lunes, 19 de abril de 2021

Diferencia entre SADO y BDSM

 



Cuando hablas con alguien que no sabe lo que es el BDSM y le comentas que es un juego de roles donde hay dominantes y dominados (una simplificación peligrosa, lo asumo), lo primero que te dicen es "Ah, hablas de sado" y claro, salen corriendo asustados por todo eso del dolor. Porque lo que asocian es BDSM a dolor.

Pues no. BDSM no es SADO (aunque el SADO forme parte del BDSM).

Aclaremos una cosa: practicar BDSM no significa entrar en una oscura mazmorra llena de dolor, desesperación y que te deja destruido durante días. Todo lo contrario. El término BDSM engloba un conjunto de prácticas ejecutadas desde la libertad y el consenso. ¿Y qué prácticas son esas? Muchísimas, y pueden incluir el Sado, claro, pero ninguna práctica debe hacerse si uno no quiere.

El fútbol es un deporte, pero no todos los deportes son fútbol. Así de simple.

La Wikipedia lo deja claro en su segundo párrafo en la definición de BDSM

El sado es una práctica basada principalmente en el dolor done un sádico (alguien que siente placer infligiendo dolor) y un masoquista (alguien que siente placer sufriendo dolor) se juntan para disfrutar desde sus libertades individuales y mediante consenso. Personalmente odio el dolor (tanto por pasiva como por activa) pero respeto profundamente a aquellos que disfrutan con el dolor.

"¿Puedo practicar BDSM sin dolor?", me preguntan habitualmente. La respuesta es más amplia que eso: debes hacer lo que te excite y no hacer nada que no desees realmente. Claro que hay BDSM sin dolor, también hay BDSM sin sexo, sin humillación, sin artefactos, sin mazmorras. El BDSM es dominar y ser dominado, lo demás son prácticas, ceremonias, artefactos, etc. que no son indispensables.

¿Entonces es BDSM, por ejemplo, dejarme atar por mi pareja en la cama o tener sexo duro donde nos insultamos o nos abofeteamos? Claro que lo es, quizás, visto desde fuera parece que eso es jugar en tercera división mientras que una mazmorra y un amo vestido de cuero es jugar la Champions League. Pero eso es un error: BDSM es lo que nosotros queramos que sea.

Si alguien te dice que has de hacer lo que él quiere (como dominante) y tú no quieres hacer esas cosas (como dominado). No las hagas. Si te obligan o te fuerzan a hacer algo que no quieres, eso no es BDSM, es abuso.

viernes, 9 de abril de 2021

Una primera conversación entre un amo y su futura sumisa (o no)

 

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Persona sumisa (o curiosa)

Persona dominante

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¿Me puedes explicar lo que es el BDSM?

La versión corta sería la relación que se establece entre una persona que desea dominar y una persona que desea ser dominada.

¿Entonces BDSM es lo que aparece en la película “50 sombras de Grey”?

Si crees que lo que sucede en “Guardianes de la Galaxia” es lo que sucede en la galaxia, pues vale, tu nivel de credulidad está un poquito estropeado. Porque o que sucede en “50 sombras de Grey” poco o nada tiene que ver con el BDSM real más allá de que aparecen unas prácticas. Los amos no somos ricos y guapos (o no todos), tampoco practicamos BDSM porque tengamos un trauma ni aun menos buscamos a las muchachas más inocentes para hacerles firmar un contrato inexistente. En el otro lado, las sumisas no son todas el estereotipo que vemos en esa película. Pero más allá de los personajes (ridículos donde los haya), cuanto sucede poco tiene que ver con el BDSM real donde todo es más divertido, menos oscuro, más sano y menos “peliculero”.

Vale, ¿entonces que es el BDSM?

El BDSM es un conjunto de prácticas alternativas donde dos (o más) personas deciden, desde su total libertad, someterse o someter a otros en un marco donde existen un conjunto de prácticas consensuadas.

¿Sadomasoquismo?

No, eso es una parte del BDSM, el encuentro de alguien sádico con alguien masoquista. Pero el BDSM es muchísimo más, con relaciones donde no hay ni sádicos ni masoquistas. Relaciones donde no hay dolor. ¿Alguna vez te han atado a una cama? ¿O te han atado las manos o puesto un vendaje en los ojos?

