miércoles, 3 de julio de 2024

Objetividad Vs Subjetividad





Cualquier texto que leáis (este o cualquier otro de cualquier otro autor en cualquier otro lugar) casi siempre es fruto de la subjetividad. En historiadores, jueces, médicos o cualquier otro empleo donde la objetividad, la ciencia o la norma son imprescindibles, permanece cierta subjetividad. El punto de vista propio tiene más peso específico que la norma ajena. No quiero decir con esto que no exista una verdad, sino que la verdad absoluta no existe.

Cuando dicen que la justicia es ciega pretenden dar a entender que no existe  diferencia entre ricos y pobres, no diferencia razas, sexos ni delitos. La justicia es diferente dependiendo de quien la aplique porque la justicia es cualquier cosa menos ciega, incluso puede que no sea ni tuerta. La aplicación de la justicia depende de quien la aplique, como la aplique, donde la aplique o sobre quien se aplique. A igualdad de delito, los veredictos son diferentes. Y eso tiene mucho que ver con el punto de vista (en este caso del juez). Lo mismo sucede con los médicos y sus diagnósticos, con los historiadores y sus conclusiones… con un taxista y el trayecto, con un policía y la falta, con un maestro y sus alumnos.

Sabemos que no hay una norma única y que todo funciona dependiendo de quien esté en un lado u otro. Cuando hablamos de la moral, de lo que está bien o mal o de lo que deberíamos hacer o no, nos juzgamos a nosotros mismos con una severidad que ni tan solo los jueces aplican, temerosos de que un rayo nos fulmine por salirnos del camino o temerosos de quedar mal ante los demás. Somos nuestros peores enemigos, somos nuestro juez más estricto y somos nuestro cura mas extremista. No dejamos pasar ni una y cuando la dejamos pasar nos gusta criminalizarnos y entramos en una espiral de culpa de la que ya no sabemos salir.

Pero a vida también es trivialidad, la vida también consiste en no ser productivo, podemos ser egoístas o podemos pecar de la forma mas impensable. Podemos llevar a cabo nuestras fantasías más inconfesables y debéis saber que ningún rayo nos fulminará. Nadie nos juzgara por nada que hagamos de forma tan severa que como nos juzgamos nosotros mismos. Y esto es lo que nos hace permanecer inmóviles sentados en el sofá y lamentándonos de la triste vida que nos ha tocado vivir. Sin darnos cuenta de que ni es tan triste ni tan inflexible ni tan aburrida.

Portarse bien y intentar ser justos, correctos y obedientes está bien, eso nos ayuda a dormir y hace del mundo un lugar mejor.

Pero portarse mal, ser incorrectos y desobedecer la norma está aún mejor siempre que sepamos que es algo ocasional. Policías, jueces, taxistas, médicos, científicos, cocineros y deportistas se equivocan porque la subjetividad es aleatoria. Si esto es así... ¿por qué nosotros nos empeñamos en hacerlo todo de forma perfecta y si eso no sucede creemos que la vida es una mierda?

Puede que la vida sea una mierda, pero si cometes locuras acabas dándote cuenta de que la locura forma parte de esa vida y contribuye a hacerla menos mierda. La locura y la trivialidad no harán de nuestra vida algo peor pero seguro que la endulzarán.

sábado, 29 de junio de 2024

La primera vez de Alba (relato)

 



