sábado, 26 de noviembre de 2022

La vulnerabilidad


Desnuda y encogida sobre si misma, como si cinco minutos antes aun no hubiese llegado a este mundo, así está ella, expuesta y vulnerable, protegiéndose de ese desconocido que aun no ha llegado al amparo de una luz roja que presagia todo cuando está a punto de suceder.

La emoción esta pareja a la duda. Emoción por descubrir que va a suceder y duda (demasiadas dudas) sobre si es lo que ella desea o, en realidad, ha permitido que alguien la empuje al abismo.

Dos semanas antes, tras la pregunta del desconocido, ella había respondido "no estoy segura de lo que quiero". Ahora sigue sin estar segura pero la emoción y el deseo han ganado la batalla y espera, envuelta en su desnudez, a convertirse en la herramienta de otro. Y ese color rojo le recuerda que, por mucho deseo que sienta atenazando los músculos de su corazón, también existe el peligro. 

Siempre ha sido una persona vulnerable y, de repente, se ha visto empujada a caminar por un sendero lleno de espinas donde la luz del sol está atenuada por nubes oscuras. ¿Dónde acabará el camino? Que importa, porque mover los pies ya son síntoma de que no está parada. El problema radica en que siente que alguien la empuja, quizás una cuerda invisible tira de ella. Y eso no es lo que debe ser.

¿Qué se supone lo que deba ser?

Caminar el sendero es una experiencia que la abstrae de la rutina, siente curiosidad por conocer que le aguarda al llegar al destino, pero también es consciente de la perversidad de esos pasos, de la traición que comete con una parte de si misma.

Desnuda, expuesta, bajo una luz roja que presagia el peligro. Sin saber lo que quiere, pero deseosa de descubrirlo. Aunque las consecuencias sean peor de lo imaginado. Y eso que no imagina un poblado repleto de flores y gente amable al final del camino. 

Y sigue caminando, consciente de que siempre puede detenerse, a pesar de que la empujen.

No esta segura de lo que quiere pero cada vez está menos segura de lo que no quiere. Porque, lentamente, paso a paso, el color rojo del semáforo se está convirtiendo en amarilo.

viernes, 25 de noviembre de 2022

Renacer (relato)

 


Alba ha tomado asiento en un banco piedra, junto a un pequeño jardín repleto de de flores mustias y frágiles árboles, es una zona peatonal donde las personas, las plantas, las mesas de bar, los carteles de los comercios y el ruido, se mezcla todo sin orden. Alba está escuchando música a través de unos auriculares, ruido invisible dentro de sus oídos, las personas que cruzan junto a ella, ignorantes de esos auriculares, observan de reojo a una muchacha de pelo largo, gafas redondas y expresión amable, cantando para si algo que dice “abres los ojos y no ves nada, la ilusión de una mente atrapada”. Una canción que bien podría hablar sobre lo que creemos que los demás deben ser para nosotros o convertirlos en eso que ellos quieren de nosotros. O de cualquier otra situación. Como el hombre que la está esperando dos pisos por encima de su cabeza, en uno de los apartamentos, dispuesto a convertirla en lo que él desea que ella sea. Y, a pesar de eso, Alba ha venido y está sentada frente al edificio. Y a pesar de todo cuando desconfía, confía en seguir adelante. Como cuando el hombre le escribe relatos construidos desde la subjetiva provocación pero ella los abraza como un instante de excitante imaginación. ¿Y no es eso lo que deseamos? Encontrar la belleza en la fealdad. Convertir el blanco y negro en colores. Salir de la burbuja para volver a ella. Poder excitarte con lo que no debe ser. Como ese dragón que surca los cielos arrasando todo con su cálida lengua de fuego mientras una aldeana la observa fascinada por ver el magnifico animal aleteando segundos antes de que el fuego la devore. 

