domingo, 10 de agosto de 2025

BDSM en la historia: de los rituales antiguos a la cultura pop




Hay placeres que no se gritan, son ese tipo placeres que nacen de una palabra susurrada al oído. También existen placeres que no se enseñan, sino que descubrimos (quizás por casualidad) sobre nuestra piel. Son momentos inesperados (aunque soñados) que nos hacen despertar de golpe. Una vez despiertos, queremos saber un poco mas sobre el BDSM desde la seguridad de la soledad, leemos cuales son las prácticas habituales, vemos esas mazmorras que aparecen en internet y creemos que el BDSM es llegamos a la conclusión de que el BDSM es algo oscuro y relativamente moderno.

Vale, puede que esté de moda, pero moderno no es porque el BDSM no nació en un club oscuro en los años 50 ni tampoco en una novela barata. El BDSM nació cuando el primer ser humano sintió que el poder podía resultar excitante, que el dolor podía acariciar, que la entrega podía liberar. Y eso no sucedió hace cuatro días, ni cuatro años, ni cuatro décadas. Hace siglos que el ser humano practica BDSM, pero solo fue hasta mediados del siglo XX donde se le puso un nombre. 

Este texto pretende ser un viaje por siglos de rituales donde el cuerpo era el altar y el gemido, la oración. Desde diosas que exigían sumisión hasta pueblos que celebraban el fetichismo, el BDSM ha sido mucho más que sexo: ha sido un símbolo. Si vas a seguir leyendo esta breve (y posiblemente errónea) historia del BDSM, debes saber que mi intención es que contemples eso que conoces como “deseo” con otros ojos. Porque la historia del BDSM no se lee con la mente, se siente con el cuerpo.

Cuentan que, en la antigua Mesopotamia, la diosa Inanna (también conocida como Ishtar, diosa sumeria del amor, el sexo, la guerra y el poder.) descendió al inframundo, despojándose de todo (incluido sus ropas, su poder y su ego) para enfrentarse a la muerte armada tan solo de su deseo, con la intención de renacer más fuerte. O sea, como esos idiotas que están todo el día en el gimnasio. En los rituales en Mesopotamia, el sexo era sagrado: una forma de comunión con lo divino, los rituales de Inanna incluían travestismo, sumisión y placer ritual. Si, hemos dicho “sumisión” y “sexo”. ¿Os suena de algo? No, no os equivoquéis, no estamos hablando de pornografía sino de teología. Dejad los juicios de valor a un lado.

Y ahora vayamos hasta Esparta, done los jóvenes eran azotados frente a la estatua de Artemisa, mientras las sacerdotisas les observaban. A este rito se le llamaba "diamastigosis", una ceremonia en la que jóvenes efebos eran azotados públicamente mientras intentaban robar quesos del altar de la diosa. Que si... ¡quesos! Pero incluso así, no se trataba de un simple juego: era una coreografía de dolor, poder y mirada. Los látigos no solo marcaban la piel, sino también el carácter. La sangre derramada se ofrecía como tributo, y las sacerdotisas observaban con solemnidad, mientras el público asistía como si se tratara de un teatro sagrado. Este ritual, aunque nacido en un contexto religioso y militar, comparte similitudes con el BDSM moderno. El dolor como herramienta de transformación y la entrega como forma de poder. Aunque con una diferencia: en Esparta, el sufrimiento era impuesto; en el BDSM, se negocia. 

Pero en ambos casos, el cuerpo habla un lenguaje que va más allá del placer o del castigo: es el lenguaje del deseo ritualizado. Sumisión, sexo, azotes y voyerismo… progresamos adecuadamente.