Si, pero éramos pareja y era dentro del sexo de pareja. Nunca me dejaría atar por un desconocido.

Si te dejases atar por un desconocido tendrías un problema fuese BDSM o no. Muchas personas creen que el peligro en el BDSM se multiplica por la indefensión de las personas dominadas. En primer lugar, hay que decir que no te atará un desconocido sino alguien que tú has decidido (desde tu libertad) que te ate y eso sucederá después de muchas conversaciones donde estableceréis un clima de confianza muta y donde hablaréis de todo cuanto sucederá. Estoy seguro de que en alguna ocasión has hecho cosas más peligrosas con desconocidos y nunca te lo has planteado así. Pero el BDSM, a la vista de alguien que no lo conoce, es algo peligroso donde un amo es un desquiciado que podrá hacerte cuanto desee.

¿Y no es así?

En primer lugar, quienes practicamos BDSM no somos desquiciados. Por supuesto que hay desquiciados, pero también los hay en tu lugar de trabajo, en tu familia o en tu comunidad de vecinos. El BDSM no mueve a la gente desquiciada a hacer cosas malas. Ese es el gran estereotipo.

Vale, no sois unos desquiciados, pero estoy segura de que pretendes hacerme cuanto desees.

Posiblemente si, pero lo que yo deseo no es lo que haré contigo sino lo que ambos deseemos. En el BDSM todo se consensúa, se habla, se pacta, se marcan límites. Lo que sucede en una sesión tiene un escenario perfectamente delimitado.

¡Entonces es el contrato que le hacía firmar Grey a Anastasia en “50 sombras de Grey”!

Ese contrato, además de ridículo, no tienen ninguna validez. Si alguna vez, como sumisa, un amo te sugiere que firméis un contrato… puedes firmarlo, claro. Pero tendrá tanta validez como un papel destruido por el fuego.

Vale, entonces todo se pacta, verbalmente.

Eso es. Mucha gente cree, erróneamente, que la sumisa debe hacer cuanto el amo desee. El tópico de “doblegarse ante la voluntad del amo”. Eso es mentira, otra leyenda urbana acerca del BDSM. En realidad, la sumisa solo debe hacer aquello que desee, de la misma forma que el amo solo debe hacer aquello que desee. Ese punto de intersección entre lo que ambos desean es cuanto sucederá. Con mayor o menor intensidad, claro.

¿Y si tengo dudas sobre alguna práctica?

En el BDSM existe un margen donde ambos deben descubrir, explorar, probar, pero eso no significa que debas hacerlo sí o sí. Si, por ejemplo, te apetece probar que te pongan pinzas en los pezones, pero tienes dudas sobre si soportarás el dolor, entonces esa práctica es uno de tus “quizás” y deberéis probarlo (cuando estés preparada mentalmente), comenzando poco a poco, aplicando cada vez más presión. Si en algún momento te duele demasiado y no quieres continuar, lo dices y esa práctica se descarta de vuestro escenario. Es sencillo.

El dolor… ¿el BDSM es dolor?

No necesariamente, tampoco es sexo, ni humillación, ni ser atada. El BDSM es aquello que tu quieres que sea. Lo que mas te excite hacer o probar. Por supuesto que puede haber una relación entre dominante y dominado sin dolor, sin sexo o sin cuerdas, si es lo que ambos desean desde su libertad.

Siempre hablas de libertad, pero no entiendo esa libertad cuando estoy atada a la cama a merced de alguien.

Porque tú, desde tu libertad, has decidido estar así.

Vale, lo comprendo. Pero tengo que pensarlo… creo que me arriesgo demasiado

Nadie te dice que hagas nada si no estás preparada.

¿Y si quedamos para cenar y seguimos hablando?

Te recuerdo que estamos en Barcelona, en plena pandemia y, además de que los restaurantes cierran de noche, hay toque de queda.

Menuda mierda…

Pues si…

martes, 23 de marzo de 2021

El control de la rebeldía

 

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El BDSM existen personas sumisas quienes, de forma consciente, luchan contra su condición de ser sometidas por otra persona. Quizás como una vía de conseguir sentirse realmente sometidas. Como si esa rebeldía consciente haga que el dominante se sienta forzado a ser más amo aun para doblegarlas. Quizás porque forma parte de su personalidad, sin más. Sea como sea, es una realidad. La pregunta es: ¿pueden controlar esas personas sumisas esos ataques de rebeldía? Quizás controlar esos arranques de rebeldía donde luchan por no ser sometidas, les restaría el sentirse realmente sumisas.

