jueves, 30 de septiembre de 2021

El BDSM en 666 palabras

Por qué hay personas que practican eróticas “sadomasoquistas”? |  mujerhoy.com

Cuando dices que te gusta el BDSM, algunas (o muchas) personas fruncen el ceño al tiempo que mueven la cabeza de un lado a otro en un gesto de evidente desaprobación. Como colofón de esta actuación digna de un Oscar de Hollywood, me preguntan si me gusta hacer daño a las mujeres o humillarlas. Se cuestionan como puedo sentir placer con esas cosas, dando por sentado que es eso lo que hago, dando por sentado también que el consenso es la utopía de un unicornio rosa que vomita arcoíris. Nunca respondo. Voy a ayudaros a comprenderlo: la vida es demasiado corta para perderla rompiendo prejuicios ajenos. Así de simple es mi argumento.

Otras personas también fruncen el ceño para, a continuación, preguntar (con cierto respeto) acerca de que significa realmente el BDSM. Quizás también juzguen como las otras personas, pero no lo verbalizan y quieren saber más. A estas personas podría contestarles que el BDSM es "lo de 50 sombras de Grey" pero tampoco quiero mentir a gente que se interesa por el tema.  Es entonces cuando contesto que el BDSM  es un juego de rol donde uno es dominante y el otro dominado. 

 Y vuelven a fruncir el ceño imaginando que me encuentro con una persona en un sótano para tirar unos dados y derrotar a dragones o a magos. "Esto va a ser difícil", me repito. "No debería haber utilizado la palabra ROL para definir el BDSM", vuelvo a repetirme.

Quizás lo mejor sea explicar en este texto, de manera simple y comprensible, lo que es el BDSM. O lo que hacemos (de forma general) quienes practicamos BDSM.

Para simplificarlo: imaginad alguien que siente placer (de eso se trata: placer) en el acto de dominar a otra persona. A continuación imaginad a otra persona que siente placer en el acto de sentirte sometida, de sentirse servil, de no pensar, sino actuar. ¿Hay personas así? Según los últimos estudios aproximadamente un 15% de la población práctica BDSM y siente placer (de eso se trata: placer) sometiendo o siendo sometida. "¿Entonces BDSM son dos personas que se juntan para tener sexo donde una de ellas hace lo que quiere con la otra?", acostumbran a preguntarme a continuación.

"Esto va a ser, pero que muy difícil", me repito.

En el BDSM la clave es el consenso. Cuando dos personas se juntan para hacer algo desde su libertad, poco importa lo que hagan, Y nunca tenemos coartada moral para juzgar eso. ¿Qué importa que una persona sienta placer padeciendo dolor y otra sienta placer infligiendo dolor? Tanto masoquistas como sádicos tienen derecho a hacer esas cosas siempre que lo hagan desde su libertad y con consenso. Porque, de nuevo, hablamos del placer, hablamos de que ambos sienten placer haciendo eso, uno a cada lado del espectro.

"¿Entonces BDSM es dolor?"

Pues no, tampoco es sexo,  tampoco consiste en arrodillarse y ofrecerse para cualquier cosa.

 BDSM es todo y es nada. Porque lo que BDSM propone es un conjunto de prácticas alternativas, sean las que sean, donde dos personas desde su libertad y de forma consensuada, deciden juntarse para pasarlo bien. Da igual lo que haga, olvidad las etiquetas, las películas o cuanto imagináis que es. BDSM es aquello que vosotros queréis que sea y es tan BDSM el atar a la otra persona a una cama como en ser esclavo de alguien los 7 días de la semana y las 24 horas al día. Porque, cuando etiquetamos, siempre corremos el riesgo de ponerle puertas al campo. BDSM es lo que vosotros acordéis, una práctica alternativa al sexo donde una persona adopta el rol de dominante y la otra el de dominado. Y todo lo que podamos englobar dentro de esta frase, es BDSM,

No os equivoques, practicar BDSM no es decir si a todo ni tampoco consiste en ordenar cuanto te apetezca. Recordad siempre: consenso y límites. Todo debe estar consensuado y debe estar dentro de nuestros límites. Y todo lo que no sea eso: no es BDSM.


jueves, 16 de septiembre de 2021

Que nadie se entere

CÁLLATE Y ESCUCHA : EL SILENCIO

Cuando alguien comienza a interesarse en el BDSM, lo primero que viene a su cabeza es "que nadie se entere". No voy a volver a explicar aquí el porcentaje de población que practica BDSM porque no me gustaría que pensaseis que vuestros vecinos se visten de cuero y se azotan y no poder volver a subir con ellos en el ascensor. Que nadie se entere ¿no? Lo entiendo perfectamente, llevo más de 35 años en el BDSM y sigo pensando "que nadie se entere". Y este prejuicio a ser prejuiciados no es malo, es algo natural que forma parte del sentido de supervivencia. Como el camaleón que se mimetiza con su entorno para no ser reconocido.