¿Os acordáis de Pompeya? Eso es: esa ciudad que inspiró decenas de malísimas películas gracias a un volcán que pilló a todo el mundo con el pie cambiado. Pues deberíais saber que entre los muros de una de sus casas podíamos encontrar escenas de flagelación y entrega. ¿Por qué lo sabemos? La “Villa de los Misterios” es una de las residencias romanas mejor conservadas de la ciudad. En una habitación silenciosa de esta villa, a las afueras de Pompeya, el deseo se pintó en las paredes con pigmentos que aún resisten al tiempo. Allí, entre columnas y sombras, se celebraba algo más que arte: un rito. Mujeres en trance, sacerdotisas con látigos, cuerpos en danza, miradas que no temen el éxtasis. No era teatro. Era iniciación. El culto a Dionisio, dios del vino y la pérdida de control, exigía entrega. La flagelación no era castigo, sino purificación. El dolor, una llave. El placer, una revelación. En ese espacio, el cuerpo se volvía símbolo, y el juego de poder, una forma de renacer. Lo que hoy llamamos BDSM ya estaba allí, disfrazado de religión, de mito, de ceremonia. Porque mucho antes de que se escribieran manuales o se diseñaran arneses, ya se entendía que el deseo puede ser ritual, que la sumisión puede empoderarte, que el control puede liberarte.

Y ahora viajemos unos cuantos cientos de años hasta la Edad Media, esa época oscura donde el deseo se disfrazaba de penitencia y el cuerpo se ofrecía no al amante, sino a Dios. En monasterios y alcobas, la (auto)flagelación se practicaba como acto de purificación. No era castigo impuesto, sino elección. Los flagelantes recorrían ciudades y pueblos, desnudándose de cintura para arriba, entonando cánticos a la virgen mientras se azotaban con cuerdas, cadenas o escorpiones (flagelos con puntas metálicas que desgarraban la carne), convencidos de que el sufrimiento físico podía redimir los pecados del mundo, que el dolor era una vía directa al favor divino.

Nos sigue sonando a algo... ¿verdad?

Pero no todo era religión. El amor cortés, tan celebrado en la poesía de trovadores, nos ha dejado ejemplo de una dinámica de sumisión donde el caballero se humillaba ante su dama, le suplicaba, le obedecía. Ella decidía, él se entregaba. Era devoción, sí, pero también juego de poder. Una forma de BDSM envuelta en versos y mallas ajustadas. Vamos, una ama y un sumiso.

Y entonces llegó la Ilustración y con ella, un nombre conocido en la cultura popular: Donatien Alphonse François de Sade, Ese, el Marqués. Educado entre jesuitas y guerras, refinado por la aristocracia y corrompido por su propia imaginación, Sade convirtió el deseo en filosofía y el dolor en su literatura donde el cuerpo se convierte en campo de batalla ideológico. El placer no se suplica: se impone. La moral no se respeta: se destruye. Sade no inventó el sadismo, pero lo nombró y lo convirtió en categoría. En sus textos, el látigo ya no es redención religiosa (como en la edad media) sino la afirmación de una práctica. La dominación ya no es metáfora sino un manifiesto. Su legado literario abrió una puerta que ya no se cerraría.

Hasta aquí todo claro, pero todo mal: aun no existía el consenso.

Del monasterio al salón libertino, del cilicio al corsé, del gemido piadoso al grito erótico: el deseo siguió su curso. Y el cuerpo, siempre sabio, siguió buscando formas de decir lo que la sociedad no quería escuchar hasta que un grupo de hombres (de la comunidad gay) decidió, en pleno siglo XX, usar las siglas BDSM y sacar las prácticas de los sótanos. En Berlín, Nueva York, San Francisco, nacieron templos de cuero y látex. El fetichismo se convirtió en identidad. Las comunidades leather (ropas de cuero), los clubes privados, los manuales de juego seguro. El consentimiento se volvió ley. Porque aquí, el dolor no se impone: se ofrece. Se negocia. Se desea.

Ahora si.

Y entonces, la cultura pop se rindió con ese sinsentido que significó llevar el BDSM a las estanterías de los centros comerciales. Estamos hablando de “50 sombras de Grey”, claro. Lo que antes era tabú, ahora se mostraban en pasarelas, en videoclips y en novelas (bastante malas, todo sea dicho) que se leen con una mano bajo la sábana.