Desde la comodidad, cualquier persona dominante, prefiere una persona sumisa que sea realmente dócil, pasiva y obediente. Buscamos personas que no nos den “problemas” y muchos lo hacemos porque no queremos confundir esa rebeldía consciente con una negativa real. Y no hablo aquí de evitar frustraciones.

Intentaré explicarlo de otra manera: imaginad una sesión, hay un amo y una sumisa, es su segunda o tercera sesión, se conocen, pero no existe aún ese vínculo que hace que comprendas a la otra persona con una sola mirada (algo para lo que se necesitan meses o incluso años). Imaginad que esas dos personas pactan una sesión donde van a suceder unas ciertas prácticas. El amo ya sabe que a la sumisa le gusta luchar, le gusta rebelarse de vez en cuando. La sumisa, consciente de que el amo lo sabe, no va a hacer nada por evitar esos momentos de rebeldía, porque forman parte de su personalidad (surgen de improviso) y porque le gusta sentirse realmente obligada. La sesión arranca y comienzan con ciertas prácticas, todo va bien, pero en un momento determinado la sumisa comienza a negar con la cabeza, a luchar porque no suceda lo que está sucediendo. El amo, que cree conocerla, sabe que esa es su forma de proceder y pone más empeño en someterla, le coge de las muñecas y la obliga. La sumisa continúa luchando con todas sus fuerzas.

¿Cómo sabe el amo que la sumisa está rebelándose o que en realidad no quiere esa práctica y desea parar la sesión? La respuesta sería: tenemos una palabra de seguridad. De acuerdo, pero no deberíamos llegar a ella porque si una sumisa dice varias veces “no” o se rebela con todas sus fuerzas a lo que sucede, eso debería significar parar la sesión de inmediato.

¿Dónde está el límite entre el rebelarse y el negarse? A veces es difícil verlo, sobre todo cuando no hay un profundo conocimiento. En algunas ocasiones, una situación así puede resultar peligrosa porque podemos provocar una situación casi de abuso cuando el amo confunda negativa real con una rebelión consciente.

Confundir el juego con la realidad.

¿Qué podemos hacer? Si creemos que esa situación puede darse, deberíamos hablarlo, deberíamos evitar en lo posible esos momentos de rebeldía hasta que tengamos un profundo conocimiento de la otra persona y sepamos diferenciar claramente lo consciente de lo inconsciente. Podemos tener sesiones, eso nos ayudará a conoceros mejor, pero tenemos que intentar hacer comprender a la persona sumisa que debe detener esos momentos de rebeldía y que debe hacerlo no porque así es todo más fácil para el amo sino porque, hasta que no pasen unas cuantas sesiones y se conozcan más en profundidad, no deberían asumir ambos el riesgo de confundir realidad con juego, confundir una práctica con un abuso.

El BDSM es un mundo de sensaciones maravillosas, pero también es un mundo donde (por sus características) debemos esforzarnos por actuar de forma que evitemos cualquier peligro emocional o físico hasta que tengamos la total seguridad de que hemos eliminado cualquier posible peligro real de la ecuación.


Al BDSM existeixen persones submises qui, de manera conscient, lluiten contra la seva condició de ser sotmeses per una altra persona. Potser com una via d'aconseguir sentir-se realment sotmeses. Com si aquesta rebel·lia conscient faci que el dominant se senti forçat a ser més amo fins i tot per a doblegar-les. Potser perquè forma part de la seva personalitat, sense més raonaments. Sigui com sigui, és una realitat. La pregunta és: poden controlar aquestes persones submises aquests atacs de rebel·lia? Potser controlar aquestes arrencades de rebel·lia on lluiten per no ser sotmeses, els restaria el fet de sentir-se realment submises.

Des de la comoditat, qualsevol persona dominant, prefereix una persona submisa que sigui realment dòcil, passiva i obedient. Busquem persones que no ens donin "problemes" i molts ho fem perquè no volem confondre aquesta rebel·lia conscient amb una negativa real. I no parlo aquí d'evitar frustracions.

