viernes, 17 de febrero de 2023

Confesar Vs callar


¿Deberíamos confesar a quienes nos rodean nuestros secretos mas inconfesables? Algunos dirán que eso sería una demostración de amistad, sinceridad o confianza. Mi análisis profundamente intelectual respecto a esto es: chorradas

En primer lugar, ser totalmente transparentes en todo es un error porque estoy convencido que la personalidad también se forja con eso que llaman "secretos", todo lo inconfesable que guardamos y que, por definición, no confesamos a nadie. En segundo lugar porque, el hecho de que alguien sea nuestro amigo no significa que compartamos con él la forma de ver la vida. 

No nada pero que descubrir que la amistad puede cimentarse también en los prejuicios.

Que no os vendan frases de esas que se estampan en tazas con colores pastel porque la transparencia está sobrevalorada. No sucede absolutamente nada si ocultáis a quienes os rodean algunos secretos porque eso, aparte de salvar situaciones incomodas, también nos enriquece, aunque parezca lo contrario. Quien dice "yo no tengo nada que ocultar" es quien más a ocultar tiene.

Por supuesto que tenéis derecho a guardarle secretos a vuestras parejas, amigos, familia, compañeros de trabajo  y/o mascotas. Es mas: deberíais. Y eso no significa que seáis mentirosos porque el silencio no es mentira. A no ser que seas un politico de derechas entrevistado en El Hormiguero...

miércoles, 15 de febrero de 2023

El culo de la señora F. (relato)


La señora F está desnuda, a 4 patas encima de la cama de matrimonio de su casa, ella misma se ha colocado con cuidado una venda en los ojos, sonriéndose pícaramente en el espejo antes de dejar de ver. Ha anudado con fuerza el pañuelo tras su cabeza. La señora F tiene el pelo corto y negro, también tiene ojos de niña que acaba de hacer una travesura. La misma travesura que está a punto de hacer. Ha puesto la calefacción de la casa, va a estar un buen rato desnuda, lo sabe, lo desea. También ha dejado la puerta entreabierta, justo después de que el hombre que viene a usarla oprimiese el botón de su piso en el portero automático, después ha dejado toda la casa a oscuras a excepción del dormitorio, iluminado tenuemente con velas. Porque lo sucio también puede ser romántico, o viceversa.

La señora F está temblando, involuntariamente, aunque incluso ese temblor es algo agradable. Acaba de entrar en ese estado donde el miedo, el dolor, la duda o cualquier otra sensación objetivamente negativa se convierte es subjetivamente positiva. En puro placer. Ese es el poder de adoptar el rol de sumisa: entrar en un mundo donde no debe pensar en nada, donde todo es excitante. Si un cliente entrase en su establecimiento y la abofetease, posiblemente se echaría a llorar y llamaría a la policía, el trauma duraría semanas. Si su amo la abofetea ella alcanza el orgasmo.

De repente escucha la puerta de la entrada cerrarse, unos pasos en el pasillo y a su amo entrando en la habitación. En realidad no es su amo, es un amo con el que antes tuvo alguna que otra experiencia excitante. ¿Qué es lo que convierte a un amo en tu amo? ¿La continuidad? ¿El compromiso? Eso le da igual ahora mismo. Es mas, lo prefiere así, saber que esa persona, de vez en cuando, puede usarla y devolverla a una ficción donde todo parece negativo pero todo es positivo.

-Hola sumisa.

-Hola amo.

Las manos frías de su amo abren sus nalgas, seguramente está observando su culo. Ese amo (no su amo) parece obsesionado con follarle el culo. No lo ha hecho aun, estuvieron a punto, pero su culo continuó a salvo durante unos meses más. El amo escupe dentro de su culo y mete un dedo lentamente. El placer es inmenso, un placer mezclado con miedo que hace que su culo se cierre y el dedo parezca molesto, no es capaz de relajarse imaginando que ese tipo solo quiere y va a romper su culo. Lo desea pero le aterra. Y este miedo, a diferencia de los otros miedos, es bloqueante. Necesita mas tiempo.

El amo saca el dedo de su culo y lo desliza hasta su coño totalmente mojado, comienza a masturbarla. La señora F no puede evitar que los gemidos escapen por su garganta. El amo la coge con fuerza del cuello y la abofetea.

-No quiero que te corras -ordena el amo- estás en tu casa desnuda y a 4 patas para que yo utilice tus agujeros y me corra, no para que tu te corras.