Seamos claros: el BDSM no es una moda. Es un susurro que viene desde los tiempos más remotos. Un pacto entre cuerpos que se desean sin miedo. Porque en cada cuerda, en cada mordaza, en cada palabra segura, hay historia. Hay arte. Hay fuego. Hay deseo. Y hay diversión. Mucha diversión.

sábado, 19 de julio de 2025

Mazmorras de peluches: Orejitas, látigos y abrazos que dan cosita




¿Quién dijo que el placer tenía que ser oscuro, agresivo, sucio y envuelto en cuero negro? En Alemania, ese país que nos dio lo peor (ese señor con bigote y predisposición a exterminar) y lo mejor (la cerveza) han llevado el BDSM a un nuevo nivel de… ternura. No hablamos de osos amorosos, sino de osos dominantes, zorros con látigos de colores y conejitos que no viven una película Disney sino que están atados a una cruz de peluche mientras ronronean (o chillan, según el acuerdo previo). Se trata de clubs donde se combina el mundo furry (ese universo de personas que se disfrazan de animales gigantescos) con un BDSM más suave que un abrazo de Alex Gibaja. ¿Pero esto existe? Por supuesto, vivimos en un mundo en que cualquier cosa es posible. Imagina entrar a una mazmorra, pero en vez de sentir miedo, sientes un impulso incontrolable de sonreir. Todo está cubierto de telas suaves, luces de colores, música electrónica relajante y personajes mullidos que se tratan con respeto… pero también con látigos de terciopelo. No hay gritos, hay gruñiditos. Las esposas tienen orejitas. Los látigos tienen pompones. Y los “castigos” incluyen cosquillas o la tortura de cantar una canción infantil. Todo consensuado, claro.

Detrás de esta combinación tan adorable como desconcertante, hay un  movimiento de exploración identitaria, libertad sexual y ganas de pasarlo bien sin prejuicios. Es el espacio perfecto para quienes quieren jugar con roles, poder y sumisión, pero sin dejar de sentirse como si estuvieran en una de esas fiestas de pijama que vemos en las película americanas. Vamos, quieren jugar con fuego pero sin temor a quemarse. Como el que dice que es campeón de boxeo... y solo lo ha sido en un videojuego. No duele, no sientes la violencia. Todo huele a caramelito de fresa y nata.

Algunos lo utilizan para desestresarse después de una ardua semana de trabajo, ¿qué mejor que dejar de ser jefe de cocina y convertirte en un zorro que grita “¡castígame, osito, he sido muy malo!”? (si, es un chiste en referencia a la famosa serie de televisión).

Si hay un país donde uno puede entrar a un club vestido de unicornio BDSM y nadie parpadea, es Berlín. Una ciudad, que quienes conocemos el mundo BDSM, somos conocedores de que lleva años en la vanguardia de todo, desde el BDSM mas extremo y peligroso... al mas inocente y achuchable. Estos alemanes siempre van un paso por delante, incluso para perder todas las guerras que comienzan.

Puede parecer una locura, pero en el fondo, estas mazmorras nos enseñan algo: el deseo humano no tiene límites… ni forma. Puede venir envuelto en cuero negro o en un panda con arnés de arcoíris. Y eso, reconozcámoslo, es maravilloso. Y eso nos enseña otra cosa aun mas importante: el BDSM no tiene porque ser algo violento, ni agresivo, ni te tiene que poner contra la pared. El BDSM también puede ser algo suave y mullido donde los roles se respeten y todo fluya como el sirope de fresa sobre un helado.