Sabe que si sube esas escaleras deberá ponerse un antifaz en los ojos y permitir que el dragón se apodere de su alma como se apoderó en el pasado de otras almas, aleteando siempre de la misma forma, siempre en la oscuridad, siempre tirando del hilo para fragilizar la caja fuerte y después abrirla de un solo golpe. Alba desea con todas sus fuerzas que el aliento del dragón se aproveche de esta situación porque el ave fénix renace de sus cenizas. Siempre. Consciente de la situación, igual que él, aunque ambos lo disfracen como un juego de roles. El quiere aprovecharse de ella y ella va a permitir que él se aproveche. En primer lugar por esa consciencia compartida y en segundo lugar porque ella lo necesita. Necesita que el dragón la coja del pelo, entre en ella, la bese y la lama, la use y la ame, la pervierta para luego glorificarla y abandonarla mientras se aleja aleteando con fuerza en los cielos.

Todo juego de roles es un juego de mentiras compartidas y cuanto mas conscientes somos de esa mentira, mejor funciona el rol. Aunque el dragón se disfrace de amo y la doncella se disfrace de sumisa. Aunque normalicen esa tragedia, el seguirá siendo el dragón y ella la doncella que va a ser devorada. Y así debe ser, porque la doncella está harta de caballeros que solo buscan una princesa para pasearla por la corte y para que les den descendencia. Ella es el dragón y por eso necesita enfrentarse a otro dragón para reinventarse y salir de aquella casa, después de haber sido sumisa, con la vista al frente y la seguridad de que ha sido el primer escalón de algo que acaba en la reconciliación. Consigo misma, con el mundo.

Que le den al mundo.

Alba se levanta, detiene la música, guarda los auriculares y el móvil en un pequeño bolso y oprime el botón del portero automático. Dos minutos mas tarde está en un pasillo vacío de una casa, colocándose el antifaz en el rostro como han hecho antes otras doncellas en la entrada de la cueva. Dos minutos mas tarde el dragón comienza a tocarla por encima de la ropa, las manos grandes de el no deja ni un centímetro sin sobar, de forma casi humillante. La doncella siente un calor que sube desde su vagina hacia su garganta.

-Devórame -pide ella.

-Primero me devorarás tu a mi -dice el dragón, el amo, mientras la obliga a arrodillarse y mete su pene en la boca de ella.

Dos horas mas tarde, la doncella deposita el antifaz en una caja junto a la entrada y se va sin haberle visto el rostro al dragón. Tampoco es necesario. Ha sucedido todo cuanto deseaba y temía al mismo tiempo, se ha sentido usada, se ha sentido un juguete. Pero esta vez, ha sido ella quien ha decidido que suceda eso, de forma consciente y buscada.

Alba comienza a caminar dejando que escamas de ceniza se separen de su cuerpo formando una hilera gris a su paso.

Que le den al mundo. Ha llegado el momento de convertirse en dragón.

Fuck you!

domingo, 20 de noviembre de 2022

El interruptor (relato)


Alba está sentada en el sofá de su casa, con la vista clavada en la puerta (ahora firmemente cerrada) que da acceso al rellano de la planta quinta del edificio. Alba podría estar mordiéndose las uñas pero se las ha mordido tanto durante la semana que no quiere acabar la espera con un ejercicio de canibalismo. Va vestida con una camisa abotonada hasta el cuello y una falda por encima de la rodilla, tal y como le ha ordenado él. No lleva ropa interior. Durante un breve instante, tan breve como un pestañeo, la idea de no abrir la puerta a quien está apunto de llegar, cruza junto a los miles de pensamientos que se agolpan tras sus ojos y se pierde en algún otro lugar de su cerebro. Mejor así, en el fondo está deseando que el hombre se retrase para prolongar esa excitación unos minutos mas. 

Para su goce y desgracia, el timbre del portero automático resuena por toda la casa rebotando de un lado a otro. Alba se levanta con lentitud, camina hasta el aparato y oprime el botón. Después coge el antifaz que ha comprado esa misma mañana en una tienda repleta de cuadernos, bombillas y toallas por un euro, deja entreabierta la puerta y coloca el antifaz sobre sus ojos. Adiós a la realidad.