Hemos quedado en el bar de un céntrico hotel (donde también he reservado una habitación toda la noche). Ella se llama Alba y va a ser su primera sesión como sumisa. Eso si es que se decide. Primero charlaremos con una copa delante para ver como fluyen las cosas. Ambos estamos decididos a hacerlo, pero necesitamos aterrizar todas esas conversaciones nacidas desde el bajo vientre y entender, desde la lógica, lo que nos disponemos a hacer. La veo aparecer por el fondo del local, lleva un vestido negro de tul ajustado con escote, medias negras y tacones. No creo que acostumbre a vestir así en su día a día, de lo cual me alegro porque eso significa que, en cierta forma, se está liberando, aunque solo sea su vestimenta. Desea estar hermosa para su amo, lo cual también es una señal de que desea servirme. Al llegar a mi altura intercambiamos dos besos mas castos de lo necesario y tomamos asiento en sendos taburetes frente a la barra, al hacerlo, su falda se desliza y alcanzo a ver que las medias son de medio muslo. Perfecto, se las dejaré puestas durante parte de la sesión. Alba está nerviosa, es lógico, así que decido llevar la conversación de la misma forma que llevaré la sesión. No me importa tomar el control de las situaciones, mi ego no se infla por eso ni se desinfla tanto si soy el rey de la pista como si soy el ultimo mono del circo. Simplemente es algo que hay que hacer en determinados momentos. Ahora, por ejemplo.

La conversación discurre por temas triviales, no hablamos acerca de la sesión porque ya hemos pactado todo cuanto sucederá. Alba sonríe tímidamente. Me gusta esa sonrisa, la sonrisa de alguien que lleva mas de cuarenta años comportándose como le han dicho que se ha de comportar, negándose fantasías que, desde varios frentes, le aseguraban que era algo cercano a la enfermedad mental. Hoy es el día en que se va a liberar. Muchas personas deben estar atadas durante parte de su primera sesión para que aumente su indefensión, su sumisión, sus sentidos, para que confíen en la persona que las ha atado. Y curiosamente, solo consiguen estar liberadas cuando están atadas.

-¿Subimos? -pregunto al cabo de media hora

-Si -contesta ella bajando la mirada tímidamente.

En el ascensor deslizo una de mis manos por debajo de su falda, subiendo por el interior de sus muslos. Su sexo esta completamente mojado. A Alba este gesto le ha cogido por sorpresa, muestra incredulidad y cierta vergüenza. Huelo mi mano impregnada de sus fluidos y le sonrío. Su sexo huele a sumisa.

Una vez en la habitación coloco una venda sobre sus ojos, esa es la parte que menos le gusta y la que mas me ha costado convencerla, pero, como en toda negociación, hay una contraprestación. Hemos decidido que comenzaremos la sesión con ella con los ojos vendados, vestida, con las piernas abiertas y yo masturbándola. Alba quiere sentir lo que es el squirting o, como ella me dijo, quiere sentir como se mea corriéndose. Evidentemente el squirting es un fluido similar a la orina, pero no lo es.

Que una sesión comience con un amo masturbando a su sumisa parece un contrasentido, para mi no lo es. Si es lo que ella necesita y ha accedido a ponerse la venda en los ojos, que a si sea. Para mi, una sesión es una experiencia. No tengo porque ser amo cada segundo de esa sesión, solo necesito sentir que la otra persona entiende los roles y los asume. Necesito ver que la otra persona respeta el pacto al que hemos llegado.

Comienzo a masturbarla mientras con la otra mano manoseo sus pechos por encima de la ropa y la beso. Media hora mas tarde y después de tres orgasmos que han llenado la cama y la moqueta del hotel de los flujos de Alba, la desnudo completamente, solo le queda la venda en los ojos y las medias de medio muslo, la ordeno arrodillarse y meto mi pene en su boca. Ahora me toca a mi, ahora es el momento de educar a mi nueva sumisa como quiero que haga las cosas. Después de un buen rato, me corro en su boca y mientras la agarro del pelo le ordeno que se trague todo. Alba obedece.

-Buena sumisa -digo.

-Gracias amo.

La ayudo a estirarse en la cama y, de repente, meto mi cabeza entre sus piernas, lamiendo su sexo completamente depilado. ¿Por qué hago eso? Porque ella va a hacer muchas cosas nuevas para satisfacer a su amo y lo único que me ha pedido a cambio es que la ayude a “mearse” mientras tiene un orgasmo y que le coma el coño hasta saciarme de sus jugos.

Soy amo, pero puedo comerle el coño a mi sumisa si la situación lo requiere, tampoco tengo ningún problema con eso. Además, así podré recuperarme de mi orgasmo.