El otro día una persona me dijo "BDSM es eso de las sombras de Grey donde un hombre maltrata a una mujer ¿no?". Como podéis comprender, pasé ni tan siquiera de contestarle porque no tengo ganas ya de entrar en discusiones donde alguien utiliza un argumento que es la suma de desconocimiento y prejuicio. Hubo un tiempo en que el ego me movía a ser didáctico e intentar explicar a los demás lo que es el consenso en el BDSM, la seguridad y el respeto. Pero al final siempre acababa cabreado y, en cierta manera, frustrado por el fracaso de no ser comprendido.

Por eso, ese "que nadie se entere" forma parte de muchos de los que vivimos el BDSM. Así que no os preocupéis porque mientras vosotros tengáis claro lo que quereis hacer y con quien, el resto importa bien poco.

lunes, 13 de septiembre de 2021

Paciencia Vs Impaciencia

CONJUNTA] brochas de caballo Zenith (ENTREGANDO SEGUIMIENTOS) - La Barbería  - Sin Corte no hay Gloria: Afeitado clásico y cuidado del caballero

El BDSM no es un mundo fácil, sobre todo en la parte que toca las relaciones personales, no me refiero a la técnica ni al valor ni a esos ridículos trajes de cuero con una cremallera en la  boca. Porque nada es fácil en las relaciones personales sean del tipo que sea. Pero es que resulta que en el BDSM todo es más difícil. Aunque también puede ser (muy) fácil. ¿Cuál es la verdad entonces? Galimatías introductorios aparte, debo reconocer que no soy una persona fácil cuando conozco a alguien en mi faceta como amo. Pero también puedo ser terriblemente fácil. Me explicaré: con ciertas personas, desconozco el motivo, siempre llego a un punto de no retorno. Y no porque el cohete ya haya alcanzado la estratosfera sino porque se ha estrellado contra el suelo. Sería idiota si no reconociese mi parte de culpa. No obstante, con otras personas, todo fluye y es fácil. ¿Soy yo o son ellas? Creo que cuando el cohete se estrella antes de partir a otros mundos, el problema es que no soporto la bipolaridad ajena. Años atrás, yo era de otra manera, era más tolerante a los cambios de opinión de los demás. Pero hoy en día no soporto esas mentes binarias donde todo es negro o todo es blanco. Quizás porque cada vez son menos los años que me quedan por vivir y tampoco soporto la idea de perderlos con gente que no parece tener claro lo que quieren. Para la gente con problemas de comprensión lectora he de aclarar que he dicho "gente que no PARECE tener claro lo que quieren", no gente que no lo tiene claro. Antes veía esos miedos ajenos, me armaba de infinita paciencia y recibía los embistes cuál aguerrido caballero medieval, esperando momentos mejores  en el combate. Pero ahora tengo la armadura abollada y la paciencia agotada. Podéis pensar que me he vuelto insensible, que soy inflexible, que no comprendo a los demás... puede que tengáis razón, O no. Lo único que se es que ahora quiero vivir tranquilo y que otros los que se arriesguen a comer los yogures caducados (nueva nota para la gente con dificultad de comprensión lectora: a esto se le llama metáfora).

domingo, 12 de septiembre de 2021

Olvido, pero no perdono



En algunas ocasiones, ya sea por un golpe de aire o porque entramos en un laberinto del que no sabemos salir, nos agobiamos y tomamos decisiones instantáneas que condicionan nuestras vidas. Definimos esta acción como "hablar sin pensar" cuya mejor cura debería ser "antes de hablar, mejor consúltalo con la almohada". Pero dejemos a un lado todas estas frases echas. La realidad es que todo cuanto decimos tiene consecuencias en nuestras vidas. No podemos tomar una decisión y a los cinco minutos arrepentirnos de lo que hemos dicho. Porque no vivimos en una isla desierta. Nuestros actos tienen consecuencias entre quienes nos rodean. Cuando alguien abre la boca debe asumir las consecuencias de sus palabras. Ya sean fruto de una reflexión o de un miedo pasajero. Y debemos asumirlo precisamente porque no vivimos en una isla desierta,

No acostumbro a cuestionar las decisiones ajenas porque desconozco si son fruto de una profunda reflexión o de un instante de locura. Pero lo que SIEMPRE hago es respetar esas decisiones aunque la persona que las haya tomado, después se arrepienta. Vivir consiste en asumir los errores, integrarlos y seguir caminando. En ese blog he defendido por pasiva y por activa la cultura del error: debemos equivocarnos para aprender y evolucionar. Pero también debemos asumir que esos errores, siempre tienen consecuencias.