Puede escuchar el ruido del motor del ascensor, la puerta abriéndose cinco pisos mas abajo, el ascensor subiendo, ahora se abre la puerta de su rellano, unos pasos y la puerta de casa se abre. Alba siente que puede morir de un ataque al corazón en cualquier momento, que muerte mas deshonrosa y bella sería la suya entonces. Incluso aunque acabase ahí, habría valido la pena.

El hombre dice "hola Alba" y ella responde "hola amo". Esa es la prebenda del recién llegado, llevar su titulo y su rol por encima de su nombre, como uno de esos caballeros que se anunciaban a la llegada del castillo. ¿Será ella la virginal princesa a quien debe tomar? Alba sacude (imaginariamente) su cabeza para alejar esa imagen que se ha apropiado de la oscuridad.

La puerta se cierra, el hombre se acerca a Alba y la abraza, un abrazo cálido y placentero. Alba hubiese preferido quizás que el hombre metiese directamente la mano bajo su falda pero ese abrazo está tan desubicado en su imaginario que cierra los ojos y recibe la calidez con un agradecimiento que la sorprende a ella misma.

El amo deja de abrazarla y comienza a desnudarla. Alba no siente vergüenza, al fin y al cabo, un cuerpo es un instrumento y en la ferretería todas las herramientas son diferentes pero todas tienen su utilidad y su comprador. Nunca le ha preocupado lo que piensen de ella más allá de que observen su cuerpo y olviden el resto. No es el caso. ¿Por qué ha escogido el símil de la ferretería? Ahora se da cuenta de que hubiese sido mas apropiado pensar en una tienda de instrumentos musicales. Que más da, al menos tiene unos segundos para pensar mientras el hombre la desnuda. Distraer su mente para que él no se de cuenta de que ella está deliciosamente aterrorizada.

Completamente desnuda, nota un dedo de su amo recorriendo su cuerpo... sus labios, su cuello, bajando hasta los pechos, rodeando sus pezones, de vuelta al sur rodeando su ombligo, jugando con su vello púbico y obviando el sexo para seguir bajando por la parte interior de sus muslos hacia sus rodillas.

Su amo (si, su amo, ahora si) se detiene y Alba escucha ruidos de tela, una cremallera, después un sonido que es incapaz de reconocer pero que sabe que son las cuerdas cayendo al suelo, seguro. Su amo comienza a encordarla lentamente, las manos a la espalda, después la cuerda sube hasta su cuello y lo rodea suavemente, y cae hasta sus pies donde son atados en pareja indivisible, como sus manos. Ha acertado, eran las cuerdas. ¿Dónde está su premio? Alba quiere su premio. ¿Pero en que diablos está pensando? Debe concentrarse, debe focalizar toda esa dispersión mental en una única premisa: servir a aquel desconocido.

Porque, por definición, es un desconocido ya que nunca antes le ha visto en su vida.

Ahí, de pie, desnuda y expuesta a un desconocido, atada y privada del sentido de la vista, la idea de no haber abierto la puerta vuelve a cruzar su cabeza, en esta ocasión mas lenta, tan lenta como ella cuando se ha levantado del sofá y se ha encaminado a la puerta. ¡Alba, deja de pensar! Se ordena a si misma en silencio. De repente se da cuenta de que, además de ciega, ahora está muda. Quizás permitir que todas esas ideas crucen por su cabeza es la clave. Dejar fluir, ser ella misma, no cortar ningún pensamiento, ninguna voz.

-¿Estoy loca, amo? -pregunta de repente.

-Por supuesto que no, mi querida sumisa -contesta su amo con voz firme.

Alba es consciente de su inconsciente en permitir lo que está sucediendo porque ahí radica la clave de todo esto. No lo ha permitido sino que lo ha buscado. Necesita encontrar ese interruptor en la oscuridad que la reconecte con su sexualidad, que la haga sentir que el placer es algo más que un orgasmo. Asumir que el placer es la espera, lo prohibido, las fantasías. Entender que puede servir a otro sirviéndose a si misma. Y no al revés, como hasta ahora. Entender que ese desconocido no es la luz, sino tan solo el interruptor.