Así que ya sabes: si te cruzas con un conejo de dos metros con mirada de deseo y un látigo en la mano, no huyas. Podría estar invitándote a una noche de BDSM suave y mullidito.

lunes, 7 de julio de 2025

El Subspace y el Topspace: estados psicológicos en el BDSM


 


En este blog he escrito ampliamente sobre las experiencias emocionales y psicológicas profundamente transformadoras que pueden surgir al practicar BDSM. Durante una sesión (en especial, al finalizarla) sientes que, momentos antes, alcanzaste niveles emocionales que ni siquiera sabías que existían. Hay una liberación, una apertura que revela cosas de ti que estaban latentes o escondidas. En este contexto hay dos conceptos clave que son el “subspace” y el “topspace”. Ambos describen estados alterados de conciencia y percepción que pueden ocurrir durante una sesión. ¿Pero que son y por qué son tan importantes?

Vayamos, como siempre con las etiquetitas en inglés, de uno a uno

 

SUBSPACE

El “subspace” es un estado psicológico alterado que puede experimentar una persona sumisa durante una escena BDSM. Un estado que puede compararse con un tipo de trance, meditación profunda o incluso un “viaje” emocional.

Se caracteriza por una (parcial) desconexión realidad donde la persona sumisa puede sentir como si estuviera flotando o fuera de su cuerpo. Exacto, como fumarse un buen truja solo que sin haberlo fumado. Además, debido a la liberación de endorfinas y otras sustancias neuroquímicas, el umbral del dolor puede aumentar. He visto a lo largo de mi vida a muchas personas que me han descrito esto como una sensación de paz, amor profundo, entrega total o incluso un desconocido éxtasis. Y repito, no iban fumadas.

Parece genial ¿pero lo es? No siempre porque el “subspace” también puede dejar a la persona emocionalmente expuesta, sensible y necesitada de cuidados posteriores. Ese viaje fragiliza y puede romperte emocionalmente de la misma forma que una droga liberadora.

Drogas, drogas, drogas... claro: hablamos de la química del cerebro.

Te preguntarás como alcanzar este estado alterado tan maravilloso. Malas noticias: no todas las personas lo experimentan. Generalmente surge en un contexto de confianza emocional, intensidad física (o psicológica) y conexión profunda entre dominante y dominado. Es decir, es complejo de navegar por el subspace en una primera sesión, pero existe y, con el tiempo y la confianza necesarias, puedes llegar a experimentar este tipo de emociones que muchas personas no son capaces de describir.

Y si no, ya sabes: te lias un buen...

 


TOPSPACE

El “topspace” es el estado mental que puede experimentar una persona dominante durante una escena. ¡Ah vale! Entonces el “subspace” de los sumisos es el “topspace” de los amos. Pues no exactamente. O, mejor dicho: no. Es más, muchas personas dominantes han visto como la persona a la que dominan ha alcanzado el “subspace” pero son desconocen que ellos también al alcanzado el” topspace”.

Menudo lio ¿verdad? Pues tampoco: es mas fácil de lo que parece. En el “topspace” la persona dominante puede sentir un estado de concentración extrema, donde todo gira en torno al control, la seguridad y la conexión con la persona sumisa. De repente, sus acciones se automatizan y son precisas, como si estuvieran fluyendo sin esfuerzo. A menudo se combina con una sensación de responsabilidad intensa hacia el bienestar del sumiso/a. Se potencia el rol de amo hasta límites que escapan al rol y puede sentirse una especie de euforia asociada al ejercicio de ese control consensuado.

Un profesional, que diría Manquiña.

Pero toda cosa buena conlleva cosas no tan buenas. El "topspace" tiene sus riesgos pues el hecho de que una persona dominante lo alcance puede llevar a eso que se conoce como “la bajona”. En ingles es “master drop” pero me niego a traducir literalmente ese concepto cuando “bajona” lo describe a la perfección porque estamos hablando de una bajada emocional del dominante que ocurre después de la escena, donde la energía y euforia desaparecen, dejando lugar a emociones como tristeza, culpa o vacío.

La bajona despues del truja. Todo cuadra ¿no? Volvemos a lo mismo: la química del cerebro.