Apenas puede respirar, ni hablar, la mano del amo atenaza su garganta. La señora F asiente con la cabeza.

Entonces el amo se estira en la cama y ella escucha como él baja la cremallera de su pantalón.

-Ahora haz eso para lo único que sirves, inútil.

La señora F intenta localizar el pene con sus manos, cuando lo hace lo engulle sin pensarlo. La mamada dura mas de media hora y cuando aquel hombre eyacula en su boca, la señora F sonríe sin sonreír, salta de alegría estando inmóvil y da gracias a la vida sin decir ni una palabra.

Porque ahora da igual todo.

martes, 14 de febrero de 2023

La vuelta de la señora F (relato)


La señora F vuelve a estar arrodillada en la entrada de su casa, como meses atrás. Han pasado demasiadas cosas y no todas han sido buenas. Quizás ese sea el motivo por el que está repitiendo esta rutina. Aunque eso la aterra y la entristece a partes iguales porque se convertiría en un motivo que dibuja a trazo fino una realidad donde las cosas no tan buenas seguirán ahí y solo podrán ser contrarrestadas por momentos de puntual locura. Como el de ahora.

La señora F vuelve a estar arrodillada y desnuda. Una desnudez que nunca la ha molestado. Le apetece mostrarse completamente desnuda a quien la va a dominar. Es como transmitir la idea de que, desnuda, nada puede ocultar.

La señora F vuelve a estar arrodillada, desnuda y con una venda en los ojos. Y esa sensación, o mejor dicho, la perdida de ese sentido es lo que le da sentido a absolutamente todo. Porque expuesta y, sobre todo, sin poder ver, genera una sensación de falta de control que es uno de los motivos que la ha llevado a volver a estar ahí. Todos esperan que ella, mujer fuerte donde las haya, solucione los problema del ecosistema que la rodea. Todos la ven como aquel quien tiene la fuerza necesaria para cambiar las cosas y tomar decisiones. Pero cuando la toma de decisiones implica daño o error, todos miran hacia otro lado y la señora F debe tragarse sus lágrimas en soledad. Por eso adora perder el control durante unas horas. No tiene que pensar, no tiene que tomar ninguna decisión que afecte a nadie. No hay riesgo. Solo placer y obediencia.

La señora F vuelve a estar arrodillada, desnuda, con una venda en los ojos y la boca abierta. Escucha como su amo, o al menos ese que lo fue, ha vuelto y está bajando la cremallera de su pantalón. Ella sonríe satisfecha, siente su sexo mojado y palpitando. La señora F solo quiere que aquel hombre la coja del pelo y le folle la boca mientras la abofetea, le castiga los pezones y la humilla porque para la señora F ese es el mejor momento del día, de la semana, del mes y quizás del año. El hombre mete su pene en la boca de ella y el circulo se cierra. Ahora solo debe cumplir su tarea, no hay mas pensamientos que ese.

La señora F vuelve a estar arrodillada, desnuda, con una venda en los ojos, la boca abierta y la polla del amo dentro.

lunes, 13 de febrero de 2023

La construcción de eso que llaman felicidad


En alguna ocasión me ha sucedido encontrarme con una persona con la que tuve una sesión y ella estuvo toda la sesión con los ojos vendados. Es decir: que nunca nos habíamos visto en persona. Lo de una sesión a ciegas es más habitual de lo que imaginamos. Una vez vencido el miedo y la desconfianza, el hecho de no ver ni conocer el rostro de la persona con la que vas a tener un momento de fantasía (des)controlada se convierte en un momento irrepetible. Hay que vencer ese miedo, obvio. Otros lo llamarían "locura". Puede que tengan razón.

Cuando me encuentro con esa persona con la que he tenido momentos de intimidad, este nuevo momento acaba siendo tan emocionante como los momentos previos a la sesión. A veces, después de una sesión a ciegas, quedamos en un bar para charlar como dos completos desconocidos obviando todo lo que acaba de suceder. En otras ocasiones ese encuentro es puro azar.

El secreto de la felicidad es comprender que la felicidad no existe sino que es la suma de pequeñas emociones que nos hacen puntualmente felices, intentando equilibrar una balanza donde siempre existirán los contratiempos. Y charlar cara a cara con alguien a quien no has visto antes pero con quien has compartido piel, sudor, fluidos y placer... es una de esas emociones que suman mas que restan.