De repente nota una especie de pluma recorriendo su cuerpo. Alba hace un esfuerzo por no reír, siempre ha tenido cosquillas pero ahora es diferente. La pluma rodea sus pechos como lo ha hecho antes el dedo de su amo. Baja por su estomago y, volviendo a obviar su sexo, se desliza por el interior de sus muslos.

Y también de repente, Alba siente que ha encontrado el interruptor en la oscuridad.

Reconectarnos





¿Por que (siempre) llega un instante en nuestro discurrir vital en el que nos desconectamos de algo? Puede ser de la pareja, del trabajo, de nuestra forma de ver el mundo o de nuestra sexualidad.

La desconexión nace de la necesidad, una necesidad que no siempre es consciente pero que basa su motivo en el cambio. No podemos ser siempre los mismos viviendo de la misma manera y, cuando somos incapaces de coger el timón y girarlo a toda velocidad, es cuando se produce una desconexión que nos obliga a volver a coger el timón que se ha descontrolado. Y cuando nos hacemos con el timón, a pesar de estar en el mismo barco, de repente estamos surcando aguas desconocidas que hemos de cartografiar para poder saber donde estamos ahora y hacia donde queremos ir.

Todos, en el discurrir, hemos tenido una o varias desconexiones con nuestra sexualidad. De forma, casi siempre, involuntaria, algo que nos fuerza a reinterpretarnos, a buscar la solución del enigma. Pero es un rompecabezas demasiado complejo para resolverlo en cinco minutos, ni tampoco en cinco días, aun menos en cinco semanas.

Para mi, comenzar a practicar BDSM fue la manera de volver a hacerme amigo del sexo como consecuencia de una desconexión. Porque entendí que el sexo es algo mas que solo eso, o al menos para mi debía ser así (por eso me desconecté). Con el BDSM aprendí que la emoción nace mucho antes del acto y se prolonga mucho después. Que el cuerpo es un instrumento y que lo importante es la experiencia, no el orgasmo.

Para mi, fue la luz que vuelve después del apagón.

jueves, 10 de noviembre de 2022

Ese Mordor...

 



Últimamente me estoy encontrado con gente (en cualquier ámbito o medio) que cuando sale la palabra BDSM, su primera (y automática) respuesta es parecida a “no me va ese rollo”. Lo cual es comprensible porque el BDSM, culturalmente, esta asociado a algo mucho mas oscuro que las tierras de Mordor y porque no nos gusta complicarnos la vida. También porque, de forma inconsciente, asociamos la gente que practica BDSM a gente con problemas emocionales e incluso psicológicos. Por supuesto que hay gente así practicando BDSM, pero también corriendo encima de una moto o bordando escudos en una chaqueta. No voy a defender aquí que el BDSM sea los mundos de Yupi porque no recuerdo esa serie de televisión y porque nada es los mundos de Yupi, ni tan siquiera esos mundos.

¿Qué pretendo explicar con este texto? Ni yo mismo lo se, quizás pretenda expresar un sentimiento de primitivo rechazo ante el primitivo rechazo sobre el BDSM. Y en rebelo contra eso porque algunas personas que desconocen el BDSM, se anclan en ese desconocimiento asumiendo que el BDSM es eso oscuro que la cultura popular ha escrito en nuestra memoria.

¿Cómo conseguir que alguien supere ese prejuicio (que lo es) y abra su mente a nuevas experiencias? La primera respuesta es otra pregunta: ¿deberíamos?

A mi no me gusta comer caracoles y nunca he comido uno. ¿Debería comerlo?

Ejemplos burdos y babosos aparte, de lo que aquí hablamos es de subjetividad o de objetividad. Objetivamente deberíamos probar las cosas para expresar una opinión subjetiva. Pero hacer eso significaría borrar todos esos prejuicios y tener días de 28 horas donde dormir ocupase solo 15 minutos.

Siempre que escribo una reflexión así acabo con la sensación de que estoy empujando a la gente a probar el BDSM. Y no es eso.