Quince minutos más tarde y después de beberme su corrida, la pongo a cuatro patas encima de la cama, me pongo un preservativo e introduzco mi pene en su vagina, mientras la agarro con fuerza de las caderas y la follo durante un buen rato, propinándole algún que otro azote, algún que otro insulto, algún que otro tirón de pelo. Sexo duro con alguien que sabes que está cuidando de ti, esa es la clave.

Al poco rato, mientras me follo a mi sumisa Alba, le meto un dedo en el culo. Ella gime, no parece estar cómoda, pero al poco rato su ano comienza a dilatarse y el dedo entra perfectamente. Un dedo en su culo, una polla en su coño. Una de las fantasías de Alba es la doble penetración. Hemos acordado que la haremos algún día, pero no con otra persona, ella quiere la polla de su amo en su culo o en su vagina y un vibrador en el otro agujero libre. He traído un vibrador, pero no creo que eso suceda hoy aunque lo que si que va a suceder es que sodomice a mi sumisa. Ella me lo ha pedido como parte de su fantasía, nunca ha follado por el culo antes.

Quito mi polla de su coño y pongo vaselina en su culo al tiempo que sigo introduciendo un dedo, después dos dedos. Alba gime de dolor y placer, al poco rato la penetro analmente, con suavidad. Alba esta algo incomoda, pero sabe que ha de aguantar unos minutos y esos músculos donde ahora esta mi pene se relajaran y se dilataran. La frontera entre el dolor y el placer es casi imperceptible en el BDSM, a veces incluso son la misma cosa. Al poco rato ya estoy sodomizándola sin problema. Sin aparente dolor, con mi polla en su culo probamos todas las posiciones, ella lleva una venda en los ojos aun, se la quito mientras estamos follando yo encima de ella, cara a cara, nos miramos y nos besamos.

-¿Dónde esta mi polla, sumisa? -le susurro al oído

-En mi culo, amo.

Al poco rato saco mi polla de su culo, lanzo el preservativo al suelo y me masturbo a escasos centímetro de su cara. Finalmente, el semen cae en sus labios, en su nariz, en sus mejillas, parte en su pelo.

La llevo hasta el baño y la hago mirarse reflejada en el espejo, ese rostro lleno de semen y su culo aun abierto de par en par.

-¿Qué ves? -le pregunto.

-A una sumisa -responde ella- Tu sumisa.

-Es esto lo que querías Alba.

-No lo quería amo, lo necesitaba, pero no lo sabia.

-¿Y ahora que?

-Quiero mas amo, probar más cosas, pero otro día, estoy agotada.

Nos duchamos y bajamos al bar del hotel a tomar otra copa, ya no somos dos desconocidos, ahora somos amo y sumisa, hay una profunda conexión entre ambos y eso se refleja en la conversación. Alba esta relajada y sonríe, se siente liberada de muchas cosas, pero, sobre todo, a aprendido a no juzgarse a si misma sino a disfrutar sin pecado ni culpa.

Ayer Alba era una mujer insegura, asustadiza y con sentido de culpa por dejarlo todo para el día siguiente. Hoy, esta noche, Alba parece una mujer segura, confiada y alegre por no haber dejado la sesión para el día siguiente. Puede que mañana los miedos vuelvan a Alba, pero se enfrentará a ellos  porque ahora sabe que puede repetir lo que acaba de suceder, ahora sabe que hay alguien que la comprende, la escucha y no la juzga. Alba es ahora una sumisa por decisión propia y aunque esa no es la solución a nada, es un alivio tan agradable que lo único que se le pasa por la cabeza es porque no lo probó antes, con todas esas fantasías en su cabeza que se quedaron en culpabilidad solo por el hecho de haberlas imaginado. 

En realidad, la vida no tiene solución, es un conjunto de blancos y negros a los que solo podemos enfrentarnos de la manera en que Alba se ha enfrentado esta noche: olvidándose de quien es y poniendo todo su esfuerzo en quien quiere ser.

Comenzando por ser sumisa. 