Podéis pensar que quienes actuamos así estamos completamente locos, que nadamos contracorriente o que tomamos el camino equivocado. Lo asumo. La vida tiene cientos de caminos y todos son equivocados o no dependiendo del tipo de caminante que emprenda la aventura. Y muchas veces esa perspectiva nace de la moral o del miedo. Podéis argumentar que esa sesión y ese encuentro son un gran de arena que no forman una playa. Y posiblemente tendréis razón. Pero tampoco es una piedra en el zapato. Y yo he aprendido a vivir de forma que casi todo lo que no sea una piedra en el zapato me suma.

No os estoy diciendo que quedéis con desconocidos a ciegas para tener un momento de (des)controlada fantasía y luego toméis un café con ellos cara a cara sin haberles visto antes el rostro. Ese camino hay que saber y querer tomarlo. Y, con toda seguridad, no es vuestro camino. No lo defiendo. Solo expongo que cada uno construye sus momentos de emoción como buenamente puede, intentando construir eso que parece una utopía: la felicidad.

Realidad Vs Prejuicio


Arrodillada, con una venda en los ojos, desnuda y con la boca abierta. Así quiero tenerte y así quieres esperarme. En los tiempos que vivimos cualquiera podría decir que mi deseo es machista e incluso enfermo, podrían asegurar también que tu deseo está manipulado o que tienes alguna carencia emocional que te empuja a eso. Juzgar es fácil, es rápido y nos permite pasar página rápidamente. Son ya demasiadas las veces que he escuchado eso de "yo no quiero rollos raros". Como si llevar a cabo tu fantasía desde el respeto y el consenso fuese algo "raro". Frente a este tipo de (pre)juicios yo me atrevería a contestar que el problema no lo tiene quien espera desnuda arrodillada en el suelo sino quien interpreta eso como algo raro, anómalo o enfermo. Nadie que no sea esa persona arrodillada es capaz de transmitir el placer que siente al escuchar a su amo acercarse, acariciar su pelo y meterle el pene en la boca. 

Podéis pensar que defiendo esto porque soy hombre y quiero que me pongan las cosas fáciles y no hay nada más fácil para el placer que el hecho de que una mujer me espere arrodillada, desnuda y con la boca abierta. Soy un enfermo ¿verdad? Me aprovecho de las mujeres, posiblemente lo haga porque tengo algún déficit emocional, soy un egoísta y un abusador. ¿Verdad que si?

Pero acostumbra a suceder que las realidades son algo diametralmente opuestas a los prejuicios.

Arrodillada, con una venda en los ojos, desnuda y con la boca abierta. Así quiero tenerte y así quieres esperarme.  Y eso no tiene nada de anómalo, ni de enfermo ni de egoísmo. Eso es placer, emoción, alegría, consenso, cariño y... sobre todo... intelectualidad.

Ahora podéis seguir prejuzgando.


domingo, 12 de febrero de 2023

Un desahogo


Practico BDSM desde hace más de 35 años lo que no significa que lo practique con regularidad ni tampoco que lo practique con la misma intensidad, intención o emoción. Que algo tenga continuidad en el tiempo no significa que sea un continuo de la misma cosa, como repitiendo un día tras otro mientras vemos a la marmota Phil salir de su madriguera. Puedo estar años sin practicar de la misma forma que puedo tener cuatro sesiones en una semana. Porque la vida no es regular y nuestro rol lo incorporamos a una parte de nuestra vida (y no al contrario).

Algunas personas creen que practicar BDSM significa estar toda la semana dando latigazos en una mazmorra mientras respiras a través de una mascara de cuero que oprime tu cabeza como el retractilado de los cogollos del Mercadona. Pero va a ser que no.

Primero deberíamos definir que es BDSM y comprender que hay cientos de prácticas dentro del BDSM y que podemos sentir que lo estamos practicando desde la situación mas cotidiana como practicando sexo donde una persona asume un rol mas pasiva que la otra hasta eso de la mazmorra y el retractilado del Mercadona. Personalmente siempre he defendido el BDSM como un marco donde todo cabe desde el respeto y el consenso. Un lugar donde nuestras fantasías pueden ser llevadas a la realidad siempre que encontremos a alguien que desee lo mismo y lo contrario (al mismo tiempo). 

Practicar BDSM (el tipo de BDSM que sea, eso da igual) puede meternos en el pozo pero también sacarnos de él. Pero eso no solo sucede con el BDSM, también pasa con los discos de Alejandro Sanz o tu equipo favorito de fútbol. Porque lo emocional es algo incontrolable y cuando algo nos gusta y nos toca la fibra, nos emociona pero cuando sucede lo contrario, nos derrota.