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Resumiendo: el subspace y el topspace no son simplemente "modas" dentro del BDSM, tampoco son etiquetas (aunque lo sean) sino que son formas de poner en contexto manifestaciones reales de estados mentales y emocionales profundos. De esta manera podremos comprenderlos para practicar BDSM de forma segura, consensuada y emocionalmente saludable.

Seguro que si habéis practicado BDSM habréis experimentado esas sensaciones sin haberlas etiquetado de ninguna forma. De eso se trata: de experimentar. Las etiquetas ya las ponemos los que nos encargamos de escribir sobre el tema y así quedamos como unos pedantes que etiquetamos todo en inglés porque así creemos que parecemos más experimentados.

Pero no, soy el tonto de siempre, creedme. ¿Será este final bajonero del texto un “master drop” en toda regla?

Seguro que una cerveza lo soluciona, bendito alcohol. O un buen truja... ¡Hasta la próxima!

Pd: cuando tengáis sesiones nada de drogas del tipo que sean. Una cosa es el humor y otra cosa es hacer las cosas bien hechas desde la lucidez.

domingo, 6 de julio de 2025

Una oda a los switch, los multitarea del BDSM



Desde la psicología contemporánea, ser capaz de ocupar distintos roles (relacionados entre si) significa poseer una alta función ejecutiva: es decir, la habilidad para cambiar de perspectiva, empatizar, adaptarse al contexto y regular las emociones propias. Desde una perspectiva de desarrollo, el switch no contradice su identidad, sino que la expande, además, esta dinámica satisface distintas partes de su personalidad: una que necesita control y expresión del poder. La otra que busca rendición y entrega. El hecho de no limitarse a un solo rol refleja integración interna más que conflicto, aunque nosotros, visto desde la distancia, lo entendamos como indefinición.

La psicología humanista destaca al switch como parte de un proceso donde conocer y abrazar múltiples facetas de uno mismo. Un switch tiene la capacidad de entrar en distintos “yoes” sin perder el sentido de quién es, encontrando significado no solo en la fisicidad de la sesión, sino en la posibilidad de habitar múltiples versiones de sí mismo.

Ser switch no es estar confundido, ni carecer de identidad clara. Es tener la capacidad de habitar la complejidad. Disponen de inteligencia emocional y adaptativa.

Desde la psicología contemporánea, ser capaz de ocupar distintos roles (que están relacionados entre sí) significa tener una buena función ejecutiva. No hablamos de usar Excel ni de llevar traje gris: hablamos de cambiar de perspectiva sin explotar emocionalmente, empatizar con los demás sin perder la paciencia y regular tus emociones sin tener que gritarle a una almohada. En términos más humanos: un switch puede ir de “Mando yo” a “Mándame tú” sin perder el hilo de quién es. Todo esto mientras mantiene la compostura, el consentimiento, y hasta la playlist que suena de fondo. Nota mental: escuchar a Melendi durante una sesión BDSM debería tener pena de cárcel. 

Desde la psicología del desarrollo, ser switch no es una contradicción, es una expansión de la personalidad. Como si tuvieras dos apps abiertas al mismo tiempo: una versión de ti necesita control, estructura y sentir que el universo obedece tus órdenes. La otra quiere soltarse, rendirse y dejar que alguien más lleve el volante (y ojalá tenga manos firmes).

La psicología humanista incluso aplaude esto asegurando que el switch está en proceso de descubrir y abrazar las múltiples capas de su yo. Lo que para otros es “¿pero eres dominante o sumiso?” para el switch es: “Hoy soy todo eso... y además traigo pizza y cervezas”. Ser switch no es estar confundido. Es tener la flexibilidad emocional de un camaleón con inteligencia emocional, adaptabilidad, autoconocimiento… y quizás una pequeña colección de collares y esposas en el cajón.

Lejos de ser una crisis de identidad con látigo incluido, esto demuestra integración y paz interna, no confusión. En otras palabras: no estás hecho un lío, simplemente tienes varias versiones funcionales y sexy de ti mismo, y sabes cuándo usar cada una.

