miércoles, 24 de noviembre de 2021

La mente humana (2)

 Hannibal. ¿O debería decir Mads Mikkelsen? – Blog Seriously

Mi segundo texto sobre la mente humana comienza donde acabó el anterior: la mente humana es un mecanismo de una perfección inusitada, pero preferimos infrautilizarla (o utilizarla de forma errónea) porque eso nos humaniza. Hacernos el idiota nos permite vivir tranquilamente, ya que pensar mucho, además de generar debate, es más cansado.

Me sugirieron que escribiese sobre la mente humana y me he dado cuenta de que, en ese primer texto, hablé tan solo del cerebro. De un órgano. ¿Qué diferencia hay? Acudo una vez más al diccionario de la Real Academia y entonces me explota la cabeza. Os mostraré visualmente el motivo:

Así pues, la mente es la potencia intelectual del alma. Lo cual confirma que hay barra libre de marihuana entre los académicos de la lengua. Es una definición que más bien parece el título de un libro de autoayuda: "la mente, la potencia intelectual del alma" y en la portada la sugerente imagen de un cerebro dentro de una pirámide y una pegatina que diga "5a edición, 200000 ejemplares vendidos".

Así pues, obviaré esta lisérgica primera definición y procederé con la segunda: "designio, pensamiento, propósito, voluntad". Un cóctel de palabras que resulta lo más parecido a proceder a la caza del mosquito tigre con una escopeta de perdigones y unas gafas mal graduadas. Aunque dentro de ese totum revolutum que es la segunda acepción hay una palabra con la que me siento confortable: "pensamiento". Nuestra mente es nuestro pensamiento. Definitivamente me gusta, que diablos.

Y llegando a la tercera definición (propia de la psicología) es cuando acertamos en la diana. Porque eso pretende esta serie de textos sobre la mente humana: el abordar el tema desde un punto de vista psicológico. 

La diferencia entre la psicología y la psiquiatría es tan simple como la diferencia entre un masajista y un cirujano. Puede que ambos te ayuden con tu problema de espalda, e incluso puede que tu problema solo requiera de uno de ellos. ¿Pero quién quiere que le abran en canal cuando pueden simplemente tocarle? Olvidémonos pues de la psiquiatría (a pesar de nuestra devoción por Hannibal Lecter) y quedemos en ese terreno más sugerente e intangible que es la psicología.

¿Qué tiene de fascinante la mente humana? Desde mi punto de vista lo tiene absolutamente todo. 

Como practicante de BDSM desde hace más de 35 años (que se dice pronto) siempre he pensado que la mente humana (la propia y las ajenas) es el artefacto más fascinante con el que me enfrentaré jamás. Y eso que es invisible a nuestros ojos. ¿Cómo es que alguien puede sentir tanto placer con el dolor que llegue a orgasmos incontrolados? La maldita dopamina tiene la culpa, ya hemos hablado de eso antes en este blog. Un proceso químico, claro. Pero volvamos al romanticismo: ¿por qué tú tienes orgasmos con el dolor y yo no? Sabemos como se desencadenan esos procesos químicos, sin embargo, sigue siendo un misterio el porqué sucede a unos y a otros no. Ya puede venir el mejor neurocirujano del mundo a declararme que sucede porque la construcción de cada cerebro es diferente. Eso es de lógica pura, pero descartaré la ciencia y continuaré anclado en el romanticismo para no toparme con una realidad donde todo cuanto sucede es porque somos moléculas interactuando de forma aleatoria.

Y esta es la reflexión de este segundo texto: todo tiene una explicación científica. ¿Pero es necesaria? Prefiero pensar que cada mente es diferente por ese libre albedrío que alguna deidad nos otorgó para, después, contemplarnos divertido desde su Olimpo. Me gusta escribir y como consecuencia de ello prefiero fantasear con que algunas cosas suceden porque alguien maneja los hilos tanto a la hora de empujarnos como a la hora de quitar los ruedines de nuestra bicicleta. Somos libres de actuar hasta que algo se interpone en nuestro camino, ya sea una inexistente deidad, ya sea eso que llaman "destino" o bien sea el autobús número 15. Fuera de todas estas excepciones: somos libres, nuestra mente es libre.

La mente humana es el elemento más apasionante del que disponemos y si te dejas convencer de eso entonces verás a las personas de manera diferente a como las ves. Se abrirá la ventana de par en par permitiendo el paso de una luz casi cegadora que nos descubrirá las infinitas posibilidades que tenemos frente a nosotros. Obviemos pues la cultura de lo visual y adentrémonos en el mundo de intelecto.

¿Y no se trata de eso precisamente cuando hablamos de la mente humana? El mundo del intelecto, de lo intangible, de lo impredecible... casi un imposible. Por eso es tan fascinante.

