecanismos tanto reactivos como proactivos. Para dominar hay que comprender y empatizar, no simplemente actuar basándonos en unas reglas y prácticas. Para ser dominado hay que entender que no se trata de un concurso, sino de coherencia interna y esfuerzo.


De front és una persona, d'esquena és una altra, tot i que sempre la mateixa. De front, el meu desig és un, quan veig la seva esquena, el desig és un altre, tot i que és el mateix i igual d'intens. Pot estar completament nua, completament vestida o en roba interior. I encara que ella sempre sembla diferent, sempre és la mateixa. Vols beure l'aigua de la font, perquè tens set. Importa a on estigui la font? D'on vingui l'aigua? Per descomptat que importa perquè, tot i que l'aigua sempre és aigua, mai és la mateixa aigua. Cada persona és un món en si mateix, cada desig s'asseu en mecanismes que encara desconeixem, empenyent o frenant les nostres emocions. Cada persona que és dominada és algú diferent, encara que totes desitgen ser dominades i totes per motius diferents. La cosa mateixa passa amb aquells que dominen. És ridícul convèncer-se que el món és un d'aquests jocs infantils on la peça rodona només encaixa en el buit rodó i el mateix amb la resta de formes. Cal comprendre l'essència d'aquells amb qui ens creuem, tant és que comparteixin la nuesa, el desig o l'aigua que beuen de la font. No podem dominar de la mateixa manera a diferents perquè aquestes persones, diferents entre si com la nit i el dia, necessiten ser dominades de formes diferents. Cada persona té un mecanisme amagat, ja sigui el desig, la necessitat, la curiositat o la barreja de tot i de res. Vols ser submisa poque et mou el desig sexual de provar quelcom diferent? Endavant, això no és millor ni pitjor que aquella que vulgui ser submisa per experimentar el dolor o la humiliació. Això no és un concurs perquè tant concursants com preguntes com premis ... són tots iguals, tot i que diferents.

Oblideu allò que heu llegit sobre les regles, les pràctiques, tot allò que de normatiu té el BDSM. Cada persona és diferent i necessita les seves pròpies regles, les seves pròpies pràctiques. I és la nostra tasca com a dominants, comprendre que mou a aquesta persona a ser dominada, quins són els seus mecanismes tant reactius com proactius. Per dominar cal comprendre i empatitzar, no només actuar d'acord amb unes regles i unes pràctiques. Per ser dominat cal entendre que no es tracta d'un concurs sinó de coherència interna i esforç.

viernes, 15 de marzo de 2019

BDSM y ficción (BDSM i ficció)

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 Desde el día más lejano del que tengo recuerdo, me he sentido profundamente atraído por el cine y la literatura. Vivo más cómodo en el mundo de la ficción que en el real. Un momento: no me prejuzguéis. No soy un inadaptado, no tengo problemas de relación, soy una persona estable y sociable: una persona absolutamente normal, incluso aburrido a los ojos de quien no me conozca.

Aunque sucede que la vida real me interesa lo justo. Las personas me interesan, pero algunas también me aburren. No me llaméis clasista, eso también sería un prejuicio por vuestra parte. Esas personas aburridas no tienen la culpa, soy yo el que funciona así.

Pero en la ficción todo es diferente.

Quien lea esto pensará que me gusta la ficción porque pretendo huir de algo, nada más lejos de la realidad. Me gusta la nata pero me gusta aún más el chocolate. Me gusta la realidad, pero me gusta aún más la ficción.

¿Por qué escribo esto? Porque he llegado a la conclusión de que soy Amo porque es un tipo de ficción (un rol) donde me siento a gusto. Supongo que tiene mucho que ver con esa comodidad que siento en la ficción por mi gusto con ser amo. Y de nuevo no quiero que se me malinterprete: para mi ser amo no es ficción sino una realidad que me apasiona.

La vida es la nata, ser amo es el chocolate.

Supongo que no sé explicarlo de otra manera: me gusta cambiar la realidad y hacerla a mi medida, por eso escribo, por eso soy amo. ¿Y vosotros?


Des del dia més llunyà del que tinc record, m'he sentit profundament atret pel cinema i la literatura. Visc més còmode al món de la ficció que al món real. Un moment: no prejutgeu. No sóc un inadaptat, no tinc problemes de relació, sóc una persona estable i sociable: una persona absolutament normal, fins i tot avorrit als ulls de qui no em conegui.

Tot i que passa que la vida real m'interessa ben poc. Les persones m'interessen, però algunes també m'avorreixen. No em digueu classista, això també seria un prejudici per la vostra part. Aquestes persones avorrides no tenen la culpa, sóc jo el que funciona així.