Mi sumisa.


miércoles, 12 de junio de 2024

Abrir la mente



Llega un momento de nuestra vida, ya sea por aburrimiento, por necesidad, o porque nos hemos aburrido de las series de Star Wars de Disney, que nuestro cerebro comienza a construir la idea de que debemríamos abrir la mente y conocer cosas nuevas, ser mas receptivos a todo aquello que, hasta ese momento, hemos etiquetado con un gran "No" en letras rojas brillantes cual neón de anuncio de cerveza colgado en el dormitorio de un soltero que ha llegado a la crisis de los cuarenta.

Símiles sobre plataformas digitales y señores que se compran motos aparte, lo que pretendo transmitir es que siempre (y cuando digo siempre quiero decir casi siempre) llega un momento en nuestro inevitable camino hacia la muerte en que nos (re)planteamos muchas cosas. Ese momento no sucede en la juventud, tampoco años después, suele suceder en la madurez, cuando echamos un vistazo a ese retrovisor sucio donde vemos esos coches que hemos dejado atrás sin reparar en ellos tan solo porque no tenían el color que nos habían dicho que debía tener un coche.

Reformularse es aprender. Aprender a liberarse, en primer término, pero también aprender cosas nuevas. 

En este blog suelo escribir sobre BDSM, también reflexiones, relatos y cientos de textos mas que tienen tanto valor literario como una coliflor en mal estado asomando por un cubo de basura en una noche de tormenta. Pero esta reflexión sobre abrir la mente no está relacionada con practicar por vez primera el BDSM. Puede darse el caso y es uno de los motivos por los que muchas personas prueban a jugar a ser dominantes o dominados a ver que sucede, pero eso sería tangencial, no hablo de BDSM aunque hable de BDSM. Este texto pretende contar (y por lo que releo, no lo estoy consiguiendo) acerca de esas segundas oportunidades que nos damos a nosotros mismos. El principal inconveniente de abrir la mente son las consecuencias porque no es lo mismo abrir la mente a comer caracoles que abrir la mente a acostarnos con otras personas a espaldas de nuestra pareja. Todo acto tiene sus consecuencias, excepto si eres un político que puedes mentir con total impunidad. Pero para nosotros, los mortales que votamos en vez de ser votados, nuestros actos devienen en situaciones que se contemplan como un semáforo: rojo, amarillo o verde.

Llega un momento en que abrimos la mente pero detenemos los pies. El rojo, incluso el amarillo, nos anuncian que es peligroso seguir caminando. Hay ciertas líneas (imaginarias) que nos han dicho que no debemos cruzar, ya sea porque parecen peligrosas o porque tendrán consecuencias. Y tienen razón, tomar una decisión vital que implique abrir la mente y conocer cosas nuevas puede tener consecuencias. ¿Y si nos equivocamos en esa decisión surgida de la necesidad de abrir nuestra mente? Parafraseando a Oscar Wilde: "experiencia es el nombre que damos a nuestros errores".

Pero no hay nada más aburrido que cruzar solamente cuando el semáforo está en verde. No hay nada mas aburrido que estar parados frente a un semáforo en amarillo o rojo, viendo los coches pasar, viendo como otras personas se saltan ese mismo semáforo.

Saltarse el semáforo, aunque tenga consecuencias, siempre será mas divertido que quedarte quieto viendo pasar coches. Abrir la mente, aunque nos empuje fuera de nuestra zona de confort, siempre será mejor que quedarte en el sofá oprimiendo los botones del mando a distancia mientras el catalogo de Netflix pasa frente sin saber que película escoger.

Confiad en mi cuando os digo que algunas cosas en la vida son como las películas de terror: cuanto mas miedo nos dan mas divertidas acaban siendo.



sábado, 8 de junio de 2024

Dos hombres y una mujer

 


Vivimos en el convencimiento de que estamos hechos para una persona y esa misma persona está hecha para nosotros. En algún rincón de este planeta redondo tenemos nuestra alma gemela que, con toda seguridad, nunca llegaremos a conocer. Debido a esto acabamos acercándonos a personas que aun que no son esa alma gemela, suelen ser nuestros iguales de marca blanca que, a falta del inalcanzable original, pueden calmar nuestra hambre durante años.