Y para cerrar este segundo texto (que no será el último) me gustaría dejar caer una bomba a modo de reflexión: los que de esto saben dicen que el cuerpo humano es la máquina más perfecta que existe, tan perfecta que es imposible de reproducir de forma mecánica. Una máquina formada de muchas otras máquinas donde el cerebro es quizás la más perfecta de todas. Entonces, si nuestra mente es fruto del ingenio más perfecto jamás antes creado ¿por qué nos ahogamos en un vaso de agua cuando perdemos el móvil o nos duele una muela? ¿Por qué preferimos mirar una película de Netflix a hablar con nuestra pareja de lo desastrosa de nuestra relación? ¿Por qué queremos colarnos en la cola de la panadería o robamos, o mentimos, o matamos...?

No tengo la respuesta, quizás a eso debería responder la psicología... o la psicóloga.

La mente humana (1)

 Hannibal" | Hannibal, +18 movies, Movie scenes

La mente humana es, con toda seguridad, el instrumento más complejo creado jamás por el universo (o creado por Dios si es que habéis abrazado la fe más alucinógena). La mente humana es tan perfecta que incluso el más idiota de los mortales posee una mente más compleja que el más inteligente de los animales. Y, a pesar de habérsenos regalado una mente que puede alcanzar cualquier propósito  (desde llegar a la luna a concursar en "la isla de las tentaciones") seguimos gastando neuronas en conseguir abrir ese rebelde envoltorio de CD o maquinando planes para tener más dinero que nuestro vecino.

Lo cual me lleva a otra reflexión: todos tenemos una mente, pero no todos la utilizamos en la misma medida. O de la misma forma. No obstante, nuestra personalidad (que es la que marca ese nivel de uso) también reside dentro de la mente. Es como si todos los coches se impulsasen con gasolina, sin embargo, no todos llegasen al mismo destino. ¿Por qué sucede eso? La respuesta (mi respuesta) radica en eso que denominados "aprendizaje" (ya sea constructivista o conductista).

Algunas personas creen que tengo una mente superior solo porque escribo bien o porque reflexiono sobre lo que ellas no reflexionan. Permitidme que desmonte esta teoría al tiempo que echo paladas de tierra (e incluso cal) sobre mí mismo: escribo bien porque leo mucho. No hay más secreto. Cuando era pequeño, mientras el resto de los niños iban en bicicleta o jugaban al fútbol, yo me encerraba en mi cuarto a leer todos los libros que encontraba en casa. Y de la misma forma que los niños que jugaban a fútbol se esforzaron en ser futbolistas, yo me esforcé en ser escritor. No tiene tanto mérito el escribir bien si has leído mucho. Lo del fútbol ya es harina de otro costal. Como consecuencia de la continuada lectura, mi mente se desarrolló plagiando cuantas ideas leía. Resumen: no tengo una mente privilegiada, sino que soy un burdo copión. Y no hablo desde el síndrome del impostor, hablo desde la realidad de quien soy. Y es que todo ya está inventado.

Este primer texto sobre la mente humana es simple: no podemos alcanzar a comprenderlo absolutamente todo, aún menos aquello que nos es ajeno. Impostores somos muchos. Todo aquel que produzca ficción es un impostor por el simple motivo de que es un mentiroso que pretende hacer lo más real posible algo que nunca existió. Y yo soy de esos. También porque me encuentro más cómodo en la ficción que realidad (así de mal funciona mi mente).

Lo que me lleva al gran tema del que siempre me ha apasionado escribir: la mentira (aunque sea mintiéndonos a nosotros mismos que es la más perversa de las mentiras). Pero hoy no hablaremos de la mentira porque este texto va sobre algo que tenemos y que infravaloramos, que utilizamos de forma errónea y que nos mueve a equivocarnos constantemente. ¿Por qué sucede esto? Tenemos la mejor de las herramientas y la usamos mal: la mente humana. No hablo ahora de esos desajustes químicos del cerebro que hacen que desvariemos hacia lugares indeseables. Hablo de que, desde la lucidez y la salubridad mental más absolutas, continuamos desaprovechando nuestro cerebro y haciendo de la mente un instrumento menos valorado que, por ejemplo, nuestros genitales.

Tengo una teoría de por qué sucede eso. Los estudios dicen que la perfección asusta. Si tuviésemos una cara absolutamente simétrica, eso aterraría a los demás. 

La huérfana: Fotos y carteles - SensaCine.com
El cartel de "La huérfana" generaba terror porque es un montaje simétrico del rostro de la protagonista (una mitad espejo de la otra)

La asimetría de nuestro rostro es atrayente. Se hicieron estudios con textos magníficos, recetas magníficamente cocinadas, películas aparentemente perfectas… y no eran tan valorados como aquellos que contenían imperfecciones. Está demostrado que el mejor escritor es aquel que escribe el texto perfecto y después lo llena de imperceptibles imperfecciones que lo humanizan.