Si me preguntáis que opino desde el tema, quizás mi opinión os sorprenda: nunca he entendido a los switch. Me esfuerzo por entenderles pero no lo consigo. Mi cerebro es binario, mil disculpas.

Lo que no significa que haya dominado a muchas switch y haya disfrutado como nunca de la experiencia.

viernes, 4 de julio de 2025

Brat-Taming: rebeldía y control en el BDSM

 



Dentro del diverso mundo del BDSM, existen muchas formas de relacionarse en el juego (que tanto nos gusta) donde establecemos dinámicas de poder consensuadas. Una de las más juguetonas, intensas y malentendidas es la que involucra a las brats y a quienes disfrutan del arte del brat-taming. Vale, ya estamos con las definiciones en inglés. Al final alguien pensará que soy el tonto de las etiquetas anglosajonas. Y estará en lo cierto. Pero tenemos que etiquetar para diferenciar y recordar y, sobre todo, tenemos que etiquetar para saber el precio de las cosas en el supermercado.

¿Qué es una Brat? Una brat es una persona sumisa dentro del BDSM que expresa su sumisión de forma desafiante, juguetona o provocadora.  Lejos de ser una falta de respeto o una desobediencia arbitraria, esta dinámica está cargada de intencionalidad emocional, tensión erótica y complicidad psicológica. En lugar de obedecer de forma inmediata o pasiva, la brat se caracteriza por provocar de forma deliberada a su dominante o ponerle a prueba los límites con sarcasmo, desafío o humor. Desobedece pequeñas órdenes de forma controlada y busca atención a través del conflicto.

Importante: El comportamiento brat no implica una falta de respeto real. Es una forma de expresión consensuada y dentro del marco de una dinámica segura y negociada.

¿Qué es el Brat-Taming?

El brat-taming —literalmente, “domar a la brat”— es el estilo de dominación diseñado específicamente para manejar, contener y canalizar ese comportamiento desafiante. Es una danza de poder donde el dominante no solo tolera la rebeldía, sino que la disfruta y responde a ella con firmeza, astucia y control. El dominante (Brat-Tamer) se caracteriza por no se dejarse manipular emocionalmente. Además de tener paciencia y, también, límites claros.     Disfruta del juego psicológico, la persuasión y el castigo consensuado y entiende que el desafío es una forma de búsqueda de conexión que necesita la persona sumisa..

¿Pero funciona esta dinámica?

He de confesaros que a mi no. Pero hay mucha gente que les funciona porque está basada en una tensión erótica y emocional cuidadosamente construida. Para la brat, desobedecer es una forma de decir: “Quiero que me prestes atención”, “Confío en que puedes manejarme”, o incluso “Quiero sentir tu poder”. Para el brat-tamer, cada acto de rebeldía es una invitación a reafirmar la autoridad de forma creativa, firme y consciente. Se retroalimentan constantemente. Es como jugar al policía y al ladrón en un cuento de nunca acabar.

Como en cualquier práctica BDSM, el brat-taming debe contemplar un consentimiento explícito, límites claros y negociados, debemos usar (como siempre) palabras de seguridad y sería interesante (como siempre) un buen aftercare para reconectar emocionalmente después de una sesión porque esta dinámica de poder y subversión puede llegar a ser intensa y puede parecer "demasiado" real en cuanto a que podemos olvidar que toda esa lucha, no son mas que unos roles. Reconectar con la realidad y la igualdad es necesario porque una dinámica de brat-taming mal entendida puede cruzar fácilmente la línea hacia la humillación no deseada o la frustración emocional.

El brat-taming no es un combate de egos, sino una danza cuidadosamente acordada entre provocación y contención. Es una dinámica que combina humor, sensualidad, psicología y poder, todo dentro de un marco de seguridad emocional. Cuando se practica con respeto, madurez y claridad, puede ser una de las formas más intensas y gratificantes de conexión BDSM.