Però en la ficció tot és diferent.

Qui llegeixi això pensarà que m'agrada la ficció perquè pretenc fugir d'alguna cosa, res més lluny de la realitat. M'agrada la nata però m'agrada encara més la xocolata. M'agrada la realitat, però m'agrada encara més la ficció.

Per què escric això? Perquè he arribat a la conclusió que sóc Amo perquè és un tipus de ficció (un paper) a on em sento ben a gust. Suposo que té molt a veure amb aquesta comoditat que sento a la ficció pel meu gust amb ser amo. I novament no vull que em malinterpreteu: per a mi ser amo no és ficció sinó una realitat que m'apassiona.

La vida és la nata, ser amo és la xocolata.

Suposo que no se explicar-ho d'una altra manera: m'agrada canviar la realitat i fer-la a la meva mida, per això escric, per això sóc amo. I vosaltres?

lunes, 11 de marzo de 2019

Dubtes al BDSM (Dudas en el BDSM)

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El ser humano duda de cuanto desconoce. El mecanismo de la prudencia nos mueve a necesitar conocer más porque creemos que cuanta más información, menos peligroso será. Los animales también actúan así, temerosos ante lo extraño: olisqueando, observando, tocando para descubrir tienen delante antes de actuar. Cuando alguien se enfrenta por vez primera al mundo BDSM le atacan los mil diablos que habitan entre las dudas y el miedo. Imaginamos cientos de problemas, desde los propios de las personas a los propios del escenario. ¿Y si me encuentro con un loco? ¿Tengo que aceptar dolor si no quiero? ¿Y si me vicio? ¿Estaré haciendo bien? ¿Y si esto es propio de personas mentalmente enfermas? El desconocimiento nos lleva a olisquear el BDSM con la misma desconfianza con la que un perro olisquea la comida antes de devorarla. Al cabo de un tiempo pensamos: de acuerdo, ya sé lo que es el BDSM porque he visitado webs, he hablado con gente, he visto alguna película o he leído algún libro. Pero resulta que no: aún no sabes lo que es el BDSM. Y sobre este error construimos otro: como ya sé lo que es el BDSM, pero sigo teniendo dudas, podré comenzar cuando reúna el valor suficiente. Quizás esta segunda afirmación sea cierta: necesitamos reunir el valor, pero el error continúa porque seguimos desconociendo lo que es el BDSM.

Es como decir que conozco la Fórmula 1 porque he visto carreras en la televisión o porque he jugado a un videojuego cuando en realidad lo único que sabemos de la F1 es que el piloto de F1 está dentro del coche (pero no somos el piloto). De igual manera solo sabrás lo que es realmente el BDSM cuando lo vivas y es ahí donde hay que hacer el ejercicio interior de entender que no sabemos tanto como creíamos y que debemos superar miedos y dudas. No digo que sea fácil, pero por muchas precauciones que toméis, la realidad es otra.

He conocido mucha gente que quiere probar BDSM, pero nunca lo hace (ni lo hará) porque no quiere dolor. ¿Quién ha dicho que en una sesión BDSM deba haber necesariamente dolor? Es más simple: comenzad poco a poco, no hace falta correr el gran premio de Mónaco de Fórmula 1 el primer día que te pongas al volante y, además, pretender ganar la carrera. ¿Qué tal si os montáis en un kart para niños un sábado por la mañana y dais una vuelta en un circuito infantil? Quizás eso os ayude a entender si os gusta, pero sobre todo os ayudará a perder el miedo, a despejar las dudas. No es necesaria una primera sesión propia de un ritual satánico si no lo deseáis. Olvidad las normas y convenciones de cuanto habéis leído. Pedidle a vuestro/a amo/a que queréis y no os dejéis llevar por las intenciones del otro (por mucho que sepa) si va en contra de vuestros deseos. Si tenéis miedo, si tenéis dudas, comenzad con cualquier práctica en la que os sintáis seguros. Una suave sesión de bondage. O estar de rodillas escuchando a vuestro amo. O tan solo estar de pie con una venda en los ojos frente al amo. Exigid aquello que os haga sentir mejor o, dicho de otra manera: rechazad lo que no veáis claro. Ya llegarán las sesiones de BDSM donde experimentaréis todo y llegarán gracias a esa relación de confianza que habréis establecido con el dominante en esos primeros pasos (ligth). Decir si a todo no significa ser buen/a sumiso/a.

Si creéis que es mejor correr en kart antes de correr en F1, exigidlo. Podéis estar equivocados, pero será vuestra decisión. ¿O acaso creéis que las personas con experiencia no nos equivocamos? Pero si decidís correr en kart, aparcad esas dudas propias de todo animal (incluso racional) y corred. Siempre estaréis a tiempo de renunciar a la F1 antes de correr el gran premio de Mónaco. Esas son las ventajas de ir categoría a categoría.

