viernes, 6 de agosto de 2021

Esbozo del dolor



Cuando algunas personas se enfrentan a una sesión BDSM por primera vez, lo primero que dicen es que no quieren sentir dolor. En las siguientes sesiones, comienzan a abrir la mano y experimentan con cachetadas, azotes o tirones de pelo. La inercia de nuestra moral nos empuja a rechazar el sentir dolor como parte del placer. Aunque también hay personas que quieren experimentar dolor en su primera sesión. Lo primero que recomiendo es que, si quieres experimentar dolor en tu primera sesión, te asegures que la persona con quien vas a tener esa sesión es exactamente la persona dominante que deseas y que, además, tenga claro no solo que hacer para que experimentes dolor sino como debe hacerlo. Los riesgos de una primera sesión con dolor y personas sin experiencia va desde un moratón a una costilla rota.

Los dominantes tenemos el beneficio de la decisión y de la voz. Eso debería hacernos pensar sobre la responsabilidad que tenemos respecto a las personas dominadas. Nuestro ego debería quedar fuera de la ecuación y deberíamos empatizar con las necesidades de la persona dominada. De acuerdo, esa persona quiere sentir dolor ¿pero cómo? Ahí está la clave, cualquiera puede infligir dolor (físico o emocional) a otra persona. No hay que ser un experto para dañar a otra persona. Lo hacemos a diario sin darnos cuenta. Pero infligir dolor físico que sea la puerta al placer y que no tenga consecuencias en forma de secuelas es algo mucho más complejo que simplemente propinar un tortazo a otra persona.

Primero debemos comprender por qué el dolor se traduce en placer. O lo que es lo mismo: debemos comprender a la persona a quien vamos a "dañar". Desde el punto de vista fisiológico, el dolor puede traducirse en placer por un motivo bien simple: el dolor y el placer nacen del mismo neurotransmisor que se llama dopamina. La dopamina, que nos proporciona una sensación de placer, también puede ser liberada porque experimentes dolor. Así de sencillo es: el dolor puede producir placer. Otro motivo es el psicológico: hay personas con claras tendencias masoquistas que experimentan placer en el acto de ser castigados, de sentir dolor. Y no es algo físico (que también) sino que es algo intelectual.

Así pues, el dolor puede traernos placer tanto por la química del cerebro como por lo emocional del contexto. Aunque creedme cuando os digo que da un poco igual si es por un motivo o por otro. Evidentemente que como dominantes debemos darle a la persona dominada el mejor escenario para que consiga el placer intelectual a través del dolor, pero no hay que obsesionarse con si la causa del placer es lo intelectual o lo físico. Lo mejor es dialogar con la persona, comprender que es lo que quiere experimentar y luego, en la sesión, mediante sus respuestas a tus actos, comprender como funciona esa persona.

Y no os asustéis porque hablemos de dolor. Si alguien quiere experimentar dolor, la persona que le infrinja dolor la estará ayudando (si lo hace bien).

domingo, 1 de agosto de 2021

Voluntariedad y locura

 Tied And Abused Gifs Tumblr

Imaginad esto: una mujer desnuda, atada a una cama, sus manos y sus pies están ahora inmovilizados por una especie de bridas de tela que se fijan en las cuatro patas de esa misma cama. La mujer está abierta de piernas y brazos, boca abajo, con los ojos vendados. Un hombre este sobre ella, sodomizándola con fuerza mientras le susurra al oído que su intención es hacer con ella cuanto le apetezca.

Observando esta escena muchos dudaríais sobre la salud mental de la mujer, sobre el machismo o la casi violación por parte del hombre, dudaríais sobre si ella lo hace por voluntad propia y entonces volveríais a dudar sobre la dignidad de ella, sobre el respeto de él. Imaginad que ese hombre lleva horas "usando" a esa mujer, haciendo cuanto desea con ella, sin preocuparse más que de su propio y masculino placer. Cualquiera en su sano juicio diría que eso no es lo correcto, que algo no funciona en esa escena.

Pero resulta que no. Porque quien observase esa escena habría olvidado una importante parte de la ecuación: lo que no se ve.