Intentaré explicar-ho d'una altra manera: imagineu una sessió, hi ha un amo i una submisa, és la seva segona o tercera sessió, es coneixen, però no existeix encara aquest vincle que fa que comprenguis a l'altra persona amb una sola mirada (una cosa per a la qual es necessiten mesos o fins i tot anys). Imagineu que aquestes dues persones pacten una sessió a on succeiran unes certes pràctiques. L'amo sap que a la submisa li agrada lluitar, li agrada rebel·lar-se de tant en tant. La submisa, conscient que l'amo ho sap, no farà res per evitar aquests moments de rebel·lia, perquè formen part de la seva personalitat (sorgeixen d'improvís) i perquè li agrada sentir-se realment obligada. La sessió arrenca i comencen amb unes certes pràctiques, tot va bé, però en un moment determinat la submisa comença a negar amb el cap, a lluitar perquè no succeeixi allò que està succeint. L'amo, que creu conèixer-la, sap que aquesta és la seva forma de conducta i posa més obstinació a sotmetre-la, li agafa de les nines i l'obliga. La submisa continua lluitant amb totes les seves forces.

Confondre joc amb realitat.

Què podem fer? Si creiem que aquesta situació pot donar-se, hauríem de parlar-ho, hauríem d'evitar en la mesura del possible aquests moments de rebel·lia fins que tinguem un profund coneixement de l'altra persona i sapiguem diferenciar clarament el conscient de l'inconscient. Podem tenir sessions, això ens ajudarà a conèixer-vos millor, però hem d'intentar fer comprendre a la persona submisa que ha de detenir aquests moments de rebel·lia i que ha de fer-ho no perquè així és tot més fàcil per a l'amo sinó perquè, fins que no passin unes quantes sessions i es coneguin més en profunditat, no haurien d'assumir tots dos el risc de confondre realitat amb joc, confondre una pràctica amb un abús.

El BDSM és un món de sensacions meravelloses, però també és un món on (per les seves característiques) a on haurem d'esforçar-nos per actuar de manera que evitem qualsevol perill emocional o físic fins que tinguem la total seguretat que hem eliminat qualsevol possible perill real de l'equació.

martes, 16 de marzo de 2021

Responsabilidad Vs valentía (Responsabilitat Vs valentia)

 

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Vivimos instalados en el miedo, lo hemos integrado como parte de nuestro día a día y lo maquillamos con frases del tipo "no es lo que quiero hacer" o "yo no soy así". Pero queremos y somos así, lo único que sucede es que el miedo nos aprieta con fuerza la garganta impidiéndonos respirar con naturalidad. Y hemos aprendido a vivir así.

Creemos que lo contrario del miedo es la irresponsabilidad. Cuando, en realidad, lo contrario al miedo es la valentía (el valor, la audacia). Pero preferimos camuflar nuestra cobardía como que somos responsables. "Yo nunca haría eso, es una irresponsabilidad" decimos, cuando en realidad queremos decir "no me atrevo".

Y, curiosamente, asumimos el miedo como algo natural, cuanto más jóvenes somos, porque, con nuestra personalidad en formación, creemos que eso es lo correcto, que somos así. Con el paso de los años los miedos cambian, tienes miedos reales a todo aquello que has vivido o estás viviendo: la muerte, la inseguridad, las enfermedades, etc. Pero con la edad también desaparecen todos esos miedos a no hacer algo. Y desaparecen porque, en primer lugar, sabes que por mucha prudencia o mucha valentía que demuestres ante algo, nada te asegura nada. Y, en segundo lugar, porque sabemos que cada vez nos queda menos vida por vivir que la vivida y eso nos enseña que lo que no hagamos hoy, mañana no sabemos si podremos hacerlo mañana.

Con el paso de los años conseguimos escapar al miedo porque el miedo, también tiene su propia edad.


Vivim instal·lats en la por, l'hem integrat com a part del nostre dia a dia i el maquillem amb frases del tipus "no és allò que vull fer" o "jo no sóc així". Però volem i som així, l'únic que passa és que la por ens estreny amb força la gola impedint respirar amb naturalitat. I hem après a viure així.

Creiem que el contrari de la por és la irresponsabilitat. La realitat és que el fet contrari a la por és la valentia. Però preferim camuflar la nostra covardia com que som responsables. "Jo mai faria això, és una irresponsabilitat" diem, quan en realitat volem dir "no m'atreveixo".

