jueves, 19 de agosto de 2021

Nacemos, crecemos

El Peluca Sapbe: La Segunda guerra mundial

Nacemos, crecemos, nos educan. Manos ajenas construyen con mimo nuestra moral y también nuestra vida. Un día nos permiten caminar solos, sin esos ruedines que mantienen nuestra verticalidad sobre la bicicleta. Y es entonces que encontramos un trabajo, alquilamos un piso, nos compramos un coche, nos casamos, tenemos dos hijos (puede que uno, puede que ninguno), cambiamos de piso, quizás de trabajo, quizás incluso de país, de familia, coleccionamos un coche tras otro a cuál más grande que el anterior, nos compramos una moto cuando llega la crisis de la mediana edad… ¿Y luego qué? La vida es una sucesión de acontecimientos predefinidos que se construyen uno tras otro basándonos en la cotidianeidad. No hay margen de maniobra porque la vida está estructurada de manera similar en esta civilización occidental y capitalista. Porque de lo que estamos hablando (escribiendo) es sobre cuanto de materialista hay en las metas que nos marcamos en la vida.

Practicar BDSM es, en cierta manera, una manera de escapar a todo eso. Dominar o ser dominado es una manera de volver a sentirse vivo (aunque sea durante unas horas tan solo), es una manera de escapar a los límites de esa autopista sin salidas que es la vida. Hay personas que intentan escapar de la cotidianeidad mediante deportes extremos, refugiándose en la literatura o apuntándose al ejército para ir a matar gente a un país remoto. E incluso así, siguen siendo actos cotidianos.

Pero el BDSM es diferente. ¿Por qué? Porque además de ser una práctica que escapa a todo lo conocido, es algo que nos transforma. Nos colocamos una máscara y fingimos ser otra persona. O quizás nos quitemos la máscara para ser nosotros mismos. Sea como sea, es algo que nos libera y nos conecta con nuestra parte más oscura, aunque también la más pura. La menos materialista.

Probadlo, aunque sea una vez en la vida. Hacedme este pequeño favor.

lunes, 16 de agosto de 2021

La grapa en el dedo



La sumisión puede parecer un juego injusto porque, sobre el papel, consiste en establecer una relación donde solo toma decisiones una de las partes. En muchas ocasiones, cuando una persona se acerca al mundo del BDSM por vez primera, lo hace pretendiendo marcar las normas de un juego que desconoce, escondiendo sus inseguridades tras rotundos NO que acaba convirtiéndose en la escafandra que protege al buzo de morir ahogado. Solo que ese buzo está fuera del agua y podría respirar perfectamente si esa escafandra.

Porque que algo parezca una imposición no significa que lo sea.

Cuando una persona quiere aprender BDSM lo primero que verbaliza son sus deseos pero también sus inseguridades. Es tarea de quien sabe más como funciona esto, el convertir los miedos y los deseos en unas tareas que puedas ser obedecidas. Habéis leído bien: los miedos también. Y no hacemos por egoísmo ni tampoco con mala fe. 

Todo lo contrario: alimentar esas inseguridades (que son la esencia de esos NO) serían alargar un proceso aún más doloroso de lo que es. Si te clavas por error una grapa en un dedo… ¿Qué es mejor? ¿Sacarla poco a poco o de golpe? Si la persona dominada no se atreve a sacarla de golpe… lo hago yo. Y si en ese camino ella arroja la toalla entonces asumo las consecuencias. Pero siempre es mejor que arroje la toalla el primer día que no al cabo de un mes. Hay que coger todos esos NO y provocar para que desaparezcan. Y esa es la tarea del amo o de la persona que tenga más experiencia porque es esa misma experiencia la que nos ha demostrado  que esas inseguridades estarán siempre ahí por mucho tiempo que pase, por mucho tiempo, mimo y comprensión que apliques para que otra persona las supere. Si no las ha superado en toda su vida, no las superará en un mes.