Como decía un amigo mío (de pocas luces): "yo olvido, pero nunca perdono" 

Menuda estupidez todo... incluida la frase de mi amigo.

Pd. Editado para personas con problemas de compresión lectora: decir que una situación que se repite en la vida es una estupidez no es llamar estúpido a nadie.

viernes, 10 de septiembre de 2021

Las fotos (relato)

El probador de María Blog de Moda 

La mujer envía cada día una foto a un hombre. El hombre recibe cada día en su móvil la foto de la mujer. Ambos actos, además de ser uno consecuencia del otro, suceden con la exactitud de un reloj suizo. La imagen que envía la mujer podría parecer siempre la misma, pero no. La realidad es que son diferentes imágenes reflejando un mismo instante. Como mirando fotograma a fotograma un celuloide antiguo.

Aunque algo clon exacto de un otro algo, siempre hay pequeñas diferencias que lo hacen único. Y la foto de aquella mujer, día tras día, aunque parecía siempre la misma, siempre era diferente. ¿Por qué enviarle una foto parecida día tras día al hombre? Porque le apetecía, principalmente. 

La foto era la de una mujer, completamente desnuda, recién salida de la ducha, con una toalla alrededor de su cabeza, casi siempre sonriendo.

La mujer enviaba la foto y continuaba con su cotidianeidad.

El hombre recibía la foto y admiraba cuando de cotidianeidad había también en esa foto.

Ella era sumisa, él era un amo. 

Y, no obstante, aquella foto no llegaba cada día al teléfono del hombre como consecuencia de una orden. 

Y, no obstante, aquella foto que el hombre observaba con detenimiento, a pesar de no contener ningún elemento propio del BDSM, hacía que el hombre desease someter a aquella mujer como nunca había deseado antes a nadie. ¿Por qué? La mujer le había enviado también algunas fotos de ella en alguna sesión, vestida a modo de catálogo fetichista o utilizando algún instrumento propio de esa época en la que la tortura era tan común como sentarte a ver la película recién estrenada en Netflix. Y pese a que era una foto cotidiana, el hombre veía en esas fotos algo que no era capaz de ver en las otras fotos que reflejaban sesiones BDSM. Y era la misma mujer. 

La cotidianeidad es algo que debería permanecer cuando practicamos BDSM. No es necesario que una persona dominante o dominada, se disfrace o acuda a todos los inventos de Q (Bond dixit) para convertir el BDSM en una película digna de la mente más retorcida. Porque el BDSM nada tiene que ver con látigos ni correas, tampoco con potros ni mazmorras. Porque el BDSM es algo que tiene que ver con pervertir lo cotidiano, convertirlo en algo único sin la necesidad de acudir a una tienda de disfraces ni comportarnos como si fuésemos los protagonistas de "Ilsa, la loba de las SS".

Ilsa, la loba de las SS (Ilsa: She Wolf of the SS)

Porque una sola foto de aquella mujer, recién salida de la ducha, reflejaba mejor lo que significa desear someter a alguien que cientos de fotos hechas en cientos de mazmorras con cientos de dominantes y dominados.

Prácticas: la violación fingida

 I Follow My Feet — The Red Room in the Back (M)

Hay personas que disfrutan fingiendo una violación. Antes que nada debo decir que no tenéis que juzgar aquello que hacen dos personas si lo hacen desde su absoluta libertad. 
 
CONSENSO
 
Fingir situaciones diferentes de las cotidianas es algo habitual en cualquier relación sexual, sobre todo cuando buscamos nuevas vías para escapar a la rutina de la pareja. El problema (o la contradicción) viene cuando fingimos algo que rechazamos. Rechazamos sin paliativos que en una fantasía tenga cabida la violencia o todavía peor… una violación. Quizás cuando rechazamos esa idea deberíamos también hablar con la gente que tiene esta fantasía y verían con qué naturalidad y libertad la viven. No hablamos de violencia doméstica ni de violación real. Del mismo modo que cuando vemos una película no pensamos que el asesino de la pantalla es realmente un asesino. Fingir una violación es actuar ante un auditorio que somos nosotros mismos.

Tanto si estáis en el mundo del BDSM cómo si no, disfrutad de este tipo de fantasía (no de esta en concreto, de cualquier fantasía) y llevadla a cabo pero, sobre todo, hacedlo con cuidado. Fingir es fingir y del mismo modo que un mal actor estropea una película, si no sabemos hacer las cosas de la manera adecuada, estropearemos la fantasía. Y aquí sí que viene el peligro porque fingir una violación no es fingir que somos cocineros famosos. No es lo mismo que se te queme un lenguado a que una persona se sienta realmente violentada.