Como he dicho, a mi no me gusta, podéis pensar que es porque se trata de una práctica donde ponen a prueba mi autoridad. Pero no es así, sencillamente no me gusta porque odio los conflictos, aunque sea en un juego de roles.

viernes, 27 de junio de 2025

Por qué el BDSM no siempre es sexo (y por qué eso no lo hace menos intenso)

 



Cuando alguien escucha por primera vez la palabra BDSM, su mente se dispara hacia direcciones opuestas. Una dirección apunta a una película con guion lamentable y actuaciones cuestionables (sí, esa que empieza con “Cincuenta sombras… ”)  y la otra dirección apunta a una lóbrega mazmorra llena de látigos, cuero, y un nivel de sudor que haría palidecer el de cualquier gimnasio. En ambos casos, todos imaginan que incluye un encuentro sexual.

Pero hay otra gran verdad: el BDSM no está necesariamente ligado al sexo.

Lo repetiré por si alguien se atragantó mientras leía esto bebiendo su tercera kombucha del día: muchas prácticas BDSM no incluyen sexo en absoluto. En absoluto.

“¿Cómo que no hay sexo? ¿Entonces qué hacéis?”  te preguntas mientras corres a la cocina a coger una fregona... menudo desastre, todo el suelo lleno de kombucha.

Os contestaré: hacemos sudokus y cocinamos cupcakes... ¡Pues claro que no! Al margen del sexo hacemos muchas cosas, desde atar con cuerdas durante horas sin quitarse ni un calcetín (es decir, con la persona sumisa completamente vestida) hasta juegos de obediencia donde la única fricción es la emocional. El BDSM, lejos de ser un simple preámbulo al sexo, es una forma de relación, de juego, de poder y entrega, que puede O NO tener un componente sexual explícito. De hecho, para muchas personas (entre las que me incluyo) el foco está en la dinámica, no en los genitales.

Cosas que cuentan cómo BDSM sin sexo (y son intensas igual o más) pueden pasar por el control absoluto, por ejemplo: ordenar a la otra persona no hablar. ¿Quién necesita sexo cuando el silencio es tan erótico? También juegos de roles, desde sirvientas desobedientes hasta profesores estrictos. ¿Sexo? No siempre. Azotes, bondage, restricciones: la piel se enciende, pero eso no significa que haya penetración de ningún tipo. Obediencia, castigo y recompensa. Domesticación, servicio, rituales (a veces planchar una camisa puede ser más erótico que desvestir a alguien).

¿Os parece ridículo? A mi no, y no quiero decir con esto que me excite que una sumisa me planche las camisas vestida de colegiala. Para nada. Pero no por eso, pienso que sea ridiculo. Cada cual con cada que.

¿Entonces no hay excitación? Muchas prácticas BDSM son sexualmente estimulantes. Pero eso no significa que concluyan en sexo explícito porque nuestro cerebro es más complejo. Hay personas que tienen orgasmos con presión emocional, con dolor placentero, con sumisión profunda, con el juego mental. A veces, lo físico se queda corto frente a lo psicológico. He visto muchas veces a una sumisa llegar al orgasmo solo con tocarla, solo con ordenarle algo, solo con estar inmovilizada. ¿Alguna vez habéis alcanzado un orgasmo cuando os frotaban los pezones? Reconozco que el símil es burdo, pero por ahí van los tiros. ¿Es tocar los pezones de alguien tener sexo? A eso me refiero.

Incluso para otras personas, la excitación sexual (sin sexo) ni tan siquiera es parte de la ecuación. Puede ser espiritual, emocional o simplemente una forma de conexión íntima que no pasa por lo genital.

Decir que todo BDSM lleva al sexo borra una parte de la sociedad que practica BDSM como pueden ser las personas asexuales que aman el BDSM sin deseo sexual. O las parejas que han descubierto una nueva dimensión de su vínculo a través de la disciplina o el protocolo. O los practicantes que disfrutan del poder, la entrega o la contención sin necesidad de un clímax tradicional.