Es doloroso, en efecto, pero arrancar la grapa de golpe es la única manera.

viernes, 13 de agosto de 2021

Prácticas: cosquillas

 The Bizarre Controversy Surrounding 'Tickled,' a Documentary About Making  Competitive Endurance Tickling Videos - ABC News


Existe un (magnífico) documental neozelandés titulado “Tickled” (cosquillas) que, aparentemente, comienza a contar sobre el fetichismo de las cosquillas y su explotación comercial para acabar en un inquietante relato sobre un magnate de las competiciones de cosquillas con múltiple personalidad. Todo muy turbio. En realidad, el documental “Cosquillas” no habla del fetichismo de las cosquillas sino de la oscura red que hay tras los concursos de cosquillas y quien los organiza.
 
¿Concursos de cosquillas? Vale, incluso a mí me suena extraño.  Así que obviemos esa investigación periodista y centrémonos en las cosquillas, únicamente. ¿Alguna vez lo habéis probado? La simpleza de esta práctica consiste en atar a alguien de pies y manos a una cama… y hacerle cosquillas. No hay más. ¿Dulce tortura? O mejor preguntarse: ¿esto es BDSM? Podría serlo, aunque el sumiso o la sumisa estén constantemente riendo (riendo, que no felices). 
 
Y es que, a pesar de que la adicción a las cosquillas está considerada como una parafilia, también resulta algo excitante, divertido y muy cansado para quien lo sufre... o lo disfruta.

Aquí os dejo unos videos de cosquillas para que sepáis de qué hablo:

http://www.xvideos.com/video380694/tickled_beyond_hope_bleufetish_

https://www.xvideos.com/video51803379/cosquillas_en_las_axilas

https://es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=ph5f770d33c7824

https://es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=ph5f7efd6693162

https://es.xhamster.com/videos/tickling-wife-xhFuWXh

https://es.xhamster.com/videos/girl-tied-gagged-and-tickling-by-lex-tickling-lesbian-xhY7KZb

https://es.xhamster.com/videos/girl-tickle-smelly-black-sock-xhxZuWa

 

 

 


martes, 10 de agosto de 2021

Las fronteras del BDSM

Crítica de: INTO THE WOODS | Cine Para Aficionados 
¿Es el BDSM una prolongación natural del sexo? Es un hecho natural que muchas personas vean el BDSM como un apéndice más del sexo, algo lógico si lo pensáis en perspectiva. ¿Acaso creéis que probaréis BDSM como prolongación de vuestras clases de yoga o de cocina? En nuestras relaciones sexuales, en ocasiones, sentimos que nos falta algo o simplemente nos gustaría encontrar algo nuevo. Tambien puede que no, que no necesitemos experimentar más (ya sea por satisfacción y/o conformismo) en cuyo caso para nosotros el BDSM seguirá siendo eso de las sombras del señor ese Grey. Pero hay parejas que, durante su vida sexual, descubren que les atrae todo eso de las cuerdas, los insultos o los azotes (ya sea por activo o por pasivo) y esto nos lleva a algo que se adentra en el terreno de la psicología del BDSM. 
 
He escrito antes y en este blog sobre sexo y BDSM. ¿Me repito? Claro, como todos, como el ajo. Aunque mi reflexión de hoy es que el BDSM, como prolongación del sexo, no significa desvirtuar el BDSM. El arte del BDSM no es un concurso de carnaval donde gana quien luce el traje de látex más espectacular ni tampoco quien propina más azotes en menos tiempo. La definición del BDSM debería ser nuestra definición subjetiva del BDSM, algo que puede estar más cerca del sexo que de la dominación y la sumisión. ¿Importa eso? Creo que el foco consiste en experimentar de forma sana, segura y consensuada (SSC) no intentando hacerlo todo, sino intentando probar aquello que nos apetece y experimentarlo bien. El objetivo es descubrir cosas nuevas, no buscar repetir el placer de siempre y magnificarlo. Sexo no es BDSM y BDSM no es sexo, aunque van tan de la mano que a veces es complicado distinguir cuál es cuál. Que eso no os frene.  
 