¿Entonces deberíamos prohibir que la gente finja una violación? Si hiciésemos una rápida encuesta saldrían respuestas del tipo, "eso no es aceptable" o "quien fantasea con eso es un enfermo". Y no son respuestas erróneas, porque una rápida encuesta provoca una rápida respuesta. Y toda respuesta inmediata es algo visceral, no intelectual.

Sed sinceros y honestos con la otra persona antes de empezar esta práctica, pactad límites tanto emocionales como físicos, habladlo absolutamente todo y hacedlo tan solo si confiáis plenamente en la otra persona.

Y, por encima de todo, parad inmediatamente si pensáis que algo no va bien. Aunque solo sea una vaga sensación.

Del mismo modo que sucede en el BDSM, nuestra estabilidad esta para encima de nuestras fantasías. Cuestión de prioridades. Si controláis todo esto… adelante y olvidaos de juicios morales propios o ajenos.

martes, 7 de septiembre de 2021

Prácticas: Sexo anal

Qué le pasa a tu cuerpo cuando tienes sexo anal – jovenEshacerpolitica

Algunas personas creen que algunos hombres (o todos) estamos obsesionados con el sexo anal. Obsesionados con que el único lugar donde queremos introducir nuestro pene es el culo de una mujer (o de otro hombre). Cuando estas personas se meten en el mundo del BDSM protestan a los cuatro vientos “por el culo también ¿no?". Quizás deberíamos comprender antes la diferencia entre el sexo anal convencional y el sexo anal en el BDSM. Si hablamos del acto físico, no hay grandes diferencias porque resulta que esa diferencia, de haberla, está en la cabeza, no en el culo.

El sexo anal siempre ha sido considerado una práctica “contra natura”. Para la iglesia, el acto sexual solo tenía una finalidad: la reproductiva. Para esos señores con anillos de oro y togas de colores, el acto de introducir tu pene en el ano de otra persona (hombre o mujer) está prohibido (o es pecado) porque, a día de hoy, nadie se ha reproducido por esa vía. Aunque no perdamos la esperanza. Y puestos a confiar, confiemos también en que la iglesia católica actualice un poco su software. Otro apunte: hasta el año 2013, en Estados Unidos (ese lugar que presume de libertades) aun quedaban nueve estados donde el sexo anal era delito penado por la ley. Tuvo que haber un fallo de la corte suprema para que se derogaran todas esas leyes propias de personas que gobiernan con un sombrero de papel de plata en sus cabezas.

En el siglo XXI el sexo anal continúa siendo una práctica "no bien vista" (por razones éticas y religiosas) pero extendida en las relaciones de pareja.  Como siempre, la realidad va unos cuantos pasos por delante de lo que decimos que es la realidad.

En el sexo anal convencional, la pareja se preocupa por que el otro se sienta cómodo, no interpreta la sodomización como un castigo ni cómo aprovecharse del otro, es solamente un acto donde los dos disfrutan sin pensar demasiado ni darle ningún otro significado.

El sexo anal en el BDSM es utilizado como herramienta para demostrar quién manda, para humillar o como castigo. Sentimientos todos que suceden dentro de la mente de la sumisa, no dentro de su culo. La sumisión física y psicológica que comporta esta práctica es el gran atractivo que tiene frente a la penetración “normal”, practiques o no BDSM.

¿Qué opino yo de todo esto? Si habéis leído mis relatos sabréis que el sexo anal es algo que utilizo a modo de "punto de no retorno" en  cualquier narrativa BDSM. Aparte de esto, es algo que (como amo o no) me gusta hacer. ¿Soy por eso un pervertido o un egoísta? Ya os contesto yo: sexo anal aparte, por supuesto que soy un pervertido y un egoísta. Todos, en cierta manera, lo somos. Pero no nos equivoquemos de agujero (que fino estoy hoy), el sexo anal me gusta por lo mismo que me gusta el BDSM o el arroz con leche. Aquí hablamos de gustos, más allá del subtexto. Nunca lo he exigido como parte imprescindible de una sesión, pero me gusta. No es imprescindible, ni necesario, ni excluyente... pero sigue gustándome.

Soy consciente que he simplificado en demasía el tema, ya hablaremos en profundidad (nunca mejor dicho) más adelante, ahora solo es una anotación a pie de página.

¿Me podéis dar un aplauso por el aluvión de dobles sentidos? De nada.