Como en ese supermercado, nuestros amores de marca blanca se acumulan en el estante ofreciéndonos una variedad que acaba derivando en cantidad. ¿A dónde quiero llegar? Lo que pretendo explicar es que, a falta de esa alma gemela, disponemos de varios ejemplares que nos permiten disparar a dos dianas con una misma pistola. No son la diana perfecta, pero son una diana.

No voy a citar ahora a esa estrofa de la canción del siempre excitado trabajador de la construcción que vende colonias que dice “Por el amor de esa mujer somos dos hombres con un mismo destino. Y aunque me digas que ella es para ti y aunque seas mi amigo, lucharé.”. Vaya… ya la he citado. Bueno, me sirve.

¿Qué sucede si dos hombres se enamoran de la misma mujer o viceversa? Si sucede lo primero es la lógica, pero si sucede lo segundo, entonces es que volvemos a disparar a dos dianas con una única pistola. ¿Qué problema hay en eso? Ninguno, la vida está para disfrutarla, incluso para compartir. Pero sí que hay un problema: algunos no saben compartir porque nuestra condición es la de seres posesivos. Vallamos nuestro jardín, le ponemos un collar a nuestro perro y exhibimos a nuestra pareja para que todos contemplen la suerte que tenemos. Pero compartir jardín, perro o pareja con un desconocido… no parece funcionar.

Dos hombres y una mujer es una ecuación que debería funcionar si los egos se quedan en el cajón de la nevera. Bien por ella, bien por ellos. Incluso podemos romantizar esa relación a tres bandas y comprender que la vida es mas flexible de lo que creemos, comprender que en los estantes del Mercadona hay productos de marca blanca iguales, muchos. Maldita sea, ya les he hecho publicidad. ¿Les gustará que asocie su marca a una relación a tres bandas? Posiblemente si es sin gluten no tendrán inconveniente… ¿Y que opinará Bustamante?

 

viernes, 17 de mayo de 2024

Reflexiones sobre vinos, juventud y un lerdo que nunca ha dejado de serlo

 



La señora X es enóloga, ya sabéis, esa raza de personas que meten la nariz en una copa llena de un liquido prensado desde varios racimos de uva y después sentencian con inusuales adjetivos aquello que el resto de los mortales desconocemos. Desde pequeño siempre me fascinó esa profesión, imagino que porque mi padre era un amante del vino (aunque saliese de una barrica de madera en una bodega de barrio) y mi obsesión llegó a tal nivel de estupidez que años más tarde comencé a comprarme libros sobre enología e incluso llegué a tener una libreta donde apuntaba notas de cata y guardaba las etiquetas de los vinos. Toda esta obcecación se esfumó cuando caí en la cuenta de que ser enólogo es una cosa y ser un aficionado a los vinos es otra que solo funciona si puedes probar buenos vinos. Incluso llegué a tener una bodega en casa, pero cometí el pecado de construirla en el comedor que quedaba muy bonito cuando venía visitas pero que también me hizo descubrir que, con cambios de temperatura, luz, humedad, etc. lo único que conseguía es que, en vez de envejecer, algunos caldos se cristianizaban en vinagre que no servía ni para cocinar, dando paso a una decepción que enterró mi afición en cal viva.

Hace poco supe de la señora X y el averiguar que era enóloga hizo que todos esos recuerdos de prepotencia e inconsciencia volvieran a la luz forzándome a recordar las mil estupideces que acometía de joven en la creencia de que era el tipo más audaz, capaz e inteligente del planeta. La realidad es que era un lerdo con insuflas de aspirante a nada. Algo que, he de reconocer, no ha cambiado en demasía.

Ahora no bebo vino porque, con el avanzar del calendario, he descubierto que esos azucares en forma de caldo construyen en mi cabeza tan magnificas migrañas que apenas soy capaz de acercar una copa de vino a mis labios y solo si es un vino de calidad. He desenmascarado la dolorosa realidad de que debo tener genes de próspero terrateniente porque el vino obscenamente caro no acaba en migraña.