Podéis pensar que una mujer que va a ir a casa de un hombre a quien nunca ha visto a permitir que el hombre use su cuerpo para el placer de él significa que esa mujer debería ir rauda a un centro de salud mental. ¿Pero y si es ella quien desea que suceda precisamente eso y exactamente así? Apuesto a que seguiréis pensando que esa mujer debe volver al centro de salud mental porque nadie en su sano juicio se dispondría a hacer eso.

Llamadme loco, pero si no comprendéis que esas personas actúan desde la voluntad y el respeto, entonces sois vosotros quienes no percibís la realidad como realmente es. Como acabo de decir: podéis llamarme loco, Podéis llamar loca a esa mujer también. Por supuesto, pero esa mujer y su amo disfrutarán de algo que vosotros nunca conseguiréis rozar ni con la punta de vuestros dedos.

viernes, 30 de julio de 2021

La mecha corta, la mecha larga

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En algunas ocasiones, las decisiones que tomamos están movidas por meros impulsos eléctricos. En el BDSM sucede que muchas personas reflexionan sobre si hacerlo o no durante un largo periodo de tiempo, valorando y volviendo a valorar los pros y los contras de comenzar en el BDSM. Y de repente, un día, ese impulso eléctrico les mueve a tomar una decisión en positivo (porque no hacer nada es lo mismo que decidir no hacer nada). Esa decisión, nacida de un impulso, tiene una mecha hasta llegar o a explotar. En ocasiones la mecha es kilométrica y otras veces es tan corta que imaginaremos que nos explotará en las manos tan solo acercando la llama del mechero. Pero siempre tiene una mecha. Como cuando nos regalan un pack de esos de "cena para dos" o "experiencia en el pirineo" y vemos que solo tenemos seis meses para reservar o perderemos el regalo, La mecha corta tiene ventajas e inconvenientes. La ventaja es que facilita las decisiones. La desventaja es que cuando se acaba la mecha, vuelve la monotonía.

Si habéis tomado la decisión de practicar BDSM ya sea movidos por un impulso o porque habéis sopesado pro y contras y habéis decidido hacerlo, mi (modesto y seguramente equivocado) consejo es que tengáis paciencia. Que intentéis estirar de la mecha todo lo posible para que siga quemando sin apagarse. Porque cuando decidimos comenzar en el BDSM, las cosas no son instantáneas. Las personas tenemos una vida al margen de los roles y de las máscaras. Una vida llena de cosas que hacer, compromisos o dificultades.  Cuando decidimos ir a un restaurante, reservamos mesa un día y una hora en concreto, eso nos obliga a adquirir un compromiso concreto: a tal día y a tal hora estaré en tal lugar. Pero cuando decidimos comenzar en el BDSM, decidimos que quedaremos con alguien, cuadramos agendas, esperamos a estar tranquilos o a tener toda una tarde, Esperamos a estar solos o a que el lugar esté disponible. Cuando decidimos comenzar en el BDSM no reservamos un día y una hora concretos en un lugar concreto y eso hace que la mecha siga quemando y quemando con el riesgo de que se apague, dependiendo de lo larga que sea. Cuanto más larga sea la mecha, más posibilidades hay de que se apague antes de que explote.

Dicen que la paciencia es la madre de la ciencia. El BDSM también es ciencia: la química del placer. Tengamos pues paciencia pues la ciencia está ahí y si queremos experimentarla, deberemos hacer que la mecha siga quemando hasta encontrar ese día, esa hora y ese lugar. Por mucho que todos los miedos nos impulsen a humedecer nuestros dedos y a apagar la mecha.

jueves, 29 de julio de 2021

Prácticas: Consejos para el sexo anal en una relación BDSM

Postura - bondage ligero - Sexo para parejas

No soy mucho de dar consejos "prácticos" estilo "diez cosas que has de saber antes de ser sodomizada" y cosas así. Lo que vais a leer a continuación es simplemente una serie de ideas si queréis incluir el sexo anal en vuestra relación BDSM o simplemente vais a probar el sexo anal. Como curiosidad tradicionalmente, el sexo anal entre parejas heterosexuales no estaba bien vista, aunque se utilizaba para evitar embarazos no deseados hasta la aparición de métodos anticonceptivos. Con el tiempo se asume como una parte más de las prácticas sexuales. Un estudio realizado en 2012 en los Estados Unidos tuvo como resultado que el  47% de las personas disfrutan del sexo anal, y 25% definen como “regular” la práctica.