Por eso nos gusta desaprovechar nuestro cerebro: porque nos hace parecer más humanos, nos hace olvidarnos que podemos alcanzar cuanto deseemos y nos permite estar sentados en el sofá viendo películas de Netflix y eructando. Todo es cuestión de bajar tanto el listo que puedas conseguir la medalla de salto de altura dando un simple pasito.

Ser perfecto, además de provocar rechazo, es aburrido. Bienvenidas sean las mentes imperfectas.

lunes, 22 de noviembre de 2021

Las malditas siglas BDSM

 Qué es bdsm? Definición, concepto y significado.

Algunas personan asocian la palabra BDSM a dolor y oscuridad. Asocian el BDSM a la famosa frase de Churchill de “sangre, sudor y lágrimas”. Pero BDSM no es eso. O no es tan solo eso. BDSM toma su base en que hay una persona que domina y otra que es dominada. Dentro de este escenario todo vale, desde lo más simple a lo más complejo. Repito: todo vale, sin embargo, recordemos también que es un "todo vale" dentro del consenso.

He escrito mucho sobre el tema de la privación de la vista en la primera sesión (o el primer encuentro). ¿Vendarle los ojos a alguien es BDSM? Depende de cuanto suceda después. En uno de los relatos de mi blog titulado “Breve encuentro” explico un encuentro BDSM (que sucedió exactamente como se cuenta) donde lo único BDSM que hay es un antifaz y cierto lenguaje. Cojamos ese relato: imaginad un encuentro entre dos personas donde una tiene los ojos vendados mientras la otra persona la masturba. Utilicen lenguaje duro o no… ¿Es BDSM porque una persona tiene los ojos vendados? ¿O es BDSM porque una persona adopte una postura sumisa y la otra adopte una postura dominante? ¿Y si se comportasen igual sin la venda en los ojos? 

¿La diferencia es una venda en los ojos? ¿La diferencia es el lenguaje que empleemos? ¿La diferencia es la actitud sumisa o dominante de una de las personas? Demasiadas preguntas que, aunque las respondamos correctamente, tampoco conseguiríamos el milagro de saber exactamente que es BDSM y que no lo es.

Resulta irónico que, yo que practico BDSM, escriba en este blog sobre BDSM las siguientes palabras: olvidad de las etiquetas. Que no os tiré para atrás las famosas siglas BDSM. Haced lo que os venga en gana, pero hacedlo, experimentad, jugad, intentad llevar vuestras fantasías a la realidad. Buscad el placer que nace del deseo. Nunca dejéis de imaginar, de desear, de jugar. Somos como niños pequeños en un escenario adulto y eso nos permite (desde el consenso) llevar a la realidad cualquier fantasía que ideemos.

Por eso, no deis un paso atrás cuando leáis las siglas BDSM y llevad a la realidad todas vuestras fantasías (siempre desde el consenso y el respeto) porque, como siempre repito, no es lo mismo vivir que sentirse vivo. Y si no te sientes vivo, si te dejas arrastras por la rutina o la cotidianeidad, entonces la vida no merece tanto la pena.

La curiosidad



La curiosidad es el motor del mundo. Sus consecuencias pueden ir desde el más trascendental de los hallazgos hasta algo tan cotidiano como dos desconocidos conversando en la barra de un bar. También dicen que la curiosidad mató al gato, es cierto, pero la vida tiene eso: debes pagar tantas vidas como peajes. Quienes se adentran por primera vez en el BDSM suelen hacerlo movidos por la curiosidad, no por la necesidad. Y, del mismo modo, los resultados pueden ser tan magníficos como desastrosos. Satisfacer la curiosidad no garantiza nada más allá de ese primer destello de descubrimiento.

A veces siento curiosidad por personas de las que no sé absolutamente nada. Apenas cruzamos un “buenos días” o cualquier otra trivialidad propia de un ascensor y, de repente, la curiosidad se adueña de mi razón. ¿Por qué sucede? Lo ignoro. Imagino que será algún proceso químico del cerebro que escapa a mi entendimiento. Tampoco me pierdo tiempo en comprenderlo. Creo que muchos de nuestros instintos son animales, primarios. Otras veces, sin saber cómo, esa misma curiosidad se desvanece de golpe, por un gesto, una palabra o simplemente porque mi atención se desplaza hacia otra parte.

En el mundo del BDSM no puedes permitirte eso: hablamos de relaciones donde el compromiso debe ser mutuo, equitativo y real. Hay personas que pueden despertar mi curiosidad con un simple “hola”, pero mis circunstancias me llevan a responder con otro “hola” y seguir mi camino. No es cuestión de moral, sino de identidad. No sé ser de otra manera.

Pero si no estoy mirando a nadie y te cruzas en mi camino, y tu “hola” despierta mi curiosidad, no dudes que mi curiosidad me moverá hacia ti, con el máximo de los respetos, pero sin poder evitar ese instinto que anida dentro de todos nosotros. Porque, en el fondo, seguimos siendo animales irracionales.