¿Entonces si quiero experimentar con mi cuerpo en el sexo (o conmigo mismo) estoy obligado a ir más allá y adentrarme en el oscuro bosque del BDSM repleto de lobos de colmillos afilados? Pues sí. O no. Eso ya depende de lo que desees tú. Y leed mejor esta última frase: "depende de lo que desees tú". Es decir, el deseo es el vehículo para una decisión personal. Nadie más que no seas tú debe tomar una decisión sobre esto. 
 
Si queréis experimentar, pero no deseáis entrar en el bosque del BDSM pues entonces seguid jugando en el sexo con vuestras parejas o con gente ajena y haced cuanto deseéis, explorándoos mutuamente, sin necesidad de etiquetas. Probad lo que os apetezca caiga en el campo del BDSM, del sexo o del modelismo naval. Las etiquetas no sirven para absolutamente nada. 
 
Bueno, las etiquetas de los alimentos si, sobre todo si sois alérgicos o están caducados... aparte de eso... ¡a jugar! (sin olvidar lo del Sano Seguro Consensuado)
 

lunes, 9 de agosto de 2021

Constructivismo Vs. Conductismo

 EL CONDICIONAMIENTO DE JOHN BROADUS...

¿La persona dominada nace o se hace? Esta misma pregunta se puede formular de diferentes maneras, emulando incluso a Lewis Carroll y pasando al otro lado del espejo: ¿La persona dominante nace o se hace? También podemos ponernos creativos y tirar de símiles que planteen lo mismo aunque con diferentes ropajes ¿El escritor nace o se hace? ¿El corrupto nace o se hace? ¿Aprendemos de forma constructivista o conductista? ¿El asesino lo lleva en los genes o es su realidad social quién lo convierte en asesino? ¿Dulce o salado? ¿Azul cielo o azul oscuro? Algunas de las respuestas a estas preguntas salen del corazón, otras salen de diferentes órganos de nuestro cuerpo... y, curiosamente, estas preguntas obtienen respuestas rebuscando entre los pliegues de nuestro cerebro. ¿Entonces para qué tenemos la cabeza si no es para responder a preguntas vitales? Siento informaros que también tenemos una cabeza para probar diferentes peinados a lo largo de nuestra vida. Y esto  eso es algo que saben todos, incluso los neurólogos. Bromas aparte, no creo que todo eso sea importante en el BDSM. Lo afirmo (o lo niego) con el mismo convencimiento con el que un jurado de un concurso de talentos bosteza ante la actuación de un tenor. Da igual si nacemos siendo dominados o dominantes. Da igual si es nuestro entorno quien nos conduce a  explorar tales tendencias. Lo importante no es cómo hemos llegado si no a dónde queremos ir. Nuestras tendencias sumisas o dominantes tienen que ser puestas en práctica en algún momento de nuestras vidas para que dejen de ser una fantasía (o una falsa percepción de nosotros mismos) y descubramos si somos aquello que imaginamos y/o sentimos, o no.  

Aunque esto solo sucederá si previamente hemos fantaseado con ello y si posteriormente tomamos una decisión sobre quedarnos en el mundo de lo imaginario o seguir caminando (con paso firme o no) en dirección al mundo real.

No perdéis el tiempo ni gastéis energías intentando comprender cómo habéis llegado. Da igual si habéis nacido así u os habéis convertido en esto. Ahora que lo sabéis, lo único importante es tomar una decisión.

viernes, 6 de agosto de 2021

Esbozo del dolor



Cuando algunas personas se enfrentan a una sesión BDSM por primera vez, lo primero que dicen es que no quieren sentir dolor. En las siguientes sesiones, comienzan a abrir la mano y experimentan con cachetadas, azotes o tirones de pelo. La inercia de nuestra moral nos empuja a rechazar el sentir dolor como parte del placer. Aunque también hay personas que quieren experimentar dolor en su primera sesión. Lo primero que recomiendo es que, si quieres experimentar dolor en tu primera sesión, te asegures que la persona con quien vas a tener esa sesión es exactamente la persona dominante que deseas y que, además, tenga claro no solo que hacer para que experimentes dolor sino como debe hacerlo. Los riesgos de una primera sesión con dolor y personas sin experiencia va desde un moratón a una costilla rota.