Pero, por (doble) desgracia soy un menesteroso de la vida que tiene mas deudas que dinero en el banco.

De todas formas, no he venido aquí a hablar de mis experiencias con el vino sino de la señora X.

Aunque ahora que reflexiono, llamarla señora puede que sea una falta de respeto. ¿Si la llamase señorita también lo seria? Puestos a llamar, llamadme antiguo porque creo haber perdido toda capacidad de saber como dirigirme o charlar con alguien sin faltarle al respeto. Lo intento, pero siempre caigo en los tópicos de quien ha nacido en una época cuando la televisión en color era un artículo de lujo.

X es enóloga y está casada. No se más de ella aparte de que es una mujer ocupada y que se expresa con esa aridez propia de alguien atacado de timidez o de quien está de vuelta de todo. Tampoco me preocupa la economía de la palabra porque eso compensa mi verborrea y la balanza finalmente se equilibra.

Conocer a una persona es como abrir una botella de vino, descorchando lentamente para saber mas de esa botella en este primer acto, observando al trasluz sus colores, la lagrima, los olores, los gustos (y eso que llaman retrogustos), saboreando, conociendo y dejando que sea tu cerebro confuso por el alcohol quien decida si quiere continuar bebiendo tal caldo.

No conozco a X, me gustaría conocerla, quizás por esa intuición de que pueda ser interesante, quizás porque puede ser mi vía de acceso a esos carísimos vinos que no me produzcan dolor de cabeza o quizás porque el saber que una mujer casada busca distracciones fuera del matrimonio es algo que me parece tan atrayente como una bolsa llena de dinero abandonada en el pavimento de una calle vacía.

No me juzguéis, ya he escrito antes que, aunque han pasado los años sigo siendo ese lerdo con insuflas de aspirante al vacío.

Y aquí acaba este relato que no es tanto un relato como una reflexión sobre el pasado, el presente y algún futuro que no acierto a vislumbrar Quizás debería volver a graduarme la vista, quizás debería dejar de pensar y escribir. Quizás debería dejar a M en paz y gastarme el dinero en un buen vino.

La vida está construida de muchos quizá, ese es el encanto.

Porque sin dudas, sin respuestas sin responder, sin emociones… la vida se convierte en un vino barato. Y no quiero que vuelva a dolerme la cabeza.


lunes, 13 de mayo de 2024

Infidelidad

 


Vaya por delante (cual locomotora en un tren) que no voy a juzgar, tampoco prejuzgar, aun menos confesar sobre el tema que encabeza este texto. Lo cual es complicado porque, a no ser que ejerzas de periodista (y ni aun así), las palabras las suele escribir una persona (Inteligencia Artificial aparte) y las personas están maniatadas por la subjetividad.

Pero lo intentaré.

La infidelidad es una consecuencia del todo natural. Lo antinatural es dejarte secuestrar un catálogo de sentimientos por una única persona para el resto de tu vida. He escrito “dejarte secuestrar”, en efecto. Me encanta utilizar este tipo de conceptos manipuladores, así siempre gano la discusión. Sobre todo, en un texto donde no hay replica posible.

Llevo muchos años practicando BDSM y, en la mayoría de los casos, he visto infidelidades de todos los tamaños y colores posibles. Al final he llegado a la conclusión de que ser infiel y practicar BDSM van de la mano. ¿El motivo? Hay dos bastante claros. El primero es la vergüenza por explicar a tu pareja ese oscuro deseo que guardas en tu interior lo que te mueve a callar (por miedo a la reacción) y a buscar fuera de la pareja. El segundo es que, aunque ambas personas sepan lo que les gusta en relación con el BDSM, mantener los roles de dominante y dominante fuera de la pareja es algo complejo porque no son emociones impermeables con lo que se corre el riesgo de llevar esos roles a lo cotidiano con el consiguiente conflicto.

Tanto por pudor como por protección, muchas personas buscan ciertas emociones más allá de la persona con la que comparten lecho. Y eso no es terrible si comprendes los motivos.