I, curiosament, assumim la por com una cosa natural, com més joves som, perquè, amb la nostra personalitat en formació, creiem que això és el correcte, que som així. Amb el pas dels anys les pors canvien, tens pors reals a tot allò que has viscut o estàs vivint: la mort, la inseguretat, les malalties, etc. Però amb l'edat també desapareixen totes aquestes pors a no fer quelcom. I desapareixen perquè, en primer lloc, saps que per molta prudència o molta valentia que demostris davant alguna cosa, res t'assegura res. I, en segon lloc, perquè sabem que cada vegada ens queda menys vida per viure que la viscuda i això ens ensenya que allò que no fem avui, demà no sabem si podrem fer-ho demà.

Amb el pas dels anys vam aconseguir escapar a la por perquè la por, també té la seva pròpia edat.

sábado, 6 de marzo de 2021

El nombre prohibido (relato)

 

snow gifs Page 132 | WiffleGif

Su nombre era X y la conocí por internet. Lo primero que me sorprendió fue ese nombre de pila del que tan solo puedo escribir su inicial. Por discrección, claro está. Le pregunté varias veces si ese era realmente su nombre porque no acaba de creer que alguien pudiese haber sido bautizado con un nombre tan bonito y tan curioso al tiempo, tan acorde a una personalidad peculiar como la suya, Y es que, en ocasiones, nuestros nombres nos definen más que nuestros actos, aunque no digan nada de nosotros. X era más joven que yo y cuando digo "más joven" quiero decir "mucho más". Aunque eso no parecía importarle. A mí menos. Su personalidad era la de una sumisa que quería ser sometida sexualmente por hombres mayores que ella. Mucho más mayores. ¿Por qué? Le pregunté. Su respuesta fue que le daba morbo ser completamente pasiva y sumisa en manos de alguien mayor que ella. Mucho mayor. X tenía el pelo rizado y unas grandes gafas redondas, era delgada y su físico transitaba entre el pecado y lo más virginal. Entre lo masculino y lo femenino. Entre el deseo y el miedo. Quedamos en vernos en mi casa, ella quería probar a ser mi sumisa sexual y a mí me encantaba esa personalidad entre sumisa y apocada, su aparente desinterés y las expresiones propias de su edad, tan alejadas de la mía.

La ordené que viniese vestida con medias negras, botas, una falda roja corta y una camisa semitransparente. Y, obedientemente, así apareció. Solo que lo hizo escondida bajo un jersey y un abrigo que la protegían de las miradas lascivas como las que yo, ahora mismo, estaba usando para mirarla después de haberse quitado esas prendas de abrigo sobrante.

La miré a los ojos. Era atractiva, De una belleza inusual. Para mi era como un hermoso animal enjaulado y deseando que alguien abriese la jaula para que le volviesen a capturar y la devolviesen a la jaula. Así era ella.

Comencé a tocarla, por encima de la ropa, por debajo de la falda. Me comporté, a conciencia, como ese viejo verde que se aprovecha de la jovencita inocente. ¿Acaso no era esa nuestra situación? Éramos amo y sumisa, pero también éramos viejo verde y jovencita curiosa. Como el lobo y Caperucita.

Eso es.

Después la cogí con fuerza del pelo, la obligué a arrodillarse. Le puse una venda en los ojos y mi polla en su boca,

Durante dos horas, el lobo abusó de Caperucita a conciencia mientras la dulce sumisa desplegaba todo un catálogo de pasividad e intención sexual, El lobo disfrutó de la pasividad de Caperucita hasta acabar devorándola, como en el cuento. Caperucita también disfrutó sintiéndose útil, sintiéndose usada y sintiéndose deseada. Todo cuanto sucedió fue lo que debía suceder con dos protagonistas cuyas vidas nunca deberían haberse cruzado. Con dos personas, edades y procedencias tan diferentes como las del cuento de Perrault.

Porque lo que sucedió, en realidad, es que aunque el lobo repetía que quería comerse a Caperucita (y así lo hice), la realidad fue que Caperucita salió vencedora de aquel desigual combate. ¿Quién domina a quien? Aseguran que el dominante es aquel que ordena y el dominado es quien obedece. Esta definición funciona en la mayoría de las ocasiones. Pero que uno ordene y otro obedezca no significa que uno consiga más que el otro.