Es importante comprender que el BDSM no siempre es sexo porque rompe con esa idea de que todo lo que sea BDSM y no termine en una relación sexual, no es válido. Pero lo es. Y mucho. A veces el BDSM es más ropa, no menos. En vez de desnudar el cuerpo se desnuda el alma, el ego y el deseo de control o entrega. Y eso, es mucho más íntimo que el sexo con luces apagadas y sábanas revueltas. Así que la próxima vez que alguien diga: “¿BDSM? Ah, eso es sexo perverso ¿no?” podéis decirle con una sonrisa y una ceja levantada: “tú eres tonto, chaval”. O “tonta”, seamos igualitarios. O tonte, vale.

miércoles, 25 de junio de 2025

¿Que es el "after marks appreciation"?


Hay gente que cree que, en las prácticas BDSM, siempre acaba alguien con alguna marca física. Y en el 99,99% de los casos creen que es la persona sumisa quien sufre esas heridas en su piel. Estoy de acuerdo en que si alguien acaba marcado en una sesión (casi) siempre será la persona sumisa... a no ser que la persona dominante se golpee la rodilla con la esquina de una mesa. Aunque, la realidad es que existe hay mucha gente sumisa que huyen del dolor que acaba en marca. Otras personas prefieren, por motivos evidentes, no volver con marcas a casa. Sea por dolor o por discreción... no aceptan ni tienen marcas.

Por supuesto, hay otras personas que si aprecian el dolor y las marcas, e incluso para algunos otros, esas mismas marcas tienen un significado especial. Podríamos traducir el "after marks appreciation" como “valorar las marcas que quedan". Una importancia que va más allá de lo puramente visual.

Para muchos practicantes, las marcas son testigos silenciosos de ese vínculo de confianza, entrega y control que se estableció durante la sesión. Mirarlas juntos después es un momento de orgullo (por haber llegado juntos hasta ese lugar de entrega y control), de cuidado (revisar que todo esté bien físicamente), de conexión emocional (reforzar el vínculo) e incluso de ternura (acariciar las zonas marcadas con suavidad).

Para el dominante, puede ser una forma de admirar el resultado de su control físico y emocional; para el dominado puede ser una forma de sentirse validado en su entrega y resistencia. Las evidencias de su obediencia.

¿Y como se “aprecian” estas marcas que quedan después de la sesión? Puede ser de muchas formas: fotografías privadas o artísticas (muchos lo consideran parte del arte erótico del BDSM), también en forma de caricias suaves sobre las zonas marcadas. O comentarios de orgullo o ternura (“Mira lo preciosa que ha quedado esta marca, eres increíble”). Incluso para algunas parejas BDSM, esas marcar sirven para registrar un progreso, llevando diarios de sesiones con las fotos de las marcas como memoria de su evolución.

Pero no solo eso, seamos lógicos: el “after marks appreciation” también sirve para revisar que no haya hematomas demasiado profundos, comprobar la salud de la piel (en prácticas como el bondage o los azotes), aplicar cuidados: cremas, masajes, hielo si es necesario. 

Para algunos, las marcas son casi sagradas, para otros, es simplemente un detalle visual. Algunas personas no quieren marcas visibles; otros las desean intensamente como prueba de entrega.

En resumen, el “After Marks Appreciation” es un ritual más dentro del BDSM que combina admiración, cuidado, memoria y conexión emocional. Es mirar el cuerpo del otro como un lienzo donde quedó impresa un momento compartido. Las hendiduras de la cuerda aun marcadas en la piel, la rojez donde han habido azotes, marcas de látigos y castigos mucho más duros.

Pero  BDSM no es dolor (si no lo deseamos), tampoco es apreciar esas marcas (si no queremos que queden en nuestro cuerpo). BDSM es hacer lo que nos apetezca (de forma consensuada) dentro de un rol. 

No son mejores dominantes ni dominados los que practican la violencia dentro de la sesión (e incluso luego admiran esa marcas). Simplemente son personas que hacen lo mismo que tu, aunque de forma diferente.