Pero no se explicarlo de otra forma.

domingo, 25 de septiembre de 2022

Elogio del follamigo y del sexo ocasional



Desde tiempos remotos, incluso antes de que el hombre fuese hombre y la mujer fuese mujer, que existía ya eso del follamigo y el sexo ocasional. ¿O acaso creéis que los dinosaurios o cualquier otro engendro prehistorico se casaban y se hacían un maratón de Netflix un domingo por la tarde? Follar solo por follar es algo tan necesario como respirar solo por respirar. Y no siempre encontramos el escenario y la persona ideal para poner en marcha la batidora del amor. ¿Qué hay de malo en el sexo ocasional, en una sesión de bdsm ocasional o en una cerveza ocasional? Respecto al sexo, algunos os responderán que sin cariño el sexo es algo vacío. Igual de vacío que ir a un McDonald’s a meterte entre pecho y espalda dos docenas de Nuggets porque te produce placer. Con una diferencia: si te atiborras a Nuggets posiblemente tus arterias se convertirán en tu peor enemigo y si tienes sexo ocasional estarás haciendo un magnífico ejercicio cardiovascular que finaliza en la cumbre del monte Everest.

Esto es aún más sangrante cuando hablamos de BDSM… ¿Tener una sesión ocasional con alguien ocasional? ¡No por dios! BDSM debe ser una religión donde o se sigue al rebaño o quedas expulsado para siempre.

La felicidad también se construye basándose en banalidades, así que en el sexo, como en el BDSM e incluso cuando bebes cerveza, si lo haces desde tu libertad, de forma segura y con total consciencia… no importa si es ocasional o si tienes un anillo de boda en tu dedo.

Viva el sexo ocasional, viva el BDSM ocasional y viva la cerveza.

Bien fría.


miércoles, 14 de septiembre de 2022

Comienzo Vs No comienzo


Muchas veces he escrito en este blog sobre en que momento comenzar en el BDSM. Y, con toda seguridad, siempre me he equivocado (no no he hecho diana) cuando intento explayarme sobre este tema. Hoy intentaré ser un poco más pragmático.

Para comenzar: BDSM es lo que tu quieres que sea. Y digo (escribo) esto porque mucha gente retrasa probar el BDSM porque cree que es un mundo de oscuridad, dolor, humillación y mazmorras donde nadie escuchará tus gritos. Pero BDSM también podría ser atar a alguien y usar un satifayer en esa persona para que experimente el placer estando atada, nada más. ¿Por qué sería BDM esto? Algunos contestarían que porque hay cuerdas pero mi respuesta seria porque hacer eso (satisfayer, dedos o vibrador) es poner en la realidad una fantasía que tienes. Y para mi el BDSM es un contexto (un escenario) donde llevar a la realidad fantasías o nuevas prácticas desde el consenso y sin ser juzgado. 

Comenzar en el BDSM no es comenzar entregándote a alguien para que haga cuanto desee contigo. 

Pero seamos lógicos, hasta para dejar que alguien venga a tu casa, te ate y ponga en marcha el satisfayer... se necesitar voluntad y valor. Y conste que cuando me he pensado mucho el escribir "valor" porque parece que quien no quiera jugar dentro de las difuminadas fronteras del BDSM es un cobarde. De la misma forma que en este escenario no juzgamos las prácticas, tampoco debemos juzgar los motivos por los que se hace o se deja de hacer algo. Digamos entonces que incluso para la práctica menos extrema se necesita cierta voluntad y todos sabemos que la voluntad se construye y destruye con cientos de ideas que cruzan a toda velocidad por nuestra cabeza. De repente nos decimos: ¿por que no? voy a hacerlo, para dos minutos después decir: ¿estoy loco? no estoy preparado.

Volvemos a mordernos la cola: ¿entonces que hago? ¿Comienzo o no comienzo? Mi respuesta es siempre la misma: la teoría del 15 que formulé en su momento y que tantas veces he repetido. Leed ese texto, ahí está la respuesta a si comienzo o no.

Mi único consejo es que valoréis cuanto de excusa hay en los motivos para no probar BDSM. Y conste que comprendo que nos excusemos porque ciertas novedades nos asustan. Pero lo contrario consiste en repetir cada día la misma rutina, yendo a los mismos lugares, paseando al perro y saludando a las mismas personas.