Y no obstante siempre he defendido el BDSM como un salvavidas de esos que no sirvieron de nada en el hundimiento del Titanic. Porque el BDSM (o la fantasía llevada a la realidad) nos puede rescatar en nuestro peor momento teniendo en cuenta dos premisas: nunca solucionará un problema pero si que nos proporcionará momentos de placer (felicidad) puntual que nos ayudará a seguir aferrados al salvavidas esperando que llegue pronto el barco de rescate mientras nos preguntamos porque Rose no dejó subir a Jack en el trozo de madera si había espacio para los dos.

Si todo va mal, ponerte una venda en los ojos no mejorará la situación, pero si que hará que tu vida sea un poco menos mala en ese preciso instante.

Luego hay otros que defienden que para practicar BDSM tienes que estar centrado, tienes que tener paz, todo tiene que ser un remanso de unicornios rosas en tu corazón. No puedes practicar BDSM si estás mal porque eso solo empeorará las cosas. Supongo que son las mismas personas que defienden que cuando estás mal no puedes comerte una pizza para sentirte mejor, tomar dos cervezas mas de la cuenta para olvidar los problemas o ver una serie coreana de drama en Netflix para llorar a moco tendido y desahogarte.

Porque de eso estamos hablando: de desahogarnos. Y un desahogo no es una solución pero tampoco empeora las cosas. No os explicaré ahora ni aquí la justificación científica que explica que una sesión de BDSM (o de sexo) nos hace liberar oxitocinas que inhiben el estrés (aunque acabo de hacerlo).

Dejémoslo simplemente en eso: un desahogo.

martes, 27 de diciembre de 2022

Propósitos de año nuevo


Ahora que se aproxima el fin de año (como cada año, por otro lado) llega el momento de hacer reflexiones sobre lo sucedido y propósitos para el año que está pendiente de estrenar, confeccionando una de esas listas de espacios comunes que absolutamente todos deseamos visitar pero nunca tenemos tiempo:

-Ir al gimnasio

-Arreglar el trastero

-Aprender idiomas

-Cuidar la alimentación

-Dejar de fumar 

-Probar el BDSM

Ya os avanzo, de forma evidentemente egoísta, que el único de los propósitos a vuestro alcance es el último. Porque probar el BDSM es mas asequible (y menos doloroso) que arreglar el trastero.

Entiendo que al leer este texto, muchos diréis que hablo desde mi negociado. Como esos periodistas deportivos que, incapaces de abandonar la camiseta de su equipo, pretenden maquillar el forofismo con imparcialidad pero cuando abren la boca todo son sapos y culebras para todo aquello que tenga un color diferente al que viste. Pero debéis saber algo: todos hablamos desde nuestro negociado. 

-¿Has practicado yoga?

-Creo que no es para mi.

-Pues deberías.

Claro, el yoga le gustará a todo el mundo. Como el BDSM o la serie de moda en Netflix.

Pero la realidad es otra: todos defendemos aquello que nos interesa y lo hacemos con argumentos propios que suelen manipular (en diferentes grados) la realidad. O por decirlo de otra forma: defendemos nuestro negociado desde una visión parcial e interesada de la realidad.

¿Os estoy diciendo que probéis o sigáis practicando BDSM porque soy parte interesada? Podría deciros que no. Y al acabar de leer este texto vais a comprar a la pescadería, confiando en la palabra de vuestro tendero que os dice que la merluza acaban de traerla desde noruega y está tan fresca que hace media hora estaba haciendo un monologo ella sola en la cámara frigorífica. Pero resulta que esa merluza tiene mas solera que vuestros abuelos sentados en la cena de navidad y la pescó un vikingo hace cientos de años. Pero confiáis en esa persona que os vende el pescado de la misma forma que confiáis en vosotros mismos cuando redactáis la lista de propósitos de año nuevo. Y todo eso sucede porque queremos confiar, queremos ser felices aunque nos mientan o nos mintamos. Queremos salir de la rutina del sexo convencional o de la carne empanada.

Practicad BDSM, probadlo o seguid intentándolo, comprad merluza, apuntaos al gimnasio y aprended Esperanto.

Bueno, lo del Esperanto no...

"BDSM ne estas vivmaniero sed momento de intenseco, kiu igas nin sentiĝi vivantaj."