Los dominantes tenemos el beneficio de la decisión y de la voz. Eso debería hacernos pensar sobre la responsabilidad que tenemos respecto a las personas dominadas. Nuestro ego debería quedar fuera de la ecuación y deberíamos empatizar con las necesidades de la persona dominada. De acuerdo, esa persona quiere sentir dolor ¿pero cómo? Ahí está la clave, cualquiera puede infligir dolor (físico o emocional) a otra persona. No hay que ser un experto para dañar a otra persona. Lo hacemos a diario sin darnos cuenta. Pero infligir dolor físico que sea la puerta al placer y que no tenga consecuencias en forma de secuelas es algo mucho más complejo que simplemente propinar un tortazo a otra persona.

Primero debemos comprender por qué el dolor se traduce en placer. O lo que es lo mismo: debemos comprender a la persona a quien vamos a "dañar". Desde el punto de vista fisiológico, el dolor puede traducirse en placer por un motivo bien simple: el dolor y el placer nacen del mismo neurotransmisor que se llama dopamina. La dopamina, que nos proporciona una sensación de placer, también puede ser liberada porque experimentes dolor. Así de sencillo es: el dolor puede producir placer. Otro motivo es el psicológico: hay personas con claras tendencias masoquistas que experimentan placer en el acto de ser castigados, de sentir dolor. Y no es algo físico (que también) sino que es algo intelectual.

Así pues, el dolor puede traernos placer tanto por la química del cerebro como por lo emocional del contexto. Aunque creedme cuando os digo que da un poco igual si es por un motivo o por otro. Evidentemente que como dominantes debemos darle a la persona dominada el mejor escenario para que consiga el placer intelectual a través del dolor, pero no hay que obsesionarse con si la causa del placer es lo intelectual o lo físico. Lo mejor es dialogar con la persona, comprender que es lo que quiere experimentar y luego, en la sesión, mediante sus respuestas a tus actos, comprender como funciona esa persona.

Y no os asustéis porque hablemos de dolor. Si alguien quiere experimentar dolor, la persona que le infrinja dolor la estará ayudando (si lo hace bien).

domingo, 1 de agosto de 2021

Voluntariedad y locura

 Tied And Abused Gifs Tumblr

Imaginad esto: una mujer desnuda, atada a una cama, sus manos y sus pies están ahora inmovilizados por una especie de bridas de tela que se fijan en las cuatro patas de esa misma cama. La mujer está abierta de piernas y brazos, boca abajo, con los ojos vendados. Un hombre este sobre ella, sodomizándola con fuerza mientras le susurra al oído que su intención es hacer con ella cuanto le apetezca.

Observando esta escena muchos dudaríais sobre la salud mental de la mujer, sobre el machismo o la casi violación por parte del hombre, dudaríais sobre si ella lo hace por voluntad propia y entonces volveríais a dudar sobre la dignidad de ella, sobre el respeto de él. Imaginad que ese hombre lleva horas "usando" a esa mujer, haciendo cuanto desea con ella, sin preocuparse más que de su propio y masculino placer. Cualquiera en su sano juicio diría que eso no es lo correcto, que algo no funciona en esa escena.

Pero resulta que no. Porque quien observase esa escena habría olvidado una importante parte de la ecuación: lo que no se ve.

Podéis pensar que una mujer que va a ir a casa de un hombre a quien nunca ha visto a permitir que el hombre use su cuerpo para el placer de él significa que esa mujer debería ir rauda a un centro de salud mental. ¿Pero y si es ella quien desea que suceda precisamente eso y exactamente así? Apuesto a que seguiréis pensando que esa mujer debe volver al centro de salud mental porque nadie en su sano juicio se dispondría a hacer eso.

Llamadme loco, pero si no comprendéis que esas personas actúan desde la voluntad y el respeto, entonces sois vosotros quienes no percibís la realidad como realmente es. Como acabo de decir: podéis llamarme loco, Podéis llamar loca a esa mujer también. Por supuesto, pero esa mujer y su amo disfrutarán de algo que vosotros nunca conseguiréis rozar ni con la punta de vuestros dedos.