-La manipulación en el ano nunca debería ser seguido de una manipulación vaginal, en especial si la sumisa tiene tendencia a tener infecciones vaginales. Esto es debido a que las bacterias del ano podrían infectarlo. Lo mismo para la penetración anal, no  debería ser seguida de una penetración vaginal. Si queremos hacer esto (con los dedos, con el pene, con un juguete), lo mejor es lavarlo bien antes de pasar del culo a la vagina.

-Es falso que la penetración anal sea menos placentera que la vaginal, aunque depende de cada persona. El ano tiene miles de terminaciones nerviosas que pueden ser estimuladas con los dedos, un juguete o el pene. También es posible tener un orgasmo únicamente con la penetración vaginal sin necesidad de ningún otro tipo de estimulación. No obstante, creer que cualquier persona puede sentir placer con la penetración anal, es un error. Si sodomizamos a alguien porque asi lo hemos decidido ambos, debemos estar atentos a las reacciones de la otra persona. Si somos sodomizados y algo no funciona (por dolor o simplemente porque no nos apetece) debemos decirlo rápidamente para parar.

-Siempre deberíamos utilizar un lubricante basado en agua. El lubricante, además de facilitar la penetración, evita algunas enfermedades de transmisión sexual (como el SIDA) porque  reduce el riesgo de sangrado y la consiguiente infección. 

-Nunca deberíamos utilizar sustancias anestesiantes ni lubricante con benzocaina para "anestesiar" el ano ya que la persona que está siendo sodomizada no reconocerá cuando se le está produciendo daños. Además, el uso de anestesiantes reducen a cero la sensación de placer de la persona sodomizada. Recordemos que hacemos las cosas dentro del BDSM para disfrutar, pero para disfrutar ambos, no solo la persona dominante.

-El ano (o el esfínter) es un músculo y, como todo músculo, con la práctica se adapta a la nueva situación. Al comienzo, si la persona que va a ser sodomizada, está nerviosa, tensiona los músculos de su cuerpo (incluido el esfínter, aunque no sea consciente de ello) y eso dificulta la penetración. El tópico de "relájate y disfruta" adopta aquí todo su sentido. La persona que va a ser sodomizada debe relajarse (en lo posible) mientras la persona dominante comienza a dilatar su ano con dedos o algún dilatador anal y siempre con lubricante. La estimulación anal previa a la penetración es importante en esta práctica.

-En el BDSM el sexo anal se utiliza también a modo de demostración de poder de la persona dominante sobre la persona dominada, ya sea utilizando juguetes o el pene. Algunas personas sumisas que disfrutan placer experimentado dolor suelen incorporar el sexo anal (o jugar con el ano) como práctica para obtener dolor. Si una persona dominada rechaza el dolor o rechaza el sexo anal, la persona dominante nunca debería incorporar esas prácticas en las sesiones. El consenso y el respeto es vital en una relación BDSM. 

-La mayoría de las veces, la persona sometida siente placer en la penetración anal porque está obedeciendo a la persona dominante. El placer en el servir (algo psicológico) se acaba convirtiendo en un placer físico. No obstante, si la persona dominante quiere proporcionar mayor placer a la persona que está siendo sodomizada, puede estimularla manualmente mientras la penetra.

Después de leer todo esto, si tenéis claro que queréis hacerlo dentro de la relación BDSM: ¡adelante!  Espero haberos ayudado en algo aunque repito que ni soy médico ni psicólogo, lo que acabáis de leer son tan solo mis opiniones o lo que he aprendido todos estos años.

Y solo me queda decir (dentro del contexto): ¡Que os den por el culo! 

Groucho Marx - Album on Imgur

 

martes, 27 de julio de 2021

La química de la negación


Fantasías GIF de ayer y hoy - Page 71 — Foros JNSP

Cuando llega el día de nuestra primera sesión BDSM es cuando el mundo se derrumba a nuestro alrededor. La respuesta es bien sencilla: nos es permitido ser valientes cuando la distancia es la suficiente. Pero llega el día de la primera sesión y el azul del cielo se torna de un rojo sangre, comenzamos a pensar que la persona con la que nos vamos a encontrar es el mismísimo diablo y poco nos falta para salir corriendo hasta la comisaría más cercana a pedir ayuda. Nos detenemos un momento, antes de salir a la calle, y nos preguntamos por qué lo que ayer era deseo, hoy se ha transformado en temor. De repente hemos adoptado tal fragilidad que imaginamos que si alguien nos abrazase, nos romperíamos en mil pedazos, literalmente.