Hay una persona que siempre me dice “yo nunca sería infiel porque no me gustaría hacer algo que no me gustaría que me hiciesen”. Respetable decisión claro, aunque torticero argumento. Esa persona es infeliz en su matrimonio, no tienen sexo, se odian… pero tienen un hijo y un proyecto en común y están condenados (al menos a corto plazo) a convivir sin deseo, emoción ni muchos otros sentimientos asociados a la pareja. Es decir: hipotecas tu felicidad por una frase que carece de todo sentido porque… ¿Quién sabe si, debido a ese escenario, tu pareja ya está haciendo algo que a ti no te gustaría que te hiciesen?

La infidelidad no es una moneda de cambio, es una necesidad que traspasa cualquier moral impuesta. Quizás la frase de esa persona sea “respeto a mi pareja”. De acuerdo. ¿Y donde queda el respeto por ti mismo cuando estás viviendo una vida que no deseas?

La infidelidad es el picante de la comida, es la fantasía realizada, es ese secreto que nos hace levantarnos con un agradable cosquilleo en el estómago. Es algo terrible y maravilloso al mismo tiempo. Es tan necesario como deplorable, tan divertido como agobiante. Es un sueño dentro de una pesadilla. Es algo que criminalizamos de entrada, sin pensar en ninguna otra cosa. Es un sentimiento binario que siempre acaba con el interruptor en modo “no”.

Cada persona vive su vida como buenamente puede (que no como quiere). Es por eso por lo que, en ocasiones, son reprochables desde un punto de vista objetivo.

Pero resulta que no somos objetos, somos sujetos con emociones, deseos, necesidades y ganas de vivir la vida antes de que se agote.

miércoles, 1 de mayo de 2024

Tan suaves, tan bonitas y fuertes (relato)

 


Centímetro a centímetro entra en tu cuerpo mientras tú, inmovilizada por unos pañuelos de seda en  forma de ataduras, intentas controlar tus movimientos sin éxito. Estas completamente abierta, completamente desnuda, completamente expuesta frente a ese hombre que acabas de conocer. Una situación que nunca debería darse en aras de la seguridad. A ti eso poco puede importarte porque ese miedo, esa inseguridad, esa exposición a los deseos ajenos, es lo que te tanto y tanto te excita hasta el punto de humedecer tu sexo en una cascada de pura necesidad, una cascada donde el hombre introduce una y otra vez su pene. 

Tu cuerpo repleto de sudor, tus ojos vendados, dos pinzas presionando tus pezones y el aliento del hombre en tu oreja susurrándote todo cuanto está dispuesto a hacer contigo.

Todo cuanto habéis pactado antes.

Te retuerces, le pides que te abofetee, que te escupa, que te insulte. El hombre obedece como si el fuese tu sumiso en vez de la situación contraria.

-Adelante -gimes- mas fuerte. métela donde quieras, soy tuya.

El hombre te obedece sacando su pene de tu vagina e introduciéndolo en tu culo. Dolor, placer, deseo, culpa, liberación… todo dentro de una coctelera que se agita al ritmo de las embestidas de ese desconocido ahora en tus entrañas.

Todo exactamente como lo habíais planificado.

No puedes verle, mejor así. Tampoco es alguien que te atraiga de una forma especial. Es un hombre en apariencia anodino, vulgar, con una de esas miradas vagas que solo anticipa una conversación aburrida.

Pero cuando se cierra la puerta se convierte en un dominante, en tu amo. Se convierte en aquel que te usa y te humilla. Lo intuías, ahora lo sabes. Corriste un riesgo pero apostaste a caballo ganador. Y es eso precisamente lo que deseas. Por eso, con los ojos vendados, crees vislumbrar un brillo con una apariencia maravillosa, mientras ese hombre continua taladrando tu culo sin piedad. Ves colores y formas flotando, sientes tu corazón a rebosar de gasolina del mas alto octanaje. Aprietas los puños, las vendas de seda te impiden moverte. Tan suaves, tan bonitas y fuertes.

Como tú.