Porque, pese a su aparente apatía, Caperucita deseaba ser devorada por el lobo aún más que el deseo del lobo por devorarla.

Y después, X volvió caminando por el sendero del bosque, en dirección a su casa, donde le esperaba una vida donde no podía decir cuanto había disfrutado siendo usada un viejo y resabiado lobo.

jueves, 4 de marzo de 2021

Los enfermos

 

Tengo que informar de una nueva enfermedad a la aseguradora?

Algunas personas nos tildas a los que practicamos BDSM de enfermos. Por suerte no son demasiadas. Otras personas, cuando hablan con nosotros nos dice que a ellos no les va esos rollos extraños. Como si ir a trabajar cinco días a la semana de 8 a 17 por un misero suelo no fuese extraño. La extrañeza es algo subjetivo. La enfermedad no. Que alguien me diga que practicar BDSM es extraño, lo comprendo. No están diciendo que sea algo extraño porque, sencillamente, desconocen un mundo que nunca han practicado y juzgan desde lo que conocen que suele ser algo literario o de ficción. Pero cuando alguien me dice que los que practicamos BDSM somos unos enfermos, eso no lo acepto. Enfermo es quien juzga a los demás sin conocer. No he visto nunca en cualquier otro orden de la vida, un espacio donde se respeten más a las personas que en el BDSM.

Si quieres juzgar desde el desconocimiento, allá tú. Eso te definirá.


Si quieres saber más y después decidir. Entonces pregúntame.

jueves, 18 de febrero de 2021

Velocidades

Movimiento y Velocidad: VELOCIDAD MEDIA

Vivimos una sociedad donde la inmediatez es la velocidad con la que transcurre casi todo. No tenemos tiempo para detenernos y reflexionar porque ya tenemos en la cola cien cosas más sobre las que reflexionar. Vivimos en la sociedad de la sobreinformación, un aluvión de datos que nos llegan por todos lados, aunque especialmente llega por todo aquello que tenga una pantallita brillante (ordenadores, teléfonos móviles, televisión, etc.). Nuestro cerebro ha evolucionado a una velocidad inferior a la que van las cosas hoy en día. Punset aseguraba que en los últimos cien años, la sociedad ha evolucionado a tal velocidad que nuestros cerebros siguen siendo "prehistóricos" en comparación con cuanto nos rodea. Esta endiablada velocidad nos mueve a poner etiquetas con la misma ligereza de quien ve pasar un anuncio desde el asiento de un tren. Etiquetamos rápidamente y pasamos a la siguiente cosa, porque la lista de cosas que nos llegan es tan grande que no podemos perder el tiempo en sentarnos a reflexionar sobre cualquiera de ellas. Además, si hiciésemos eso nos perderíamos el último capítulo de una serie coreana de Netflix o el directo de un instagramer argentino que se tira eructos al ritmo de la canción de moda.

A mucha gente le atrae el BDSM, son conscientes de que hay algo en esta práctica que les hará vibrar. Pero, en vez de leer, preguntar, proponer... etiquetan al BDSM como eso "peligroso" o "enfermo" o "oscuro" y prefieren abrir el tik-tok en sus teléfonos móviles para contemplar a adolescentes intentando replicar el baile de moda. ¿Por qué sucede eso? La respuesta es sencilla: porque practicar BDSM no es algo inmediato. Si vas a comenzar en este mundo debes leer mucho, informarte, contactar con personas con quienes comenzar, decidirte, encontrarte con alguien, repetir experiencias... es un trabajo arduo del cual no sabemos si tendremos éxito.

Pero si entramos a Netflix sabemos que seleccionaremos algo que nos atrae y nos proporcionará placer inmediato. Y el máximo desastre que puede suceder con eso es que dejes la película o la serie a medias porque te aburre.

Vivimos en una sociedad donde la inmediatez es sinónimo de placer.

Curiosamente, en el BDSM, el placer requiere paciencia.

Un placer superior, en terminos casi infinitos, al que te puede proporcionar ver una serie de televisión en pijama en el sofá de tu casa.

Pero para encontrar ese placer hay que olvidar la obsesión por la inmediatez, tomar la decisión de levantarte del sofá y atreverte a descubrir.