¿Y ahora qué? ¿Cómo volver a convertir el miedo en deseo? ¿Debo acudir a mi primera sesión con tal fragilidad impregnada en todas las partes de mi cuerpo? ¿Por qué si ayer confiaba, hoy desconfío?

En el deseo se combinan la química (del cerebro), la psicología y lo cultural (o lo moral, en el caso del BDSM). Apetece  romper los esquemas, romper con nosotros mismos, adoptar un rol y hacer todo cuanto nos habían dicho que no debíamos. La búsqueda de eso tiene como motor el deseo, pero cuando llega el momento de convertirlo en realidad, nuestro cerebro se encarga de boicotearnos y utiliza la psicología y lo cultural para recordarnos que "las personas cuerdas no actúan como vas a hacerlo tú".

Lo mismo que sucede ante el saltador de puenting que se bloquea a la hora de saltar. O también ese deseo que hace que el perro se vuelva loco al saber que va a salir a la calle o que le van a poner la comida, pero cuando comen o caminan, ese deseo desaparece.

Nos gusta ilusionarnos porque el deseo es adictivo, las químicas que se desencadenan en nuestro cerebro son drogas placenteras que nos hacen imaginar un mundo mejor, donde no somos juzgados. Un mundo donde, por vez primera, nosotros somos nuestra prioridad.

Por eso mucha gente no prueba el BDSM hasta edad muy tardía, porque la razón siempre se impone al corazón y en el último momento dan un paso atrás. La gente podría pensar que los jóvenes son estás más predispuestos a comenzar en el BDSM porque buscan el placer sin pensar en nada. La realidad es la contraria. Los jóvenes también tienen ese momento de duda antes de comenzar, pero como son jóvenes imaginan que les queda mucho tiempo por probar. Pueden permitirse el lujo de dejarlo para mañana. Y así pueden pasar días, meses e incluso años.

La gente de más edad tienen las cosas más claras, están cansados de vivir siempre por y para los demás, saben que no les queda tanto tiempo por delante para atrasar lo nuevo. Y lo más importante: cada vez hay menos cosas nuevas en sus vidas. Por eso, aunque el miedo les congele justo antes de la sesión, siguen caminando. Porque eso es lo más inteligente y porque la vida consiste en imponerte a ese yo que otros han construido. Y para eso, se necesitan años y más años de vida.


lunes, 26 de julio de 2021

Nos llaman locos (relato breve)

Verse50 — I was naked, hands bound above my head in the...

Nos llaman locos por hacer lo que llaman "locuras". Asumiendo esta premisa (que lo que hacemos sean realmente locuras) ¿qué problema hay con eso? Es mejor vivir como un loco con una llama ardiendo en su corazón que vivir como un cuerdo que tiene instalada la monotonía en su helado corazón mientras, desde su sofá y con expresión aburrida, señala a los demás poniendo etiquetas: "este está loco", "este cuerdo", este otro cuerdo", "otro loco" y así hasta el fin del día como quien cuenta borreguitos para conseguir conciliar el sueño. Como quien no tiene nada mejor que hacer los días de lluvia.

Puede que estemos locos, pero nos sentimos vivos. Si el precio que hay que pagar es el de fragilizarnos, el de temblar de miedo y emoción o el de ser juzgados, entonces el precio que pagamos es bien poco comparado con el premio que obtenemos.

La mujer entra por la puerta entreabierta, hay un antifaz colgando de un cuadro en la entrada, cierra la puerta y se coloca el antifaz sobre los ojos. Después dice "ya está, amo". Entonces su amo sale de las sombras y se dirige a ella, nunca se han visto antes en persona, en realidad ella aún no le ha visto por ese trozo de tela que cubre su rostro. El hombre coge su cabeza con ambas manos y la besa en la boca. Un beso largo y cariñoso, un beso de esos que solo da alguien que realmente te desea. Nada de esos besos mecánicos de los amantes que se saludan después de una jornada de trabajo. Después el hombre la coge de los hombros y la lleva con cuidado hasta el comedor. El hombre, su amo, la observa, ha venido vestida como le ha ordenado, una camisa de tirantes, unos pantalones anchos y sin ropa interior.