Dudar es normal, pero no dudamos porque estemos ante algo como BDSM sino que dudamos porque forma parte de nuestra humanidad. Y una manera de aparcar esas dudas es comenzar poco a poco pero comenzar. Eso apartará las dudas y os dará una dimensión real de aquello que deseáis (y que ahora el miedo está alejando).


L'ésser humà dubta de tot allò que desconeix. El mecanisme de la prudència ens mou a necessitar conèixer més perquè creiem que com més informació, menys perillós serà. Els animals també actuen així, temorosos davant el fet estrany: ensumant, observant, tocant per descobrir que hi ha davant abans d'actuar. Quan algú s'enfronta per primera vegada al món BDSM l'ataquen els mil diables que habiten entre els dubtes i la por. Imaginem centenars de problemes, des dels propis de les persones als propis de l'escenari. I si em trobo amb un boig? He d'acceptar dolor si no vull? I si és un vici? Estaré fent bé? I si això és propi de persones mentalment malaltes? El desconeixement ens porta a ensumar el BDSM amb la mateixa desconfiança amb què un gos ensuma el menjar abans de devorar-ho. Al cap d'un temps pensem: d'acord, ja sé el que és el BDSM perquè he visitat webs, he parlat amb gent, he vist alguna pel·lícula o he llegit algun llibre. Però resulta que no: encara no saps el que és el BDSM. I sobre aquest error construïm un altre: com ja el que és el BDSM, però segueixo tenint dubtes, podré començar quan reuneixi el valor suficient. Potser aquesta segona afirmació sigui certa: necessitem reunir el valor, però l'error continua perquè seguim desconeixent que és el BDSM.

És com dir que conec la Formula 1 perquè he vist carreres a la televisió o perquè he jugat a un videojoc quan en realitat l'única cosa que sabem de l'F1 és que el pilot d'F1 està dins del cotxe (però no som el pilot). De la mateixa manera només sabràs allò que és realment el BDSM quan ho visquis i és aquí on cal fer l'exercici interior d'entendre que no sabem tant com crèiem i que hem de superar pors i dubtes. No dic que sigui fàcil, però per moltes precaucions que prengueu, la realitat és una altra.

He conegut molta gent que vol provar BDSM però mai ho fa (ni ho farà) perquè no vol dolor. ¿Qui ha dit que en una sessió BDSM ha d'haver-hi necessàriament dolor? És més simple: comenceu a poc a poc, no cal córrer el gran premi de Mònaco de Fórmula 1 el primer dia que et posis al volant i, a més, pretendre guanyar la cursa. Que tal si us munteu en un kart per a nens un dissabte al matí i doneu una volta en un circuit infantil? Potser això us ajudi a entendre si us agrada, però sobretot us ajudarà a perdre la por, a aclarir els dubtes. No és necessària una primera sessió pròpia d'un ritual satànic si no ho desitgeu. Oblideu les normes i convencions de tot el que heu llegit. Demaneu-li al vostre amo/a allò que voleu i no us deixeu portar per les intencions de l'altre (per molt que sàpiga) si va en contra dels vostres desitjos. Si teniu por, si teniu dubtes, comenceu amb qualsevol pràctica en què us sentiu segurs. Una suau sessió de bondage. O estar de genolls escoltant al vostre a amo. O tan sols estar dret amb una bena als ulls davant l'amo. Exigiu allò que us faci sentir millor o, dit d'una altra manera: rebutgeu allò que no veieu clar. Ja arribaran les sessions de BDSM a on experimentareu tot i arribaran gràcies a aquesta relació de confiança que haureu establert amb el dominant en aquests primers passos (light). Dir si a tot no vol dir ser bon/a submís/a.

Si creieu que és millor córrer en kart abans de córrer en F1, exigiu-lo. Podeu estar equivocats, però serà la vostra decisió. O potser creieu que les persones amb experiència no ens equivoquem? Però si decidiu córrer en kart, aparqueu aquests dubtes pròpies de tot animal (fins i tot racional) i correu. Sempre sereu a temps de renunciar a l'F1 abans de córrer el gran premi de Mònaco. Aquestes són els avantatges d'anar categoria a categoria.

Dubtar és normal, però no dubtem perquè estiguem davant alguna cosa com el BDSM sinó que dubtem perquè forma part de la nostra humanitat. I una manera d'aparcar aquests dubtes és començar a poc a poc però començar. Això apartarà els dubtes i us donarà una dimensió real d'allò que desitgeu (i que ara la por aquesta allunyant).