Imaginad ahora que en ese mismo comedor, observando a esos dos seres de corazón caliente, hay también un centenar de personas que han tomado asiendo en una especie de grada escalonada, observando la escena. Esos espectadores saben que el hombre y la mujer nunca se han visto antes, también comienzan a ver lo que hace el hombre, tocando el cuerpo de la mujer por encima de la ropa, metiendo su mano dentro de los pantalones de ella.

Los espectadores creen que ella está loca. ¿Ir a casa de un desconocido al que llama "amo" para que haga con ella cuanto él desee? Está rematadamente loca, asegurarán todos. Sin excepción. También le juzgarán a él como de "abusador", dirán que se aprovecha de ella, que la manipula o la empuja a hacer algo que ella no desea realmente.

Una loca y un abusador, piensan todos, mientras sus corazones se enfrían un poco más aún.

Mientras los corazones del amo y de su sumisa se calientan hasta casi quemarles en el pecho,

viernes, 23 de julio de 2021

Una situación cualquiera (relato)


 

Mia está de pie e inmóvil, está en el comedor de la persona que ha conocido horas antes. Tiempo atrás, ni tan siquiera se habría planteado subir a su casa. Ahora ni se cuestiona que esté allí, de pie e inmóvil, mientras el hombre la observa. Por suerte la expresión "tiempo atrás" significa ahora tan solo eso: el pasado. Por fin ha llegado ese momento de su vida en que poco va a importarle lo que digan los demás, en el que evitará juzgarse a sí misma. Libertad, diversión, placer, seguridad, sensatez y consenso. Es lo único que necesitaba y, de momento, lo ha conseguido. Sigue con la sensación de que algo le oprime el pecho y también con la piel de gallina como cuando leía los relatos que había escrito el hombre que la observa. ¿Qué debe hacer ahora? No va a hacer nada que no le ordenen. El hombre se acerca a ella y comienza a tocar su cuerpo por encima de la ropa, con los ojos clavados en los suyos, en una conversación sin palabras donde el hombre diría "te toco porque eres mía y me apetece" y ella contestaría "sí, amo". Pero no hay palabras. El hombre introduce la mano bajo la falda de la mujer para comprobar que ha venido a su encuentro sin ropa interior, tal y como le ordenó.

Mia va si ropa interior, pero no porque se lo hubiese ordenado él. Esa orden había llegado antes de conocerse y nunca hubiese obedecido a algo así que viniese de un desconocido (quizás tampoco de un conocido). Por mucho que sintiese curiosidad o le gustase lo que le decía, nunca lo hubiese hecho tiempo atrás. "Tiempo atrás". Pero ahora había acudido a su encuentro sin ropa interior porque había arrancado una época de su vida donde haría cuanto le apeteciese, excitase o divirtiese. Sin juzgar ni ser juzgada. 

Mia llevaba demasiados años siendo lo que los demás esperaban que fuese. Esa mujer fuerte, decidida y responsable. El problema es que cuando llevas mucho tiempo siendo el ideal de otros, acabas perdiendo la esencia de la persona y te conviertes en un actor. Sentía que merecería un premio Oscar a la mejor actriz, aunque ese premio tenía un precio a pagar demasiado alto. Y ahora, estaba en ese instante de su vida en que iba a devolver todos los premios que había conseguido e iba a hacer lo que nadie esperaba de ella. Rompiendo en mil pedazos ese molde perfecto.

Mia siente como el amo introduce los dedos en su vagina. Mia se estremece, sin dejar de mirarle a los ojos. Ahora si, Mia está en el lugar exacto donde quiere y siente que debe estar. Porque, en ocasiones, la única forma de romper ese molde es romper con todos los "no" que van rebotando de un lado a otro dentro de tu cabeza. Y cualquiera de esas negativas puede convertirse en algo positivo con el más mundano de los actos.